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lunes, 31 de agosto de 2009











De la sexualidad machista



por José Vieyra Rodríguez


El siguiente texto ha sido redactado de manera autobiográfica para fines prácticos (no vaya usted a pensar que es una historia personal), por lo que autor no asegura que haya sido una historia vivenciada por él.

Aquella noche la ligera llovizna no era suficiente para desalentarnos, a un buen amigo y a mí, de no asistir al encuentro ya planeado, encuentro con el placer visual: un table dance.

Arribamos al lugar, tras transcurrir un par de horas y cinco cervezas, dos chicas sobre la pista elevada comienzan a bailar sensualmente en ella y calientan el ánimo (y no sólo eso) cada vez más agitado de los asistentes. La celebre canción November rain de Guns n' Roses empieza a emitirse de las bocinas colocadas estretégicamente en el recinto, a la par, las sensuales bailarinas toman unas latas entre sus manos, es el llamado show de espuma que había comenzado. Agitan los botes y se rocían, se untan mutuamente espuma mientras se besan y tocan, mientras tanto el controlador del sonido y animador, insita a que algún asistente suba a la pista y entre en el show. Unos cuantos dicen querer hacerlo, sin embargo es sólo uno quién se sube entre aplausos y chiflidos de los descontentos y cobardes asistentes vouyeristas. No habrá terminado siquiera la mitad de la canción cuando el valiente se trasmuta en cobarde al negarse a quitarse los pantalones, unos segundos después se acobarda aún más y baja de la pista, los chiflidos continúan y otro hombre se atreve a subir, éste al parecer está dispuesto a todo.

Las chicas -ya desnudas de ropa pero cubiertas de espuma- le quitan todas sus prendas de vestir, él se deja manejar al antojo de las expertas en el arte visual y sexual (con una condensación acústica podríamos jugar y decir expertas en el arte vi-sexual, homófono de bisexual), el segundo chico no se intimida y queda desnudo al poco tiempo, se acuesta y toca los cuerpos voluptuosos de las chicas. El animador dentro de la cabina hace válida su posición de narrador invisible, de voz en off, portador de la palabra y el deseo popular, haciendo intervenciones acertadas tras el micrófono como por ejemplo "órale, tu sueño hecho realidad" o "no que querías dos viejas, ¡a ver que haces con ellas!".

La canción estaba a punto de terminar, pero una malísima mezcla hace que comience de nuevo, entonces el animador vitupera "pero levántate buey, no ves que queremos ver nalgas", no pasa mucho tiempo para que de nuevo intervenga "órale, párate, queremos ver nuevas nalgas" con esto es suficiente para que los asisentes entre risas, burlas y envidia comencemos a corear "¡que se pare, que se pare!", el joven arriesgado se levanta y se da la vuelta, todos reímos y aplaudimos su valentía. Se repite otra vez la canción, el show continua y los besos también, seguirá así hasta la eyaculación del sagaz chico, causada por el sexo oral de una de las bailarinas. La cuarta vez que termina la canción el animador nos ordena aplaudir y despedirnos de las chicas, el show ha terminado.

Aquella noche salimos del tuburio pasadas las dos de la mañana. Aún ahora lo recuerdo, y ¿cómo no hacerlo?, aquella noche fue por demás divertida.


Aquí termina la historia verídica redactada de forma autobiográfica. Ahora bien, hay una parte que a mí me interesa mucho de esta anécdota, y ésta es la evidente homosexualidad entre los que menos creen serlo. Todos sabemos que si hay lugares en donde se (auto)reconocen machistas es en un table dance, el lugar por autonomasia del hombre.

Popularmente se piensa que los hombres quienes van a un cabaret son machos que no pueden ver a las mujeres más allá de objetos sexuales, mercancías a la venta carentes de pensamientos que no tengan el color de un billete. Claro que a esta idea también está su directa oposición, las mujeres quienes están ahí en la mayoría de los casos les gusta esa vida, es fácil caer en la tentativa visión de que son víctimas del mundo de hombres que las han relegado a esa posición y desde donde no pueden más que aceptar su triste papel y sacar un poco de provecho: el dinero. Pero sincerándonos, hay parte de las dos, ni son víctimas ni son las mujeres felices, si tuviera que darles un calificativo yo diría que son, simplemente, teiboleras (dejando a su consideración, estimado lector, cómo se quiera tomar este último calificativo), además, no es mi intención ahondar en la psicología de ellas, al menos por ahora.

Regreso a mi interés. Lo que salta a la vista para mí incluso no es un machismo exacerbado y evidente, sino una homosexualidad por demás manifiesta. Me pregunto cómo explicar la actitud y comportamiento de todos los hombres reunidos en ese lugar, coreando y aplaudiendo a un tipo para verle las nalgas, animando la osadía de levantarse y dejarse ver por todos los asistentes que juran ser bastante machos pero piden a gritos observar un hombre desnudo, no un hombre profesional del ambiente gay o al menos stripper, sino uno común y corriente, uno que bien pueda crear la ilusión de ser ellos mismos.

Por supuesto, la escandalización de esta observación no puede llegar demasiado lejos, diversos pensandores han señalado con anterioridad que el hombre que se reafirma a cada instante es precisamente por su falta de identidad en esa posición, necesita de un otro que le confirme a cada instante su hombria, y si ésta es puesta en duda, siempre se necesitará confirmarla, no para el otro sino para sí, saberse hombre a consta de no serlo, precisamente porque no se sabe qué es ser hombre de antemano. Recordemos los viejos y vulgares chistes o comentarios:

-¿A quién le dices joto? Si no me crees hombre, ¡ponte y te doy pa' qué veas!

- Me la pelas

- ¡Nos los cojimos!

Y tantas otras frases que sirven para aludir a una posición de poder, superioridad y hombría, cuando dejan entever todas ellas el elogio a la homosexulidad más evidente.

Si nos detenemos a preguntarnos porqué de la homosexualidad en los hombres machistas, sería un error, mejor sería preguntarnos el porqué de la sexualidad sin metas definidas de todos, en general, es decir, realmente no son los machistas unos homosexuales, sino que todos los hombres lo somos, la sexualidad no sabe de sexos ni de géneros, la sexualidad es activa y masculina, pero no conoce de pasividades y famineidad.

Es la cultura la que impone los límites y pautas que guían y orientan nuestro comportamiento sexual, es únicamente la cultura la que encausa a la sexualidad, esa sexualidad pérdida por la naturaleza y tan sólo recuperada y controlada, en un pequeño margen, por la misma cultura. Porque al final del camino, sea un cuerpo de hombre o de mujer, así como un objeto que sirva de fetiche o el fantasma incumplido, la sexualidad se empuja hacia el afuera del cuerpo, negando su estatuto biológico-reproductivo, negando su condición corporal y mezclándose constantemente "entre lo psíquico y lo somático". Quizá sea más pertinente señalar que no niega, puesto que ni siquiera lo tiene.

Entonces comprendemos, porqué para el ojo y la percepción psíquica, no hay nalgas de hombres y de mujeres, sino cuerpos, quizá tampoco cuerpos sino objetos, objetos externos que me diferencian y que nada tienen de sexual mas que el libre intercambio de eso que nos hace sujetos.

Entendiendo lo anterior, no nos sorprende encontrar homosexualidad en un establecimiento de supuestos hombres en búsqueda de mujeres, pues la sexualidad no sabe de cuerpos, o diciéndolo en términos técnicos; la pulsión es siempre parcial, por lo que su meta es variante.

