lunes, 29 de junio de 2009

Cambio involuntario

C
orriste.


Pensaste que la longitud espacial te liberaría.

Fracasaste.

Y cuando te descubriste desde la lejanía en el mismo lugar, entendiste que eras tú quién veía alejarse al remedo de cuerpo que vociferaba yo en cada enunciación personal.

¿Acaso la culpa es física, porque no has podido seguirte el paso?



J.V.R.

jueves, 25 de junio de 2009

Pónganme un teclado.
Ricardo Rodríguez

Saber qué decir. Siempre ha sido una de mis habilidades innatas, vamos, que todos tenemos una. No quedarme callado, contestar siempre al final: un insulto ácido al protagonista de un concierto, una mentada de madre al árbitro en el medio tiempo (o antes del partido, según la necesidad), un “me gustas”, una estrofa de una canción cambiada al vuelo para que dijera lo que yo quería. Aunque a veces las palabras no alcanzaban para describir una emoción, hacía lo mejor que podía. Eso fue toda mi vida, eso fue completa mi vida, hasta ayer…

Era posiblemente la media mañana, sentado frente a mi computadora, trabajando, leyendo, pensando y trabajando un tanto de nuevo. Lo que leía tenía que ver directamente con mi trabajo, mi meta de la mañana era un pedacito de código que me andaba faltando (no voy a entrar en detalles sin importancia). De pronto, como si un peso hubiera caído en mi cabeza, las palabras se volvieron duras, durísimas, cómo si estuviera viendo textos en idiomas ancestrales. Jamás, jamás, en toda la vida de mi madre, me había costado tanto leer una palabra, jamás, desde que aprendí las vocales, una sola palabra me había dado tantas vueltas en la cabeza: La imaginaba, le buscaba sentido, reacomodaba sus letras, la reordenaba con otras palabras en mi cabeza, cuando ocurrió la verdadera tragedia. No tenía ninguna palabra en mi cabeza. Habían volado, a un dominio que escapaba de mi realidad, a un sitio a donde las podía ver, pero no las podía usar. Como tener un billete de quinientos morlacos y no poder gastarlos en lo que más te hiciera falta en ese momento. A mi la palabra que me hubiera gustado gastar en ese momento era “Auxilio”.

La noche mental me había llegado de un momento a otro y sin previo aviso se había llevado todas mis palabras, la muy puta solamente me dejó sílabas que se le cayeron mientras huía con todas mis palabras, un frío de perros me abrazó, y yo pienso que me abracé también a él, como si fuera lo único que me quedaba. Durante unos minutos así fue, estaba rodeado de gente que me hablaba, a quien yo entendía, pero a quienes no encontraba una manera, aunque fuera cavernícola de decirles algo, de pronto pensé en la música:



Yo -¿Y si ya nunca puedo tocar o cantar nada?

Alguien -¿Estás bien?

Yo -Puta madre, ni una pinche operita, ni un disquito, y para peor no he acabado el trabajo…

Alguien -Te vamos a tomar la presión

Otro -Llamen a una ambulancia

Alguien -¿Desayunaste?

Yo -Ip, a u qur ina (dándome cuenta que no estaba diciendo nada)

Alguien -¿Desayunaste?

Yo -Sí (esfuerzo sobrehumano, pensando en cómo Facundo Cabral grabó tanto pinche disco)



Momentos antes del desafortunado episodio anterior, me había puesto de pié y caminado aproximadamente 15 pasos hasta donde estaba mi jefe, seguro de mi mismo dije:

Poncho: (haciendo un gesto de dificultad, mucha gesticulación con las manos) eeel, lo que… me pedi… los fra..

Y fue el acabose, me di cuenta que se me andaban cociendo los changos de la azotea, que me se cayó un tornillo, que me faltaba cocimiento… Poncho reaccionó inmediatamente y se dio cuenta que yo andaba cambiándome de barrio. Yo pensaba en muchas cosas triviales, “Tal vez si me pongan un teclado en frente me pueda comunicar…,¿Y si quedo mongol?, Alejandra ya no se querría casar conmigo… ¡PENDEJO! Ya te casaste, ¿ora cómo va a hacer la pobrecilla para sobrevivir contigo en estado vegetal?, bonito bulto se vino a conseguir… ¡Ya sé! ¿Y si me ponen un teclado en frente para comunicarme?"

En la siguiente escena yo me estaba muriendo de frío y me llevaban directo al hospital, le dije a Poncho, “Espero que ese hotel no sea muy caro”, me metieron en una cama de urgencias y vinieron dos orates vestidos de blanco a ponerse a jugar con que si les podía seguir los dedos con los ojos y que si cuantos dedos tenían. Yo seguía pensando mil cosas y de repente lloré, lloré amargamente, lloré como lloran los bebés, y entendí por que lloran los bebés: Están tristes por que no les ponen un teclado para comunicarse. Lloré acordándome de Ale, de José, y claro, de toda mi familia, pensando en que ya nunca más volverían a entender lo que yo quisiera decirles, aunque fuera una mentada.

Doctor - Si te digo lo que te pasó no me vas a creer, fue un episodio de fiebre alta, ¿Te duele alguna muela? ¡Ahh con razón! Lo más seguro es que tengas una infección marca diablo y por eso te estabas cocinando…

Yo - No mame.



Siempre estuve románticamente interesado en los momentos que te roban el habla. Siempre, en todas las historias, esos son los momentos cumbre, los momentos que todos los protagonistas esperan, y sobre todo, los espectadores anhelan para poder reproducir en sus vidas. Pero yo, yo que estuve ahí, yo que sé lo que es quedarse sin habla, no sé que decir al respecto.

Nota: Esta historia, adornos más, adornos menos, sucedió en realidad. Habrá que esperar los resultados del laboratorio para alimentar el morbo colectivo y poder contarles en qué queda el cuentito.

jueves, 18 de junio de 2009


Bernardo Galindo


Esta historia me la contó un viejo hace años. He conocido muchos viejos que me han contado historias, pero éste, en particular, tenía ese aire que tienen solamente los viejos que cuentan historias verdaderas, por ello, la supongo y la sé como tal.

"Fue hace tantos años", me dijo con tácita y cansada voz, "Era un chamaco pequeño, más bien chiquito, enano, de esos gorditos que siempre ocupaban el primero o segundo lugar de la fila en la escuela. ¡Qué esperanzas! A mi me tocó escuela larga, tabamos todo el día áhi metidos, por eso yo nomás fui hasta el tercer año, había que llevar frijoles a la casa...", al decirlo, parecía viajar largos y tal vez preciosos años hasta encontrarse con el momento en el que su madre, que hacía muchos y tristes años había pasado de esta vida, martajaba los testales entre sus dos arrugadas y morenas, morenísimas manos; mientras humeaba un tanto el anafre que se ocupaba de calentar y herbir esos frijoles, el olor debería ser inconfundible, por que en el momento de la remembranza el buen viejo cerró sus ojos, echó su cabeza hacia atrás y aspiró profundamente, como si en él le fuera, o más bien, le viniera la vida entera.

"Lo vieras visto, ¡lo vieras conocido!, siempre conocer es mejor que ver, mi abuela, que en paz descanse, siempre me hablaba de La Bella Unión, y nunca la conocí, quedaba lejos, lejos de al tiro -Tenía una maquiladora donde trabajaban las hembras del pueblo, casi al centro, al ladito del palacio del munecipal, que queda en frente de la alameda, áhi mero onde queda el menumento a Zarazúa- pero nunca la conocí, por eso te digo mijo, conocer siempre es mejor que ver..."

El viejo hizo otra pausa, idéntica a las pausas que se hacen cuando silva la tetera, pero este viejo no pausaba por la tetera, sino pausaba por el recuerdo que le asaltó al recordar la Bella Unión, de donde se supone que vino un día Antonia, su abuela, a intentar una vida mejor. "Pero no creas, aquí solo encontró desgracia", me dijo, completamente desencajado. Tosió con sonido de perro viejo y continuó diciendo "Te digo que lo vieras conocido por que era un chamaco muy alegre, muy regalón. Se llamaba de pila Bernardo, y por apelativo llevaba el Galindo, común de su pueblo. El canijo no tenía pa un taco, pero nunca fue pobre. Para vivir, o medio vivir, Galindo, -por que ansí le decíamos- trabajaba en la zapatería del pueblo, mira, mijo, en aquellos años, nomás había una zapatería por pueblo, no como ora, que pa donde vaigas vas a ver munchas, y muy bonitas todas, grandotas y con vidrieras rete brillosas.

