martes 20 de octubre de 2009


Bastardos sin gloria;
Los hijos ilegítimos en la búsqueda del goce robado



por José Vieyra Rodríguez




Nota
: Este artículo contiene información sobre el argumento y trama de la película, por lo que puede ser considerado como spoiler, queda en consideración del lector seguir con su lectura.



Sinopsis
Durante la ocupación alemana de Francia, Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) presencia la ejecución de su familia a manos del coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz). Shosanna consigue escapar y huye a París, donde se forja una nueva identidad como dueña y directora de un cine. En otro lugar de Europa, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) organiza un grupo de soldados judíos para tomar represalias contra objetivos concretos. Conocidos por el enemigo como “The Basterds” (Los bastardos), los hombres de Raine se unen a la actriz alemana Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger), una agente secreta que trabaja para los aliados, con el fin de llevar a cabo una misión que hará caer a los líderes del Tercer Reich. El destino quiere que todos se encuentren bajo la marquesina de un cine donde Shosanna espera para vengarse…


El afamado director Quentin Tarantino nos muestra en esta ocasión con su Inglourious Basterds (2009) una visión divertida, entretenida, visualmente impactante pero igualmente distorsionada y poco creíble de la ocupación Nazi en territorio francés durante la segunda guerra mundial, una mezcla nada sorprendente conociendo el sello ineludible del guionista y director de esta película, sin embargo, precisamente el agradecimiento a este director es por su afán de fantasear intencionalmente con la realidad consabida, más que intentar mostrarnos una verdad histórica, como lo han querido otros cineastas, pues aun así, esta ficción nos puede mostrar diversas verdades en nosotros mismos.

En diversos sitios de internet no tardaron en aparecer alabanzas y críticas al nuevo film de uno de los últimos directores considerados de culto de los Estados Unidos. Sin embargo, omitiendo un análisis de la película en su aspecto puramente artístico y cinematográfico, también se puede inquirir e intentar descubrir, aun sea un poco, la fantasía implícita en este largometraje, puesto que un comentario asiduo en las reseñas es que pese a ser una película norteamericana, la perspectiva del director se sustrae de la visión sesgada y tendenciosa común en los films de ese país que abordan la segunda guerra mundial, de hecho un eslogan de la película es “nunca has visto la guerra, hasta que la veas a través de los ojos de Quentin Tarantino” ¿es posible verdaderamente ver algo más de la segunda guerra mundial que los clisés prefabricados y llevados hasta el hartazgo en sinfín de películas sobre ella? ¿un director puede sustraerse de su propia ideología en la que, quiéralo o no, está imbuido?

Uno de los comentarios repetitivos es que Tarantino se cuidó de no vanagloriar a los norteamericanos como los salvadores del mundo, además de mostrar un lado igualmente cuestionable por parte de algunos judíos, quienes sin remordimiento podían ser al menos igual de crueles que los alemanes nazis. Detengámonos un momento aquí, y antes de seguir en esta línea retomemos el nombre de la película, la cual hace referencia a un grupo de soldados norteamericanos que tienen entre sus filas a varios inmigrantes de ascendencia judía, comandados por el teniente norteamericano Aldo Raine (Brad Pitt), este grupo de judíos está dispuestos a regresar al viejo continente y cobrar venganza contra los alemanes, además a este grupo se le une la actriz alemana Bridget von Hammersmark (Diane Kruger) quien traicionará a los alemanes a favor del término de la guerra. Por supuesto, algo evidente salta a la vista, si tomamos al nombre de la película entendemos que la trama central gira en torno de los bastardos, es decir, hijos ilegítimos de un padre reconocido, son los hijos que degeneran el origen y naturaleza de la raza. Pero estos hijos bastardos buscan algo en particular, la gloria que buscan es la muerte del padre. No perdamos esto de vista para retomarlo en nuestro segundo escrito.

Ahora bien, regresando un poco, supuestamente la película logra saltar los límites políticos que podemos encontrar en una filmación sobre la guerra, es decir, no toma evidentemente partido sobre algún país, una raza o religión en particular, sin embargo lo hace de la manera que probablemente sea tan evidente que quizá a más de uno se le ha escapado, es decir, invierte los papeles la mayoría del tiempo, así, las escenas más violentas, crueles y sangrientas se logran llevar a través de los judíos, quizá omitiendo el primer capítulo en que el Coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz) mata a la familia de la joven Shosanna Dreyfuss (Mélanie Laurent) en Francia, el cual por cierto es muy bien logrado por la tensión psicológica que se logra imprimir, más que por la muestra visual de violencia, pero ¿qué pasa ante el espectador que no logra enjuiciar brutalmente a los bastardos por su comportamiento? Tarantino lo sabe, juega con los fantasmas personales, con esa imagen ya preconcebida y difícil de suprimir de los alemanes como crueles seres despiadados que merecerían al menos el mismo castigo, el director no necesita retomar y poner en balance la crueldad de ambos, eso ya está hecho en el concepto difundido oficialmente de los alemanes.

Ahora bien, si la película es bien lograda, es precisamente por el juego con la fantasía que lleva implícita, omitiendo incluso el hecho de la muerte de Hitler en manos de los bastardos y el término de la guerra en un cine (significante que cobra valor dialéctico en la película, en tanto es usado en función de la propaganda fascista así como lugar redentor del ser humano).

Una pregunta pertinente hasta aquí es porqué los bastardos buscan la venganza de la misma manera, es decir, su partida hacia Europa no es con el objetivo de terminar la guerra o matar al Tercer Reich, de hecho el Teniente Raine hace su aparición en el film reclutando a sus bastardos y comentándoles “miembros del partido Nacional Socialista conquistaron Europa mediante asesinatos, tortura, intimidación y terror, y eso es exactamente lo que les vamos a hacer[…] dejaremos atrás los cuerpos de sus hermanos, destripados, desmembrados y desfigurados; y en ellos encontraran la evidencia de nuestra crueldad”; es el antiguo proverbio de ojo por ojo y diente por diente, es fácil comentar que eso lo que se merecen los alemanes, pero verdaderamente ¿porqué castigar el crimen con el mismo crimen? La medición es con la misma vara, pero cabe preguntarse también, ¿acaso no es esta la posibilidad de llevar a cabo la crueldad de forma justificada, con derecho y sin remordimientos?, es decir, es la posibilidad de gozar de ella con autorización del superyó, o peor aun, con el mandato superyoico.

Comencemos pues a adentrarnos en nuestro interés, ya que precisamente los Bastardos sin gloria, nos permiten poner en práctica una crítica de nuestra manera de gozar. Así, sigamos al filósofo esloveno Slavoj Zizek en la argumentación de su libro El acoso de las fantasías (México. 2007) en el cual nos expone de manera clara la forma de operar de nuestro goce nacionalista, en primer término nos dice que la identificación nacional opera con la cosa-nación, la cual la podemos definir como “nuestro estilo de vida” y que ese estilo de vida, propio de cada nación o grupo social, es “en pocas palabras todos los detalles que evidencian el modo único en que una comunidad organiza su goce” [1], recordando que el goce no es equivalente del placer, por el contrario, el goce es ese exceso incontrolable y sobrante que lo altera, “el goce se localiza más allá del principio del placer” [2] o como lo formula Lacan en 1960, el goce es todo lo que corresponde a la distribución del placer en el cuerpo [3] precisamente a la distribución, strictu sensu, pues divide y coloca al placer en un destino conveniente, aun llevadero, por eso los estilos de vida son la manera de organizar la propia distribución del sobrante del placer (de la necesidad), pues sin esto, se desbordaría y el sujeto quedaría sin límites contenedores, paradoja del ser hablante, que organiza aquello incontrolable para lograr su contención fantasmática.

Ahora bien, la identificación con la cosa-nación, o como la llama jocosamente Zizek; la cosa nostra, implica a su vez una creencia en que los demás compatriotas creen en ella, su carácter ontológico se concibe a partir de la creencia de su creencia, “es literalmente un producto de la creencia en ella misma” [4], por lo tanto dicha creencia en la intersubjetividad logra ligar verticalmente a sus miembros con alguien superior a ellos mismos, como nos enseñaba Freud desde 1921, la identificación con un ser superior sólo se logra mediante los lazos que se han creado entre los iguales, estos lazos son de identificación en el semejante en tanto hermano; hijo del mismo padre [5], o dicho en otros términos, la identificación con el Otro es mediata, en tanto es con el otro.

Así, el racismo o el nacionalismo purista, es una forma de querer mantener propia a la cosa-nación, libre de ese otro que –paradójicamente- tiene un goce excesivo de ella, es decir, la intolerancia no es por el simple hecho de ser diferente y creerme superior, sino por ver en el otro una forma de gozar que aparentemente es mejor que la mía, su “estilo de vida” me muestra una organización del goce diferente (“los judíos, esos usureros que roban nuestro dinero, ganan a consta de nosotros cuando ni siquiera son verdaderamente alemanes, ¡no merecen a mi patria!”). Por lo que vemos, “esta sería la fórmula más general del racismo moderno que presenciamos hoy en día; es un odio al modo particular en que el otro goza[…] pues se ubica en el nivel de la tolerancia o la intolerancia hacia el goce del Otro, el Otro como aquél que esencialmente se roba mi propio goce” [6].

Por una parte, esta fórmula es fácilmente aplicable a los Nazis, pues el estilo de vida de los judíos es precisamente lo que no soportaron, aquello que no sólo querían exterminar, sino apropiarse, la organización del goce del judío fue reclamada por sus supuestos dueños, la raza aria. Pero la película nos deja ver algo más, de hecho lo que nos muestra es una visión inversa al dejarnos observar cómo los judíos reclaman su vida perdida, pero no lo hacen intentando restablecer su posición, sino contrariamente lo hacen esta vez a partir del goce del otro, al declarar el teniente Raine; “miembros del partido Nazi conquistaron Europa mediante asesinatos, tortura, intimidación y terror, y eso es exactamente lo que les vamos a hacer”, lo que deja entrever no es siquiera una venganza, sino un goce anticipado en fantasear con realizar los mismos actos, es decir, los alemanes al robar el goce que vieron en los judíos lo hicieron por medio de matanzas y crueldad, pero ahora los judíos lo que ven en los alemanes y su particular modus vivendi es otro tipo de organización de goce, más sádica y directa, la pregunta que se nos avienta en la cara al ver cómo supuestamente los Nazis gozaban con la crueldad, es si acaso nosotros también lo podemos hacer. O dicho de otra manera ¿por qué ellos sí están autorizados a gozar con nuestro dolor? En respuesta, se deniega (Verneinung) la autorización pero a cambio su condena es la misma, el ojo por ojo y diente por diente no es más que el reclamo de un goce del otro, pues sabemos que una argumentación versada en derecho no llegará demasiado lejos con estos pensamientos, porque precisamente la filosofía del derecho está orientada a la restricción del goce de manera racional (aunque parezca aventurado hablar de esta manera), o dicho en términos freudianos, el derecho busca la socavación de las pulsiones y la orientación de ellas en direcciones socialmente esperadas y culturalmente tolerables.

Así, la culminación del desbordamiento de goce sin restricción, con pulsión sin destino fijo, aparece hacia el final de la película, cuando vemos a miembros del partido Nacional Socialista carcajear y alabar la proyección en la cual se asesinan a cientos de judíos, de pronto la cinta es interrumpida por Shosanna que aparece en la pantalla grande para avisarles a todos que morirán, a su vez la bomba de los bastardos explota y se desata la angustia ante un peligro real (Realangst) de todos los asistentes; mientras tanto el cine es a su vez incendiado por el ayudante negro de la dueña judía del cine (sumamente simbólica la relación de estos personajes), por último vemos a Shosanna reír eufóricamente en la pantalla, a la vez que el cine cae en llamas y dos de los bastardos ametrallan enloquecidamente a cuanto Nazi observan desde lo alto de un balcón, no importándoles en lo absoluto su eminente muerte, una escena que básicamente juega a mostrarnos los dos lados de la pulsión incontrolada, por uno el enloquecimiento ante un peligro y el desbordamiento de la libido en angustia, y por el otro, de la misma manera, el desbordamiento libidinal se da, pero en este caso lo incontrolable se vuelve el goce mismo, olvidando la propia vida por seguir en el goce total, que al final, no puede dar más que muerte.

Aun nos quedan preguntas por responder, ¿es al padre a quién querían matar los bastardos o es a su madre (Alemania)?, además ¿qué papel juegan aquí las mujeres, o son simplemente eslabones en un mundo e historias de hombres?, por último, ¿es la película una simple muestra de desbordamiento pulsional? Temas pendientes por ahora, lo revisaremos en la siguiente entrada.

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[1] Zizek. S. El acoso de las fantasías. Siglo XXI editores. México. 2007. p.p. 45
[2] Ibidem
[3] Lacan. J. Seminario VII. La ética en psicoanálisis. Ed. Paidós. Argentina. 2002
[4] Zizek. S. Op. Cit. p.p. 46
[5] Freud. S. Psicología de las masas y análisis del yo. Obras Completas. Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. Argentina. 1978
[6] Miller, J. A. Extimité. Inédito. Citado por Zizek en El acoso de las fantasías. Siglo XXI editores. México. 2007. p.p. 48



Cuando me preguntaste...


¿por qué ahora?
yo contesté ¿por qué nunca?

¿por qué insistes?
te dije ¿por qué te alejas?

¿por qué no entiendes?
respondí ¿por qué te niegas?

Ahora que no preguntas nada desearía tener algo qué contestar...

¿o es que acaso entendí que nunca más debo insistir?


A ti, que ya no estás
y sin embargo te recuedo
por lo que (no) fuimos...

viernes 16 de octubre de 2009


Breve reflexión sobre el desmedro de la physis


por José Vieyra Rodríguez


Cuando al matemático y físico español Thomas Vicencio Tosca le cuestionan su postura respecto al estudio de la física como superior al de la metafísica, responde a los peripatéticos de su época: ¿acaso las escencias de las cosas se distinguen en realidad de la existencia de las mismas?

A veces, al igual que Tales de Mileto cayó en un pozo por ir contemplando las estrellas, nosotros por querer conocer las últimas cimas de la razón del ser, no advertimos lo que tenemos junto a los pies, desdeñando la veracidad de lo concomitante a nosotros mismos.

lunes 31 de agosto de 2009











De la sexualidad machista



por José Vieyra Rodríguez


El siguiente texto ha sido redactado de manera autobiográfica para fines prácticos (no vaya usted a pensar que es una historia personal), por lo que autor no asegura que haya sido una historia vivenciada por él.

Aquella noche la ligera llovizna no era suficiente para desalentarnos, a un buen amigo y a mí, de no asistir al encuentro ya planeado, encuentro con el placer visual: un table dance.

Arribamos al lugar, tras transcurrir un par de horas y cinco cervezas, dos chicas sobre la pista elevada comienzan a bailar sensualmente en ella y calientan el ánimo (y no sólo eso) cada vez más agitado de los asistentes. La celebre canción November rain de Guns n' Roses empieza a emitirse de las bocinas colocadas estretégicamente en el recinto, a la par, las sensuales bailarinas toman unas latas entre sus manos, es el llamado show de espuma que había comenzado. Agitan los botes y se rocían, se untan mutuamente espuma mientras se besan y tocan, mientras tanto el controlador del sonido y animador, insita a que algún asistente suba a la pista y entre en el show. Unos cuantos dicen querer hacerlo, sin embargo es sólo uno quién se sube entre aplausos y chiflidos de los descontentos y cobardes asistentes vouyeristas. No habrá terminado siquiera la mitad de la canción cuando el valiente se trasmuta en cobarde al negarse a quitarse los pantalones, unos segundos después se acobarda aún más y baja de la pista, los chiflidos continúan y otro hombre se atreve a subir, éste al parecer está dispuesto a todo.

Las chicas -ya desnudas de ropa pero cubiertas de espuma- le quitan todas sus prendas de vestir, él se deja manejar al antojo de las expertas en el arte visual y sexual (con una condensación acústica podríamos jugar y decir expertas en el arte vi-sexual, homófono de bisexual), el segundo chico no se intimida y queda desnudo al poco tiempo, se acuesta y toca los cuerpos voluptuosos de las chicas. El animador dentro de la cabina hace válida su posición de narrador invisible, de voz en off, portador de la palabra y el deseo popular, haciendo intervenciones acertadas tras el micrófono como por ejemplo "órale, tu sueño hecho realidad" o "no que querías dos viejas, ¡a ver que haces con ellas!".