Y aun cuando cuando de lo que se trata es del sexo, es de lo último que se quiere saber, la cultura si impone algo -incluso en su normalización de este tipo de lugares- es el hecho de no querer saber nada del sexo, recluirlo y darle cause en supuestos lugares que controlan, cuando aun ahí es clara su constante fluctuación e imposible restricción a metas definidas, la imposibilidad del hombre de pulsiones totales.

sábado, 30 de mayo de 2009


Fue niño y voy en jeep


por José Vieyra Rodríguez


Siguiendo nuestra propuesta, que inició hace poco más de un año, de analizar algunos anuncios comerciales emitidos en televisión para intentar encontrar la forma en que funcionan, además de tomarlos como medios de enseñanza de la cultura. Ahora presentamos un anuncio clásico dentro de la gran campaña publicitaria a la que ya habíamos tenido oportunidad de referirnos en el artículo Tecate ¿por mí?

Nos vuelve la idea de revisar esta publicidad, al encontrarnos hace poco con un letrero hecho en el vidrio de un jeep, el cual reza al igual que nuestro artículo “Fue niño y voy en jeep”. El jeep al cual nos referimos, es importante mencionar que se encuentra en condiciones desfavorables como para pensar ostentar de manera muy presuntuosa el hecho de poseerlo, sin embargo, el dueño del vehículo no se avergüenza en lo absoluto de su posesión, por el contrario ahora se encuentra doblemente orgulloso al haber tenido un hijo varón.

Este pequeño letrero leído en el vidrio trasero de ese viejo y descuidado jeep, nos remitió inmediatamente al conocido anuncio de la cerveza Tecate, aquí lo presentamos.



Procedamos con cautela en el análisis de este comercial, así como en el del letrero encontrado en el viejo jeep.

Consideremos para comenzar que las interpretaciones más directas y evidentes, si bien no siempre están equivocadas, tampoco son del todo completas. Por ejemplo, es sencillo ver en el video el pensamiento machista operando, fácilmente caemos en cuenta que se quiere un bebé por ser hombre, designando esta palabra exclusivamente para el sexo anatómico masculino, y vemos como otorga el nacimiento del varón una mayor dicha para el padre, por lo que, feministas aparte, todos estaríamos de acuerdo con que es una clara muestra del pensamiento machista, esa vieja herencia que parece imposible rechazar. En el letrero a que hicimos referencia desde el título mismo de este artículo, podemos encontrar el mismo pensamiento; el padre está orgulloso de su paternidad, especialmente por el hecho de que su cría sea varón, además remarca la visión machista al conjuntar su alegría de ser padre de un niño, con el hecho de viajar en un auto considerado un vehículo para intrépidos hombres aventureros, etc.

Hasta aquí este ejercicio intelectual no da más que respuestas dadas de antemano, críticas reiteradas hasta el hartazgo que se tornan fofas ante la sociedad. Por lo que intentemos tomar sólo como inicio estas visiones y vayamos más al fondo del asunto.

En primer momento consideremos que el “ser hombre” no está dado por la anatomía, es decir, no se nace hombre, sino que se llega a estar en esa posición en tanto se entre en relación con los demás y se llegue a aceptar, psíquicamente hablando, las funciones del varón en la sociedad. Esto no está fuera del comercial, analicemos para comenzar los escenarios para entender esto; en primer lugar aparece un hombre abriendo una ventana gritando “¡es hombre!”; el edificio del cual aparece es totalmente irreconocible, bien pueden ser departamentos o incluso las ventanas de un viejo edificio de oficinas, o ¿porqué no?, un hospital (es el momento del nacimiento, se llega a un mundo básicamente irreconocible). El grito no va dirigido a alguien en especial, incluso parece en un segundo escenario no tener nadie quien lo reciba puesto que únicamente puede observarse una hoja de periódico volando en una calle vacía. Pero con forme pasan las escenas se comienza a observar una mayor claridad de escenarios en que las funciones de hombres son predominantes, desde una oficina, un baño, y después se intensificará la visión de las funciones cuando aparece alguien gritando desde lo alto de una construcción, continúa en un billar y terminará en un bar repleto de hombres, todos celebrando y con un voz en off que nos dice “por lo que se emocionan con la llegada de un nuevo amigo”. A lo largo del comercial lo único que podemos observar es que ser hombre lo determinan las funciones que se desempeñan en la sociedad, por lo que el hecho de haber nacido varón es motivo, pero no es suficiente para ser condición.

El letrero del jeep contiene los mismos elementos: el que haya sido niño y el padre viaje en un auto por él considerado como digno de enorgullecerse, nos muestra que claramente no es tener un niño y un jeep lo que lo hace estar contento, sino la forma en que se posicionó ante este hecho. Recordemos que el jeep es un viejo modelo y en malas condiciones, es decir, verdaderamente no parece tener motivos para estar orgulloso de su automóvil, pero él valora su posesión por la función que cree desempeñar con él. Esta última frase la podemos inmediatamente transpolar a la valoración que se da al hecho de poseer un pene como sexo anatómico, no es que el pene por sí mismo tenga un valor, sino lo importante radica en la posición que me da (que adopto en función de los demás).

La idea expuesta en el párrafo anterior es la misma que desarrolla el psicoanálisis desde sus inicios, al hablar Freud de “envidia del pene” o “angustia de castración” en la cría humana, lo que está en juego en el psiquismo de ambos, no es el pene en sí mismo, sino la función que se le ha asignado a dicho órgano, por lo mismo Lacan para intentar aclarar esto, designa al falo como aquello a que se aspira tener, puesto que el mismo falo es el que me significará para los demás, recordemos junto con el psicoanalista Roland Chemama que el falo es el “símbolo de la libido para los dos sexos; significante que designa el conjunto de los efectos del significante sobre el sujeto y, en particular, la pérdida ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje”. Importante entender estas ideas, el falo es para ambos sexos y la pérdida está ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje, pues cuando se llega al mundo, el infante no tiene sexualidad, pero al introducirse el lenguaje, éste se la designará, pero a la vez se crea una brecha entre biología y psiquismo. Esto nos otorga varios elementos dignos de pensar, comenzando por echar abajo una supuesta esencia de hombre y mujer, aquí lo importante será en qué lugar se inscribe el sujeto (en falta).

Retomando nuestro interés, consideramos que tanto el comercial como el anuncio del jeep, lo que nos muestran claramente es la necesidad del hombre de posicionarse y darse un referente en torno a los demás, a partir de poseer un elemento, el cuál precisamente da una supuesta posición. El hombre lo que busca es colmar la falta constitutiva a través del fantasma, es decir, “la relación que mantiene el sujeto dividido con el objeto causa del deseo”.

Terminemos por mencionar además, que lejos de parecer un elogio al machismo más puro, encontramos una clara inclinación hacia el amor homosexual, los hombres no se emocionan por la llegada de otra mujer, sino por la de un nuevo amigo, que como ya nos enseñó Freud, la amistad entre hombres es pulsión sexual de meta inhibida, pero al final del camino, sexual.