A Galindo no le importaba que no hubiera frijoles, el siempre sacaba fuerzas pa corretear, jugando a la pelota, nunca te decía que no cuando lo envitabas a ir a piscar mangos de la labor de Don Hernán, o a ir a poner flores a nuestros muertitos del pantión. Siempre, siempre mijo, respete a sus muertitos, ellos nos cuidan desde allá, nos vienen a ver cada 2 de muertos, y nos hablan siempre que pueden, pa ayudarnos, no como ora, que los muertos nomás se aparecen pa asustar a los chamacos. No, mijo, antes, los muertos no eran ansí, por que los vivos no eran como son los diora. Yuro por eso no me pudo la muerte de Galindito, bueno, no me pudo haberlo matado, por que ansí fue. La verdá yo siempre pensé que había sido accidente, pero a estos años a los huesos les da por ser honestos, siempre le tuve invidia, por que siempre era feliz, aunque pobre, pobre como la tierra de la Bella Unión, nunca lo vi quejarse, él vivía con su amá, no me vas a crer, mijo, vivían en un jacalito, que de tan jacal, no tenía paderes, nomás tenía unas láminas que hacían de techo, pero hasta áhi, bueno esa es harina diotro costal, no es bueno hablar de las carencias de los muertos, nuestros muertitos, ya cuando están allá, son todos buenos, todos.

Pero te digo que yo le tenía una invidia, y esas son las cosas que hay que tener en el corazón pa que valga una buena arrepentida en la iglesia del Padre Manuel, ahí no vale de nada ir a hacerse el bueno, ahí uno tiene que ir porque uno es malo, si no pa qué quiere uno a Diosito.

Yo le tenía invidia, y voy que el sabía, pero de tan bueno quera no le importó. Pero acuerdate mijo, siempre, que la confianza mata al hombre y embaraza a la mujer. Ése día, perdóname que lo miente mijo, ese diablo de día, el mismito se me metió. Lotro día el padre Manolo, que ansí le decíanos de cariño, nos platicó el cuento de Caín y Abel, y ansinita me sentí. Nos fuimos a la carretera, a recoger latas de iluminio, de esas onde venía la comida, no como ora, que todo viene en latas de cartón, el cartón es malo mijo, y agradece que te lo diga: Si quieres vivir munchos años, no comas nada que siaga de cartón, el cartón sale de los árboles, y los árboles salen de nuestros muertitos, y a nuestros muertitos no hay que comérselos. Pa no hacerte el cuento largo, lo aventé al paso de un regimiento de federales que iba detrás de unos pelones que se habían emboscado en el cerro de la Pitaya. Como iban en su asunto, ni voltiaron a ver como dejaron a Galindito. Te lo digo mijo, nomás pa que sepas lo que es bueno y lo que es malo. Yo no podía vivir sin Galindito, y sigo sin poder vivir sin él. Cuando lo maté sentí cómo se me rompía todo aquí adentro, como se me iba el cuerpo, por que yo era la misma ánima de Galindo, yo soy la misma ánima que se le salió del cuerpo ese domingo... El pueblo me lloró muncho, reteharto, por que te digo que era un chama..."

De repente el viejo desapareció, el ruido de una mujer que pasaba lo había asustado. Me dijo después una señora que era lo que nosotros llamaríamos "la bruja del pueblo" que a mi se me había mostrado por dos motivos: Uno era por ser aquél día 2 de muertos y el otro por ser yo Antonio Galindo, por querer que le dijera a mi abuela Bernarda Loza viuda de Galindo, que lo perdonara por haberla dejado sola. No tuve tiempo de decirle que la Abuela Bernarda del dolor que le causó la muerte de Bernardito, se dio a la ardua tarea de procrear 8 hijos más, no tuve tiempo de decirle que si el no se hubiera matado, Bernarda hubiera muerto sola.


Ricardo Rodríguez

domingo, 7 de junio de 2009

La maldición de la autoestima;
si es baja, malo, si es alta… ¡también!


José Vieyra Rodríguez


“Tener que estar refiriéndose permanentemente a uno mismo
es una degradación de la existencia.
La existencia no se tiene que autoestimar,
tiene que juzgarse a través de si ha podido o no hacerse con su proyecto.
Y tiene que pagar un precio por ese proyecto,
tiene que ser capaz de sufrir, de saber perder”
Jorge Alemán

Ante la pregunta de la etiología y tratamiento de los múltiples problemas individuales, que a su vez son sociales, gran parte de la psicología ha adoptado una posición cómoda y resolutiva: la autoestima. Basta encender el televisor y observar las respuestas de los psicólogos cuando se les cuestiona sobre algún tema, es común escuchar las siguientes opiniones:

El origen de la agresión en parejas (etiquetada comúnmente como “violencia familiar”), es porque el marido pega por una falta de autoestima y seguridad en sí mismo que se ve claramente al tener que ejercer su poder golpeando a su mujer, a su vez, la mujer se deja golpear porque también tiene una falta de autoestima y no se quiere lo suficiente, no se valora y cree merecer la golpiza; si un niño es agresivo en la escuela (llamado por la psicología con el anglicismo bullying) es porque seguramente tiene problemas de autoestima y tiene que confirmarse insultando o pegando a los demás, también quien es el agredido, no tiene seguridad en sí mismo y se deja pegar porque básicamente tiene una baja autoestima; los trastornos de alimentación (anorexia, bulimia) son una clara muestra de una bajísima autoestima en quien los padece, pues no se acepta como es y quiere ser diferente, bastaría con que tuviera una autoestima alta para querer a la imagen (aun fea) que le devuelve el espejo; las adicciones, desde el alcoholismo hasta la farmacodependencia, son problemas relacionados con una baja autoestima, no se quiere el adicto y por eso se autodestruye; las depresiones son también problemas de autoestima, no se puede querer la propia persona por lo que es y por eso entra en depresión, no importa cual sea el motivo de la depresión si tan sólo pudiera darse cuenta el “enfermo” de lo valioso que es, el problema es que tiene una baja autoestima. La lista anterior puede incrementarse casi desmesuradamente y la respuesta variará muy poco. Cabe señalar que una autoestima baja puede deberse y arrastrarse desde un trauma infantil.

Una vez identificada la etiología de los “problemas psicológicos”, es necesario acudir a terapia para que el psicólogo los arrope y comience a demostrarles a los pacientes las magníficas personas que son. Así, se orientará la terapia a eliminar los pensamientos incongruentes, la lógica errónea del paciente y cualquier idea que no sea positiva, la finalidad es que el paciente obtenga una autoestima buena (pues la baja es mala, no importa en base a qué se hace este juicio de valor) y así sea una persona feliz.

Por supuesto, no se debe sobrepasar los límites de una autoestima buena, es decir, no tener una autoestima alta o al menos demasiado. No debe tenerse una gigantesca autoestima porque entonces podrían darse problemas, por ejemplo, para empatizar con los demás, por lo que no se debe querer uno demasiado y menospreciar a los iguales, pues esto es también un signo de una desnivelación de la autoestima adecuada.

La autoestima buena (alta, ¡pero no mucho, eh!) se manifiesta cuando la persona se quiere a sí misma, además de tener la posibilidad y habilidad de querer también a los demás.

¿Cómo se pasa del sentimiento y valoración propia al de los demás con un mismo concepto? No importa, la autoestima lo abarca todo, aun cuando tenga el prefijo auto- que significa “de o por sí mismo”, y que por lo tanto autoestima signifique “estima propia”. ¿Cómo saber si la autoestima es poca o es demasiada, y por lo tanto también está mal? Pues no puede saberse a ciencia cierta, se podrá conocer la autoestima tan sólo por las manifestaciones conductuales (pues al final son las únicas posibles de objetivar). ¿Entonces no se tiene la menor idea real de un nivel de autoestima, pues no se tiene un autoestimómetro? Claro que no, se supone que hay autoestima baja si la persona tiene un problema, y es adecuada cuando es feliz y socialmente funcional.

Los absurdos anteriores quizá tengan algunos huecos por la propia sátira que contienen, pero la realidad no dista demasiado de aquí. Esta clase de explicaciones se han aceptado socialmente, y más si provienen de la boca de un especialista de la “salud mental” como lo es el psicólogo.

Evidentemente no toda la psicología habla de autoestima para explicar todos los casos anteriores. La psicología dinámica o profunda, que tiene su base en el psicoanálisis, intenta dar explicaciones diferentes. Incluso el mismo psicoanálisis aborda las mismas problemáticas desde otros puntos de vista, pero dicho sea de paso, es también muy común escuchar a estos psicólogos o psicoanalistas diciendo que no tienen una respuesta directa del origen del problema o la solución, pues “habría que revisar al caso en particular para dar una respuesta”, por lo que en términos prácticos resulta igual de ineficiente que la primera.

No obstante, el psicoanálisis, aun con su particularización excesiva, puede dar respuestas más certeras y menos cómodas. No significa que las respuestas fáciles, comunes y placenteras sean siempre erróneas, pero es altamente cuestionable que para múltiples problemas y casos la solución siempre sea la misma, es decir, una inmensa cantidad de preguntas y una sola respuesta.