La canción estaba a punto de terminar, pero una malísima mezcla hace que comience de nuevo, entonces el animador vitupera "pero levántate buey, no ves que queremos ver nalgas", no pasa mucho tiempo para que de nuevo intervenga "órale, párate, queremos ver nuevas nalgas" con esto es suficiente para que los asisentes entre risas, burlas y envidia comencemos a corear "¡que se pare, que se pare!", el joven arriesgado se levanta y se da la vuelta, todos reímos y aplaudimos su valentía. Se repite otra vez la canción, el show continua y los besos también, seguirá así hasta la eyaculación del sagaz chico, causada por el sexo oral de una de las bailarinas. La cuarta vez que termina la canción el animador nos ordena aplaudir y despedirnos de las chicas, el show ha terminado.

Aquella noche salimos del tuburio pasadas las dos de la mañana. Aún ahora lo recuerdo, y ¿cómo no hacerlo?, aquella noche fue por demás divertida.


Aquí termina la historia verídica redactada de forma autobiográfica. Ahora bien, hay una parte que a mí me interesa mucho de esta anécdota, y ésta es la evidente homosexualidad entre los que menos creen serlo. Todos sabemos que si hay lugares en donde se (auto)reconocen machistas es en un table dance, el lugar por autonomasia del hombre.

Popularmente se piensa que los hombres quienes van a un cabaret son machos que no pueden ver a las mujeres más allá de objetos sexuales, mercancías a la venta carentes de pensamientos que no tengan el color de un billete. Claro que a esta idea también está su directa oposición, las mujeres quienes están ahí en la mayoría de los casos les gusta esa vida, es fácil caer en la tentativa visión de que son víctimas del mundo de hombres que las han relegado a esa posición y desde donde no pueden más que aceptar su triste papel y sacar un poco de provecho: el dinero. Pero sincerándonos, hay parte de las dos, ni son víctimas ni son las mujeres felices, si tuviera que darles un calificativo yo diría que son, simplemente, teiboleras (dejando a su consideración, estimado lector, cómo se quiera tomar este último calificativo), además, no es mi intención ahondar en la psicología de ellas, al menos por ahora.

Regreso a mi interés. Lo que salta a la vista para mí incluso no es un machismo exacerbado y evidente, sino una homosexualidad por demás manifiesta. Me pregunto cómo explicar la actitud y comportamiento de todos los hombres reunidos en ese lugar, coreando y aplaudiendo a un tipo para verle las nalgas, animando la osadía de levantarse y dejarse ver por todos los asistentes que juran ser bastante machos pero piden a gritos observar un hombre desnudo, no un hombre profesional del ambiente gay o al menos stripper, sino uno común y corriente, uno que bien pueda crear la ilusión de ser ellos mismos.

Por supuesto, la escandalización de esta observación no puede llegar demasiado lejos, diversos pensandores han señalado con anterioridad que el hombre que se reafirma a cada instante es precisamente por su falta de identidad en esa posición, necesita de un otro que le confirme a cada instante su hombria, y si ésta es puesta en duda, siempre se necesitará confirmarla, no para el otro sino para sí, saberse hombre a consta de no serlo, precisamente porque no se sabe qué es ser hombre de antemano. Recordemos los viejos y vulgares chistes o comentarios:

-¿A quién le dices joto? Si no me crees hombre, ¡ponte y te doy pa' qué veas!

- Me la pelas

- ¡Nos los cojimos!

Y tantas otras frases que sirven para aludir a una posición de poder, superioridad y hombría, cuando dejan entever todas ellas el elogio a la homosexulidad más evidente.

Si nos detenemos a preguntarnos porqué de la homosexualidad en los hombres machistas, sería un error, mejor sería preguntarnos el porqué de la sexualidad sin metas definidas de todos, en general, es decir, realmente no son los machistas unos homosexuales, sino que todos los hombres lo somos, la sexualidad no sabe de sexos ni de géneros, la sexualidad es activa y masculina, pero no conoce de pasividades y famineidad.

Es la cultura la que impone los límites y pautas que guían y orientan nuestro comportamiento sexual, es únicamente la cultura la que encausa a la sexualidad, esa sexualidad pérdida por la naturaleza y tan sólo recuperada y controlada, en un pequeño margen, por la misma cultura. Porque al final del camino, sea un cuerpo de hombre o de mujer, así como un objeto que sirva de fetiche o el fantasma incumplido, la sexualidad se empuja hacia el afuera del cuerpo, negando su estatuto biológico-reproductivo, negando su condición corporal y mezclándose constantemente "entre lo psíquico y lo somático". Quizá sea más pertinente señalar que no niega, puesto que ni siquiera lo tiene.

Entonces comprendemos, porqué para el ojo y la percepción psíquica, no hay nalgas de hombres y de mujeres, sino cuerpos, quizá tampoco cuerpos sino objetos, objetos externos que me diferencian y que nada tienen de sexual mas que el libre intercambio de eso que nos hace sujetos.

Entendiendo lo anterior, no nos sorprende encontrar homosexualidad en un establecimiento de supuestos hombres en búsqueda de mujeres, pues la sexualidad no sabe de cuerpos, o diciéndolo en términos técnicos; la pulsión es siempre parcial, por lo que su meta es variante.

Y aun cuando cuando de lo que se trata es del sexo, es de lo último que se quiere saber, la cultura si impone algo -incluso en su normalización de este tipo de lugares- es el hecho de no querer saber nada del sexo, recluirlo y darle cause en supuestos lugares que controlan, cuando aun ahí es clara su constante fluctuación e imposible restricción a metas definidas, la imposibilidad del hombre de pulsiones totales.

lunes 17 de agosto de 2009


E
l psicoanálisis es una práctica de la habladuría con consecuencias en lo real.


José Vieyra Rodríguez


jueves 6 de agosto de 2009


Los regalos en las bodas son generosos; en los divorcios, deberían serlo más.


Ricardo Rodríguez


miércoles 29 de julio de 2009

La acrópolis del inframundo

Las eras cosmogónicas están sujetas a leyes supranaturales, mas no casuales, pues al igual que el filósofo griego intuyó que una serie infinita de causas no puede existir; un tiempo eterno y fortuito en el que se llevan a cabo dichas causas es igualmente inconcebible.

Así, bajo la luz del cuarto sol y el amparo del cielo nocturno, apareció en el año ochocientos de la era cristiana, el reinado del señor del inframundo, quien veneraba respectivamente a dos deidades superiores a él mismo; la muerte y el invierno.

El señor del inframundo sacrificó durante su reinado a un súbdito cada amanecer. El sacrificio consistía en la decapitación de dicho ser, del cual, inmediatamente después de desprenderse su cabeza al resto del cuerpo, brotaban plumas de su cuello, en señal de esperanza y reconciliación entre el inframundo y las deidades.

De la acrópolis, se piensa que se construyó con el cuerpo descarnado de Ixbalanque, gemelo precioso que cayó en la oscuridad y se deslizó hasta el inframundo, en donde se recibió entre las danzas de la calavera y los cánticos guturales, al tiempo que el espejo humeante se desprendía de su cuerpo, del cual emanaban rizos de humo de sus extremidades.

Tras la caída, en el cielo quedó intacto el otro gemelo, aquél de horrible aspecto y fútil corazón, que hubo empujado a Ixbalanque al inframundo para gobernar sólo en el reino de la luz, ostentando pavorosamente su decorado de pescado del cual nunca se desprendió, hasta el día que encontró la muerte en manos, si aun puede llamárseles así a las abominables extremidades que pendían de los brazos de la deidad celeste, de nombre inconmensurable o tal vez infinito.

El reinado del inframundo, no obstante, pereció en poco tiempo, la pelea se vaticinó años antes, pero nunca con el desenlace obtenido. La muerte del señor con aspecto de enorme roedor, convocó confusión entre los habitantes de la acrópolis, que a la llegada del ejército occidente, no desistió hasta la caída total, cerca del año ochocientos setenta y cinco de nuestra era.

Se cree que dicha historia está más cerca de una mitología que de la verdad consabida en la época en que transcurrimos, empero, el nuevo señor del inframundo, espera ansioso su ascensión, que aunque a los ojos mortales parece lejano o acaso imposible, las deidades prometieron su reintegración en el undécimo sol, socavando y evidenciando lo baladí que puede parecer un mundo de raciocinio.

J.V.R.

domingo 26 de julio de 2009

Del amor a los libros


por José Vieyra Rodríguez


El mejor compañero ante la adversidad es un libro
Dicho popular

En la mente mantengo al comenzar este escrito, al menos un par de cuentos y novelas contemporáneas que giran alrededor del culto a los libros; La biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges, Fin del mundo del fin de Julio Cortázar, son los cuentos; las novelas son El club Dumas de Arturo Pérez-Reverte y El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Aunque la disparidad entre los argumentos de estos escritos distan de ser comparables, encontramos un elemento en común: el libro como significante elemental sobre el cual se estructuran las historias.

El mismo Borges escribió un ensayo con el nombre Del culto a los libros (1951), en el que expone una tesis cultural acerca de la veneración a los libros en la época actual, la cual, subraya, es una época de la palabra escrita, se ha socavado en su totalidad la palabra oral que antaño era suficiente para transmitir y enseñar.

Comúnmente, a los coleccionistas de libros se les llama bibliófilos. Etimológicamente se podría decir que son quienes aman a los libros, o mejor aún, los amantes de los libros. Me da a pensar el porqué cuando se refiere con la misma desinencia a los pedófilos (amantes de los niños) o los zoofílicos (amantes de los animales) contienen éstos un estatuto de condena moral, una ética psiquiátrica se impone ante tal terminología. Quizá aquí la psiquiatría parte de la referencia al hecho de que el objeto sexual son los niños o animales para llegar al fin de la relación: el orgasmo. Sin embargo, me pregunto si acaso nadie ha tomado un libro del Marqués de Sade para leerlo a la par de la masturbación, por poner un ejemplo clásico de la literatura erótica.

Las conjeturas e ideas anteriores, se desprendieron a partir de un hecho que viví el día de hoy; adquirí, en un establecimiento de libros usados, la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, es la versión original en latín, contiene 800 páginas y data del año 1889.

Una alegría me invadió durante gran parte del día, es una satisfacción, la cual se limita a saber y tener la certeza de la importancia que mantiene este libro para cualquier conocedor y versado en los temas de filosofía o teología. Lo anterior no reduce el carácter inservible de dicho libro, pues probablemente no lo leeré completo en mi vida, se reducirá a estar en mi biblioteca y quizá consultarlo en alguna ocasión, acaso practicar la traducción del latín al español con él. Aun así, es una de mis mejores adquisiciones.

Por supuesto, en algún otro momento he intervenido a favor de lo inservible, y recuerdo a Julio Cortázar escribir que hay que “luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines prácticos” (Pérdida y recuperación de pelo, 1962), pero esto no evita el autocuestionamiento del porqué un libro puede ser más venerado y preciado que un celular o una camisa de marca de moda, a lo único que puedo responder, que es acaso una forma de vincularse y abrirse camino hacia las redes sociales, pues al final la valoración de mi libro me incluye dentro de una red social (por reducida que ésta sea) la cual me soporta como sujeto, creando una identidad y a la vez individualidad, así sea por posesiones, aspecto que quizá dejó de lado Borges al pensar en el libro, pero no al tener su biblioteca y enorgullecerse de sus lecturas.

viernes 24 de julio de 2009


Mi puto pregunta.

¿Te acuerdas cuándo Alex Lora tocó para nosotros el blues de la llanta? ¿Te acuerdas cómo bailamos, yo sin camisa y tu brincando como loco? ¿Te acuerdas cuando, también al son del Tri, brincábamos en la explanada de los héroes? ¿Te acuerdas que después de ver al Tri, Luz la tetona llamaba al Valdo para saber dónde andaba aunque aún no eran novios? ¿Y que llegamos a la fiesta de Daniel, y hasta donde alcanzo a recordar agarramos una peda regular? ¿Te acuerdas la emoción que sentimos cuando pusieron el bar CHELSEA a unas cuadras de nuestra casa? ¿O cuando caminábamos con el Danielo y el Valdo hasta los tacos del hospital? ¿Te acuerdas del choque del taxi al finalizar el concierto del G3?

Dejo aflorar hoy al puto que tengo adentro, por más que esto se preste al albur, suelto una o dos lágrimas, por más que se siga prestando al albur, y te digo que yo también me acuerdo.

Ricardo (El puto) Rodríguez

Una vez, después de años volví a verla, me dijo que me amaba, le dije que yo también la amaba, pero ahora en su nuevo cuerpo, y me casé.

Ricardo Rodríguez

jueves 16 de julio de 2009

Afectos infrecuentes


Tempranito, de mañana
con la luz multiplicada
en los reflejos infinitos
de esa mar,
voz de campana
donde el faro vigilante
pongo el sur rumbo a levante
voy en busca de esos puertos

donde no aviste recuerdos.
Fernando Delgadillo


Tengo trescientas cuarenta y cinco fotos suyas, en tres nos besamos en al boca, hay dos en que aparece desnuda de cuerpo y una decena en la que aparece de alma.

Hay una pared en mi alcoba que tiene rayado su nombre y dos palabras huecas desgastadas por las miradas indiscretas de quienes me visitan.

Existe doblado en mi librero un esbozo de un aprendiz de artista que la dibujó desnuda cuando ella se ganaba la vida de modelo.

También poseo unas cartas y postales que me envió de sus viajes, ésos a los que yo no fui aunque nunca supimos porqué.

Guardados están unos escritos íntimos de aquellos que se escriben los enamorados, tengo unos cuantos aunque no recuerdo su lugar exacto.

Las canciones dedicadas se han desplazado a otras miradas, los besos a otros rostros y las noches a otros brazos.

Los libros y mis escritos ahora los comento con alguien más debido a que los sueños mutaron irreconocibles para ambos.

El teatro me aparece sencillo y sin pasión, no está ella en el escenario como la conocí cuando era ajena.

Hoy se casa y me parece tan insípido el saberlo, que daría algo más, quizá un par de pesos por desearle algo al menos.

Por una afecto que tuviéramos cabalgando al lado nuestro, quisiera tenerlo, sin embargo, ex nihilo nihil fit.


J.V. R.

lunes 29 de junio de 2009

Cambio involuntario

C
orriste.


Pensaste que la longitud espacial te liberaría.

Fracasaste.

Y cuando te descubriste desde la lejanía en el mismo lugar, entendiste que eras tú quién veía alejarse al remedo de cuerpo que vociferaba yo en cada enunciación personal.

¿Acaso la culpa es física, porque no has podido seguirte el paso?



J.V.R.

jueves 25 de junio de 2009

Pónganme un teclado.
Ricardo Rodríguez

Saber qué decir. Siempre ha sido una de mis habilidades innatas, vamos, que todos tenemos una. No quedarme callado, contestar siempre al final: un insulto ácido al protagonista de un concierto, una mentada de madre al árbitro en el medio tiempo (o antes del partido, según la necesidad), un “me gustas”, una estrofa de una canción cambiada al vuelo para que dijera lo que yo quería. Aunque a veces las palabras no alcanzaban para describir una emoción, hacía lo mejor que podía. Eso fue toda mi vida, eso fue completa mi vida, hasta ayer…

Era posiblemente la media mañana, sentado frente a mi computadora, trabajando, leyendo, pensando y trabajando un tanto de nuevo. Lo que leía tenía que ver directamente con mi trabajo, mi meta de la mañana era un pedacito de código que me andaba faltando (no voy a entrar en detalles sin importancia). De pronto, como si un peso hubiera caído en mi cabeza, las palabras se volvieron duras, durísimas, cómo si estuviera viendo textos en idiomas ancestrales. Jamás, jamás, en toda la vida de mi madre, me había costado tanto leer una palabra, jamás, desde que aprendí las vocales, una sola palabra me había dado tantas vueltas en la cabeza: La imaginaba, le buscaba sentido, reacomodaba sus letras, la reordenaba con otras palabras en mi cabeza, cuando ocurrió la verdadera tragedia. No tenía ninguna palabra en mi cabeza. Habían volado, a un dominio que escapaba de mi realidad, a un sitio a donde las podía ver, pero no las podía usar. Como tener un billete de quinientos morlacos y no poder gastarlos en lo que más te hiciera falta en ese momento. A mi la palabra que me hubiera gustado gastar en ese momento era “Auxilio”.