Concluyendo aquí, pensemos que tanto el anuncio como el dueño del jeep, lo que nos evidencian no es el machismo del hombre, sino la propia condición del hombre, que si dejáramos fuera, volvería en otro lugar. Entendamos pues, que para los publicistas de la cerveza, el hombre podrá advenir como tal al desempeñar ciertas funciones sociales, pero reservémonos el pronóstico de negatividad en ello, además de tomar en cuenta que el elogio a ser hombre anatómicamente hablando, no es pos sí mismo reprobable, tendríamos que detenernos a conocer la particularidad del caso, además del propio lugar que ocupará este hecho biológico en el psiquismo del infante.

martes, 14 de abril de 2009


Los intelectuales


por José Vieyra Rodríguez


“En un lejano lugar retacado de nopales
había unos tipos extraños llamados intelectuales
se la pasaban leyendo para ser sabios y doctos
pues no querían seguir siendo vulgares tipos autóctonos
…y entre tanto pensamiento, análisis y estructura
decían conocer la neta y hasta también la locura
pero al llegar a su casa peleaban con su mujer
sintiéndose de otra raza nunca daban pa’ comer”
Rockdrigo González



Cuando se quiere ser “contestatario social” pueden darse cientos de argumentos para generar (a veces sólo para mantener) una crítica en contra de los medios de comunicación, los deportes, los comics, los artistas “pop” y demás iconos y formas culturales que según intelectuales entendidos (quizá sólo entre ellos mismos) son formas de mantener la opresión y control de masas a través de entretenimiento enajenante que propicia únicamente la creación de una masa uniforme sin pensamiento propio, y por ende, de estúpida forma de vida.

Ahora, cualquiera que tenga ánimos de volverse un “rojillo” o un “intelectual de izquierda” basta voltear a ver la televisión y denunciar la hipocresía y forma de control mental, el fútbol y la enajenación de masas, las novelas y la repetición de figuras femeninas, los juguetes y su creación de “género” a través de los soldaditos para los niños que generan violencia y las cocinitas para las niñas y su creación de roles femeninos acorde con la visión clásica, los videojuegos y su formación de nuevas realidades virtuales alejadas de la convivencia social, el internet y su manera de aislar al individuo, la ciencia y su saber imperante que dicta el nuevo orden y creencia…

Es sencillo volverse un reaccionario del sistema, quienes así se consideran también se pueden autoetiquetar desde anarquistas o hippies hasta feministas, sociólogos o ¡filósofos!

Dependiendo del interés y punto de apoyo que tomen, será su discurso, así termina toda la cultura (incluso la Universidad, de donde la mayoría provienen aunque muchos ni siquiera la terminan), siendo un mero reservorio de porquería; la televisión, los juguetes, la política establecida, el modelo educativo, los libros best seller, los artistas más reconocidos, el cine comercial, los deportes, la religión, y en resumen, todo lo que no sean ellos.

Lo que quizá pasan por alto todos estos pensadores de buenas intenciones (quiero creer) es que ellos mismos son parte del gran juego social que tanto denuncian, es decir, apuntan hacia lo trágico y denigrante de la sociedad, apuntan y evidencian la necesidad de una identificación imaginaria de todos los sujetos con algo o alguien, mejor dicho, con otros (los iguales). Es cierto todo ello, pero habría que agregar que ellos mismos están a la vez subordinados a cierta identificación imaginaria de “pensadores de izquierda”, “filósofos” o como quieran llamarse; todos ellos con pelo largo, barba mal arreglada, trabajos mediocres (pero dentro del mismo sistema que tanto critican), o las mujeres con faldas de colores o bien con una imagen “masculinizada” evidenciando su desinterés por parecer femeninas.

Se reúnen en cafés bien conocidos por ellos mismos, para ya entrada la noche volar hacia la cantina de mala muerte y desde ahí, con una cerveza y un porro creerse libres e intercambiar sus mismas ideas recicladas desde hace décadas, identificándose ellos también con Marx o el Che, quizá los más informados en los temas actuales con Foucault, o ¿porqué no?, con Simone de Beauvoir, y pasan las noches sin proponer nada nuevo pero ideando el nuevo mundo, sin poderse voltear a ver ellos mismos y descubrirse tan iguales, como espejos en el mejor de los casos, como malas fotografías en la mayoría de ellos, de reconocidos “intelectuales”, sin poder ver su propia identificación imaginaria y, al menos aceptar, que tanto ellos como nosotros; los demás, la requerimos para darnos identidad, y que esta a su vez está sometida a la identificación simbólica que nos permite mantenernos socialmente funcionales, pues si se nos arrebatara esta imagen se cae también la función que tenemos, si simplemente se nos quitara, quedaríamos sumergidos en un mar de sin-sentido, siendo aun menos sujetos que lo que éramos viendo futbol los sábados en el estadio o leyendo a Marx por las noches.

Los intelectuales, esos que existen gracias a lo que critican. Para su permanencia, ojalá nunca cambie realmente el sistema.

miércoles, 3 de septiembre de 2008


Control de calidad en los humanos: borrar las diferencias; prescindir de la diversidad; lapidar a la subjetividad.


por José Vieyra Rodríguez

“La equidad allana nuestras pequeñas diferencias
para restablecer la apariencia de igualdad,
y pretende que nos perdonemos muchas cosas
que no estaríamos obligados a perdonarnos”
Nietzsche. El caminante y su sombra. Aforismo 32.


En la época actual, que todo es medido por calidad, ha tendido el propio ser humano a entenderse de la misma manera que un producto (incluso esta es una acepción para llamar al feto, recordemos que hay lugares en los cuales incluso se puede abortar si es detectada una malformación en el feto, si "el producto viene mal"), aun cuando en apariencia el discurso sea el opuesto. Ahora se habla de una aceptación a todos, respetando los gustos, la ideología, creencia, preferencias y demás adjetivos que nos son vendidos como “positivos” y que serían un ejemplo de la diversidad. Se dice que cada día ganamos en equidad, cuántas veces hemos oído hablar de la equidad de género y sus logros. También en la educación aparentemente cada vez es menos elitista, supone que el hecho de ponerla al alcance de todos es el único objetivo.

Detrás de todas estas máscaras de bondad y alegría, encontramos un discurso latente, la universalización de todo, es decir, trabajo igual para todos sin importar el sexo, una educación uniforme sin importar las diferencias de cada sector (ya no digamos de cada alumno), un derecho universal al acceso de todos a lo mismo, sin darse cuenta que esto no solamente no es un avance, sino que incluso representa un retroceso.

Para muestra expondré dos ejemplos de los temas entredichos anteriormente. Por un lado está la “igualdad” en los sexos. Aquí la primera objeción que vendrá en favor será decir que los defensores de la Equidad de Género no hablan de igualdad, sino de equidad en las diferencias. A lo que asalta la pregunta, ¿cuáles son para ellos estas diferencias? Comúnmente se habla en relación a una igualdad de derechos, también de obligaciones, y por ende se deduce de todo sustrato social en relación al género, dejando únicamente como diferencia a la anatomía, ¿son estas a las que se refieren cuando hablan de diferencias?

Esto se puede revertir peligrosamente, si buscamos una igualdad en el ámbito social, ¿qué diferencias dejamos en el anatómico que repercutan en la intersubjetividad? ¿La respuesta acaso nos la dará la biología, o mejor dicho, la biotecnología, que nos responderá diferencias en pautas de relaciones sociales marcadas y determinadas por la anatomía (cerebro, genes, neurotransmisores, etc.)?

Hoy no se puede pensar en dos géneros en la sociedad, la equidad de género busca la unificación de éstos, si no cómo entender que no se hable de “Equidad de géneros” sino de “genero”, el único discurso ahí es el de una homologación de géneros, el llamado por la voz popular unisex (ropa, desodorantes, estéticas, modas, son calificadas de esta manera, se entiende, pues, que se habla de un unigénero, eliminar incluso en las apariencias la diferencia).

Por esto se consigue además que las obligaciones sean iguales, los derechos también, pero las posibilidades se unen en este rubro, ya no importa la diferencia social, cultural, psicológica. Incluso en el afán de emancipar a las mujeres no dudo que se terminará persiguiendo a aquellas que quieran seguir en el clásico rol de mujer ama de casa, es decir, no hay posibilidad de elección, hoy las mujeres trabajan, estudian y son productivas (encajando perfectamente en el modelo capitalista, en donde la producción es el objetivo).