El objetivo de este escrito no es exponer los abordajes, las respuestas y soluciones que propone el psicoanálisis para todos los problemas antedichos, sin embargo, cabe señalar que el psicoanálisis puede responder desde su teoría con una aproximación general y después entender el caso en particular, es decir, es posible de revelar al menos algunos aspectos a considerar ante los casos antes de ser resueltos de manera abrumadora y aplastante por la palabra autoestima, que ha venido a ser el problema y solución en la psicología.

sábado, 30 de mayo de 2009


Fue niño y voy en jeep


por José Vieyra Rodríguez


Siguiendo nuestra propuesta, que inició hace poco más de un año, de analizar algunos anuncios comerciales emitidos en televisión para intentar encontrar la forma en que funcionan, además de tomarlos como medios de enseñanza de la cultura. Ahora presentamos un anuncio clásico dentro de la gran campaña publicitaria a la que ya habíamos tenido oportunidad de referirnos en el artículo Tecate ¿por mí?

Nos vuelve la idea de revisar esta publicidad, al encontrarnos hace poco con un letrero hecho en el vidrio de un jeep, el cual reza al igual que nuestro artículo “Fue niño y voy en jeep”. El jeep al cual nos referimos, es importante mencionar que se encuentra en condiciones desfavorables como para pensar ostentar de manera muy presuntuosa el hecho de poseerlo, sin embargo, el dueño del vehículo no se avergüenza en lo absoluto de su posesión, por el contrario ahora se encuentra doblemente orgulloso al haber tenido un hijo varón.

Este pequeño letrero leído en el vidrio trasero de ese viejo y descuidado jeep, nos remitió inmediatamente al conocido anuncio de la cerveza Tecate, aquí lo presentamos.



Procedamos con cautela en el análisis de este comercial, así como en el del letrero encontrado en el viejo jeep.

Consideremos para comenzar que las interpretaciones más directas y evidentes, si bien no siempre están equivocadas, tampoco son del todo completas. Por ejemplo, es sencillo ver en el video el pensamiento machista operando, fácilmente caemos en cuenta que se quiere un bebé por ser hombre, designando esta palabra exclusivamente para el sexo anatómico masculino, y vemos como otorga el nacimiento del varón una mayor dicha para el padre, por lo que, feministas aparte, todos estaríamos de acuerdo con que es una clara muestra del pensamiento machista, esa vieja herencia que parece imposible rechazar. En el letrero a que hicimos referencia desde el título mismo de este artículo, podemos encontrar el mismo pensamiento; el padre está orgulloso de su paternidad, especialmente por el hecho de que su cría sea varón, además remarca la visión machista al conjuntar su alegría de ser padre de un niño, con el hecho de viajar en un auto considerado un vehículo para intrépidos hombres aventureros, etc.

Hasta aquí este ejercicio intelectual no da más que respuestas dadas de antemano, críticas reiteradas hasta el hartazgo que se tornan fofas ante la sociedad. Por lo que intentemos tomar sólo como inicio estas visiones y vayamos más al fondo del asunto.

En primer momento consideremos que el “ser hombre” no está dado por la anatomía, es decir, no se nace hombre, sino que se llega a estar en esa posición en tanto se entre en relación con los demás y se llegue a aceptar, psíquicamente hablando, las funciones del varón en la sociedad. Esto no está fuera del comercial, analicemos para comenzar los escenarios para entender esto; en primer lugar aparece un hombre abriendo una ventana gritando “¡es hombre!”; el edificio del cual aparece es totalmente irreconocible, bien pueden ser departamentos o incluso las ventanas de un viejo edificio de oficinas, o ¿porqué no?, un hospital (es el momento del nacimiento, se llega a un mundo básicamente irreconocible). El grito no va dirigido a alguien en especial, incluso parece en un segundo escenario no tener nadie quien lo reciba puesto que únicamente puede observarse una hoja de periódico volando en una calle vacía. Pero con forme pasan las escenas se comienza a observar una mayor claridad de escenarios en que las funciones de hombres son predominantes, desde una oficina, un baño, y después se intensificará la visión de las funciones cuando aparece alguien gritando desde lo alto de una construcción, continúa en un billar y terminará en un bar repleto de hombres, todos celebrando y con un voz en off que nos dice “por lo que se emocionan con la llegada de un nuevo amigo”. A lo largo del comercial lo único que podemos observar es que ser hombre lo determinan las funciones que se desempeñan en la sociedad, por lo que el hecho de haber nacido varón es motivo, pero no es suficiente para ser condición.

El letrero del jeep contiene los mismos elementos: el que haya sido niño y el padre viaje en un auto por él considerado como digno de enorgullecerse, nos muestra que claramente no es tener un niño y un jeep lo que lo hace estar contento, sino la forma en que se posicionó ante este hecho. Recordemos que el jeep es un viejo modelo y en malas condiciones, es decir, verdaderamente no parece tener motivos para estar orgulloso de su automóvil, pero él valora su posesión por la función que cree desempeñar con él. Esta última frase la podemos inmediatamente transpolar a la valoración que se da al hecho de poseer un pene como sexo anatómico, no es que el pene por sí mismo tenga un valor, sino lo importante radica en la posición que me da (que adopto en función de los demás).

La idea expuesta en el párrafo anterior es la misma que desarrolla el psicoanálisis desde sus inicios, al hablar Freud de “envidia del pene” o “angustia de castración” en la cría humana, lo que está en juego en el psiquismo de ambos, no es el pene en sí mismo, sino la función que se le ha asignado a dicho órgano, por lo mismo Lacan para intentar aclarar esto, designa al falo como aquello a que se aspira tener, puesto que el mismo falo es el que me significará para los demás, recordemos junto con el psicoanalista Roland Chemama que el falo es el “símbolo de la libido para los dos sexos; significante que designa el conjunto de los efectos del significante sobre el sujeto y, en particular, la pérdida ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje”. Importante entender estas ideas, el falo es para ambos sexos y la pérdida está ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje, pues cuando se llega al mundo, el infante no tiene sexualidad, pero al introducirse el lenguaje, éste se la designará, pero a la vez se crea una brecha entre biología y psiquismo. Esto nos otorga varios elementos dignos de pensar, comenzando por echar abajo una supuesta esencia de hombre y mujer, aquí lo importante será en qué lugar se inscribe el sujeto (en falta).

Retomando nuestro interés, consideramos que tanto el comercial como el anuncio del jeep, lo que nos muestran claramente es la necesidad del hombre de posicionarse y darse un referente en torno a los demás, a partir de poseer un elemento, el cuál precisamente da una supuesta posición. El hombre lo que busca es colmar la falta constitutiva a través del fantasma, es decir, “la relación que mantiene el sujeto dividido con el objeto causa del deseo”.

Terminemos por mencionar además, que lejos de parecer un elogio al machismo más puro, encontramos una clara inclinación hacia el amor homosexual, los hombres no se emocionan por la llegada de otra mujer, sino por la de un nuevo amigo, que como ya nos enseñó Freud, la amistad entre hombres es pulsión sexual de meta inhibida, pero al final del camino, sexual.

Concluyendo aquí, pensemos que tanto el anuncio como el dueño del jeep, lo que nos evidencian no es el machismo del hombre, sino la propia condición del hombre, que si dejáramos fuera, volvería en otro lugar. Entendamos pues, que para los publicistas de la cerveza, el hombre podrá advenir como tal al desempeñar ciertas funciones sociales, pero reservémonos el pronóstico de negatividad en ello, además de tomar en cuenta que el elogio a ser hombre anatómicamente hablando, no es pos sí mismo reprobable, tendríamos que detenernos a conocer la particularidad del caso, además del propio lugar que ocupará este hecho biológico en el psiquismo del infante.

viernes, 22 de mayo de 2009

El nuevo Onán


"Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya,
sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano,
vertía en tierra,
por no dar descendencia a su hermano.
Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía,
y a él también le quitó la vida"
Génesis 38; 9-10



Cuando me enteré que dejaste a María porque encontraste tu verdadera vocación, ser sacerdote, no pude más que maldecirte. ¡Cuántas veces he soñado con romper mi celibato con aquella mujer, y ahora tú te marchas de su lado dejándola destrozada!

Las cosas cambian para ella y para ti, pero para mí no.

Onán al menos tenía una mujer, aun cuando fuera heredada.

J.V.R.

martes, 19 de mayo de 2009

"El Coloquio del Niño que quería cinco peso"


En una óptica del heroico puerto de Veracrú,
un niño mendigo entra, y con la dependienta
del establecimiento entabla este coloquio:

Niño.- Oiga, ¿Me da cinco peso?
Dependienta.- !A su¡ ¿Y pa que pides cinco peso? Mejor pide uno...
Niño.-Bueno, ¿Me da un peso?
Dependienta.- ¡NO!