La noche mental me había llegado de un momento a otro y sin previo aviso se había llevado todas mis palabras, la muy puta solamente me dejó sílabas que se le cayeron mientras huía con todas mis palabras, un frío de perros me abrazó, y yo pienso que me abracé también a él, como si fuera lo único que me quedaba. Durante unos minutos así fue, estaba rodeado de gente que me hablaba, a quien yo entendía, pero a quienes no encontraba una manera, aunque fuera cavernícola de decirles algo, de pronto pensé en la música:



Yo -¿Y si ya nunca puedo tocar o cantar nada?

Alguien -¿Estás bien?

Yo -Puta madre, ni una pinche operita, ni un disquito, y para peor no he acabado el trabajo…

Alguien -Te vamos a tomar la presión

Otro -Llamen a una ambulancia

Alguien -¿Desayunaste?

Yo -Ip, a u qur ina (dándome cuenta que no estaba diciendo nada)

Alguien -¿Desayunaste?

Yo -Sí (esfuerzo sobrehumano, pensando en cómo Facundo Cabral grabó tanto pinche disco)



Momentos antes del desafortunado episodio anterior, me había puesto de pié y caminado aproximadamente 15 pasos hasta donde estaba mi jefe, seguro de mi mismo dije:

Poncho: (haciendo un gesto de dificultad, mucha gesticulación con las manos) eeel, lo que… me pedi… los fra..

Y fue el acabose, me di cuenta que se me andaban cociendo los changos de la azotea, que me se cayó un tornillo, que me faltaba cocimiento… Poncho reaccionó inmediatamente y se dio cuenta que yo andaba cambiándome de barrio. Yo pensaba en muchas cosas triviales, “Tal vez si me pongan un teclado en frente me pueda comunicar…,¿Y si quedo mongol?, Alejandra ya no se querría casar conmigo… ¡PENDEJO! Ya te casaste, ¿ora cómo va a hacer la pobrecilla para sobrevivir contigo en estado vegetal?, bonito bulto se vino a conseguir… ¡Ya sé! ¿Y si me ponen un teclado en frente para comunicarme?"

En la siguiente escena yo me estaba muriendo de frío y me llevaban directo al hospital, le dije a Poncho, “Espero que ese hotel no sea muy caro”, me metieron en una cama de urgencias y vinieron dos orates vestidos de blanco a ponerse a jugar con que si les podía seguir los dedos con los ojos y que si cuantos dedos tenían. Yo seguía pensando mil cosas y de repente lloré, lloré amargamente, lloré como lloran los bebés, y entendí por que lloran los bebés: Están tristes por que no les ponen un teclado para comunicarse. Lloré acordándome de Ale, de José, y claro, de toda mi familia, pensando en que ya nunca más volverían a entender lo que yo quisiera decirles, aunque fuera una mentada.

Doctor - Si te digo lo que te pasó no me vas a creer, fue un episodio de fiebre alta, ¿Te duele alguna muela? ¡Ahh con razón! Lo más seguro es que tengas una infección marca diablo y por eso te estabas cocinando…

Yo - No mame.



Siempre estuve románticamente interesado en los momentos que te roban el habla. Siempre, en todas las historias, esos son los momentos cumbre, los momentos que todos los protagonistas esperan, y sobre todo, los espectadores anhelan para poder reproducir en sus vidas. Pero yo, yo que estuve ahí, yo que sé lo que es quedarse sin habla, no sé que decir al respecto.

Nota: Esta historia, adornos más, adornos menos, sucedió en realidad. Habrá que esperar los resultados del laboratorio para alimentar el morbo colectivo y poder contarles en qué queda el cuentito.

jueves 18 de junio de 2009


Bernardo Galindo


Esta historia me la contó un viejo hace años. He conocido muchos viejos que me han contado historias, pero éste, en particular, tenía ese aire que tienen solamente los viejos que cuentan historias verdaderas, por ello, la supongo y la sé como tal.

"Fue hace tantos años", me dijo con tácita y cansada voz, "Era un chamaco pequeño, más bien chiquito, enano, de esos gorditos que siempre ocupaban el primero o segundo lugar de la fila en la escuela. ¡Qué esperanzas! A mi me tocó escuela larga, tabamos todo el día áhi metidos, por eso yo nomás fui hasta el tercer año, había que llevar frijoles a la casa...", al decirlo, parecía viajar largos y tal vez preciosos años hasta encontrarse con el momento en el que su madre, que hacía muchos y tristes años había pasado de esta vida, martajaba los testales entre sus dos arrugadas y morenas, morenísimas manos; mientras humeaba un tanto el anafre que se ocupaba de calentar y herbir esos frijoles, el olor debería ser inconfundible, por que en el momento de la remembranza el buen viejo cerró sus ojos, echó su cabeza hacia atrás y aspiró profundamente, como si en él le fuera, o más bien, le viniera la vida entera.

"Lo vieras visto, ¡lo vieras conocido!, siempre conocer es mejor que ver, mi abuela, que en paz descanse, siempre me hablaba de La Bella Unión, y nunca la conocí, quedaba lejos, lejos de al tiro -Tenía una maquiladora donde trabajaban las hembras del pueblo, casi al centro, al ladito del palacio del munecipal, que queda en frente de la alameda, áhi mero onde queda el menumento a Zarazúa- pero nunca la conocí, por eso te digo mijo, conocer siempre es mejor que ver..."

El viejo hizo otra pausa, idéntica a las pausas que se hacen cuando silva la tetera, pero este viejo no pausaba por la tetera, sino pausaba por el recuerdo que le asaltó al recordar la Bella Unión, de donde se supone que vino un día Antonia, su abuela, a intentar una vida mejor. "Pero no creas, aquí solo encontró desgracia", me dijo, completamente desencajado. Tosió con sonido de perro viejo y continuó diciendo "Te digo que lo vieras conocido por que era un chamaco muy alegre, muy regalón. Se llamaba de pila Bernardo, y por apelativo llevaba el Galindo, común de su pueblo. El canijo no tenía pa un taco, pero nunca fue pobre. Para vivir, o medio vivir, Galindo, -por que ansí le decíamos- trabajaba en la zapatería del pueblo, mira, mijo, en aquellos años, nomás había una zapatería por pueblo, no como ora, que pa donde vaigas vas a ver munchas, y muy bonitas todas, grandotas y con vidrieras rete brillosas.

A Galindo no le importaba que no hubiera frijoles, el siempre sacaba fuerzas pa corretear, jugando a la pelota, nunca te decía que no cuando lo envitabas a ir a piscar mangos de la labor de Don Hernán, o a ir a poner flores a nuestros muertitos del pantión. Siempre, siempre mijo, respete a sus muertitos, ellos nos cuidan desde allá, nos vienen a ver cada 2 de muertos, y nos hablan siempre que pueden, pa ayudarnos, no como ora, que los muertos nomás se aparecen pa asustar a los chamacos. No, mijo, antes, los muertos no eran ansí, por que los vivos no eran como son los diora. Yuro por eso no me pudo la muerte de Galindito, bueno, no me pudo haberlo matado, por que ansí fue. La verdá yo siempre pensé que había sido accidente, pero a estos años a los huesos les da por ser honestos, siempre le tuve invidia, por que siempre era feliz, aunque pobre, pobre como la tierra de la Bella Unión, nunca lo vi quejarse, él vivía con su amá, no me vas a crer, mijo, vivían en un jacalito, que de tan jacal, no tenía paderes, nomás tenía unas láminas que hacían de techo, pero hasta áhi, bueno esa es harina diotro costal, no es bueno hablar de las carencias de los muertos, nuestros muertitos, ya cuando están allá, son todos buenos, todos.

Pero te digo que yo le tenía una invidia, y esas son las cosas que hay que tener en el corazón pa que valga una buena arrepentida en la iglesia del Padre Manuel, ahí no vale de nada ir a hacerse el bueno, ahí uno tiene que ir porque uno es malo, si no pa qué quiere uno a Diosito.

Yo le tenía invidia, y voy que el sabía, pero de tan bueno quera no le importó. Pero acuerdate mijo, siempre, que la confianza mata al hombre y embaraza a la mujer. Ése día, perdóname que lo miente mijo, ese diablo de día, el mismito se me metió. Lotro día el padre Manolo, que ansí le decíanos de cariño, nos platicó el cuento de Caín y Abel, y ansinita me sentí. Nos fuimos a la carretera, a recoger latas de iluminio, de esas onde venía la comida, no como ora, que todo viene en latas de cartón, el cartón es malo mijo, y agradece que te lo diga: Si quieres vivir munchos años, no comas nada que siaga de cartón, el cartón sale de los árboles, y los árboles salen de nuestros muertitos, y a nuestros muertitos no hay que comérselos. Pa no hacerte el cuento largo, lo aventé al paso de un regimiento de federales que iba detrás de unos pelones que se habían emboscado en el cerro de la Pitaya. Como iban en su asunto, ni voltiaron a ver como dejaron a Galindito. Te lo digo mijo, nomás pa que sepas lo que es bueno y lo que es malo. Yo no podía vivir sin Galindito, y sigo sin poder vivir sin él. Cuando lo maté sentí cómo se me rompía todo aquí adentro, como se me iba el cuerpo, por que yo era la misma ánima de Galindo, yo soy la misma ánima que se le salió del cuerpo ese domingo... El pueblo me lloró muncho, reteharto, por que te digo que era un chama..."

De repente el viejo desapareció, el ruido de una mujer que pasaba lo había asustado. Me dijo después una señora que era lo que nosotros llamaríamos "la bruja del pueblo" que a mi se me había mostrado por dos motivos: Uno era por ser aquél día 2 de muertos y el otro por ser yo Antonio Galindo, por querer que le dijera a mi abuela Bernarda Loza viuda de Galindo, que lo perdonara por haberla dejado sola. No tuve tiempo de decirle que la Abuela Bernarda del dolor que le causó la muerte de Bernardito, se dio a la ardua tarea de procrear 8 hijos más, no tuve tiempo de decirle que si el no se hubiera matado, Bernarda hubiera muerto sola.


Ricardo Rodríguez

domingo 7 de junio de 2009

La maldición de la autoestima;
si es baja, malo, si es alta… ¡también!


José Vieyra Rodríguez


“Tener que estar refiriéndose permanentemente a uno mismo
es una degradación de la existencia.
La existencia no se tiene que autoestimar,
tiene que juzgarse a través de si ha podido o no hacerse con su proyecto.
Y tiene que pagar un precio por ese proyecto,
tiene que ser capaz de sufrir, de saber perder”
Jorge Alemán

Ante la pregunta de la etiología y tratamiento de los múltiples problemas individuales, que a su vez son sociales, gran parte de la psicología ha adoptado una posición cómoda y resolutiva: la autoestima. Basta encender el televisor y observar las respuestas de los psicólogos cuando se les cuestiona sobre algún tema, es común escuchar las siguientes opiniones:

El origen de la agresión en parejas (etiquetada comúnmente como “violencia familiar”), es porque el marido pega por una falta de autoestima y seguridad en sí mismo que se ve claramente al tener que ejercer su poder golpeando a su mujer, a su vez, la mujer se deja golpear porque también tiene una falta de autoestima y no se quiere lo suficiente, no se valora y cree merecer la golpiza; si un niño es agresivo en la escuela (llamado por la psicología con el anglicismo bullying) es porque seguramente tiene problemas de autoestima y tiene que confirmarse insultando o pegando a los demás, también quien es el agredido, no tiene seguridad en sí mismo y se deja pegar porque básicamente tiene una baja autoestima; los trastornos de alimentación (anorexia, bulimia) son una clara muestra de una bajísima autoestima en quien los padece, pues no se acepta como es y quiere ser diferente, bastaría con que tuviera una autoestima alta para querer a la imagen (aun fea) que le devuelve el espejo; las adicciones, desde el alcoholismo hasta la farmacodependencia, son problemas relacionados con una baja autoestima, no se quiere el adicto y por eso se autodestruye; las depresiones son también problemas de autoestima, no se puede querer la propia persona por lo que es y por eso entra en depresión, no importa cual sea el motivo de la depresión si tan sólo pudiera darse cuenta el “enfermo” de lo valioso que es, el problema es que tiene una baja autoestima. La lista anterior puede incrementarse casi desmesuradamente y la respuesta variará muy poco. Cabe señalar que una autoestima baja puede deberse y arrastrarse desde un trauma infantil.

Una vez identificada la etiología de los “problemas psicológicos”, es necesario acudir a terapia para que el psicólogo los arrope y comience a demostrarles a los pacientes las magníficas personas que son. Así, se orientará la terapia a eliminar los pensamientos incongruentes, la lógica errónea del paciente y cualquier idea que no sea positiva, la finalidad es que el paciente obtenga una autoestima buena (pues la baja es mala, no importa en base a qué se hace este juicio de valor) y así sea una persona feliz.

Por supuesto, no se debe sobrepasar los límites de una autoestima buena, es decir, no tener una autoestima alta o al menos demasiado. No debe tenerse una gigantesca autoestima porque entonces podrían darse problemas, por ejemplo, para empatizar con los demás, por lo que no se debe querer uno demasiado y menospreciar a los iguales, pues esto es también un signo de una desnivelación de la autoestima adecuada.

La autoestima buena (alta, ¡pero no mucho, eh!) se manifiesta cuando la persona se quiere a sí misma, además de tener la posibilidad y habilidad de querer también a los demás.

¿Cómo se pasa del sentimiento y valoración propia al de los demás con un mismo concepto? No importa, la autoestima lo abarca todo, aun cuando tenga el prefijo auto- que significa “de o por sí mismo”, y que por lo tanto autoestima signifique “estima propia”. ¿Cómo saber si la autoestima es poca o es demasiada, y por lo tanto también está mal? Pues no puede saberse a ciencia cierta, se podrá conocer la autoestima tan sólo por las manifestaciones conductuales (pues al final son las únicas posibles de objetivar). ¿Entonces no se tiene la menor idea real de un nivel de autoestima, pues no se tiene un autoestimómetro? Claro que no, se supone que hay autoestima baja si la persona tiene un problema, y es adecuada cuando es feliz y socialmente funcional.

Los absurdos anteriores quizá tengan algunos huecos por la propia sátira que contienen, pero la realidad no dista demasiado de aquí. Esta clase de explicaciones se han aceptado socialmente, y más si provienen de la boca de un especialista de la “salud mental” como lo es el psicólogo.

Evidentemente no toda la psicología habla de autoestima para explicar todos los casos anteriores. La psicología dinámica o profunda, que tiene su base en el psicoanálisis, intenta dar explicaciones diferentes. Incluso el mismo psicoanálisis aborda las mismas problemáticas desde otros puntos de vista, pero dicho sea de paso, es también muy común escuchar a estos psicólogos o psicoanalistas diciendo que no tienen una respuesta directa del origen del problema o la solución, pues “habría que revisar al caso en particular para dar una respuesta”, por lo que en términos prácticos resulta igual de ineficiente que la primera.

No obstante, el psicoanálisis, aun con su particularización excesiva, puede dar respuestas más certeras y menos cómodas. No significa que las respuestas fáciles, comunes y placenteras sean siempre erróneas, pero es altamente cuestionable que para múltiples problemas y casos la solución siempre sea la misma, es decir, una inmensa cantidad de preguntas y una sola respuesta.

El objetivo de este escrito no es exponer los abordajes, las respuestas y soluciones que propone el psicoanálisis para todos los problemas antedichos, sin embargo, cabe señalar que el psicoanálisis puede responder desde su teoría con una aproximación general y después entender el caso en particular, es decir, es posible de revelar al menos algunos aspectos a considerar ante los casos antes de ser resueltos de manera abrumadora y aplastante por la palabra autoestima, que ha venido a ser el problema y solución en la psicología.

sábado 30 de mayo de 2009


Fue niño y voy en jeep


por José Vieyra Rodríguez


Siguiendo nuestra propuesta, que inició hace poco más de un año, de analizar algunos anuncios comerciales emitidos en televisión para intentar encontrar la forma en que funcionan, además de tomarlos como medios de enseñanza de la cultura. Ahora presentamos un anuncio clásico dentro de la gran campaña publicitaria a la que ya habíamos tenido oportunidad de referirnos en el artículo Tecate ¿por mí?