Si la búsqueda de igualdad va en el sentido de una uniformización de los géneros, el peligro es ser reducido a un solo género, que no haya diferencias, no osar querer ser hombre con cierto rol específico, mejor ser transexual, mujer u hombre, pero marcados por un solo calificativo; la igualdad.

En cuanto a la educación es algo más cotidiano de lo que creemos, el discurso de la eliminación de las diferencias es notable. Hoy en las escuelas a los alumnos que antes no se les aceptaba en una escuela regular, son llevados al aula con sus "pares" a recibir la misma educación. Me refiero a todos los niños ahora denominados por la Secretaría de Educación como Alumnos con Necesidades Educativas Especiales, pero que, paradójicamente, no son atendidos de esta manera, son incluidos en el salón y tratados por el mismo maestro. No se brinda esa atención al caso en particular, es decir, se piensa en un supuesto lugar al cuál debería pertenecer, un lugar en el cuál suponemos debe estar (comparación; estadística) y borramos el rastro de humano insertando al alumno con otros tantos que no comparten su particularidad.

Esta es en buena medida en discurso de la equidad, que todos los alumnos sean tratados de la misma manera. Las calificaciones en algunas instituciones educativas hoy son arrojadas por un sistema que evalúa de la misma manera a todos, tratando de dejar fuera incluso al rastro de la subjetividad del maestro. Los alumnos-maestros son autómatas, no importa qué le pasa a cada uno, la relación o las necesidades, los maestros se transforman en meras computadoras y los alumnos en datos.

Esto implica también un retroceso, puesto que muchos de los derechos, que después se convertirán en obligaciones, se crean a partir del más débil o desprotegido, dejando así rezagado el desarrollo de los demás. Nadie negaría que la inclusión de un alumno con retraso mental o sindrome dawn en un salón con treinta alumnos que no comparten esta característica, retrasa el progreso de todos, puesto que el maestro tendrá que poner cierto tipo de atención a éste pero dejará parados a los demás, en el mejor de los casos cuando se brinda esta atención especial se pierde la de la mayoría. La solución no radicaría en la inclusión del alumno retrasado, sino en la creación de centros para la atención especial, es decir, la equidad no funciona en este nivel, ni siquiera a manera práctica.

Todo esto no es más que un problema estadístico, se piensa en términos de calidad, de que todos seamos idénticos, es decir la imposición de una identidad. Por esto, se cree que la mayoría es el modelo para todos, quien no se adapte, ya sea por una deficiencia natural (orgánica) o por una divergencia en el pensamiento, debe ser conducido al sendero de la normalidad, que no haya diferencias, ignorar a los débiles (que supuestamente debieron ser fuertes, como los demás), ocultar a los diferentes, callar a los locos (aquellos fuera de lugar, como refieren algunos por su etimología, como si el lugar de la mayoría fuera el idóneo).

Citar una sentencia de una autoridad siempre revalora las opiniones, pues quien habla por si solo su decir es tomado como un pensamiento a la deriva: “Esas monstruosas aberraciones del igualitarismo procustiano derivan de la sobrevaloración del “derecho”, que sustituye a la justicia… el derecho es por su propia naturaleza unívoco, en tanto la justicia tiene en consideración la diversidad de las criaturas” escribe Georges Devereux en Mujer y Mito.


lunes, 2 de junio de 2008

La tipificación de los actos,
una posibilidad de lectura



por José Vieyra Rodríguez


“Como todos los cobardes,
me encanta que haya otros maridos
capaces de pegarle un palo en la cabeza a la mujer.
Lo que me preocupa es que ya no se pueda decir esto públicamente
sin quedar como un retrógado”

Hernán Casciari

En diversos momentos me he declarado en contra de ciertas políticas que argumentan estar a favor de los “derechos humanos de las mujeres” (sic) o que buscan ayudarlas, sin darse cuenta que el discurso que envuelven estas propuestas son la discriminación hacia los hombres. No obstante, esto no significa que este a favor del “machismo” o de la “violencia doméstica”.

Es interesante leer el artículo de Hernán Casciari[1] titulado Besos en la frente. En este artículo, digno de ser leído para observar un punto de vista diferente, aunque un tanto escrito con ánimo de cuasar revuelo más que de reflexionar sobre el tema, Casciari nos da varios puntos a revisar, vayamos pues a estos.

En primer lugar menciona que un primer problema es que a las víctimas se les etiqueta: “Muere otra mujer, víctima de su ex-marido, titula un periódico español. Si seguimos por esa línea, en breve veremos los siguientes titulares: Crece la ola de asesinatos de castaño claros“[2]. Comparto con él la opinión en cuanto a que el titular de la noticia se crea para atrapar al posible lector, es decir, escandaloso, o mejor aún, común, al decir “muere otra mujer” incluye en la tipificación que hay otras mujeres que han muerto, si es una lectora quien lo lee, entonces lo primero será una identificación imaginaria con la víctima. Después al decir “víctima de su ex-marido” enmarca al caso en un contexto particular: la violencia doméstica.

Un poco más adelante dice “La gente es gente. Los que se mueren son pobre gente, y los que matan son gente enferma”[3], aquí la opinión es compartida, incluso bien podría ser el eslogan de una campaña de los Derechos Humanos, podemos ver como él mismo victimiza a los muertos al catalogarlos como “pobres” y por otro lado entra en el discurso en boga de la biopolítica, en donde no hay asesinos o criminales, sino “enfermos”, la agresión es una enfermedad y como tal hay que curarla, es al parecer lo que postula.

El artículo continúa y termina diciendo que él está a favor de aquellos quienes han tenido el valor de darle un golpe o de matar a sus mujeres. Es curioso ver el giro del discurso, comienza por decirle enfermos a los asesinos y termina: “hay que hablar menos del tema en la televisión, señores, y empezar a matar con arte. Y con besos en la frente”[4]. Condena la violencia doméstica, la violencia verbal y emocional, pero a favor del asesinato.

Más allá del problema de la libre expresión o ser catalogado como retrógrada al hablar así de estos temas, creo que pasa por alto un tema importante. En el caso de clasificar a los asesinatos nos da la posibilidad de comenzar a crear un cuadro de lo que está sucediendo en nuestra sociedad, obviamente no se podrá analizar un caso de asesinato en una balacera entre narcotraficantes o una mujer que ha sido acuchillada por su esposo. En estos casos, más que vender o clasificar para entretener, nos ayuda a mostrarnos ciertos detalles que pasarían desapercibidos si los tomamos como un todo: asesinatos.

Incluso mi propuesta iría más lejos, no sólo clasificarlos, una vez hecho esto, brindar más información para entender el porqué de los hechos, pues que un hombre mate a su mujer nunca dirá lo mismo a otro que también haya matado a la suya, es decir, cada caso una vez clasificado, nos dice algo diferente, dependiendo si queremos leerlo a nivel social o individual. Pero los datos no están de más, e incluso estos son los que nos ayudan a entender los motivos o motivaciones para hacer este acto.

Por esto es que creo que ciertamente es necesario crear el cuadro en que se da el suceso, el acto, y así poder leerlo y no quedarnos con la primer clasificación de “mujeres muertas” como si todas fueran por el mismo motivo.

Por otro lado, creo que la tipificación de los asesinatos también nos ayuda, pero en este caso para revisar lo que sucede a nivel social y actuar sobre ello, aun cuando sea para lanzar preguntas, no necesariamente para dar soluciones.