Ricardo Rodríguez

domingo, 17 de mayo de 2009

In memoriam Mario Benedetti


¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio?
¿vanguardia del olvido?
¿qué será del amor y el sol de las once
y el crepúsculo triste sin causa valedera?
¿o acaso estas preguntas son las mismas
cada vez que alguien llega a los sesenta?
Mario Benedetti


por José Vieyra Rodríguez

Escritor uruguayo, de ascendencia italiana, nació en Paso de los toros en 1920. Hoy, 88 años después, falleció en su casa de Montevideo trás una serie de hospitalizaciones en los últimos meses (ver nota).

Benedetti fue un escritor cuantioso, nos ha dejado un enorme legado de letras, reunidos en diversos libros de poesía, cuento, novela, teatro y ensayo.

Aun cuando no es miércoles, Benedetti ha dejado un testamento, de esos que sí son colofón de vida, y es a bien por parte de nosotros aceptar sin desacato sus mandatos que no fueron redactados en unas cuantas hojas y con el sello de una notaría, sino que están en miles de páginas de libros esparcidos en todo el mundo en más de 20 idiomas. Su testamento lo encontramos redactado en versos pero también en prosa, incluso en obras de teatro. Su herencia es inestimable por su peculiaridad, nunca acabará ni perderá valor, los herederos somos todos quienes voluntariamente queramos acercarnos a sus libros y asumir lo que nos propone; luchar por construir un lugar sin dictaduras, tener el valor de morir por un credo, que traición no exista en nuestro vocabulario, que la denuncia sea parte de nosotros cada vez que nos encontremos ante su necesaria invocación, pero también que el amor guíe nuestro andar, que luchemos por la alegría, defendiéndola de quienes osan hacerle daño.

El escritor uruguayo fue incansable, escribió hasta la muerte y hasta a la muerte. Fallece cuando estaba por publicar un nuevo libro de poesía (“Biografía para encontrarme"), en él seguramente encontraríamos su característico estilo, sencillo pero nunca simple, citadino pero no vulgar, directo pero nunca pernicioso, humilde y sincero pero no falto del rigor de un genio esencial.

El pasatiempo de Mario Benedetti en esta vida fue escribir, con ello levantó barricadas, puso nieblas como telones para distraer a la muerte, pero aun así, sin ser invierno, murió y con él otro digno representante de las letras iberoamericanas.

Descanse en paz Mario Orlando Hamlet Ardí Brenno Benedetti.

miércoles, 13 de mayo de 2009

"Yo te ví, yo te ví, yo te ví robando"


Fidel Herrera : Yo te vi, yo te vi robando... from Politica en Video on Vimeo.


ACTUALIZACIÓN: Al parecer, las presiones del IFE sobre Youtube surgieron efecto, mi teoría conspiranoide es que como no pudieron obligar a Youtube a eliminar el video, presionaron a la discográfica dueña de la imagen del video, sin embargo, la web en sus nuevas virtudes nos trae de regreso el video en cuestión.

En los últimos días ha surgido en internet una guerra de campañas políticas sin precedentes en México que en lo particular a los internautas nos dejan un buen sabor de boca, ya que estamos ante una nueva manera de hacer las cosas y, sobre todo, de compartirlas.

Actualmente, se han eliminado las barreras de espacio (incluso, si se me permite decir, hasta de tiempo) gracias a la horizontalidad de internet (punto sobre el cual no pienso ni me gustaría entrar a discusión), situación que no comprenden las viejas y empolvadas asociaciones de antaño que, ante semejante conducta que pareciera tener la red (una especie de ente viviente), palidecen, se derrumban y se quiebran en horrorosos y ridículos pedazos de demagogia e ignorancia.

Internet no solo llego para quedarse, llegó para cambiar las maneras en las que muchos negocios se llevan a cabo, desde los clásicos negocios como las tiendas hasta los oficios más antiguos del mundo, la putería y la política (que me perdonen todos aquellos aficionados a la vida galante por compararlos con la aberrante política).

Hoy durante la mañana pude ver en el noticiero de Carlos Loret (el de Televisa, ¡Lanzaos a mi yugular, huestes anti-televisistas, cortádme las venas, sacádme el líquido vital!, pero aquí donde vivo es el único noticiero mexicano que se puede ver) la ridícula protesta de tarado pulgoso llamado Noé Geovanni Pérez, por la publicación de un video en el que se acusa (o se revela) la condición ratona y corriente del siempre cuestionado Fidel Herrera (perdón si me excedo en mi obvia imparcialidad).

En este artículo , se definen algunas de las razones por las cuales se solicita a YouTube la remoción del video (que al parecer y por lo que leí y entiendo de los términos de uso no existe ninguna razón, cuando menos legal, para que la administración del sitio retire el vide en cuestión.

No sólo es cuestión de decir verdades, de decir mentiras, no es una cuestión de libertad de expresión; es, más bien, una cuestión de ENTENDER (actividad cerebral que para los políticos mexicanos está negada por órden divino) cómo funcionan, se crean, se mueven y sobreviven los nuevos mecanismos de propagación actuales.

Más allá de estar de acuerdo o no con el contenido del suso-visto video, debemos entender que los nuevos medios y métodos son casi, casi, casi in-escondibles (adelante, talibanes del idioma). Hoy día es estúpido pensar que se puede controlar un contenido una vez que ya se encuentre en la red de redes (la rede, diría mi actualmente subterranea abuela).

Que triste ver que en el país de las barras y las estrellas la red jugó un papel DETERMINANTE en la elección del primer hombre de color como presidente de la nación más poderosa del mundo, o cuando menos la nación con la mayor cantidad de Mc Donalds... "Pero más sin en cambio" (gracias, abuelita), en nuestra amada república de las tranzas y el smog, los políticos en lugar de aprovechar las nuevas oportunidades, tiran por el gran retrete cósmico las tácticas y estrategias que podrían llevarlos a dimensiones desconocidas.

Para acabarla de amolar, sale el desvergonzado de Miguel de la Madrid Hurtado diciendo que Salinas ha hurtado la mitad de la partida secreta, ¡por el amor del MEV, aquí ya no hay respetillo!. Diga lo que quiera don Miguel, pero entienda que no puede luego echarse para atrás como si nada alegando que "no se encuentra en un estado de salud que le permita procesar adecuadamente dialogos o cuestionamientos" queriendole achacar el milagrito a otro santo. Permítaseme decir al margen, que a pesar de que pienso que usted nunca se encontró en tal estado (No se me enoje don señor, es cosa de naturaleza, no le es dado a los políticos cavernarios como usted tener ciertas capacidades), lo dicho, dicho está. O puesto en otras y más actuales palabras, "Lo subido, subido está".

Como colofón, me gustaría decir dos cosas:

1.-Sólo puedo pensar en que va a suceder esto
2.-La opinión aquí vertida es responsabilidad única de su autor. (y de todo aquel que quiera adherirse a ella)




Ricardo Rodríguez

domingo, 10 de mayo de 2009

¡Adiós, filosofía de pupitre!


por José Vieyra Rodríguez


La reforma educativa para el nivel medio superior, llevada a cabo el año pasado, contiene algunos puntos importantes dignos de mención, quizá el más para quien esto escribe es la eliminación de la asignatura de Filosofía en los planes de estudio del bachillerato.

Múltiples voces se han dejado escuchar en contra de esta nueva reforma por parte de la SEP en que excluye a la Filosofía a favor de “competencias y habilidades” actuales. Quizá la más importante presión para la incorporación nuevamente de esta asignatura la lleva a cabo el Observatorio Filosófico.

En este espacio no es mi intención argumentar la necesidad del mantenimiento de la Filosofía como asignatura, mucho menos hacer un examen de los lineamientos que guían a la educación en nuestro país para llegar a esto, tampoco pretendo tomar partido inmediatamente y decir que el sistema busca la eliminación del libre pensamiento y el impulso a la reflexión, lo anterior me parece que sonaría a clisé de estudiante de filosofía indignado ante el acontecimiento social.

Lo que aquí pretendo expresar es mi sorpresa de ver cómo los mismos filósofos y estudiantes de filosofía se plantan en una postura de inocentes mártires que son inmolados por parte de la oficialidad. Niegan su colaboración para que esto suceda, es decir, me pregunto porqué no tomar esta nueva reforma como síntoma, como retorno de lo reprimido que se nos devuelve para mostrarnos algo de nuestra propia actitud. Saltar y decir que no es culpa de nosotros y la filosofía actual, que es sólo una muestra de cómo los intereses políticos y económicos del tecnomercado no incluyen a la filosofía, me parece triste. Decir que nada tiene que ver la propia filosofía con que se le excluya, me parece chato, burdo, simplemente una forma de negar nuestra responsabilidad ante los hechos.