Nos vuelve la idea de revisar esta publicidad, al encontrarnos hace poco con un letrero hecho en el vidrio de un jeep, el cual reza al igual que nuestro artículo “Fue niño y voy en jeep”. El jeep al cual nos referimos, es importante mencionar que se encuentra en condiciones desfavorables como para pensar ostentar de manera muy presuntuosa el hecho de poseerlo, sin embargo, el dueño del vehículo no se avergüenza en lo absoluto de su posesión, por el contrario ahora se encuentra doblemente orgulloso al haber tenido un hijo varón.

Este pequeño letrero leído en el vidrio trasero de ese viejo y descuidado jeep, nos remitió inmediatamente al conocido anuncio de la cerveza Tecate, aquí lo presentamos.



Procedamos con cautela en el análisis de este comercial, así como en el del letrero encontrado en el viejo jeep.

Consideremos para comenzar que las interpretaciones más directas y evidentes, si bien no siempre están equivocadas, tampoco son del todo completas. Por ejemplo, es sencillo ver en el video el pensamiento machista operando, fácilmente caemos en cuenta que se quiere un bebé por ser hombre, designando esta palabra exclusivamente para el sexo anatómico masculino, y vemos como otorga el nacimiento del varón una mayor dicha para el padre, por lo que, feministas aparte, todos estaríamos de acuerdo con que es una clara muestra del pensamiento machista, esa vieja herencia que parece imposible rechazar. En el letrero a que hicimos referencia desde el título mismo de este artículo, podemos encontrar el mismo pensamiento; el padre está orgulloso de su paternidad, especialmente por el hecho de que su cría sea varón, además remarca la visión machista al conjuntar su alegría de ser padre de un niño, con el hecho de viajar en un auto considerado un vehículo para intrépidos hombres aventureros, etc.

Hasta aquí este ejercicio intelectual no da más que respuestas dadas de antemano, críticas reiteradas hasta el hartazgo que se tornan fofas ante la sociedad. Por lo que intentemos tomar sólo como inicio estas visiones y vayamos más al fondo del asunto.

En primer momento consideremos que el “ser hombre” no está dado por la anatomía, es decir, no se nace hombre, sino que se llega a estar en esa posición en tanto se entre en relación con los demás y se llegue a aceptar, psíquicamente hablando, las funciones del varón en la sociedad. Esto no está fuera del comercial, analicemos para comenzar los escenarios para entender esto; en primer lugar aparece un hombre abriendo una ventana gritando “¡es hombre!”; el edificio del cual aparece es totalmente irreconocible, bien pueden ser departamentos o incluso las ventanas de un viejo edificio de oficinas, o ¿porqué no?, un hospital (es el momento del nacimiento, se llega a un mundo básicamente irreconocible). El grito no va dirigido a alguien en especial, incluso parece en un segundo escenario no tener nadie quien lo reciba puesto que únicamente puede observarse una hoja de periódico volando en una calle vacía. Pero con forme pasan las escenas se comienza a observar una mayor claridad de escenarios en que las funciones de hombres son predominantes, desde una oficina, un baño, y después se intensificará la visión de las funciones cuando aparece alguien gritando desde lo alto de una construcción, continúa en un billar y terminará en un bar repleto de hombres, todos celebrando y con un voz en off que nos dice “por lo que se emocionan con la llegada de un nuevo amigo”. A lo largo del comercial lo único que podemos observar es que ser hombre lo determinan las funciones que se desempeñan en la sociedad, por lo que el hecho de haber nacido varón es motivo, pero no es suficiente para ser condición.

El letrero del jeep contiene los mismos elementos: el que haya sido niño y el padre viaje en un auto por él considerado como digno de enorgullecerse, nos muestra que claramente no es tener un niño y un jeep lo que lo hace estar contento, sino la forma en que se posicionó ante este hecho. Recordemos que el jeep es un viejo modelo y en malas condiciones, es decir, verdaderamente no parece tener motivos para estar orgulloso de su automóvil, pero él valora su posesión por la función que cree desempeñar con él. Esta última frase la podemos inmediatamente transpolar a la valoración que se da al hecho de poseer un pene como sexo anatómico, no es que el pene por sí mismo tenga un valor, sino lo importante radica en la posición que me da (que adopto en función de los demás).

La idea expuesta en el párrafo anterior es la misma que desarrolla el psicoanálisis desde sus inicios, al hablar Freud de “envidia del pene” o “angustia de castración” en la cría humana, lo que está en juego en el psiquismo de ambos, no es el pene en sí mismo, sino la función que se le ha asignado a dicho órgano, por lo mismo Lacan para intentar aclarar esto, designa al falo como aquello a que se aspira tener, puesto que el mismo falo es el que me significará para los demás, recordemos junto con el psicoanalista Roland Chemama que el falo es el “símbolo de la libido para los dos sexos; significante que designa el conjunto de los efectos del significante sobre el sujeto y, en particular, la pérdida ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje”. Importante entender estas ideas, el falo es para ambos sexos y la pérdida está ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje, pues cuando se llega al mundo, el infante no tiene sexualidad, pero al introducirse el lenguaje, éste se la designará, pero a la vez se crea una brecha entre biología y psiquismo. Esto nos otorga varios elementos dignos de pensar, comenzando por echar abajo una supuesta esencia de hombre y mujer, aquí lo importante será en qué lugar se inscribe el sujeto (en falta).

Retomando nuestro interés, consideramos que tanto el comercial como el anuncio del jeep, lo que nos muestran claramente es la necesidad del hombre de posicionarse y darse un referente en torno a los demás, a partir de poseer un elemento, el cuál precisamente da una supuesta posición. El hombre lo que busca es colmar la falta constitutiva a través del fantasma, es decir, “la relación que mantiene el sujeto dividido con el objeto causa del deseo”.

Terminemos por mencionar además, que lejos de parecer un elogio al machismo más puro, encontramos una clara inclinación hacia el amor homosexual, los hombres no se emocionan por la llegada de otra mujer, sino por la de un nuevo amigo, que como ya nos enseñó Freud, la amistad entre hombres es pulsión sexual de meta inhibida, pero al final del camino, sexual.

Concluyendo aquí, pensemos que tanto el anuncio como el dueño del jeep, lo que nos evidencian no es el machismo del hombre, sino la propia condición del hombre, que si dejáramos fuera, volvería en otro lugar. Entendamos pues, que para los publicistas de la cerveza, el hombre podrá advenir como tal al desempeñar ciertas funciones sociales, pero reservémonos el pronóstico de negatividad en ello, además de tomar en cuenta que el elogio a ser hombre anatómicamente hablando, no es pos sí mismo reprobable, tendríamos que detenernos a conocer la particularidad del caso, además del propio lugar que ocupará este hecho biológico en el psiquismo del infante.

viernes 22 de mayo de 2009

El nuevo Onán


"Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya,
sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano,
vertía en tierra,
por no dar descendencia a su hermano.
Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía,
y a él también le quitó la vida"
Génesis 38; 9-10



Cuando me enteré que dejaste a María porque encontraste tu verdadera vocación, ser sacerdote, no pude más que maldecirte. ¡Cuántas veces he soñado con romper mi celibato con aquella mujer, y ahora tú te marchas de su lado dejándola destrozada!

Las cosas cambian para ella y para ti, pero para mí no.

Onán al menos tenía una mujer, aun cuando fuera heredada.

J.V.R.

martes 19 de mayo de 2009

"El Coloquio del Niño que quería cinco peso"


En una óptica del heroico puerto de Veracrú,
un niño mendigo entra, y con la dependienta
del establecimiento entabla este coloquio:

Niño.- Oiga, ¿Me da cinco peso?
Dependienta.- !A su¡ ¿Y pa que pides cinco peso? Mejor pide uno...
Niño.-Bueno, ¿Me da un peso?
Dependienta.- ¡NO!

Ricardo Rodríguez

domingo 17 de mayo de 2009

In memoriam Mario Benedetti


¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio?
¿vanguardia del olvido?
¿qué será del amor y el sol de las once
y el crepúsculo triste sin causa valedera?
¿o acaso estas preguntas son las mismas
cada vez que alguien llega a los sesenta?
Mario Benedetti


por José Vieyra Rodríguez

Escritor uruguayo, de ascendencia italiana, nació en Paso de los toros en 1920. Hoy, 88 años después, falleció en su casa de Montevideo trás una serie de hospitalizaciones en los últimos meses (ver nota).

Benedetti fue un escritor cuantioso, nos ha dejado un enorme legado de letras, reunidos en diversos libros de poesía, cuento, novela, teatro y ensayo.

Aun cuando no es miércoles, Benedetti ha dejado un testamento, de esos que sí son colofón de vida, y es a bien por parte de nosotros aceptar sin desacato sus mandatos que no fueron redactados en unas cuantas hojas y con el sello de una notaría, sino que están en miles de páginas de libros esparcidos en todo el mundo en más de 20 idiomas. Su testamento lo encontramos redactado en versos pero también en prosa, incluso en obras de teatro. Su herencia es inestimable por su peculiaridad, nunca acabará ni perderá valor, los herederos somos todos quienes voluntariamente queramos acercarnos a sus libros y asumir lo que nos propone; luchar por construir un lugar sin dictaduras, tener el valor de morir por un credo, que traición no exista en nuestro vocabulario, que la denuncia sea parte de nosotros cada vez que nos encontremos ante su necesaria invocación, pero también que el amor guíe nuestro andar, que luchemos por la alegría, defendiéndola de quienes osan hacerle daño.

El escritor uruguayo fue incansable, escribió hasta la muerte y hasta a la muerte. Fallece cuando estaba por publicar un nuevo libro de poesía (“Biografía para encontrarme"), en él seguramente encontraríamos su característico estilo, sencillo pero nunca simple, citadino pero no vulgar, directo pero nunca pernicioso, humilde y sincero pero no falto del rigor de un genio esencial.

El pasatiempo de Mario Benedetti en esta vida fue escribir, con ello levantó barricadas, puso nieblas como telones para distraer a la muerte, pero aun así, sin ser invierno, murió y con él otro digno representante de las letras iberoamericanas.

Descanse en paz Mario Orlando Hamlet Ardí Brenno Benedetti.

miércoles 13 de mayo de 2009

"Yo te ví, yo te ví, yo te ví robando"


Fidel Herrera : Yo te vi, yo te vi robando... from Politica en Video on Vimeo.


ACTUALIZACIÓN: Al parecer, las presiones del IFE sobre Youtube surgieron efecto, mi teoría conspiranoide es que como no pudieron obligar a Youtube a eliminar el video, presionaron a la discográfica dueña de la imagen del video, sin embargo, la web en sus nuevas virtudes nos trae de regreso el video en cuestión.

En los últimos días ha surgido en internet una guerra de campañas políticas sin precedentes en México que en lo particular a los internautas nos dejan un buen sabor de boca, ya que estamos ante una nueva manera de hacer las cosas y, sobre todo, de compartirlas.

Actualmente, se han eliminado las barreras de espacio (incluso, si se me permite decir, hasta de tiempo) gracias a la horizontalidad de internet (punto sobre el cual no pienso ni me gustaría entrar a discusión), situación que no comprenden las viejas y empolvadas asociaciones de antaño que, ante semejante conducta que pareciera tener la red (una especie de ente viviente), palidecen, se derrumban y se quiebran en horrorosos y ridículos pedazos de demagogia e ignorancia.

Internet no solo llego para quedarse, llegó para cambiar las maneras en las que muchos negocios se llevan a cabo, desde los clásicos negocios como las tiendas hasta los oficios más antiguos del mundo, la putería y la política (que me perdonen todos aquellos aficionados a la vida galante por compararlos con la aberrante política).

Hoy durante la mañana pude ver en el noticiero de Carlos Loret (el de Televisa, ¡Lanzaos a mi yugular, huestes anti-televisistas, cortádme las venas, sacádme el líquido vital!, pero aquí donde vivo es el único noticiero mexicano que se puede ver) la ridícula protesta de tarado pulgoso llamado Noé Geovanni Pérez, por la publicación de un video en el que se acusa (o se revela) la condición ratona y corriente del siempre cuestionado Fidel Herrera (perdón si me excedo en mi obvia imparcialidad).

En este artículo , se definen algunas de las razones por las cuales se solicita a YouTube la remoción del video (que al parecer y por lo que leí y entiendo de los términos de uso no existe ninguna razón, cuando menos legal, para que la administración del sitio retire el vide en cuestión.

No sólo es cuestión de decir verdades, de decir mentiras, no es una cuestión de libertad de expresión; es, más bien, una cuestión de ENTENDER (actividad cerebral que para los políticos mexicanos está negada por órden divino) cómo funcionan, se crean, se mueven y sobreviven los nuevos mecanismos de propagación actuales.

Más allá de estar de acuerdo o no con el contenido del suso-visto video, debemos entender que los nuevos medios y métodos son casi, casi, casi in-escondibles (adelante, talibanes del idioma). Hoy día es estúpido pensar que se puede controlar un contenido una vez que ya se encuentre en la red de redes (la rede, diría mi actualmente subterranea abuela).

Que triste ver que en el país de las barras y las estrellas la red jugó un papel DETERMINANTE en la elección del primer hombre de color como presidente de la nación más poderosa del mundo, o cuando menos la nación con la mayor cantidad de Mc Donalds... "Pero más sin en cambio" (gracias, abuelita), en nuestra amada república de las tranzas y el smog, los políticos en lugar de aprovechar las nuevas oportunidades, tiran por el gran retrete cósmico las tácticas y estrategias que podrían llevarlos a dimensiones desconocidas.

Para acabarla de amolar, sale el desvergonzado de Miguel de la Madrid Hurtado diciendo que Salinas ha hurtado la mitad de la partida secreta, ¡por el amor del MEV, aquí ya no hay respetillo!. Diga lo que quiera don Miguel, pero entienda que no puede luego echarse para atrás como si nada alegando que "no se encuentra en un estado de salud que le permita procesar adecuadamente dialogos o cuestionamientos" queriendole achacar el milagrito a otro santo. Permítaseme decir al margen, que a pesar de que pienso que usted nunca se encontró en tal estado (No se me enoje don señor, es cosa de naturaleza, no le es dado a los políticos cavernarios como usted tener ciertas capacidades), lo dicho, dicho está. O puesto en otras y más actuales palabras, "Lo subido, subido está".

Como colofón, me gustaría decir dos cosas:

1.-Sólo puedo pensar en que va a suceder esto
2.-La opinión aquí vertida es responsabilidad única de su autor. (y de todo aquel que quiera adherirse a ella)




Ricardo Rodríguez

domingo 10 de mayo de 2009

¡Adiós, filosofía de pupitre!


por José Vieyra Rodríguez


La reforma educativa para el nivel medio superior, llevada a cabo el año pasado, contiene algunos puntos importantes dignos de mención, quizá el más para quien esto escribe es la eliminación de la asignatura de Filosofía en los planes de estudio del bachillerato.

Múltiples voces se han dejado escuchar en contra de esta nueva reforma por parte de la SEP en que excluye a la Filosofía a favor de “competencias y habilidades” actuales. Quizá la más importante presión para la incorporación nuevamente de esta asignatura la lleva a cabo el Observatorio Filosófico.

En este espacio no es mi intención argumentar la necesidad del mantenimiento de la Filosofía como asignatura, mucho menos hacer un examen de los lineamientos que guían a la educación en nuestro país para llegar a esto, tampoco pretendo tomar partido inmediatamente y decir que el sistema busca la eliminación del libre pensamiento y el impulso a la reflexión, lo anterior me parece que sonaría a clisé de estudiante de filosofía indignado ante el acontecimiento social.

Lo que aquí pretendo expresar es mi sorpresa de ver cómo los mismos filósofos y estudiantes de filosofía se plantan en una postura de inocentes mártires que son inmolados por parte de la oficialidad. Niegan su colaboración para que esto suceda, es decir, me pregunto porqué no tomar esta nueva reforma como síntoma, como retorno de lo reprimido que se nos devuelve para mostrarnos algo de nuestra propia actitud. Saltar y decir que no es culpa de nosotros y la filosofía actual, que es sólo una muestra de cómo los intereses políticos y económicos del tecnomercado no incluyen a la filosofía, me parece triste. Decir que nada tiene que ver la propia filosofía con que se le excluya, me parece chato, burdo, simplemente una forma de negar nuestra responsabilidad ante los hechos.