La tipificación o clasificación de estos actos en definitiva nos brinda la posibilidad de leerlos en el marco en que se desarrollan, quizá el problema es que se quedan en la mera clasificación y la respuesta es tratarlos como a uno solo, siendo en realidad muchos que comparten ciertas características pero que otras los distinguen.

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[1] Escritor y periodista. En Argentina fue jefe de redacción de la revista La Ventana, columnista de opinión del Semanario Protagonistas y director del periódico El Domingo. En su faceta literaria, ha recibido el 1º Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991), con la novela 'Subir de espaldas la vida', y el premio Juan Rulfo (París, 1998), con el relato 'Ropa sucia'.
[2] Besos en la frente. http://orsai.es/2004/06/besos_en_la_frente.php
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.

martes, 13 de mayo de 2008

Gramática y discriminación
en la perspectiva de género[1]



por José Vieyra Rodríguez



Inequidad: el género gramatical como culpable

Considero que existe un problema teórico dentro de la perspectiva de género, por mi parte, intentaré señalar algunos defectos o posibles errores, especialmente con la teoría relacionada a la equidad de género en el lenguaje.

Esta visión apunta a decir que el uso del lenguaje común evidencia un “machismo” lingüístico al excluir a las mujeres del discurso. Se pone en entredicho el hecho que para generalizar se utilice el género gramatical masculino, dando por sentado que ahí van incluidas las mujeres. De hecho se le nombra a este uso del lenguaje como “lenguaje sexista”. Esto los lleva a postular cambios léxicos y sintácticos para otorgar así a las mujeres el lugar que, dicen, les fue arrebatado, o peor aún, nunca otorgado.

Hasta aquí parecen tener las mejores intenciones (“De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno” cuenta un dicho popular). Es así como promueven el uso de nuevas palabras (jueza, feminicidio), además de la redundancia lingüística como “las mexicanas y los mexicanos”. Ahora bien, intentaré mostrar como esta visión tiene, quizá, las mejores intenciones pero pocas bases sólidas para sostenerse.

Para comenzar señalaré que el primer error que cometen es pasar por alto que no se puede equiparar el género gramatical al sexo biológico.

Por un lado es conveniente apuntar que el idioma español sólo tiene dos géneros gramaticales (a diferencia de otros idiomas como el inglés que llega a tener cuatro: masculino, femenino, neutro y común). Es decir, el español sólo distingue género gramatical masculino y femenino, por lo cual es imposible en primera instancia buscar un género neutro (como se intenta con el uso de la arroba, por ejemplo “l@s mexican@s”, sin ánimo de profundizar podríamos señalar que la arroba en español no tiene fonema, por lo que no puede incorporarse al español, pues es una letra que en última instancia sólo disimularía el problema pues sólo podría utilizarse en forma escrita pero no hablarla, ni siquiera leerla. Además que es susceptible de ser utilizada únicamente en plural, pues es imposible decir “el mexican@”).

Nos encontramos, pues, con que las palabras siempre tendrán género, ya sea masculino o femenino. Ahora bien, como lo mencioné, el género gramatical no es equiparable a sexo biológico, es decir, el hecho de que un sustantivo tenga género gramatical masculino no significa necesariamente que sea de sexo masculino y viceversa. Por ejemplo, tenemos a perro y perra, gato y gata, pero no a tortuga y tortugo o jirafa y jirafo (así como no tenemos artista y artisto o cantante y cantanta). Esto significa que el uso del género gramatical no es concordante necesariamente con el sexo anatómico de quien denomina, es a esto a lo que los lingüistas lo llaman accidental. Es decir, es una convención social que llega a implantarse de tal manera, no necesariamente hay algo que los señale correlativamente.

En cuanto a la equiparación al sexo biológico, creo que con lo anterior se demuestra el error sustancial. Hasta aquí parece no haber problema, sin embargo lo cierto es que no se busca un cambio lingüístico en todo el idioma, sino en aquellas palabras que hacen referencia directa a funciones de poder y que tienen género gramatical masculino. Esto nos lleva al siguiente argumento: género gramatical no es equiparable a género de las ciencias sociales.

La palabra género (gender, en inglés) tal como la entendemos actualmente dentro de las ciencias sociales, se introdujo principalmente en Estados Unidos hace más de dos décadas. Esta palabra se utiliza para denominar a los roles sociales del hombre y la mujer en cierto tiempo y espacio, es decir, en una cultura en un momento histórico.

Esto nos muestra que para las ciencias sociales, género hace referencia a las convenciones sociales con respecto al sexo anatómico de una persona. Por lo tanto, no es posible estirar el término a equipararlo a género gramatical. Si es cierto lo anterior es imposible entonces hacer una correlación directa entre ambos conceptos de género. Sin embargo se hace, erróneamente.

Es así como se piensa que al decir “la presidenta” en vez de “la presidente” es un justificado cambio[2], pues el género gramatical del sustantivo denomina el sexo anatómico de quien nombra (argumento que ya vimos es mentira), además que es importante resaltar el hecho de que es mujer quien ejerce el cargo, es decir, el rol social de presidir poniendo énfasis en que lo hace una mujer. Entonces nos encontramos con un doble error, se equipara género gramatical a sexo biológico y a género de las ciencias sociales, siendo realmente tres registros diferentes.

Una vez aclarado el hecho que son realmente tres instancias diferentes, podemos entonces argumentar que no siempre es necesario el cambio de género gramatical en el sustantivo para hacerlo directamente correlativo al sexo biológico. Por lo tanto la imperante búsqueda de palabras en masculino y transformarlas en femenino no es más que una desesperación superficial por una equidad en los roles sociales de nuestra cultura. Además que es pertinente señalar el hecho de que sólo se busca el cambio en ciertas palabras que denotan una posición de poder (jueza, presidenta) pero se excluyen o simplemente pasan desapercibidas aquellas palabras que igualmente muestran un género gramatical masculino pero dominan un oficio sin tanto valor social (estudiante, ayudante), a estas no se les impone el cambio, es más, siquiera se les piensa como posibles.

Regresando entonces al planteamiento inicial, nos damos cuenta que se confunden incesantemente estos tres registros, pues al denominar “lenguaje sexista” al lenguaje usado comúnmente, en primer lugar se piensa que el lenguaje tiene sexo (gran error, en el lenguaje hay género gramatical) y que el uso de éste hace referencia directa a una convención social sexual (algo que también es mentira).

El problema mayor es que la solución que se plantea es una polarización extrema del género gramatical. Es decir, si en el lenguaje sólo hay género masculino y femenino, no es posible utilizar un lenguaje “no sexista” pues el lenguaje es “sexista” per se, por la falta del género neutro siempre se utilizará un género, la única solución posible para remarcar el lugar de la mujer es ser doblemente “sexista”. Esto ya se había vislumbrado al mencionar el uso de la arroba como signo supuestamente neutral, pero al no poder pronunciarse lo que se hace es introducir en un solo término a dos géneros para después al leerlo separarlo. Nos damos cuenta que lo que se consigue es descomponer la letra para dos posibles lecturas, es decir, seleccionar excluyendo, definición textual que da la Real Academia de la Lengua Española a discriminación.

Lo anterior apunta a decir que la solución que plantea la equidad lingüística es diferenciar siempre a hombres y mujeres en las palabras. Esto es distinguir y excluir: discriminar.

Discriminar: una acción permitida en la perspectiva de género

Es así como llegamos al siguiente punto, la discriminación se ejerce abiertamente pero aparentemente con buenos fines. Discriminación proviene del latín discriminare que etimológicamente significa discernir, a su vez discernir se define como distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas.