Más aún, sería interesante darnos cuenta que la filosofía no es excluida por lo peligrosa que resulta o las críticas que genera, seamos sinceros, esta no es una forma de censura, ¡qué bueno sería si así fuera!, pero no, si se excluye es porque la misma filosofía algo ha hecho para parecer obsoleta, sin sentido e importancia en la vida cotidiana. Quizá no ha sabido integrarse a la nueva forma de movimiento social, no quiero decir que tenga que prostituirse a favor de los intereses actuales, pero qué sucede que tampoco puede saberse manejar ante los nuevos tiempos, la era del mercado, la ciencia y la tecnología.

Insisto, debemos tomar la reforma como síntoma social que algo nos muestra de nosotros mismos, si negamos nuestra responsabilidad ante este hecho, no podremos ver en qué estamos implicados nosotros, y este síntoma será sólo la molestia que intentaremos quitar, eliminar sin escuchar lo que nos dice. El síntoma es el retorno de lo reprimido, algo de nuestra actividad como personas interesadas en la filosofía hemos reprimido, ahora se nos devuelve y si esto lo volvemos a recibir con gritos y pataleadas (quejas oficiales y no oficiales), y después silenciar con un buen medicamento (reincorporación a los planes de estudio), no habrá servido de nada que hayamos vivido esto, habremos callado la molestia pero sin tomar conciencia de nuestra responsabilidad para que esto sucediera.

En preparatoria, por el día de hoy, le damos la despedida a la filosofía, la única posible en un aula de clases, la filosofía de pupitre. ¿Tenemos algo que ver con su supresión?


viernes, 8 de mayo de 2009

partícipe

"como un suicida asomado
al borde del precipicio"
Ismael Serrano

recordar el momento en que fui traído
a este lugar no me es posible

delante de mí
el "desfile de la vida"
titularon

como todo desfile
preparado
programado
medianamente organizado
predecible

y ahora los infantes
anunciaron
abarrotados niños pasean
los vi

enseguida la mocedad
anunciaron
pasaron jóvenes gritando
frente a mí

los adultos y los trabajos
anunciaron
lentamente avanzaron
observé

ahora los matrimonios
anunciaron
pasaron felices y los últimos separados
cerré los ojos

y tú cuándo desfilas
escuché
me trajeron a contemplar
me limito a mi papel
repliqué

pero cuando esté impávido
daré un paso delante
hacia el desfiladero

J.V.R.

miércoles, 6 de mayo de 2009


Mariposas Amarillas,

¡Mauricio Babilonia!
Celso Piña
(no fue el primero en decirlo, pero de que lo dijo, sin duda lo dijo)


Me recuerdo bailando aquella sabrosa cumbia, alguna víspera de verano, no sé de cierto (ni de incierto) si corría el año de 1993 o el 2000, que para lo que nos atañe del cuento, lo mismo dá. Y lo mismo dá por que si no fuese acertado el dato, bien podríamos estar bailando "Mentiras, mentiras, mentiras, mentiras..." de los Vallenatos de la Cumbia, que según mi memoria un tanto viciada y oxidada, en aquellos años vió a luz en las emisoras locales de mi viejo Monterrey, que se empeña en parecer nuevo, en parecer de primer mundo, no entiendo para qué...

Las sodas se tomaban en bolsita, con popote los más finos, los más atrevidos mordían la bolsa, le hacían unos bujeros con los dientazos que no veas, quedaba aquella bolsa como queda cualquier bolsita de plástico después de ser mordida, pero solo en una de sus esquinas, pa no perder el glamour. Las competencias de comer tostadas con salsa súper picante eran cosas de todos los días, bueno, todos los días de lunes a viernes, que era, es y seguirá siendo, el tipo de semana laboral que prefieren nuestras escuelas secundarias.

Había de todo. Y cuando digo de todo, me refiero a que faltaban tantas cosas: El futbol lo jugabamos en una inmensa placa de concreto cuadrada, con una lata rellena de piedras que hacía las veces de balón (Vayan ustedes a saber en qué torcida cabeza cabe que una lata rellena de piedras pareciera balón). Hacia la cara sur del estadio, es decir, de nuestra amada placa de piedra, se encontraba el portón rojo, aquel que sólo estaba reservado para los más grandes, y no me refiero a los más grandes de edad, sino a los más grandes que había en la secu, tipos temibles, de pelo desteñido con agua oxigenada, tenis converse, pantalón rojo, entubado y arremangado. Ellos eran los elegidos para brincarla, eran los elegidos para salvar la tarde metido en el cuarto de máquinitas de Mortal Kombat que estaba metido en la casa de Pancho. Faltaban, también, pupitres, gis, libros, libretas, maestros, pero nos sobraba un gran espíritu de no sé qué, por que todos estabamos siempre unidos, excepto cuando nos peleabamos, que era la mayor parte del tiempo. Ahí tuve mi primer pelea en condiciones (deplorables), tuve mi primer beso (lo cambié por un 21, es más Jennifer María fue quien me sugirió tan suculento trato) toque mi primera nalga, que por fortuna no era la mía... era la de Cindy, y Cindy era la de todos, la que nunca se negaba a nadie ni a nada, sin importar que ella fuese un monumento (que SÍ lo era) y que el requisitor de sus encantos un chango.

Tuve todo lo que se puede tener en un lugar donde faltaba todo, y que a la vista de los años, largos años, se perdió en un horizonte nublado de recuerdos nada gratos... hoy no conservo ni una sola amistad de aquellos años, al Plátano se lo comió la mediocridad, al Mostro se lo comió la maldita pobreza (nunca vi a nadie luchar por las cosas como luchaba el Mostro), a Karina, se la comió un tipo afortunado que se casó con ella, a Lety, un tipo afortunado que no se casó con ella, a Janeth, se la comió una corriente sectaria, igual que al Emilio, que la última vez que lo ví me quiso bautizar en el acto (el acto era la boda de Janeth... vayan ustedes a saber el papelón que iba a hacer bautizandome en la boda de la única mujer con la que he peleado a golpes en mi vida). Dicen que Eloy terminó de judicial y que Efraín de trasvestista. De Segundo supe que había terminado una ingeniería, creo que de toda la bola fuimos los únicos en lograr semejante proeza...

La secundaria fue un puto lugar en el que nunca encajé pero que me dejó tres cosas claras, concisas y evidentes:

  1. Mi gusto por los Tigres del Norte (realmente se afianzo en esos años)
  2. Mi gusto por la música vallenata
  3. Mi gusto, mi adoración, mi dedicación vital y vocación por las mujeres
Ojalá y que todos los putos lugares en los que no encajamos nos pudieran enseñar tan valiosas lecciones...

Ricardo Rodríguez

martes, 5 de mayo de 2009

Cuando un panqué ordena… con el cariño de siempre


por José Vieyra Rodríguez


“[El superyó] es el monumento recordatorio de la endeblez y dependencia en que el yo se encontró en el pasado, y mantiene su imperio aun sobre el yo maduro. Así como el niño estaba compelido a obedecer a sus progenitores, de la misma manera el yo se somete al imperativo categórico de su superyó.”
Sigmund Freud

“La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar’”
Slavoj Zizek



Algunos días atrás, mientras estaba en la tienda comprando unos cigarrillos, pensé en también llevar un pan dulce además del respectivo litro de leche para el desayuno del día siguiente. Así es que tomé un panqué de nuez de la marca Bimbo y el correspondiente litro de leche Lala (cual debe ser), además de pedir unos Camel 14’.

Al día siguiente al levantarme, recordé mi inteligente decisión del pan dulce y leche, así que me dirigí a la cocina, me serví un vaso y abrí el pan. Al terminar de comer, intenté cerrar con la envoltura lo que aún quedaba de panqué, al hacerlo me di cuenta que por fuera de la envoltura decía “Ahora panqué te da más panqué, ¡participa!” Cual niño pequeño, no me pude resistir a la tentación (creada) y no sólo abrí de nuevo el panqué, sino que rompí la envoltura para encontrar al reverso las palabras: “Sigue participando”.

Al decepcionarme, una voz interna me decía “estúpido, realmente creías que ganarías, es tan sólo mercadotecnia”, lo que el viejo Freud denominaba superyó, es la instancia crítica que juzga al sujeto y condena severamente al yo. Sin embargo, basta retroceder un poco en toda esta anécdota para encontrar también al superyó materno, el que me dijo que participara en algo que ni siquiera conocía, que me impuso el deseo de querer más panqué, ¡gratis!

Slavoj Zizek en varios momentos menciona que este superyó es aún peor que el que describe Freud, pues mientras el primero imponía prohibición o mandato, este segundo, el superyó materno (el que prevalece actualmente a nivel social), lo que impone es el ¡goce! En mi caso, primero me hizo querer más panqué (ya estaba satisfecho con el que había comido, ¡pero aún así quería más!) y no sólo eso, al encontrarme con la decepcionante realidad al no haber ganado, me impuso una consigna, al más puro imperativo categórico: “Sigue participando”. No encontré el amigable “Gracias por participar” que recuerdo haber leído alguna ocasión, tampoco el falso optimismo de “Suerte para la próxima” o menos el frío “Envoltura no ganadora”, me encontré frente al mandato materno de goce, ¡Sigue participando! ¡Hasta que ganes! ¡Quieres ganar! ¡Sigue, sigue, sigue! (cual diálogo de película pornográfica que supone un goce excesivo aun cuando esté ausente).