Más aún, sería interesante darnos cuenta que la filosofía no es excluida por lo peligrosa que resulta o las críticas que genera, seamos sinceros, esta no es una forma de censura, ¡qué bueno sería si así fuera!, pero no, si se excluye es porque la misma filosofía algo ha hecho para parecer obsoleta, sin sentido e importancia en la vida cotidiana. Quizá no ha sabido integrarse a la nueva forma de movimiento social, no quiero decir que tenga que prostituirse a favor de los intereses actuales, pero qué sucede que tampoco puede saberse manejar ante los nuevos tiempos, la era del mercado, la ciencia y la tecnología.

Insisto, debemos tomar la reforma como síntoma social que algo nos muestra de nosotros mismos, si negamos nuestra responsabilidad ante este hecho, no podremos ver en qué estamos implicados nosotros, y este síntoma será sólo la molestia que intentaremos quitar, eliminar sin escuchar lo que nos dice. El síntoma es el retorno de lo reprimido, algo de nuestra actividad como personas interesadas en la filosofía hemos reprimido, ahora se nos devuelve y si esto lo volvemos a recibir con gritos y pataleadas (quejas oficiales y no oficiales), y después silenciar con un buen medicamento (reincorporación a los planes de estudio), no habrá servido de nada que hayamos vivido esto, habremos callado la molestia pero sin tomar conciencia de nuestra responsabilidad para que esto sucediera.

En preparatoria, por el día de hoy, le damos la despedida a la filosofía, la única posible en un aula de clases, la filosofía de pupitre. ¿Tenemos algo que ver con su supresión?


viernes 8 de mayo de 2009

partícipe

"como un suicida asomado
al borde del precipicio"
Ismael Serrano

recordar el momento en que fui traído
a este lugar no me es posible

delante de mí
el "desfile de la vida"
titularon

como todo desfile
preparado
programado
medianamente organizado
predecible

y ahora los infantes
anunciaron
abarrotados niños pasean
los vi

enseguida la mocedad
anunciaron
pasaron jóvenes gritando
frente a mí

los adultos y los trabajos
anunciaron
lentamente avanzaron
observé

ahora los matrimonios
anunciaron
pasaron felices y los últimos separados
cerré los ojos

y tú cuándo desfilas
escuché
me trajeron a contemplar
me limito a mi papel
repliqué

pero cuando esté impávido
daré un paso delante
hacia el desfiladero

J.V.R.

miércoles 6 de mayo de 2009


Mariposas Amarillas,

¡Mauricio Babilonia!
Celso Piña
(no fue el primero en decirlo, pero de que lo dijo, sin duda lo dijo)


Me recuerdo bailando aquella sabrosa cumbia, alguna víspera de verano, no sé de cierto (ni de incierto) si corría el año de 1993 o el 2000, que para lo que nos atañe del cuento, lo mismo dá. Y lo mismo dá por que si no fuese acertado el dato, bien podríamos estar bailando "Mentiras, mentiras, mentiras, mentiras..." de los Vallenatos de la Cumbia, que según mi memoria un tanto viciada y oxidada, en aquellos años vió a luz en las emisoras locales de mi viejo Monterrey, que se empeña en parecer nuevo, en parecer de primer mundo, no entiendo para qué...

Las sodas se tomaban en bolsita, con popote los más finos, los más atrevidos mordían la bolsa, le hacían unos bujeros con los dientazos que no veas, quedaba aquella bolsa como queda cualquier bolsita de plástico después de ser mordida, pero solo en una de sus esquinas, pa no perder el glamour. Las competencias de comer tostadas con salsa súper picante eran cosas de todos los días, bueno, todos los días de lunes a viernes, que era, es y seguirá siendo, el tipo de semana laboral que prefieren nuestras escuelas secundarias.

Había de todo. Y cuando digo de todo, me refiero a que faltaban tantas cosas: El futbol lo jugabamos en una inmensa placa de concreto cuadrada, con una lata rellena de piedras que hacía las veces de balón (Vayan ustedes a saber en qué torcida cabeza cabe que una lata rellena de piedras pareciera balón). Hacia la cara sur del estadio, es decir, de nuestra amada placa de piedra, se encontraba el portón rojo, aquel que sólo estaba reservado para los más grandes, y no me refiero a los más grandes de edad, sino a los más grandes que había en la secu, tipos temibles, de pelo desteñido con agua oxigenada, tenis converse, pantalón rojo, entubado y arremangado. Ellos eran los elegidos para brincarla, eran los elegidos para salvar la tarde metido en el cuarto de máquinitas de Mortal Kombat que estaba metido en la casa de Pancho. Faltaban, también, pupitres, gis, libros, libretas, maestros, pero nos sobraba un gran espíritu de no sé qué, por que todos estabamos siempre unidos, excepto cuando nos peleabamos, que era la mayor parte del tiempo. Ahí tuve mi primer pelea en condiciones (deplorables), tuve mi primer beso (lo cambié por un 21, es más Jennifer María fue quien me sugirió tan suculento trato) toque mi primera nalga, que por fortuna no era la mía... era la de Cindy, y Cindy era la de todos, la que nunca se negaba a nadie ni a nada, sin importar que ella fuese un monumento (que SÍ lo era) y que el requisitor de sus encantos un chango.

Tuve todo lo que se puede tener en un lugar donde faltaba todo, y que a la vista de los años, largos años, se perdió en un horizonte nublado de recuerdos nada gratos... hoy no conservo ni una sola amistad de aquellos años, al Plátano se lo comió la mediocridad, al Mostro se lo comió la maldita pobreza (nunca vi a nadie luchar por las cosas como luchaba el Mostro), a Karina, se la comió un tipo afortunado que se casó con ella, a Lety, un tipo afortunado que no se casó con ella, a Janeth, se la comió una corriente sectaria, igual que al Emilio, que la última vez que lo ví me quiso bautizar en el acto (el acto era la boda de Janeth... vayan ustedes a saber el papelón que iba a hacer bautizandome en la boda de la única mujer con la que he peleado a golpes en mi vida). Dicen que Eloy terminó de judicial y que Efraín de trasvestista. De Segundo supe que había terminado una ingeniería, creo que de toda la bola fuimos los únicos en lograr semejante proeza...

La secundaria fue un puto lugar en el que nunca encajé pero que me dejó tres cosas claras, concisas y evidentes:

  1. Mi gusto por los Tigres del Norte (realmente se afianzo en esos años)
  2. Mi gusto por la música vallenata
  3. Mi gusto, mi adoración, mi dedicación vital y vocación por las mujeres
Ojalá y que todos los putos lugares en los que no encajamos nos pudieran enseñar tan valiosas lecciones...

Ricardo Rodríguez

martes 5 de mayo de 2009

Cuando un panqué ordena… con el cariño de siempre


por José Vieyra Rodríguez


“[El superyó] es el monumento recordatorio de la endeblez y dependencia en que el yo se encontró en el pasado, y mantiene su imperio aun sobre el yo maduro. Así como el niño estaba compelido a obedecer a sus progenitores, de la misma manera el yo se somete al imperativo categórico de su superyó.”
Sigmund Freud

“La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar’”
Slavoj Zizek



Algunos días atrás, mientras estaba en la tienda comprando unos cigarrillos, pensé en también llevar un pan dulce además del respectivo litro de leche para el desayuno del día siguiente. Así es que tomé un panqué de nuez de la marca Bimbo y el correspondiente litro de leche Lala (cual debe ser), además de pedir unos Camel 14’.

Al día siguiente al levantarme, recordé mi inteligente decisión del pan dulce y leche, así que me dirigí a la cocina, me serví un vaso y abrí el pan. Al terminar de comer, intenté cerrar con la envoltura lo que aún quedaba de panqué, al hacerlo me di cuenta que por fuera de la envoltura decía “Ahora panqué te da más panqué, ¡participa!” Cual niño pequeño, no me pude resistir a la tentación (creada) y no sólo abrí de nuevo el panqué, sino que rompí la envoltura para encontrar al reverso las palabras: “Sigue participando”.

Al decepcionarme, una voz interna me decía “estúpido, realmente creías que ganarías, es tan sólo mercadotecnia”, lo que el viejo Freud denominaba superyó, es la instancia crítica que juzga al sujeto y condena severamente al yo. Sin embargo, basta retroceder un poco en toda esta anécdota para encontrar también al superyó materno, el que me dijo que participara en algo que ni siquiera conocía, que me impuso el deseo de querer más panqué, ¡gratis!

Slavoj Zizek en varios momentos menciona que este superyó es aún peor que el que describe Freud, pues mientras el primero imponía prohibición o mandato, este segundo, el superyó materno (el que prevalece actualmente a nivel social), lo que impone es el ¡goce! En mi caso, primero me hizo querer más panqué (ya estaba satisfecho con el que había comido, ¡pero aún así quería más!) y no sólo eso, al encontrarme con la decepcionante realidad al no haber ganado, me impuso una consigna, al más puro imperativo categórico: “Sigue participando”. No encontré el amigable “Gracias por participar” que recuerdo haber leído alguna ocasión, tampoco el falso optimismo de “Suerte para la próxima” o menos el frío “Envoltura no ganadora”, me encontré frente al mandato materno de goce, ¡Sigue participando! ¡Hasta que ganes! ¡Quieres ganar! ¡Sigue, sigue, sigue! (cual diálogo de película pornográfica que supone un goce excesivo aun cuando esté ausente).

Ahora recuerdo el antiguo eslogan de Bimbo: “Con el cariño de siempre”. Así es, en la actualidad después de ordenarte descaradamente qué es lo que deseas y debes hacer; "tú no puedes ser un perdedor, compra hasta que seas un ganador", pero te recuerdan; es con el cariño de siempre.

El mercado impone la demanda, lo que quiero, y además con el mandato de gozar y no ser cualquiera, por eso, ante esto, quizá sería pertinente plantearnos la posibilidad de no querer estar bien siempre, no necesariamente ser triunfadores, ganadores, exitosos, sanos… ¿y qué si no quiero?

lunes 4 de mayo de 2009


Un simple pollo amarillo...


En lo personal, siempre me han gustado los pollos, me parece que son animalitos de muchos huevos, en todos los sentidos... tienen un caminar bastante curioso y cuando están chiquitos las plumas parecen pelos, entonces parecen unas pequeñas bolas de pelos y todos sabemos lo que se debe pensar de una buena bola de pelos amarilla y con piquito (en general, casi cualquier bola de pelos es de considerarse).


Bola de pelos ilustrativa

Cuando yo era niño tuve un pollito, más bien, había un pollito que una vez tuvo la fortuna de que yo lo tuviera, era amarillo, pero como los pollos amarillos no vendían en aquella época, los genios comerciantes que convencieron a mi papá de que me lo comprara lo habían pintado ni más ni menos que de azul, así que ahora me encuentro perdido tratando de elaborar un discurso medianamente coherente al respecto de los pollos.

La cosa fue que de azul y pequeño, el pollo se convirtió en amarillo y grande, no sé a ciencia cierta si el pollo se convirtió o se despinto, aún no soy tan escéptico como para discurrir por las turbias aguas del método científico pollístico...

Un día, al llegar a casa en aquel vochito blanco que tenían mis papases, me dí cuenta que algún ser malvado y sin escrúpulos se había robado mi pollo, y el problema fue que el sucio ladrón nunca, nunca, nunca se dió cuenta de la confusión que me causaba que se hubiera robado mi pollo, por que ya nunca supe ni sabré si lo que me robaron fue un simple pollo amarillo o mi fabulantástico y excelentífico pollo azul...

Ricardo Rodríguez

Un interés de la filosofía: el psicoanálisis*


por José Vieyra Rodríguez

“la postulación de las actividades anímicas inconscientes
obligará a la filosofía a tomar partido y,

en caso de asentimiento,

a modificar sus hipótesis sobre el vínculo de lo anímico con lo corporal
a fin de ponerlas en correspondencia
con el nuevo conocimiento”
Sigmund Freud



Como se sabe, la relación de la filosofía con el psicoanálisis dista de ser la mejor. Desde los comienzos del mismo psicoanálisis, Freud exponía que un interés particular de la filosofía debía ser el psicoanálisis, pues, cualquiera que fuera el sistema filosófico desde donde se hablara, tenía puntos de conexión indudables con lo que el psicoanálisis estudia. Sin embargo, el mismo Freud nunca dejó de menospreciar en cierta medida a los filósofos, incluso no dudó en equiparar al delirio paranoico con un sistema filosófico, escribiendo en Tótem y tabú; “Uno podría aventurar la afirmación de que una histeria es una caricatura de una creación artística; una neurosis obsesiva, de una religión; y un delirio paranoico, de un sistema filosófico”[1].

También podemos recordar que aun cuando desde 1913 mencionaba a la filosofía como una de las disciplinas que no podrá dejar de tomar en cuenta el conocimiento del psicoanálisis, siempre consideró superior al mismo, pues “el psicoanálisis puede pesquisar la motivación subjetiva e individual de doctrinas filosóficas pretendidamente surgidas de un trabajo lógico imparcial, y hasta indicar a la crítica los puntos débiles del sistema”[2]. Lo anterior nos recuerda el más tenaz argumento del psicoanálisis en contra de la filosofía: el desconocimiento total del inconsciente por parte de ésta.

Así, Freud escribe “Lo psíquico de los filósofos no era lo psíquico del psicoanálisis. En su gran mayoría, ellos llaman psíquico sólo a lo que es un fenómeno de conciencia. El mundo de lo consciente coincide, para ellos, con la extensión de lo psíquico. A todo lo otro que acaso suceda en el «alma», esa alma tan difícil de aprehender, lo destronan y lo sitúan entre las precondiciones orgánicas o los procesos paralelos de lo psíquico. Dicho más estrictamente: el alma no tiene otro contenido que los fenómenos de conciencia… desde luego, que algo anímico inconsciente es un disparate, una contradictio in adjecto, y no quiere percatarse de que con este juicio no hace más que repetir su propia definición -acaso demasiado estrecha- de lo anímico. Al filósofo le resulta fácil afianzarse en esta certidumbre” [3].

Comenzando con el mismo padre del psicoanálisis, existe una innumerable lista de psicoanalistas que se han alejado intencionalmente de la filosofía, incluso el mismo Jacques Lacan se negó rotundamente a llamarse filósofo; “no me interesa la filosofía, además tiene ya bastante tiempo que no dice nada interesante” [4], con esta declaración parece seguir al maestro vienés cuando en su presentación autobiográfica escribe “y aun donde me he distanciado de la observación, he evitado cuidadosamente aproximarme a la filosofía propiamente dicha” [5].

Sin embargo, ninguno de los dos, ni el creador del psicoanálisis, ni su más ilustre lector y renovador, se han quedado indiferentes a planteamientos que antaño interesaban únicamente a la filosofía. Psicoanalistas, sí, pero pensadores de los grandes temas filosóficos.

Lo cierto es que mientras la filosofía se aferre a seguir en la línea racional de la conciencia, el intelecto, la libertad y la voluntad autónoma, regida únicamente por el yo, dueño y señor, seguirá siendo la filosofía un discurso del Amo (del maestro), que dicta qué hacer y por donde seguir, y aun cuando sus hipótesis no alcancen para explicar múltiples fenómenos propios del hombre, se seguirá negando a la incursión en postulados psicoanalíticos.

Lo anterior no significa que necesariamente todo filósofo tenga que ser psicoanalista, pero al menos sí es necesario tomar partido ante este nuevo descubrimiento que hace Freud hace más de cien años. Y así, decir quienes estamos interesados en la filosofía, si aceptamos incursionar de alguna manera en el camino propuesto por el psicoanálisis y replantear los grandes temas, y preguntarnos una vez más qué es la voluntad, antes de dar por sentado que nuestra conciencia es quien la tiene, pues con lo último retornamos a la problemática planteada por Lacan; “la filosofía en su función histórica es la que presiona el saber del esclavo para obtener su transmisión en saber del Amo” [6], cerrada a otro posible saber, al del inconsciente.