Paul Verhaeghe escribe al respecto de la equidad del género en el lenguaje “tal estilo desemboca irremediablemente en un racismo invertido o en una espiral superyoica típicamente obsesiva”[3]. Comencemos, pues, a advertir los alcances que puede tener esta medida, dejemos por un momento de lado las objeciones normativas del lenguaje para prestar oídos y ojos a las repercusiones sociales que pueden suscitarse con estas medidas de diferenciación sexual.

La perspectiva de género, decía, plantea hacer remarcar las diferencias sociales que existen por el hecho de ser hombre o mujer. Esto los lleva a evidenciar todo acto en dos categorías principales, acto típico de hombre y acto típico de mujer. Así es como se comienza a generar un concepto totalizador de hombre y mujer, es decir, nos dicta cómo es un hombre en nuestra sociedad y cómo es una mujer en la misma. Sin embargo, al universalizar conceptos nos encontramos con un problema, ya no hay lugar para las excepciones, no hay cabida para aquellos hombres “no machistas”, es decir, el hecho de haber nacido hombre te adjudica la categoría de machista y aun cuando no lo seas incluso la misma sociedad bien pensante te devuelve a ese lugar. Un ejemplo bastante cercano es el llamado “Detector de machistas” del grupo Forkados. Este dispositivo es un marco de puerta con una sirena y una alarma encima del mismo, supuestamente al pasar por debajo de él si eres machista se activará la alarma, cabe señalar que esta alarma es controlada manualmente, pero lo mejor de todo es el hecho que quien la activa siempre lo hace cuando pasa un hombre por debajo de la puerta. Lo primera reacción que causa es gracia, pues con todos los hombres suena, pero preguntémonos un momento ¿realmente todos los hombres son machistas? La respuesta desde esta perspectiva es que sí. Es decir, no hay lugar para la diferencia, se es hombre, se es machista.

Otro ejemplo de esto se esta dando precisamente en el Distrito Federal, ahí hace apenas unos meses se inició el Programa Atenea, el cual creó autobuses de transporte público exclusivos para brindar el servicio solamente a mujeres[4]. Esta iniciativa supone que separando a las mujeres de los hombres, evitarán los acosos y abusos por parte de éstos hacia las mujeres, pues constantemente se ven agredidas por hombres que faltan al respeto, insultándolas, degradándolas o como se diría comúnmente: pasándose de la raya.

Tener transporte exclusivo para mujeres (cual sanitarios rodantes) nos invita a pensar en que ahora más que nunca se remarcan las diferencias entre hombres y mujeres, y no sólo eso, nos impone una manera de pensar y actuar, ¿acaso ahora necesitamos de estas imposiciones para evitar perder la identidad sexual? Estas acciones sólo nos vienen a decir nuestro lugar en la sociedad, crea exactamente el mismo problema que el machismo más radical. Así es como los anuncios de Tecate no son más que el otro lado de la misma moneda, ya que ambos nos muestran nuestro lugar dependiendo del sexo anatómico que poseamos. Por un lado, el Programa Atenea nos enseña nuestro lugar como hombres y como mujeres, así es como las mujeres son catalogadas como víctimas de los hombres y se pierde ya la posibilidad de pensar en otro tipo de mujer y hombre, ambos son absorbidos por sus respectivos roles universales y el hombre es acosador mientras la mujer víctima. Pasa lo mismo que con el “Detector de machistas”, el hombre por el simple hecho de serlo es machista siempre. La mujer solamente por serlo, es víctima.

Y es que ¿acaso el Programa Atenea no es un claro ejemplo de la discriminación más radical que podemos ver en nuestros días? Nos muestra como la discriminación se ejerce en la actualidad y más libremente que antes, ahora incluso se dedica un espacio en la televisión para informar de este logro por (y para) las mujeres. ¿Qué se diría si se impidiera subir a los morenos y chaparros en un camión por demostrar que la mayoría que comparten estas características roban en los autobuses? ¿Sería posible ejercer la discriminación de igual manera o es que acaso hoy la perspectiva de género se acepta sin siquiera cuestionarse?

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[1]Conferencia dictada dentro de la “Primer semana de la equidad; el lenguaje da un lugar” en la Facultad de Psicología de la UANL en Monterrey, México el 14 de abril de 2008.
[2]Sin mencionar que es una palabra formada por participio activo (terminación “ente”) por lo que no es susceptible de cambiar de género gramatical, por ejemplo amante, ayudante, gerente, intendente
[3]P. Verhaeghe. En amor en los tiempos de la soledad. Tres ensayos sobre el deseo y la pulsión. p.p. 16
[4]Al menos es la propuesta principal, pues se brindará también el servicio a varones con niños y a mujeres con sus hijos que estén estudiando como máximo secundaria.

miércoles, 13 de febrero de 2008


TECATE ¿Por mí?

por José Vieyra Rodríguez


Desde hace tiempo una gran campaña publicitaria de la cerveza Tecate, producida por Cervecería Cuahutemoc Moctezuma, nos ha invadido y es difícil encotrar a alguien quien no recuerde un anuncio o un panorámico de "Tecate, Por tí".

Básicamente todos los anuncios giran en torno a ingeniosos (otros no tanto) juegos de palabra en donde a raíz de algo común o una verdad sabida pero no dicha. En los anuncios ésta se dice haciendo girar el contenido en dos sentidos, recayendo un significado en la cerveza y el otro, en la mayoría de los casos, en las mujeres (hay otros con referencia al deporte o la condición de hombre).

Es interesante el planteamiento puesto que si algo tienen de interesante son la sonrisa que deja entrever o la carcajada abiertamente expresada en muchos consumidores que estupefactos se quedan frente a las imágenes.

No obstante, así como hay quienes prácticamente se declaran fanáticos de estos anuncios, hay otro sector que los rechaza abiertamente y a grito pelado, especialemente aquellos que argumentan tener una consciencia mayor que a los que les agrada, puesto que esta publicidad es machista, sexista, denigrante de la mujer pues las exhibe como objeto sexual, promueven el alcoholismo, el engaño, el estar con los amigos en vez de con la mujer, festejar el nacimiento de un varón, etc. En resumidas cuentas, una vez más, la perspectiva de género entra a defender a las mujeres y decir que los mercadólogos son unos machistas que no les importa promover la equidad en nuestra sociedad (algo en lo que quizá tengan mucha razón, aunque habría que preguntarnos porqué tendrían que estar preocupados por esto, pues no es su trabajo, en última instancia ellos buscan vender la cerveza).

Antes de comenzar a exponer mi punto de vista quiero señalar porqué estos anuncios no dejan indiferente. Es precisamente por el hecho que ya mencioné, pues apuntan a una verdad sabida, algo por todos conocidos pero por nadie dicho (al menos en televisión, pues ahora lo políticamente correcto es salir en la tele y decir que tenemos una postura neoliberal, a favor de la democracia, el libre mercado, la equidad de género y en contra del uso del alcohol, sería irónico e inaudito pensar a un machista en televisión dando su punto de vista de las ventajas de ser así e invitando a todos los hombres a serlo).