Ahora recuerdo el antiguo eslogan de Bimbo: “Con el cariño de siempre”. Así es, en la actualidad después de ordenarte descaradamente qué es lo que deseas y debes hacer; "tú no puedes ser un perdedor, compra hasta que seas un ganador", pero te recuerdan; es con el cariño de siempre.

El mercado impone la demanda, lo que quiero, y además con el mandato de gozar y no ser cualquiera, por eso, ante esto, quizá sería pertinente plantearnos la posibilidad de no querer estar bien siempre, no necesariamente ser triunfadores, ganadores, exitosos, sanos… ¿y qué si no quiero?

lunes, 4 de mayo de 2009


Un simple pollo amarillo...


En lo personal, siempre me han gustado los pollos, me parece que son animalitos de muchos huevos, en todos los sentidos... tienen un caminar bastante curioso y cuando están chiquitos las plumas parecen pelos, entonces parecen unas pequeñas bolas de pelos y todos sabemos lo que se debe pensar de una buena bola de pelos amarilla y con piquito (en general, casi cualquier bola de pelos es de considerarse).


Bola de pelos ilustrativa

Cuando yo era niño tuve un pollito, más bien, había un pollito que una vez tuvo la fortuna de que yo lo tuviera, era amarillo, pero como los pollos amarillos no vendían en aquella época, los genios comerciantes que convencieron a mi papá de que me lo comprara lo habían pintado ni más ni menos que de azul, así que ahora me encuentro perdido tratando de elaborar un discurso medianamente coherente al respecto de los pollos.

La cosa fue que de azul y pequeño, el pollo se convirtió en amarillo y grande, no sé a ciencia cierta si el pollo se convirtió o se despinto, aún no soy tan escéptico como para discurrir por las turbias aguas del método científico pollístico...

Un día, al llegar a casa en aquel vochito blanco que tenían mis papases, me dí cuenta que algún ser malvado y sin escrúpulos se había robado mi pollo, y el problema fue que el sucio ladrón nunca, nunca, nunca se dió cuenta de la confusión que me causaba que se hubiera robado mi pollo, por que ya nunca supe ni sabré si lo que me robaron fue un simple pollo amarillo o mi fabulantástico y excelentífico pollo azul...

Ricardo Rodríguez

Un interés de la filosofía: el psicoanálisis*


por José Vieyra Rodríguez

“la postulación de las actividades anímicas inconscientes
obligará a la filosofía a tomar partido y,

en caso de asentimiento,

a modificar sus hipótesis sobre el vínculo de lo anímico con lo corporal
a fin de ponerlas en correspondencia
con el nuevo conocimiento”
Sigmund Freud



Como se sabe, la relación de la filosofía con el psicoanálisis dista de ser la mejor. Desde los comienzos del mismo psicoanálisis, Freud exponía que un interés particular de la filosofía debía ser el psicoanálisis, pues, cualquiera que fuera el sistema filosófico desde donde se hablara, tenía puntos de conexión indudables con lo que el psicoanálisis estudia. Sin embargo, el mismo Freud nunca dejó de menospreciar en cierta medida a los filósofos, incluso no dudó en equiparar al delirio paranoico con un sistema filosófico, escribiendo en Tótem y tabú; “Uno podría aventurar la afirmación de que una histeria es una caricatura de una creación artística; una neurosis obsesiva, de una religión; y un delirio paranoico, de un sistema filosófico”[1].

También podemos recordar que aun cuando desde 1913 mencionaba a la filosofía como una de las disciplinas que no podrá dejar de tomar en cuenta el conocimiento del psicoanálisis, siempre consideró superior al mismo, pues “el psicoanálisis puede pesquisar la motivación subjetiva e individual de doctrinas filosóficas pretendidamente surgidas de un trabajo lógico imparcial, y hasta indicar a la crítica los puntos débiles del sistema”[2]. Lo anterior nos recuerda el más tenaz argumento del psicoanálisis en contra de la filosofía: el desconocimiento total del inconsciente por parte de ésta.

Así, Freud escribe “Lo psíquico de los filósofos no era lo psíquico del psicoanálisis. En su gran mayoría, ellos llaman psíquico sólo a lo que es un fenómeno de conciencia. El mundo de lo consciente coincide, para ellos, con la extensión de lo psíquico. A todo lo otro que acaso suceda en el «alma», esa alma tan difícil de aprehender, lo destronan y lo sitúan entre las precondiciones orgánicas o los procesos paralelos de lo psíquico. Dicho más estrictamente: el alma no tiene otro contenido que los fenómenos de conciencia… desde luego, que algo anímico inconsciente es un disparate, una contradictio in adjecto, y no quiere percatarse de que con este juicio no hace más que repetir su propia definición -acaso demasiado estrecha- de lo anímico. Al filósofo le resulta fácil afianzarse en esta certidumbre” [3].

Comenzando con el mismo padre del psicoanálisis, existe una innumerable lista de psicoanalistas que se han alejado intencionalmente de la filosofía, incluso el mismo Jacques Lacan se negó rotundamente a llamarse filósofo; “no me interesa la filosofía, además tiene ya bastante tiempo que no dice nada interesante” [4], con esta declaración parece seguir al maestro vienés cuando en su presentación autobiográfica escribe “y aun donde me he distanciado de la observación, he evitado cuidadosamente aproximarme a la filosofía propiamente dicha” [5].

Sin embargo, ninguno de los dos, ni el creador del psicoanálisis, ni su más ilustre lector y renovador, se han quedado indiferentes a planteamientos que antaño interesaban únicamente a la filosofía. Psicoanalistas, sí, pero pensadores de los grandes temas filosóficos.

Lo cierto es que mientras la filosofía se aferre a seguir en la línea racional de la conciencia, el intelecto, la libertad y la voluntad autónoma, regida únicamente por el yo, dueño y señor, seguirá siendo la filosofía un discurso del Amo (del maestro), que dicta qué hacer y por donde seguir, y aun cuando sus hipótesis no alcancen para explicar múltiples fenómenos propios del hombre, se seguirá negando a la incursión en postulados psicoanalíticos.

Lo anterior no significa que necesariamente todo filósofo tenga que ser psicoanalista, pero al menos sí es necesario tomar partido ante este nuevo descubrimiento que hace Freud hace más de cien años. Y así, decir quienes estamos interesados en la filosofía, si aceptamos incursionar de alguna manera en el camino propuesto por el psicoanálisis y replantear los grandes temas, y preguntarnos una vez más qué es la voluntad, antes de dar por sentado que nuestra conciencia es quien la tiene, pues con lo último retornamos a la problemática planteada por Lacan; “la filosofía en su función histórica es la que presiona el saber del esclavo para obtener su transmisión en saber del Amo” [6], cerrada a otro posible saber, al del inconsciente.

________________________________

*Artículo publicado en epsys revista de psicología y humanidades. Enlace a esta publicación.
[1] Freud, S. Tótem y tabú. (1914) Ed. Amorrortu. Vol. XIII. Argentina.
[2] Freud. El interés por el psicoanálisis. (1913) Ed. Amorrortu. Vol. XIII. Argentina.
[3] Freud, S. Las resistencias contra el psicoanálisis. (1925) Ed. Amorrortu. Vol. XIX. Argentina.
[4] Lacan, J. Mi enseñanza. Ed. Paidós. 2006. Argentina.
[5] Freud. Presentación autobiográfica. (1925) Ed. Amorrortu. Vol. XX. Argentina.
[6] Lacan, J. Seminario XVII. El reverso del psicoanálisis. Ed. Paidós. 2006. Argentina.

jueves, 30 de abril de 2009


Monterrey, Mx. El equipo de Investigación, Ciencia y Tecnología Hacer Diciendo, preocupado por el acrecentamiento de pánico e incertidumbre desatado por la nueva amenaza de la naturaleza contra los seres superiores (los hombres, por supuesto, no vaya usted a creer que los cerditos), se vio en la necesidad de ponerse a trabajar (es obligación más que necesidad) arduamente y encontrar una solución viable (rentable, claro está) para el problema del virus de la "influencia".

Nos sentimos enormemente congratulados al anunciarles nuestras conclusiones a las que hemos llegado, entre ellas, anunciamos la cura definitiva contra este virus, además de la vacuna.