________________________________

*Artículo publicado en epsys revista de psicología y humanidades. Enlace a esta publicación.
[1] Freud, S. Tótem y tabú. (1914) Ed. Amorrortu. Vol. XIII. Argentina.
[2] Freud. El interés por el psicoanálisis. (1913) Ed. Amorrortu. Vol. XIII. Argentina.
[3] Freud, S. Las resistencias contra el psicoanálisis. (1925) Ed. Amorrortu. Vol. XIX. Argentina.
[4] Lacan, J. Mi enseñanza. Ed. Paidós. 2006. Argentina.
[5] Freud. Presentación autobiográfica. (1925) Ed. Amorrortu. Vol. XX. Argentina.
[6] Lacan, J. Seminario XVII. El reverso del psicoanálisis. Ed. Paidós. 2006. Argentina.

jueves 30 de abril de 2009


Monterrey, Mx. El equipo de Investigación, Ciencia y Tecnología Hacer Diciendo, preocupado por el acrecentamiento de pánico e incertidumbre desatado por la nueva amenaza de la naturaleza contra los seres superiores (los hombres, por supuesto, no vaya usted a creer que los cerditos), se vio en la necesidad de ponerse a trabajar (es obligación más que necesidad) arduamente y encontrar una solución viable (rentable, claro está) para el problema del virus de la "influencia".

Nos sentimos enormemente congratulados al anunciarles nuestras conclusiones a las que hemos llegado, entre ellas, anunciamos la cura definitiva contra este virus, además de la vacuna.

Así pues, hemos concluido que el virus de la “influencia” es curable y aún posible de ser prevenido, siguiendo las siguientes recomendaciones: en primer lugar NO se requiere “tapabocas” (con el peso simbólico que esto contenía, pues no sólo no dejaba entrar sino tampoco salir nada de la boca), en cambio es posible prevenirse (¡es la vacuna!) e incluso curarse con tan sólo dejar de seguir día y noche los noticiarios. En caso de haber contraído en cierta medida algo grave este virus y no poder apagar la televisión (síntoma de enfermedad avanzada), se recomienda dejar el “tapabocas” y hacer uso de un antifaz para dormir en frente del aparato y de ser posible presionar la tecla “mute”, esto le hemos denominado "ponerle el tapabocas al televisor", es decir, invertir los papeles.

Aun cuando estos son resultados preliminares, las estadísticas (que nunca mienten) nos dicen (ellas no llevan tapabocas) que estos son resultados confiables, cualquier eventualidad les mantendremos informados.



Atte
Departamento de Investigación, Ciencia y Tecnología Hacer Diciendo

Ing. Ricardo Rodríguez Valdez
Lic. José Vieyra Rodríguez

miércoles 29 de abril de 2009


Ayer la ví, maldita influenza, me hiciste verla tras esa horrorosa máscara facial. ¿Qué te piensas, gripe marrana, para robarme su belleza?


Ricardo Rodríguez


Cuentos en 140 caracteres.


Estimados 2 ó 3 lectores (en esta cuenta estoy incluyéndote, José). Recientemente he aprendido a usar una graciosísima cosa llamada Twitter, un servicio de microblogging cuyo límite de 140 caracteres me parece fascinante y desafiante para poder contar cuentos, microcuentos, cuentitos... la cosa es que estoy comenzando a tratar de escribir cuentos para publicarlos en mi cuenta de Twitter (y a la vez aquí mismo), los cuales les invito atentamente a leer. Aún no sé si sea posible, o aún conveniente, publicar en Blogger y Twitter a la vez, sin embargo voy a procurar publicar en ambos sitios simultáneamente.

De lado quisiera dejar toda la controversia que levantan sitios como Twitter, y simple y sencillamente aprovechar el espacio y prestaciones que nos ofrece para hacer algo que me gusta y que es probable que a ustedes les guste.

Sin más, comenzamos...

¡Gracias por su atención!

Ricardo Rodríguez

"Ha sido mi experiencia que gente que no tiene vicios
tiene muy pocas virtudes"


Abraham Lincoln

Tengo un solo vicio: Fumar cigarrillos mientras bebo cerveza hasta caer alcoholizado, al tiempo que pago a distintas mujeres, cuando me junto con mis amigos a apostar y jugar baraja. Por supuesto no puede faltar la verde...


Ricardo Rodríguez


jueves 23 de abril de 2009

De libros y oficialidades


por José Vieyra Rodríguez


Las palabras expresadas por la voz
no son más que la imagen de las modificaciones del alma;

y la escritura no es otra cosa

que la imagen de las palabras que la voz expresa
Aristóteles



Hoy 23 de abril se celebra, por decreto de la UNESCO, el día internacional del libro.

Me llama de sobremanera la atención la oficialización de festejos de diversas índoles. Cada día que se celebra algo, se puede escuchar “pero ojalá no sea sólo un día, sino que todos los días sean (aquí ponga usted el festejo acorde a la ocasión)”.

La creación de la oficialidad de dichos temas me parece triste. Cuando algo se tiene que volver oficial, no necesariamente es por la importancia que ha adquirido en la sociedad, sino por el contrario, puede ser también por el desinterés que despierta, y por lo tanto, hay que buscar salvarlo al menos un día, y de paso, enmarcándolo dentro de la política actual, ¿qué tema está fuera de ella?

Socialmente los libros son bien vistos, fomentar la adquisición de ellos es políticamente correcto (sin importan que muchos puedan estar más bien cerca de ser panfletos propagandistas de ciertas ideologías), incluso las grandes (y no tan grandes) ciudades tenemos nuestra Feria Internacional del Libro, en la cual se ven desfilar miles de personas comprando, como debe de ser, libros y libros que adornarán unos libreros, también comprados cual debe ser, para el uso debido: sostener libros.

El fomento a la lectura es un lema que se escucha en todos lados, pero en nuestro país las leyes que ostentan dicho título incluso van en su contra.

El libro; en este su día internacional, compremos algunos, adornemos nuestras casas con ellos y carguémoslos bajo el brazo por la calle, no sin olvidar hacer juego con un buen par de anteojos… ah, y si los leemos también sería bueno.

miércoles 22 de abril de 2009


La cosa fue así...

Ayer me perdí en la ciudad donde vivo. La ciudad la atraviesa
un río, ancho, grande, con mucha agua. Yo sabía de antemano
que en este río vive una estatua, y por azares de las calles fui
a dar a donde esta estatua vive. Me bajé del auto, caminé al
lado del río hasta llegar al monumento.

A manera de homenaje encendí un cigarrillo,
puse una canción en mi mp4 tipo aypo
con tecnología Sony japonesa y me senté a ver la mole de bronce.

Mientras sonaban las melodías que la estatua tocaba
mientras solía vivir como nosotros, los humanos, cerré mis ojos
para imaginarle tocando esas seis cuerdas que me atraviesan
siempre como seis espadas. En mi éxtasis, veía a un vago caminar,
un muchacho joven, sucio y rubio que cargaba unos tambores y
dos morrales llenos de ropa igual de sucia, pero no tan joven.
El vago se detenía en cada árbol que veía, se acercaba, lo apreciaba
y si había oportunidad tomaba una ramita y la guardaba en uno
de sus morrales. Al llegar a la estatua, caminó unos pasos adelante
arrancó una flor, regresó a la estatua y con mucha dedicación y cuidado
la puso en la mano izquierda del ahora occiso. Se dió media vuelta
y se marchó.

Unos ofrecemos cigarrillos, otros ofrecen flores, pero siempre
lo mejor que podemos. Caín no era tan malo ni Abel era tan bueno...
Pero Stevie, Stevie... tú eres el mejor.


R.R.V

lunes 20 de abril de 2009


Dialéctica

Desde muy pequeño me enseñaron casi a manera de dogma que las letras pequeñas siempre contenían lo más importante, por lo que nunca debía pasarlas por alto. No importando la incongruencia que esto me suscitaba, lo terminé por creer aunque nunca lo había podido comprobar, hasta ayer, cuando vi un gran letrero que decía CUIDADO, pero debajo de esta advertencia tenía unas letras muy pequeñas, me esforcé por leerlas pero no podía, me acerqué cuidadosamente, poco a poco, hasta que las vi claramente “Si usted puede leer esto es porque está demasiado cerca ¡aléjese!” Me retiré lentamente mientras recordaba irónicamente aquella máxima acerca de la importancia de las letras pequeñas.

J.V.R.

martes 14 de abril de 2009


Los intelectuales


por José Vieyra Rodríguez


“En un lejano lugar retacado de nopales
había unos tipos extraños llamados intelectuales
se la pasaban leyendo para ser sabios y doctos
pues no querían seguir siendo vulgares tipos autóctonos
…y entre tanto pensamiento, análisis y estructura
decían conocer la neta y hasta también la locura
pero al llegar a su casa peleaban con su mujer
sintiéndose de otra raza nunca daban pa’ comer”
Rockdrigo González



Cuando se quiere ser “contestatario social” pueden darse cientos de argumentos para generar (a veces sólo para mantener) una crítica en contra de los medios de comunicación, los deportes, los comics, los artistas “pop” y demás iconos y formas culturales que según intelectuales entendidos (quizá sólo entre ellos mismos) son formas de mantener la opresión y control de masas a través de entretenimiento enajenante que propicia únicamente la creación de una masa uniforme sin pensamiento propio, y por ende, de estúpida forma de vida.

Ahora, cualquiera que tenga ánimos de volverse un “rojillo” o un “intelectual de izquierda” basta voltear a ver la televisión y denunciar la hipocresía y forma de control mental, el fútbol y la enajenación de masas, las novelas y la repetición de figuras femeninas, los juguetes y su creación de “género” a través de los soldaditos para los niños que generan violencia y las cocinitas para las niñas y su creación de roles femeninos acorde con la visión clásica, los videojuegos y su formación de nuevas realidades virtuales alejadas de la convivencia social, el internet y su manera de aislar al individuo, la ciencia y su saber imperante que dicta el nuevo orden y creencia…

Es sencillo volverse un reaccionario del sistema, quienes así se consideran también se pueden autoetiquetar desde anarquistas o hippies hasta feministas, sociólogos o ¡filósofos!

Dependiendo del interés y punto de apoyo que tomen, será su discurso, así termina toda la cultura (incluso la Universidad, de donde la mayoría provienen aunque muchos ni siquiera la terminan), siendo un mero reservorio de porquería; la televisión, los juguetes, la política establecida, el modelo educativo, los libros best seller, los artistas más reconocidos, el cine comercial, los deportes, la religión, y en resumen, todo lo que no sean ellos.

Lo que quizá pasan por alto todos estos pensadores de buenas intenciones (quiero creer) es que ellos mismos son parte del gran juego social que tanto denuncian, es decir, apuntan hacia lo trágico y denigrante de la sociedad, apuntan y evidencian la necesidad de una identificación imaginaria de todos los sujetos con algo o alguien, mejor dicho, con otros (los iguales). Es cierto todo ello, pero habría que agregar que ellos mismos están a la vez subordinados a cierta identificación imaginaria de “pensadores de izquierda”, “filósofos” o como quieran llamarse; todos ellos con pelo largo, barba mal arreglada, trabajos mediocres (pero dentro del mismo sistema que tanto critican), o las mujeres con faldas de colores o bien con una imagen “masculinizada” evidenciando su desinterés por parecer femeninas.

Se reúnen en cafés bien conocidos por ellos mismos, para ya entrada la noche volar hacia la cantina de mala muerte y desde ahí, con una cerveza y un porro creerse libres e intercambiar sus mismas ideas recicladas desde hace décadas, identificándose ellos también con Marx o el Che, quizá los más informados en los temas actuales con Foucault, o ¿porqué no?, con Simone de Beauvoir, y pasan las noches sin proponer nada nuevo pero ideando el nuevo mundo, sin poderse voltear a ver ellos mismos y descubrirse tan iguales, como espejos en el mejor de los casos, como malas fotografías en la mayoría de ellos, de reconocidos “intelectuales”, sin poder ver su propia identificación imaginaria y, al menos aceptar, que tanto ellos como nosotros; los demás, la requerimos para darnos identidad, y que esta a su vez está sometida a la identificación simbólica que nos permite mantenernos socialmente funcionales, pues si se nos arrebatara esta imagen se cae también la función que tenemos, si simplemente se nos quitara, quedaríamos sumergidos en un mar de sin-sentido, siendo aun menos sujetos que lo que éramos viendo futbol los sábados en el estadio o leyendo a Marx por las noches.

Los intelectuales, esos que existen gracias a lo que critican. Para su permanencia, ojalá nunca cambie realmente el sistema.

martes 7 de abril de 2009


Epístola


Noche del martes 16 de diciembre de 2008;

.......: (en la carta original no aparece nombre de destinatario, hemos reproducido el espacio en blanco siendo fiel a su original)

Hoy, después de tanto tiempo, nos hemos reencontrado. Quizá el término no sea el adecuado, ¿puede llamarse reencuentro a un encuentro entre dos personas diferentes? Porque -lo sabes- no somos los mismos. ¡Cuántas veces dudé de los verdaderos cambios! Pero ahora, también lo sabes, se me devuelve mi escepticismo volcado en nosotros mismos.

Alguna vez escuché que la palabra persona etimológicamente proviene del griego προσοπον que significa máscara, por lo que –intento justificarnos- nos mostramos hoy nuestras nuevas caras, máscaras recién adquiridas para la ocasión.

Tristes formas de vernos, la nostalgia nos invadía, “sobre recuerdos nada puede edificarse” me dijiste, razón tienes que tener, pero demolerlos o mantenerlos como referente tampoco pueden ser las únicas alternativas.

Hace unos días, mientras estaba en casa, una canción sonaba, era de aquél tío tuyo, el argentino. “No me pidas que me quede si por andar te he encontrado” decía la voz cansada y grave del cantautor, imposible me parece evadirme de la sentencia. No sé si te conté, fui a verlo hace poco al teatro, ¡ah! ¡el teatro! ¡Cuánto nos dio ese mágico espacio de fantasías, historias y personajes! A veces, por temor a la memoria, prefiero no ir. Más de una oportunidad he dejado de asistir por no volver a ver ese entablado, profanar a mi propio pensamiento no es lo ideal, por lo tanto, intento acudir acompañado, así las distracciones son fuertes como para no recordarte todo el tiempo, además

Aquí se interrumpe el manuscrito original, esta carta fue encontrada entre papeles de su escritorio, al parecer se olvidó de terminarla, algunos asumen que pudo haber sido desinterés.

J.V.R.

viernes 3 de abril de 2009


T
engo razón al creer que todo el mundo cree tener la razón.


Ricardo Rodríguez

jueves 19 de marzo de 2009


Historia de las ventanas

C
aminos sinuosos, más bien, maniobras errantes del chofer del camión. Imágenes de casas, departamentos, habitaciones verdes, azules, rojas, algunas doradas, pero en todas ellas, una constante: al menos una ventana abierta. Te deja ver algún cuerpo desnudo, o en el peor de los casos, te deja verlo vestido. En una ocasión, en la casa de una amiga vieja que ha pasado a otra vida, pude ver por medio de una ventana sucia, que de tan sucia se veía y se pensaba café, una tela mosquitera polvorienta, con agujeros grandes y una brecha que, sin duda, era la que permitía meter la mano hasta alcanzar el picaporte, que (aún con menos duda) debía ser sucio y oxidado, la pelea entre un matrimonio jóven, un par de golpes de parte del abusón y escuchar muchos más gritos que golpes que corrían por cuenta de la abusada. "¡Abusada!, ¡abusada!" le gritaba yo, aprovechando estas rupturas dimensionales en la ventana, esperando que gracias a mis gritos tomara el valor de levantar su inútil pero amenazante brazo en contra de su inútil y amenazante marido. Pero el milagro no llegó, así que tuvo la muchacha que seguir viviendo entre gallinas, pollos, huevos y gallos, responsables éstos últimos de plumífera población citada.