El punto es que ya Freud desde hace más de un siglo nos explicó como el chiste funciona por medio de dos mecanismos: la condensación y el desplazamiento. En estos anuncios son por demás evidentes estos mecanismo, por un lado condensan dos significados en un mismo significante ("por los que les gustan sudadas" y la imagen es una botella y detrás una mujer en traje de baño bronceándose), además de su caracter de desplazamiento puesto que realmente la publicidad es únicamente de la cerveza, incluso es la que está en primer plano en todos los anuncios, es decir, funciona pero solo a nivel de un enlace secundario, cuando se relacionan ambos signficados el chiste funciona. Lo importante aquí es el hecho de que mientras a algunos les parece muy gracioso, a otros los indigna, esto es interesante pues entonces estamos frente a una claro ejemplo de chiste en términos freudianos, pues por medio del juego de palabras y haciendo recaer el significado en la cerveza, se deja entrever otra verdad, que se quiere una mujer sudada o jugar botella con una rubia despampanante. Es decir, se burla la censura establecida por lo políticamente correcto para decir "soy machista, me gustan las cervezas y las mujeres hermosas". Claramente observamos como el chiste funciona burlando las defensas conscientes y mostrando una verdad que por un lado es placentera pero por otro incómoda.

Ahora bien, tomando esto de referencia ahora entendemos el éxito de la campaña pues los hombres lo entienden... ¡pero las mujeres también! claro que cada quién desde ángulos diferentes. El punto es que me parece lamentable que los reproches se alcen en contra de los creadores de estas campañas o de la cervecera. Si queremos ser un tanto objetivos todos sabemos que las campañas publicitarias antes de crearse primero se preguntan hacia quiénes van dirigidas, una vez resuelto esto, se ponen a trabajar en ofrecerles algo en lo que se vean identificados. Lo que quiero señalar es que es iluso demandar a publicistas o a compañías de cerveza el educar a la sociedad, en última instancia no es su labor, en cambio si nuestra sociedad no tuviera ya antes esta visión "machista" la publicidad no serviría y tendría que pensarse otra cosa, pensemos en la sociedad que todos decimos querer, la de la familia unida, entonce sería algo así como: "Caguama familiar, para tu familia". La publicidad viene a ser creada por la misma sociedad, es un producto de la cultura y no la cultura un producto, o mejor dicho, son mutuamente influyentes, pero no por esto estamos en la época de Hitler en que la publicidad, se dice, creó el fanatismo y una sola verdad. Cabe señalar que también hay otra publicidad altamente equitativa, pero por lo mismo, pasa desapercibida.

Otra de las características que me llama la atención de esta publicidad es el hecho de terminar diciendo "por ti". Es un efecto que una vez más funciona en doble vía, pues al ser escuhado o leído (sin hablarlo) uno se siente que es el destinatario final, pero al ver un panorámico y leerlo en voz alta ahora somos los portavoces de la publicidad y decimos al prójimo: "por ti". Es de resaltar el hecho de que quienes están en contra de esta campaña publicitaria piensan que los destinatarios no lo deben recibir, que aun cuando sean machistas, al oirlo los incita a serlo aún más. Sin embargo no he oido a nadie decir "eso no es por mí", sino "eso no debe ser por nadie". El problema es pensarse como centro objetivo y sin prejuicios, como si no fuera nuestra propia moral y nuestro determinismo el que nos dice que ahora "eso" no se debe decir. Yo propondría una alternativa que no fuera ninguna de las dos que escucho siempre, pues mientras una está a favor de los anuncios, otra los quiere eliminar, yo creo que podríamos preguntarnos "Tecate ¿por mí? No" y así autocuestionarnos el mensaje, nuestra moral, nuestros prejuicios y no saltar a intentar imponer nuestra forma de pensar, pues al final esto sería sólo una forma de censura, que curiosamente es algo de lo más prohibido en nuestra época, "prohibido prohibir" irónicamente cuando más se tiene derecho a decir, ya no se quiere que se diga.


miércoles, 6 de febrero de 2008

Apología del ¿feminismo?


por José Vieyra Rodríguez


Existen actualmente una gran cantidad de movimientos sociales y legales para otorgar un papel diferente a las mujeres dentro de nuestra sociedad. En general, todos estos movimientos en “favor” de las mujeres se hacen pasar por feministas o se les llama comúnmente de esta manera. Sin embargo, cabría preguntarnos si realmente políticas como leyes exclusivas para mujeres o la creación de nuevas palabras que pongan el acento (de manera evidente) en las mujeres y no en los hombres, realmente tiene un sustento o son malentendidos del verdadero feminismo, al punto de llegar a pensarse, de manera general, que todas las mujeres que exaltan el nivel de la mujer, o en su caso denigren el papel del hombre, son feministas.

Pongamos por ejemplo en primera instancia el lenguaje, cada día escuchamos neologismos para designar profesiones, oficios o papeles en los que no había dificultad para entender el sexo de quien los ejerce. Tal es el caso de la palabra “presidenta”, lo correcto (desde el punto de vista de la normatividad del lenguaje) hasta hace poco era “la presidente”, de hecho la Real Academia de la Lengua Española ya ha aceptado este cambio de género gramatical del sustantivo presidente a presidenta. Aunque cabe señalar que las palabras formadas por participio presente (terminación “ente”) tales como amante o ayudante, no se distinguen en género.

Sobre esta misma línea, si queremos alcanzar una pluralidad equitativa en el lenguaje, entonces comencemos a decir “la estudianta”. Aunque considero que aquí no ha ocurrido este cambio de léxico porque obviamente se ejerce una desviación discrecional sobre las palabras, es decir, no es que sea correcta la terminación, sino que se ha aceptado por lo que designa. En cualquier caso, ser “presidenta” ubica una posición de poder (estatus, hegemonía, elite) mayor que ser “estudianta”, apuntemos que presidente, etimológicamente proviene de presidere, que está formada por el prefijo prae- (antes, delante) y el verbo sídere (sentarse), con el significado de “estar sentado al frente”. Si no se han incorporado otros participios presentes al género gramatical femenino como correctos es porque la terminación en sí misma es un error, es más fácil pelear por la “igualdad” de las mujeres que no son iguales que las demás, las mujeres que presiden (que están al frente) sí merecen mostrar su sexo en el sustantivo y no en el artículo.

Ahora bien, en el ámbito legal también hay algunos cuestionamientos, por ejemplo, hace algunos meses asistí a la presentación de la La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Esta ley tiene varios aspectos dignos de revisarse. Por un lado es una ley discriminatoria, es aplicable únicamente a las mujeres, en caso que un hombre sufra alguna agresión igual que una mujer, no podrá ampararse en esta ley, pues su sexo lo excluye del acceso a una vida libre de violencia.

Si bien, lo que se revisa en esta ley son situaciones que particularmente sufren las mujeres, esto no significa que se tenga que excluir a los hombres de su aplicación. Irónicamente esto dice el Artículo 4.- Los principios rectores para el acceso de todas las mujeres a una vida libre de violencia que deberán ser observados en la elaboración y ejecución de las políticas públicas federales y locales son: I. La igualdad jurídica entre la mujer y el hombre. Cabe señalar que esto no cumple la propia ley, pues es una ley que no otorga igualdad jurídica.

Por otro lado, en la misma ley se estipula la celotipia o el desamor como violencia psicológica. ¿Podría cometerse violencia al no amar? ¿Cuánto será el castigo?

En la misma presentación de la ley, una de las diputadas que la presentaba en Nuevo León, hacía mención que era una lástima que tuvo que borrarse la palabra “feminicidio” de la ley. Este neologismo designa, según ellas, la muerte de una mujer causada por un hombre.