Así pues, hemos concluido que el virus de la “influencia” es curable y aún posible de ser prevenido, siguiendo las siguientes recomendaciones: en primer lugar NO se requiere “tapabocas” (con el peso simbólico que esto contenía, pues no sólo no dejaba entrar sino tampoco salir nada de la boca), en cambio es posible prevenirse (¡es la vacuna!) e incluso curarse con tan sólo dejar de seguir día y noche los noticiarios. En caso de haber contraído en cierta medida algo grave este virus y no poder apagar la televisión (síntoma de enfermedad avanzada), se recomienda dejar el “tapabocas” y hacer uso de un antifaz para dormir en frente del aparato y de ser posible presionar la tecla “mute”, esto le hemos denominado "ponerle el tapabocas al televisor", es decir, invertir los papeles.

Aun cuando estos son resultados preliminares, las estadísticas (que nunca mienten) nos dicen (ellas no llevan tapabocas) que estos son resultados confiables, cualquier eventualidad les mantendremos informados.



Atte
Departamento de Investigación, Ciencia y Tecnología Hacer Diciendo

Ing. Ricardo Rodríguez Valdez
Lic. José Vieyra Rodríguez

miércoles, 29 de abril de 2009


Ayer la ví, maldita influenza, me hiciste verla tras esa horrorosa máscara facial. ¿Qué te piensas, gripe marrana, para robarme su belleza?


Ricardo Rodríguez


Cuentos en 140 caracteres.


Estimados 2 ó 3 lectores (en esta cuenta estoy incluyéndote, José). Recientemente he aprendido a usar una graciosísima cosa llamada Twitter, un servicio de microblogging cuyo límite de 140 caracteres me parece fascinante y desafiante para poder contar cuentos, microcuentos, cuentitos... la cosa es que estoy comenzando a tratar de escribir cuentos para publicarlos en mi cuenta de Twitter (y a la vez aquí mismo), los cuales les invito atentamente a leer. Aún no sé si sea posible, o aún conveniente, publicar en Blogger y Twitter a la vez, sin embargo voy a procurar publicar en ambos sitios simultáneamente.

De lado quisiera dejar toda la controversia que levantan sitios como Twitter, y simple y sencillamente aprovechar el espacio y prestaciones que nos ofrece para hacer algo que me gusta y que es probable que a ustedes les guste.

Sin más, comenzamos...

¡Gracias por su atención!

Ricardo Rodríguez

"Ha sido mi experiencia que gente que no tiene vicios
tiene muy pocas virtudes"


Abraham Lincoln

Tengo un solo vicio: Fumar cigarrillos mientras bebo cerveza hasta caer alcoholizado, al tiempo que pago a distintas mujeres, cuando me junto con mis amigos a apostar y jugar baraja. Por supuesto no puede faltar la verde...


Ricardo Rodríguez


jueves, 23 de abril de 2009

De libros y oficialidades


por José Vieyra Rodríguez


Las palabras expresadas por la voz
no son más que la imagen de las modificaciones del alma;

y la escritura no es otra cosa

que la imagen de las palabras que la voz expresa
Aristóteles



Hoy 23 de abril se celebra, por decreto de la UNESCO, el día internacional del libro.

Me llama de sobremanera la atención la oficialización de festejos de diversas índoles. Cada día que se celebra algo, se puede escuchar “pero ojalá no sea sólo un día, sino que todos los días sean (aquí ponga usted el festejo acorde a la ocasión)”.

La creación de la oficialidad de dichos temas me parece triste. Cuando algo se tiene que volver oficial, no necesariamente es por la importancia que ha adquirido en la sociedad, sino por el contrario, puede ser también por el desinterés que despierta, y por lo tanto, hay que buscar salvarlo al menos un día, y de paso, enmarcándolo dentro de la política actual, ¿qué tema está fuera de ella?

Socialmente los libros son bien vistos, fomentar la adquisición de ellos es políticamente correcto (sin importan que muchos puedan estar más bien cerca de ser panfletos propagandistas de ciertas ideologías), incluso las grandes (y no tan grandes) ciudades tenemos nuestra Feria Internacional del Libro, en la cual se ven desfilar miles de personas comprando, como debe de ser, libros y libros que adornarán unos libreros, también comprados cual debe ser, para el uso debido: sostener libros.

El fomento a la lectura es un lema que se escucha en todos lados, pero en nuestro país las leyes que ostentan dicho título incluso van en su contra.

El libro; en este su día internacional, compremos algunos, adornemos nuestras casas con ellos y carguémoslos bajo el brazo por la calle, no sin olvidar hacer juego con un buen par de anteojos… ah, y si los leemos también sería bueno.

miércoles, 22 de abril de 2009


La cosa fue así...

Ayer me perdí en la ciudad donde vivo. La ciudad la atraviesa
un río, ancho, grande, con mucha agua. Yo sabía de antemano
que en este río vive una estatua, y por azares de las calles fui
a dar a donde esta estatua vive. Me bajé del auto, caminé al
lado del río hasta llegar al monumento.

A manera de homenaje encendí un cigarrillo,
puse una canción en mi mp4 tipo aypo
con tecnología Sony japonesa y me senté a ver la mole de bronce.

Mientras sonaban las melodías que la estatua tocaba
mientras solía vivir como nosotros, los humanos, cerré mis ojos
para imaginarle tocando esas seis cuerdas que me atraviesan
siempre como seis espadas. En mi éxtasis, veía a un vago caminar,
un muchacho joven, sucio y rubio que cargaba unos tambores y
dos morrales llenos de ropa igual de sucia, pero no tan joven.
El vago se detenía en cada árbol que veía, se acercaba, lo apreciaba
y si había oportunidad tomaba una ramita y la guardaba en uno
de sus morrales. Al llegar a la estatua, caminó unos pasos adelante
arrancó una flor, regresó a la estatua y con mucha dedicación y cuidado
la puso en la mano izquierda del ahora occiso. Se dió media vuelta
y se marchó.

Unos ofrecemos cigarrillos, otros ofrecen flores, pero siempre
lo mejor que podemos. Caín no era tan malo ni Abel era tan bueno...
Pero Stevie, Stevie... tú eres el mejor.


R.R.V

lunes, 20 de abril de 2009


Dialéctica

Desde muy pequeño me enseñaron casi a manera de dogma que las letras pequeñas siempre contenían lo más importante, por lo que nunca debía pasarlas por alto. No importando la incongruencia que esto me suscitaba, lo terminé por creer aunque nunca lo había podido comprobar, hasta ayer, cuando vi un gran letrero que decía CUIDADO, pero debajo de esta advertencia tenía unas letras muy pequeñas, me esforcé por leerlas pero no podía, me acerqué cuidadosamente, poco a poco, hasta que las vi claramente “Si usted puede leer esto es porque está demasiado cerca ¡aléjese!” Me retiré lentamente mientras recordaba irónicamente aquella máxima acerca de la importancia de las letras pequeñas.

J.V.R.

martes, 14 de abril de 2009


Los intelectuales


por José Vieyra Rodríguez


“En un lejano lugar retacado de nopales
había unos tipos extraños llamados intelectuales
se la pasaban leyendo para ser sabios y doctos
pues no querían seguir siendo vulgares tipos autóctonos
…y entre tanto pensamiento, análisis y estructura
decían conocer la neta y hasta también la locura
pero al llegar a su casa peleaban con su mujer
sintiéndose de otra raza nunca daban pa’ comer”
Rockdrigo González



Cuando se quiere ser “contestatario social” pueden darse cientos de argumentos para generar (a veces sólo para mantener) una crítica en contra de los medios de comunicación, los deportes, los comics, los artistas “pop” y demás iconos y formas culturales que según intelectuales entendidos (quizá sólo entre ellos mismos) son formas de mantener la opresión y control de masas a través de entretenimiento enajenante que propicia únicamente la creación de una masa uniforme sin pensamiento propio, y por ende, de estúpida forma de vida.

Ahora, cualquiera que tenga ánimos de volverse un “rojillo” o un “intelectual de izquierda” basta voltear a ver la televisión y denunciar la hipocresía y forma de control mental, el fútbol y la enajenación de masas, las novelas y la repetición de figuras femeninas, los juguetes y su creación de “género” a través de los soldaditos para los niños que generan violencia y las cocinitas para las niñas y su creación de roles femeninos acorde con la visión clásica, los videojuegos y su formación de nuevas realidades virtuales alejadas de la convivencia social, el internet y su manera de aislar al individuo, la ciencia y su saber imperante que dicta el nuevo orden y creencia…

Es sencillo volverse un reaccionario del sistema, quienes así se consideran también se pueden autoetiquetar desde anarquistas o hippies hasta feministas, sociólogos o ¡filósofos!

Dependiendo del interés y punto de apoyo que tomen, será su discurso, así termina toda la cultura (incluso la Universidad, de donde la mayoría provienen aunque muchos ni siquiera la terminan), siendo un mero reservorio de porquería; la televisión, los juguetes, la política establecida, el modelo educativo, los libros best seller, los artistas más reconocidos, el cine comercial, los deportes, la religión, y en resumen, todo lo que no sean ellos.