También pude, en otra ocasión, observar un viejecito tumbado sobre su sofá, de algún material muy parecido al terciopelo, rojizo, o más bien cafesizo (no sé cómo se escribe o llama ése color, es como una mezcla del color que tienen las hojas de los árboles de la Estanzuela en Noviembre, aquellas hojas que para verlas, tenía que caminar algunos tortuosos cientos de metros, solo para verlas de paso mientras regresaba corriendo hacia donde me esperaban mis padres) con claras marcas de uso, de un casi eterno uso, un uso que sólo dá un cuerpo que sólo puede estar en él. El viejo tenía a su derecha mano una mesilla en la que destacaba la largura y bella forma de ella, una botella, que ostentaba orgullosa en su cuello el cintito negro con dorado que denotaba sus largos años de añejamiento y anejamiento a su marca, que la había sabido llevar hasta esa mesa, para que luego, el viejo supiera llevar su espirituoso contenido hasta el interior de su propio cuerpo. Lento, muy lento, mi amigo vaciaba un poco de whiskey en su vaso, no había rocas que lo diluyeran, cómo a él lo habían diluído el tiempo y las largas horas en su sofá cafeziso. Cada trago le parecía aliento de vida, y es que es a lo único que puede parecer un trago de licor cuando se es un viejo sentado en un sofá cafeziso. Esto lo ví también a través de su ventana.

De la misma manera pude ver, calles más adelante, una tienda, una tiendita pequeña, de ladrillos toda ella, su ventana no era como las demás, en ella había que investigar, había que torcer la vista y esforzar el cuerpo, estaba llena de cartones publicitarios, por lo que no es ni siquiera necesario decir lo difícil que era lograr filtrar la vista. Pero puesto que nada en mi relato es necesario, voy a contarlo. La ventana se ubicaba al lado derecho de la puerta, es decir, estaban pegadas, pero ella, la ventana, se encontraba sobre lo que se vislumbró, sin lugar a vacilaciones, como un florido jardín, lleno de verdes seres vivientes, inánimes tal vez, pero vivientes y muy verdes, con pequeños arbolitos que crecían al compás de la primavera y que alojarían eventualmente muchas aves, sin embargo, su propósito no fue cumplido y el jardincito se quedó en una pequeña y polvorienta llanura. En línea recta, bajando la mirada desde el centro de la ventana hasta la centimétrica llanura, se encontraba una piedra, que holgazaneaba restregando su superioridad volumétrica en la cara de cada uno de los granitos que componían aquella llanurita. Esta piedra, de apariencia de piedra hecha por el hombre, era la que servía de escalón a nuestros pequeños (en aquellos años) pies.La instrucción era clara, debía ponerse el pie derecho sobre la parte izquierda de la mitad inferior del área central de la piedra, a la vez que la mano izquierda se cruzaba con cuidado por detrás de la parte derecha de la primera barra del protector de la ventana, justo por encima de donde se encontraba el anuncio en cartón azul de los "Mamuts". La mano derecha debería permanecer libre, no solo para mantener el equilibrio, sino para poder empujar a los otros niños que también usaban de aquél sencillo método de observación; y es que la cosa no era para menos, la primera vista que ofrecía aquella ventana era la de las curvas de esos volcanes, lo pachoncito de ese bizcocho, lo redondo de esa dona, en fin, la plenitud y llenura de una bandeja de pan que era rellenada cada día.

Son tantas las historias que tengo que contar acerca de tantas ventanas... quisiera que cuando menos alguna fuera cierta.


Ricardo Rodríguez

lunes 16 de marzo de 2009

Sobre el saber qué decir o porque es bueno el silencio incómodo con los
desconocidos para poder llegar por medio de este a ser conocidos.


Es de opinión generalizada que es bueno saber qué decir, algo de lo que yo no estoy del todo de acuerdo, quizá por experiencia, pues he sufrido el tener siempre, para toda ocasión, tema y suceso un comentario, cosa que no tiene por que ser bueno, por el contrario es el más grande mal.

El trabajo es un claro ejemplo, me ha costado tres asensos laborales y la misma cantidad de despidos, por que el saber qué decir no significa saber decir mentiras en el momento justo, por el contrario, es –con todo el peso de su significado- saber qué decir.

Por momentos me he sentido al punto del delirio, pues tampoco puedo considerarme un ser berborreico, simplemente me sucede que si me piden mi opinión o puedo expresarla, lo hago. Hay veces que al silencio lo atesoro, me aferro totalmente a su existencia en tanto pueda, pero llega la invitación a hablar, la oportunidad certera o el momento del comentario sagaz y sale sin tocar baranda.

Lo anterior no es un problema único de las relaciones laborales, las sentimentales son de lo peor. Esta habilidad me ha llevado a tener las más grandes conquistas y ligues verbales, los cuales me corresponden con un “ese comentario me gustó”, frase que me reafirma el camino. ¡Pero cuántas veces lo he arruinado de la misma manera!, siguiendo hablando hasta que mi instinto masculino me dice que algo va mal cuando las mujeres se quedan calladas y cambian de actitud, es entonces cuando sé –con la misma certeza- que es por algo que dije, pero si anteriormente sabía que todo lo tenía que decir, ¿entonces cómo saber qué de todo lo que dije no les pareció? Afortunadamente la misma causa del problema es la solución, pues unos minutos después de captado el error, mis comentarios acertados hacen retomar el rumbo y el control, esto en el mejor de los casos, pues vaya que también hay mujeres rencorosas que se comprometen a no olvidar, cómo si los demás comentarios fueran arrojados por el fuerte viento de las palabras tomadas como impertinentes.

Concluyo que es fácil salir de un apuro de saber qué decir con relaciones en que media el afecto, mis amigos cercanos se toman, la mayor de las veces, a broma mis comentarios, creo que es más por cariño que por gusto real. En mi trabajo actual he estado varias veces a punto de ser despedido pero mi jefe me quiere como a un hijo, al menos eso me ha expresado más de una vez, y en mis relaciones de pareja siempre ha sido mucho más fácil con quien tengo un vínculo sentimental y no el puro y llano apetito sexual.

Saber qué decir, definitivamente es un problema, daría lo que fuera por que realmente haya un momento en que no sepa qué decir, en verdad… por ejemplo ahora, sé que tengo que seguir hablando, el silencio, lo sabes, se había tornado incómodo, como esperando a que uno de los hablara de algo, yo lo hago porque definitivamente estoy seguro que tú no podrás mantener una plática buena conmigo, ahora me conoces y te das cuenta que no soy a quién buscabas esta noche, seguramente girarás y te irás dejando detrás una experiencia más de no poder callar el saber qué decir, o por el contrario te quedarás para callarme la boca con un beso… Adiós, pues.

J. V. R.

domingo 8 de marzo de 2009

¿Es usted humano? ¡Entonces tome terapia!


por José Vieyra Rodríguez


Neuróticos anónimos
¿Sufre angustia, celos, miedo, soledad, depresión?

Acérquese, nosotros podemos ayudarlo.

Esta es la manera en que se anuncia una asociación que su función es acoger dentro de sus instalaciones a personas que se autodenominan neuróticos, las personas que acuden a este lugar son aquellos quienes desesperados buscan un apoyo psicológico, y en esta asociación lo encuentran por medio de terapias grupales.

No hay lugar a dudas que quienes se acercan a buscar ayuda psicológica de cualquier tipo, lo es en gran parte por un sufrimiento que existe en ellos, al cuál lo reconocen y pretenden en primera instancia eliminarlo, en segunda al menos reducirlo, y en el peor de los casos, controlarlo. Bien es cierto que el reconocerse como ser frágil y afectado por cierta circunstancia, es un primer paso para salir de ella, buscar al menos el cambio.

Lo que pretendo mostrar en este punto, es aquello que comienza a imponerse cada vez más en nuestra sociedad. Imperante se vuelve a cada momento negar la condición humana de fragilidad. Ser feliz, siempre, en todo momento y en todo lugar, es lo que nuestra sociedad nos dicta. Por eso la negación del dolor, la angustia, el sufrimiento, la fragilidad, la tristeza, es una postura que termina por golpear nuestra diferenciación ineludible de las demás especies animales, ninguna de ellas es afectada por enfermedades mentales de este tipo, pues no es posible que experimenten soledad estando acompañados, o angustia ante la muerte cuando ni siquiera están conscientes de su mortalidad. De este modo, nuestra sociedad funciona orientada hacia la negación de nuestra condición. Así, la mercadotecnia es el más claro ejemplo; si estás triste ve de compras, si tienes antojo (no hambre) ve a darte un lujito, ¡si tienes celos ve a terapia!

Me llama de sobremanera la forma en que se anuncia la asociación antes mencionada, pues ¿quién podría jactarse de no experimentar angustia, celos, soledad y depresión en algún momento? Es decir, todos entramos en este rubro de alguna u otra manera, sin discutir lo ambiguo que puede resultar esta terminología, pues cada quien le da el sentido de su propia vivencia.

De igual manera, sin olvidar que el chiste (Witz) revela siempre parte de nosotros mismos y nuestro funcionamiento inconsciente, tomemos la imagen que sirve para comenzar este artículo y detengámonos. En primer lugar encontramos lo que ya mencioné, el hecho de que la propia mercadotecnia tome nuestra manera de conducirnos para adaptarla y devolvernos nuestro deseo a favor de los mercaderes. Así, este anuncio hace mofa de la imagen del “neurótico”, que siempre está irritable o que escucha y se siente como si siempre le ordenaran, o no entendiera qué hacer, etc. Además también es sumamente interesante el hecho de que nos recuerde que incluso la imagen clásica y estática del neurótico sirve para vendernos libros. Así, lo que nos muestra es que hasta la lectura puede ser terapéutica, o que la imagen del enfermo mental ayuda a vender libros.

De ninguna manera estoy en contra de que alguien, ante el sufrimiento que indudablemente está experimentando, acuda a buscar ayuda para salir de esa situación, tampoco estoy en contra de un anuncio que promociona la lectura o al menos la compra de un libro, pero tampoco puedo estar a favor y decir que la solución radica en eliminar todos los sentimientos y emociones que indudablemente nos convierten en humanos, la felicidad pura y eterna es sólo posible en la alienación y por lo tanto en el alejamiento de nuestra propia conciencia y nuestra aceptación de sujetos efímeros pero por lo mismo, con responsabilidades ante esta posición.

En este punto, tan sólo me siento responsable de cuestionar en la medida de lo posible lo que se presenta ante mí: la imposición actual de la negación de nuestra propia condición humana.


viernes 6 de marzo de 2009


Historia familiar

Corrían desbocados, como caballos, asustados, sin saber su dirección, pero en realidad ellos sí la conocían, estaban ya cerca. Llevaban al cuerpo entre sus brazos, las gotas de sangre marcaban el camino velozmente transitado. Los gritos comenzaron a escucharse desde dos cuadras antes, como si la voz que saliera de su boca les ayudará a viajar a la misma velocidad que ésta, pero la realidad es que eran precisamente sus vociferaciones las que los hacían perder rapidez.

Desde que tomaron el cuerpo, Juan comenzó a decir: –Se nos va a morir, se nos va a morir- Las palabras salían pero sus acciones buscaban negarlas. Alzaron al cuerpo de Raúl entre tres, los otros dos, desconocidos para Juan, pasaban a unos metros cuando oyeron el disparo, voltearon y al ver desvanecerse al joven de veintidós años corrieron a su auxilio. Heriberto, se echó a correr en dirección opuesta, se supo después que el revolver se había disparado por accidente, al menos esa fue la versión de la investigación que se prolongó por dos días, algo que la familia Gloria nunca comprendió.

-¡Antonio, Antonio! ¡Traemos a Raúl! ¡Abran, abran chingado, que abran!- Golpes y golpes en la puerta, igual a los que Raúl intentaría dar a la base de su cama esa misma noche, cuando lo amarraron con unas sábanas tanto de los pies como de sus muñecas, la noche que ardió en fiebre y siguió desangrándose hasta que cerca de las seis de la mañana, con un grito que probablemente se haya escuchado hasta Saltillo, hasta el hospital más cercano el cuál estaba a 45 kilómetros, murió.

El médico del pueblo, cuando llegó, se concretó a decir que sería inútil intentarlo trasladar, -lo mejor es amarrarlo para que no se golpeé, y pos estar junto a él- Eso dijo mientras veía llorar a María buscando dentro de los roperos todas las sábanas que tenían.

Desde los gritos desaforados hasta el sábado lluvioso en el que enterraron a Raúl, una niña de nueve años lo había visto todo y registrado detalladamente, ella nunca olvidará estos días, tanto así, que cincuenta y nueve años después, no entiende porque murió de esa manera su primo con el que, por la mañana de un jueves, había estado jugando a que él era un caballo y ella una intrépida jinete.


A Raúl, a quien desafortunadamente,
sólo conozco por su muerte.

J.V.R.


lunes 2 de marzo de 2009


Lo último que muere.

Una verdad, muy sabida por cualquier persona es esa que reza "La esperanza es lo último que muere". Máxima tan verdadera como inútil. Si la esperanza es lo último que muere, nadie estará ahí para atestiguar su valerosa gesta. Inútil y valerosa gesta. En cambio, nunca, nunca nadie habla de la desesperanza, que por oposición, habrá de ser la primera en morir. La esperanza es cobarde, entonces: deja que otros mueran primero que ella, se esconde, huye para no ser muerta por los golpes de la vida; ve pasar la vida de los otros, los ve nacer, crecer y morir, los ve con envidia desde su escondite, por que es cobarde y se sabe cobarde. Aunque cobarde, ver cómo se van todos le pesa, le hace difícil la existencia. Pero no quiere o no sabe morir o no debe morir. Esta es la desesperanza de la esperanza, ser la última que muere.

Ricardo Rodríguez

sábado 28 de febrero de 2009

Mi duende campirano

Pensé en comenzar con una frase como “Hoy mi duende campirano partió”. Sin embargo al escuchar este verbo en pretérito perfecto simple, es imposible no encontrar sus múltiples acepciones: dividir, hender, distribuir, romper, distinguir, separar, finalizar, concluir, empezar, desbaratar, desconcertar, anonadar, todas estas palabras pueden de alguna manera, -según un diccionario- ser sinónimos de partir. ¡Qué ironía! ¡Qué ridículo que una sola palabra pueda significar final y comienzo!, qué estúpido que pueda decir “hoy mi duende campirano partió” y no saber si la acción del verbo recae sobre el propio duende -al haberse ido él-, o acaso digo que el duende realiza la acción de partir algo, pero ¿a qué parte?, ¿a mi historia? Y si se va, la pregunta retorna: ¿a qué parte? Encuentro absurdo intentar articular algo como “Partió por la mañana” y encontrarse ante dos significados, el primero, que se fue, lo que quiere decir que de alguna manera termina, pero la partida es a la vez comienzo, pues se tiene que partir constantemente, quizá nos tengamos que partir constantemente.

Saramago dice que “las palabras son así, disimulan mucho, se van juntando unas con otras, parece como si no supieran a dónde quieren ir, y, de pronto, por culpa de dos o tres, o cuatro que salen de repente, simples en sí mismas, un pronombre personal, un adverbio, un verbo, un adjetivo, y ya tenemos ahí la conmoción ascendiendo irresistiblemente a la superficie de la piel y de los ojos”. En la frase con que pensé comenzar mi relato aparecen todos estos elementos y sigo sin decir algo. No sé decirte hasta qué punto estoy de acuerdo con el portugués, lo que sé es que una palabra que pueda significar tantas cosas sigue sin ser suficiente para decirlo todo.

Por eso, sin más, me he decidido no comenzar con esa frase, mejor te diré quién es ese personaje del que hablo, quien me hace disertar sobre las palabras adecuadas. Sin pretensión exagerada diré que acerté en llamarlo mi duende campirano. Sí, el cabello largo y revuelto, pareciendo estar despeinado, y sus zapatos puntiagudos, con esa suela lisa, evidenciaban su condición de duende, pero la particularidad de su camisa a cuadros y sus pantalones de mezclilla me hicieron sustantivar lo que a primera vista era un adjetivo. En cuanto al pronombre posesivo, no está de más, denota pertenencia, al final es mío y de nadie más, quizá por eso nadie ha podido verlo. Y así, surgió el nombre por el que me referiré de aquí en delante.