Etimológicamente Homicidio viene de homicidium, de homo-inis, hombre; caedo-ere, matar. Y significa: muerte que una persona da a otra. Ahora bien, como tiene el sufijo Homo pues buscan reemplazarlo por Femi. A su vez, etimológicamente Hombre es una palabra latina que deriva de una raíz indoeuropea que significa “tierra”: ahí tenemos la voz humus, con la que se denomina la “tierra”, el “suelo”. O sea, que los homines o “seres humanos” son propiamente los “nacidos de la tierra” o “terrestres”. Entonces, ¿quién ve una discriminación en homicidio?, ¿realmente los varones han hecho este término para dejar fuera a las mujeres o son ellas mismas quienes buscan una igualdad abriendo brechas en donde antes no había? El homicidio designa la muerte de un ser humano a manos de otro ser humano, el feminicidio no existe ni tiene porque existir.

Otro caso, pero esta vez en un aspecto social, se dio en Europa, en julio de 2007 se publicó en el Diario El País “El Pleno del Congreso debatirá una proposición… en la que pide al Gobierno que las políticas de igualdad tengan también su reflejo en la acuñación de moneda. En concreto, proponen la inclusión de imágenes de mujeres en los euros.” (periódico www.elpais.com España). A lo que el español Miguel Santa Olalla escribe en un artículo titulado Feminismo de hojalata: “En estos días hemos podido leer que el gobierno planea incluir el rostro de mujeres en las monedas de euro. Parece una medida razonable en esta sociedad paritaria en la que vivimos, donde la condición sexual del individuo es tenida en cuenta a la hora de decidir qué puede y qué no puede hacer. Se trata de medidas barnizadas de progresismo. La hegemonía masculina debe desaparecer también en la fábrica de moneda y timbre. La medida no deja de tener una fuerte carga simbólica: ¿Mejora en algo la situación real de la mujer en nuestra sociedad? En absoluto…resulta mucho más sencillo repartir mujeres entre las monedas que monedas entre las mujeres”.

En nuestro país sin embargo no hemos llegado al nivel de preocupación sobre si aparecen o no mujeres en las monedas o billetes, los hechos están a la vista, clínicas de atención especial a mujeres maltratadas, líneas telefónicas las 24 horas para casos de “crisis”, está el Instituto de la mujer, y muchos más “logros” evidentes, pero también están los usos y costumbres que a los legisladores no les interesan, esos que mantienen a las mujeres en una posición sumisa, intolerable y degradante, tal es el caso de leyes (porque también hay leyes locales que avalan los “usos y costumbres” y se saltan sin más la constitución), que impiden a las mujeres competir libremente en una elección municipal, tal es el caso de Oaxaca, específicamente en el municipio de Santa María Quiegolani, y este es sólo uno de los conocidos, que salió a la luz a raíz de la anulación de los votos de una mujer candidata a la presidencia municipal.

Y es que este problema salta a la vista (de quien tenga ojos para ver) en todos los casos, cuando se hacen leyes exclusivas para mujeres, cuando inventamos palabras para designar oficios que ejercen las mujeres, la situación real de ellas no cambia, las leyes anteriores pudieron haberse aplicado de una mejor manera (aplicar la constitución y no hacer una ley especial para mujeres, una que las protege de la violencia y otra que las aleja de la libertad), castigar a quienes ejerzan agresión en contra de quien sea, no dependiendo de su sexo. Recordemos que las palabras excluyen en tanto nosotros hacemos que excluyan, nada está predeterminado.

El feminismo, el pionero, no buscaba la exclusión de los varones en las leyes, sino la incorporación de las mujeres en estas, no buscaba la creación de palabras para evocar a las mujeres, sino el hecho de evocarlas en las palabras, ni tampoco buscaba la fama de ellas en la acuñación de monedas, sino la libertad de ellas para conseguirlas.

El feminismo aún existe, todavía hay quienes se preocupan por la posición social de las mujeres, dejando de lado las “medidas progresistas” por medidas reales, ¿quiénes son? Todos aquellos que vean en las mujeres a alguien igual, legal y socialmente, sin denigrarlas o enaltecerlas.

Es por esto que me declaro feminista en contra de la ley para las mujeres y de la mujer presidenta.

lunes, 28 de enero de 2008


Discriminación en nombre del género.
Programa Atenea



por José Vieyra Rodríguez


Hace apenas unos días se inició el Programa Atenea en el Distrito Federal, el cual creó autobuses exclusivos para brindar el servicio a mujeres solamente, al menos es la propuesta principal, pues se brindará también el servicio a varones con niños y a mujeres con sus hijos que estén estudiando como máximo secundaria.

Esta iniciativa supone que separando a las mujeres de los hombres (solos) en el sistema de transporte público del Distrito Federal, evitarán los acosos y abusos por parte de éstos hacia las mujeres, pues constantemente se ven agredidas por hombres que faltan al respeto, insultándolas, degradándolas o como se diría comunmente: pasándose de la raya.

Todas estas iniciativas se basan principalmente en una supuesta perspectiva de género, en donde la mayoría de los problemas sociales se ven reducidos a la anatomía del ser humano, es decir, suponen que la problemática y solución está en el sexo que nos tocó llevar. Me explico un poco más. Las personas que trabajan en estas propuestas y programas, que dicho sea de paso, siempre abogan (supuestamente) por el bien de las mujeres, creen solucionar los problemas socioculturales con paliativos evidentes, pero paliativos al fin, que ponen su énfasis en que el sexo que poseemos nos determina para pensar y actuar.

Creer que se reducirá el acoso hacia las mujeres creando transportes exclusivos para ellas es un error, es decir, probablemente se reducirá la prevalencia de acosos en transporte público, pero quedan varias preguntas al aire, ¿y el acoso antes de tomar el autobús y después de bajar de él? ¿sirve de algo derrochar dinero paliando problemas fuertes, pero sin solucionarlos? ¿cambia en algo nuestra manera de pensar al tener autobuses exclusivos para mujeres?

Intentaré responder estas preguntas, en la primera pues la respuesta es simple, el acoso fuera de los autobuses seguirá exactamente igual, es decir, buscan reducir el problema del acoso encapsulando a las mujeres en un pequeño mundo feliz. La segunda pregunta también es simple de contestar, sí y no, pues mientras sirve como una medida momentánea no funciona como una verdadera solución para eliminar el problema, lo único que logra es controlarlo en su pequeño margen de poder. Para mí la tercer pregunta es la más importante y difícil de responder, pues considero que crear cada vez más espacios exclusivos para hombres y mujeres lo único que hace es marcar las diferencias aún más.

Tener transporte exclusivo para mujeres (cual sanitarios rodantes) nos invita a pensar en que la lucha por la equidad de género está más lejos que nunca de ganarse. Se ha desvirtuado y perdido totalmente el objetivo y ahora más que nunca antes en la historia se remarcan las diferencias entre hombres y mujeres, y no sólo eso, nos impone una manera de pensar y actuar, ¿acaso ahora necesitamos de estas imposiciones para evitar perder la identidad sexual? Ahora en nombre de la perspectiva de género y los derechos humanos de las mujeres (sic) nos remarcan nuestro lugar a cada quién en la sociedad. Quiero decir que definitivamente estas propuestas marcan nuestra manera de pensar, y es que evidentemente la solución a un problema cultural siempre será la misma desde la miopía del género: hombres allá, mujeres acá, solución. Lo triste es que también los impulsores de todas estas iniciaticas hablan de equidad, cuando lo que se hace es ser menos equitativo cada vez. Es decir, se discrimina con base al género (como lo hacen sus odiadios machistas). Alguien que les avise que la discriminación es ahora cada vez mayor, discriminar es hacer una distinción, lo último que hacen estas acciones es promover una equidad de género.

Con el programa Atenea las mujeres indefensas esperan su autobús, los hombres acosadores esperan otro, sólo tengo una pregunta ¿cuál abordamos los que no somos ninguno de los dos casos anteriores?