Lo que quizá pasan por alto todos estos pensadores de buenas intenciones (quiero creer) es que ellos mismos son parte del gran juego social que tanto denuncian, es decir, apuntan hacia lo trágico y denigrante de la sociedad, apuntan y evidencian la necesidad de una identificación imaginaria de todos los sujetos con algo o alguien, mejor dicho, con otros (los iguales). Es cierto todo ello, pero habría que agregar que ellos mismos están a la vez subordinados a cierta identificación imaginaria de “pensadores de izquierda”, “filósofos” o como quieran llamarse; todos ellos con pelo largo, barba mal arreglada, trabajos mediocres (pero dentro del mismo sistema que tanto critican), o las mujeres con faldas de colores o bien con una imagen “masculinizada” evidenciando su desinterés por parecer femeninas.

Se reúnen en cafés bien conocidos por ellos mismos, para ya entrada la noche volar hacia la cantina de mala muerte y desde ahí, con una cerveza y un porro creerse libres e intercambiar sus mismas ideas recicladas desde hace décadas, identificándose ellos también con Marx o el Che, quizá los más informados en los temas actuales con Foucault, o ¿porqué no?, con Simone de Beauvoir, y pasan las noches sin proponer nada nuevo pero ideando el nuevo mundo, sin poderse voltear a ver ellos mismos y descubrirse tan iguales, como espejos en el mejor de los casos, como malas fotografías en la mayoría de ellos, de reconocidos “intelectuales”, sin poder ver su propia identificación imaginaria y, al menos aceptar, que tanto ellos como nosotros; los demás, la requerimos para darnos identidad, y que esta a su vez está sometida a la identificación simbólica que nos permite mantenernos socialmente funcionales, pues si se nos arrebatara esta imagen se cae también la función que tenemos, si simplemente se nos quitara, quedaríamos sumergidos en un mar de sin-sentido, siendo aun menos sujetos que lo que éramos viendo futbol los sábados en el estadio o leyendo a Marx por las noches.

Los intelectuales, esos que existen gracias a lo que critican. Para su permanencia, ojalá nunca cambie realmente el sistema.

martes, 7 de abril de 2009


Epístola


Noche del martes 16 de diciembre de 2008;

.......: (en la carta original no aparece nombre de destinatario, hemos reproducido el espacio en blanco siendo fiel a su original)

Hoy, después de tanto tiempo, nos hemos reencontrado. Quizá el término no sea el adecuado, ¿puede llamarse reencuentro a un encuentro entre dos personas diferentes? Porque -lo sabes- no somos los mismos. ¡Cuántas veces dudé de los verdaderos cambios! Pero ahora, también lo sabes, se me devuelve mi escepticismo volcado en nosotros mismos.

Alguna vez escuché que la palabra persona etimológicamente proviene del griego προσοπον que significa máscara, por lo que –intento justificarnos- nos mostramos hoy nuestras nuevas caras, máscaras recién adquiridas para la ocasión.

Tristes formas de vernos, la nostalgia nos invadía, “sobre recuerdos nada puede edificarse” me dijiste, razón tienes que tener, pero demolerlos o mantenerlos como referente tampoco pueden ser las únicas alternativas.

Hace unos días, mientras estaba en casa, una canción sonaba, era de aquél tío tuyo, el argentino. “No me pidas que me quede si por andar te he encontrado” decía la voz cansada y grave del cantautor, imposible me parece evadirme de la sentencia. No sé si te conté, fui a verlo hace poco al teatro, ¡ah! ¡el teatro! ¡Cuánto nos dio ese mágico espacio de fantasías, historias y personajes! A veces, por temor a la memoria, prefiero no ir. Más de una oportunidad he dejado de asistir por no volver a ver ese entablado, profanar a mi propio pensamiento no es lo ideal, por lo tanto, intento acudir acompañado, así las distracciones son fuertes como para no recordarte todo el tiempo, además

Aquí se interrumpe el manuscrito original, esta carta fue encontrada entre papeles de su escritorio, al parecer se olvidó de terminarla, algunos asumen que pudo haber sido desinterés.

J.V.R.

viernes, 3 de abril de 2009


T
engo razón al creer que todo el mundo cree tener la razón.


Ricardo Rodríguez

jueves, 19 de marzo de 2009


Historia de las ventanas

C
aminos sinuosos, más bien, maniobras errantes del chofer del camión. Imágenes de casas, departamentos, habitaciones verdes, azules, rojas, algunas doradas, pero en todas ellas, una constante: al menos una ventana abierta. Te deja ver algún cuerpo desnudo, o en el peor de los casos, te deja verlo vestido. En una ocasión, en la casa de una amiga vieja que ha pasado a otra vida, pude ver por medio de una ventana sucia, que de tan sucia se veía y se pensaba café, una tela mosquitera polvorienta, con agujeros grandes y una brecha que, sin duda, era la que permitía meter la mano hasta alcanzar el picaporte, que (aún con menos duda) debía ser sucio y oxidado, la pelea entre un matrimonio jóven, un par de golpes de parte del abusón y escuchar muchos más gritos que golpes que corrían por cuenta de la abusada. "¡Abusada!, ¡abusada!" le gritaba yo, aprovechando estas rupturas dimensionales en la ventana, esperando que gracias a mis gritos tomara el valor de levantar su inútil pero amenazante brazo en contra de su inútil y amenazante marido. Pero el milagro no llegó, así que tuvo la muchacha que seguir viviendo entre gallinas, pollos, huevos y gallos, responsables éstos últimos de plumífera población citada.

También pude, en otra ocasión, observar un viejecito tumbado sobre su sofá, de algún material muy parecido al terciopelo, rojizo, o más bien cafesizo (no sé cómo se escribe o llama ése color, es como una mezcla del color que tienen las hojas de los árboles de la Estanzuela en Noviembre, aquellas hojas que para verlas, tenía que caminar algunos tortuosos cientos de metros, solo para verlas de paso mientras regresaba corriendo hacia donde me esperaban mis padres) con claras marcas de uso, de un casi eterno uso, un uso que sólo dá un cuerpo que sólo puede estar en él. El viejo tenía a su derecha mano una mesilla en la que destacaba la largura y bella forma de ella, una botella, que ostentaba orgullosa en su cuello el cintito negro con dorado que denotaba sus largos años de añejamiento y anejamiento a su marca, que la había sabido llevar hasta esa mesa, para que luego, el viejo supiera llevar su espirituoso contenido hasta el interior de su propio cuerpo. Lento, muy lento, mi amigo vaciaba un poco de whiskey en su vaso, no había rocas que lo diluyeran, cómo a él lo habían diluído el tiempo y las largas horas en su sofá cafeziso. Cada trago le parecía aliento de vida, y es que es a lo único que puede parecer un trago de licor cuando se es un viejo sentado en un sofá cafeziso. Esto lo ví también a través de su ventana.

De la misma manera pude ver, calles más adelante, una tienda, una tiendita pequeña, de ladrillos toda ella, su ventana no era como las demás, en ella había que investigar, había que torcer la vista y esforzar el cuerpo, estaba llena de cartones publicitarios, por lo que no es ni siquiera necesario decir lo difícil que era lograr filtrar la vista. Pero puesto que nada en mi relato es necesario, voy a contarlo. La ventana se ubicaba al lado derecho de la puerta, es decir, estaban pegadas, pero ella, la ventana, se encontraba sobre lo que se vislumbró, sin lugar a vacilaciones, como un florido jardín, lleno de verdes seres vivientes, inánimes tal vez, pero vivientes y muy verdes, con pequeños arbolitos que crecían al compás de la primavera y que alojarían eventualmente muchas aves, sin embargo, su propósito no fue cumplido y el jardincito se quedó en una pequeña y polvorienta llanura. En línea recta, bajando la mirada desde el centro de la ventana hasta la centimétrica llanura, se encontraba una piedra, que holgazaneaba restregando su superioridad volumétrica en la cara de cada uno de los granitos que componían aquella llanurita. Esta piedra, de apariencia de piedra hecha por el hombre, era la que servía de escalón a nuestros pequeños (en aquellos años) pies.La instrucción era clara, debía ponerse el pie derecho sobre la parte izquierda de la mitad inferior del área central de la piedra, a la vez que la mano izquierda se cruzaba con cuidado por detrás de la parte derecha de la primera barra del protector de la ventana, justo por encima de donde se encontraba el anuncio en cartón azul de los "Mamuts". La mano derecha debería permanecer libre, no solo para mantener el equilibrio, sino para poder empujar a los otros niños que también usaban de aquél sencillo método de observación; y es que la cosa no era para menos, la primera vista que ofrecía aquella ventana era la de las curvas de esos volcanes, lo pachoncito de ese bizcocho, lo redondo de esa dona, en fin, la plenitud y llenura de una bandeja de pan que era rellenada cada día.

Son tantas las historias que tengo que contar acerca de tantas ventanas... quisiera que cuando menos alguna fuera cierta.


Ricardo Rodríguez