Intentaré ordenar mis ideas para ti, por lo pronto te digo, lo conocí hace más de dos años. No es que no tuviera idea de su existencia antes, pero había aparecido como tantos seres que uno observa, ajenos y lejanos, sin importancia real. La verdad es que aún no me he terminado de explicar cómo, un día coincidimos y comenzamos a charlar. Algo que continuó siendo más frecuente conforme el tiempo pasó. Y así, sin más, ese duende se convirtió en un compañero, después en un amigo y después en parte de mí. Ahora reflexiono lo que te acabo de decir, tal vez, por el contrario, partió de mí y después se convirtió en compañero y amigo, una vez más partir, mejor rodear este problema.

Esto último, que es parte de mí, lo he pensado más de una vez, pues hay quien me ha dicho que es una creación propia, que mi duende campirano no existe, algo que por momentos estoy dispuesto a admitir. Algunos a este exceso le llaman locura, yo, consintiendo su falsa imagen acústica le he llamado “lo-cura”. Sí, pues más que vivir su presencia como enfermedad mental la he vivido como aquello, que por el contrario, alivia, lo-cura, que ¿a qué? a la verdadera enfermedad, tal vez soledad.

Haces bien en preguntarme a qué viene todo esto, a qué me refiero con que se fue. Pues bien, te diré que aún no entiendo el cómo y el porqué pero un día, sin más, me dijo –José, me voy a ir- en principio no le creí, pensé que era otro de sus chistes o comentarios extraños, pero continuó diciéndolo cada vez que conversábamos. Sus argumentos fueron ajenos a mi entender, lo único que sé es que se va porque tiene que hacerlo. ¿Cómo dejar ir a quien se ha convertido en uno mismo? No lo podía hacer, por lo que pensé en retenerlo.

Mis primeros intentos fueron absurdos, le pedí que no lo hiciera, no sirvió. Entonces me pregunté ¿cómo retener a quien parece que nadie ve, tan sólo yo? Entonces fue fácil la respuesta, ser yo mismo para reflejar su ser en mí. Admito que tampoco funcionó. Pensé entonces, si llegó de pronto, de la misma manera podría irse, así que lo puedo impedir por la fuerza. Ideé una jaula en la cual le pediría que entrara y si se negaba lo obligaría. Lo tomaría de sus cabellos y lo aventaría dentro, lo vería sufrir en su cautiverio, pero lo (re)tendría. Lloraría a causa de su libertad coartada, pero al final, terminaría por acostumbrarse a un espacio pequeño y sin salida. Te lo comento, lo admito y me siento miserable, no hubiera podido hacerlo, pero tampoco quería quedarme sin mi duende campirano por un capricho de éste. Te mentiría si te dijera que no lo maldije, cómo era posible que ese ser tuviera voluntad cuando supuestamente partió de mí. Sí, lo sé, hoy también partió de mí.

¿Sabes? Paso revista a lo que viví con él, y me siento feliz. No porque haya sido todo como yo lo hubiese querido, sino porque el simple hecho de encontrarlo me dio felicidad. Hubo días que no pasaron sin verlo, semanas enteras compartiendo mi vida con él, hubo otros en los cuales desaparecía y no sabía nada de él, salvo que andaba por ahí, esa certeza la tenía y con eso me bastaba, porque al final, sabía que volveríamos a vernos, a buscarnos pues éramos uno parte del otro.

¿A qué me refiero con que com-partimos tanto? ¿Qué era de lo que charlábamos al vernos? No sé cómo explicarlo, no creo que me puedas entender. En nuestra última conversación me dijo que era algo privado, mi duende campirano me dijo en voz baja, -lo nuestro sólo nosotros lo sabemos-.

Sé que hay quien podría jactarse diciendo que estoy curado, que admitir la transitoriedad de un ser que nadie más podría ver, es la clara muestra de mi recuperación de la nerviosidad que me aquejaba. Pero ellos, son charlatanes, soldados de la realidad indisoluble dispuestos a maniatar a quienes nos negamos a vivir como ellos. La verdad es que, si quieres que te sea sincero, no es el primer ser que irrumpió en mi realidad así. Hace años había conocido una mariposa parlanchina, pero la última vez que la vi me asusté, en ella había sucedido lo contrario a lo esperado, había pasado de mariposa a oruga.

Basándome en lo anterior, no creo que sea imposible que aparezca un nuevo ser en mi vida, no sé siquiera si se mantendrá mi duende campirano. Cuando se fue, a diferencia de Quetzalcóatl, no prometió volver. Pero si este dios lo dijo y no lo hizo, espero que mi duende campirano lo haga sin decirlo. Porque además, dejó tantas cosas pendientes que perdí la cuenta, espero volver a verlo y cumplirlas, una por una. Pues aun cuando veo algunos otros seres que se asoman a mi realidad y pretenden introducirse en ella, no se los permito, en este sentido, no sé qué vaya a suceder.

No me resta mucho por contarte, salvo que el jueves fue su última visita, la cual, tengo que decírtelo, me dejó con una sensación de felicidad. No volveré a verlo en mucho tiempo, y hoy el recuerdo comienza a aquejar mi cabeza. Lo dejé ir, quizá mi duende campirano, intermitente como sólo él, tenga que seguir irrumpiendo en la realidad de otros tantos como yo, quizá vuelva o yo vaya a buscarlo a donde quiera que se encuentre. No lo sé aún, hoy mi duende campirano partió.


J.V.R.

miércoles 18 de febrero de 2009


Cuentos de Penélope: De cómo dejé de esperar.

Hoy por fin has regresado. Regresaste un tanto diferente, con frío, diría yo. De la espera mejor ni hablar. El alma se me desgarraba sólo de pensarte, de pensar si volverías... Pero he dicho que ni hablar. La piel que te cubre, sin duda, ya no es la misma, bien dicen que el tiempo no perdona. Tus labios ya carecen de la vida de antaño, esos labios que mordía y que después me hartaban.

Honestamente, el recuerdo de tu voz era lo único que me mantenía esperándote. Tu risa era el único rocío que de vez en cuando mojaba este desierto, este desierto que soy yo sin vos. Pero regresaste, bien, ya llegaste y eso es lo que cuenta, el corazón late con fuerza, no me importa lo mal que te ves. Te voy a besar, como en los buenos viejos tiempos... pero tus labios no tendrán calor ni color...

En fin, que bueno que regresaste, Penélope, aunque sea en esa fría y horrible caja gris, que bueno que regresaste, Penélope; ya no esperas ni te espero más.


Ricardo Rodríguez
- Con amor a todas aquellas Penélopes, a sus hijos, a sus maridos
y a los grises viajeros que nunca la reencontraron.
Fin.


domingo 15 de febrero de 2009


Narcisismo o Actos de amor


por José Vieyra Rodríguez


"El egoísmo no encuentra un límite más que en amor a otros,
el amor a objetos"
S. Freud


"Lo que amo, en la medida en que hay un yo
donde me fijo por una concupiscencia mental,
no es un cuerpo... sino una imagen que me engaña
al mostrarme mi cuerpo en su Gestalt, su forma"

Jacques Lacan



Dos tipos de motivaciones existen en el ser humano para aquellas acciones que realizamos, por un lado están las que nos refuerzan nuestro narcisismo(1), nuestro propio amor, y las hacemos a conveniencia, ya sea directa o indirectamente, y por el otro los actos de amor.

Un ejemplo del primer tipo de narcisismo, es la conveniencia directa pero bien vista socialmente, como lo es el estudiar, en donde se accede a tener reconocimiento, poseer un saber ante los demás, un título que te hace oficialmente competente y otorga simbólicamente autoridad al yo.

Los segundos actos narcisistas, pueden ser actos comúnmente denominados “egoístas”, y que no son valorados socialmente, estos son aquellos en los que al yo no le importa ir en contra de un beneficio común(itario), o incluso no solamente no crear un beneficio, sino perjudicar y actuar únicamente pensando en lo que le conviene, como lo pueden ser el robar, mentir para evitar un castigo, etc. Así pues, están los actos socialmente bien vistos y esperados como estudiar, ser limpio, tener un buen trabajo, etc., y los actos condenados socialmente pero muy practicados que son los que perjudican o van en contra de la cultura y las reglas de convivencia pero que benefician directamente al yo. Pero también existen un tercer tipo de actos narcisistas, aquellos que incluso son, a diferencia de los dos tipos anteriores, de extraordinario beneficio hacia los semejantes, nombrados como caridad o lástima hasta altruismo, humanismo o filantropía.

Por ejemplo, en lemas tan antiguos como el adjudicado a Confucio: “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti” en donde se es pasivo en la agresión para un beneficio propio, o en la tradición judía con el mandamiento “«No matarás» [que] nos da la certeza de que somos del linaje de una serie interminable de generaciones de asesinos que llevaban en la sangre el gusto de matar(2), hasta llegar al cambio que se da con el cristianismo en que se pasa de la pasividad de no hacer el daño a la actividad de ayudar pero sólo en función del amor propio, como lo menciona Freud; “«Amarás al prójimo como a ti mismo»… y un segundo mandamiento que me parece aún más inconcebible… «Amarás a tus enemigos.» Sin embargo, pensándolo bien, veo que estoy errado al rechazarlo como pretensión aun menos admisible, pues, en el fondo, nos dice lo mismo que el primero(3), es decir, amar en función de la propia imagen y amor a sí mismo: narcisismo. Así, quien más esté unido a las normas judío-cristianas de los mandamientos, se descubre pronto que sólo es en búsqueda de la salvación y vida eterna, así, se prefiere ser infeliz aquí para obtener el beneficio eterno después de la muerte fisica.

Admitiendo que bien, los actos aun los que parecen los mejores y más sinceros se pueden convertir o descubrir tan sólo como actos de amor a sí mismo, parece ser esta una visión pesimista de lo que el ser humano puede hacer. Pero nos queda aún por hablar de los actos particulares, pequeños, incluso actos discriminantes (en el sentido estricto de "discriminación", que significa distinguir). Es decir, esos que no se hacen a todas las personas, sino que se crea una distinción entre a quiénes hacerlos, que aunque parece ser aún más egoísta, termina por no serlo, puesto que los actos de amor a los que nos referimos, son aquellos que se hacen a las personas que se quieren por el simple hecho de amarlas, este es un verdadero desequilibrio a la estructura del yo, incluso yendo en contra del beneficio directo de éste. Seguimos aquí a lo propuesto por Slavoj Zizek “Amor es un acto extremadamente violento, amor no es “los amo a todos”, amor significa, selecciono algo… es la estructura del desequilibrio, aun cuando esto sea sólo un pequeño detalle, una frágil persona individual… yo digo “te amo más que a cualquier otra cosa”, y en este preciso sentido formal es el mal(4) . El mal que no debe ser entendido desde la moral ya revisada anteriormente, sino el mal porque va en contra de un equilibrio del yo y su supuesto control sobre la realidad, por eso, al amar se hacen cosas irreconocibles, catalogadas por el yo como estúpidas. Y así, entendemos que estos actos estúpidos, incontrolables y discriminatorios son en realidad verdaderos actos de amor, actos que no se hacen a cualquiera, ni tampoco por un beneficio, sino a alguien en específico por el amor mismo.

Restaría aún revisar la manera en que el yo se enamora, o para decirlo en términos psicoanalíticos, elige su objeto de amor, entonces caeríamos una vez más en que puede ser por una elección narcisista, o bien por apuntalamiento(5), pero en este sentido, encontraríamos el porqué de la elección de un objeto y no de otro, mas no la anulación de que dichos actos sean actos verdaderos de amor.

______________________

1. «El término "narcisismo" se emplea en psicoanálisis para designar un comportamiento (Verhalten) por el cual un individuo "se ama a sí mismo" o, en otras palabras, un comportamiento por el cual trata a su propio cuerpo como se trata habitualmente al cuerpo de una persona amada.» Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis. El aporte Freudiano. Esta obra fue dirigida por Pierre Kaufmann: (1916-1995), filósofo del psicoanálisis. Edición digital.
2. FREUD, S. De guerra y muerte. Temas de actualidad. (1915) Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1998
3.
FREUD, S. El malestar en la cultura. (1930) Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1998
4. Žižek! (Documental) Dirigido por Astra Taylor, USA, 2005.
5.
FREUD, S. Introducción al narcisismo. (1914) Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1998

miércoles 11 de febrero de 2009

De los recuerdos

¿Te acuerdas de lo que eramos?¿Te acuerdas de quiénes eramos? Han pasado lentos y largos años.

No digo que sea malo, solo digo que pudieron no haber pasado. No nos habríamos consumido al calor de los recuerdos y, sobre todo, al calor de la duda:

"¿Que habría pasado sí...?"

Ricardo Rodríguez

viernes 6 de febrero de 2009

Respuesta involuntaria


Se había estado preguntando desde hacía tiempo porqué le había ido tan mal en su vida. Incluso pensó que un obscuro placer de no ser feliz lo gobernaba, ya no buscaba culpables externos.

Ello y tantas otras cosas se decía para darse respuesta a ese sentimiento de vacuidad que se había tornado cotidiano. Hasta que un día, después de que la municipalidad pavimentó de nuevo su barrio y comenzó a poner nuevos letreros en las esquinas, lo comprendió. Había un letrero que no había cambiado, éste lo decía todo (estaba en la esquina de su cuadra); lo leyó y resignado sonrió, su vida había transcurrido en una “Calle sin salida”.

J.V.R.

martes 3 de febrero de 2009


Cuentos de Penélope: Todo se vuelve más oscuro.

Todo se vuelve más oscuro. Me siento tan cansada, han sido muchos años y, sobre todo, muy largos... ya pesan sobre mis hombros, como pesadas losas de... de recuerdo, sí, de recuerdo; por que no hay nada más pesado que el recuerdo, sobre todo cuando se trata del recuerdo de lo que nunca fue. Mi piel hoy no es más que un cúmulo de pliegues, y en cada pliegue guardo una pena. Mis ojos, "Tristes a fuerza de esperar"... es decir, tristes a fuerza de saber que nada de lo que él dijo pasaría. Mis labios, secos de él, secos de la pasión que nunca probaron, secos de la vida que desde esa tarde, nunca volvieron a tener. Lo más vivo que queda en mí son mis manos, porque loca loca, pero bien que me tenían trabajando; ¡Cómo añoro cuando menos, volver a trabajar! Pero no, ya no, ya nada de eso volverá, peor aún, ya nada vendrá. Todo está volviéndose tan confuso, no entiendo nada de lo que me dicen, pero como los veo llorar... todo se vuelve más oscuro, no puedo hablar, o cuando menos, no me entienden, o cuando menos, no entiendo que me entiendan, como ha sido durante los últimos sesenta años. Todo se vuelve más oscuro; tan oscuro como la luz...

Ricardo Rodríguez

lunes 2 de febrero de 2009


Ante el suicidio; la (in)certidumbre


por José Vieyra Rodríguez


El suicidio; “eso” que se nos presenta la mayor de las veces como inesperado, nos conmociona y nos interroga, nos arroja lo más propio del ser humano, en tanto es el único animal que lo hace.

La semana pasada llegué por la mañana a la preparatoria para la cual laboro como docente, y encontré que el grupo hacia el que me dirigía no había asistido a clases, el motivo –me enteré unos minutos más tarde- fue que un compañero del grupo había muerto y estaban todos los alumnos en el velorio.

Hasta donde tengo conocimiento, el joven, de quince años de edad, se colgó en el árbol del patio de su casa. El motivo, según dicen, es amoroso, una amiga (que conoció en la preparatoria) no le correspondió y éste al insistir y no encontrar la respuesta buscada, terminó por decepcionarse tanto que prefirió suicidarse, no sin antes mandarle un mensaje por celular a su amiga en el cual decía poco más o menos que lo perdonara por la estupidez que iba a cometer. También escribió una carta para ella la cuál no he sabido el contenido.

Durante la mañana que narro, supe también que la abuela del joven envió otro mensaje a la chica diciendo que ojalá esté feliz pues ya logró lo que quería. Y así, la abuela culpa a la chica del suicidio y logra entender el suceso, responde a todas las posibles preguntas que le arroja la situación, calma su angustia al tener una imagen hacia la cual dirigir su impotencia.

Por su parte, la institución escolar no sabe cómo responder ante el hecho, en ella no existe departamento de psicología y lo único que aciertan a saber los miembros administrativos de la preparatoria es la necesidad de hacer algo, pero seguramente, nada se hará. Los motivos; muchos. Comenzarán por pensar en la creación de un departamento de psicología en donde se brinde orientación y apoyo, quizá hasta terapia dentro de la misma escuela (como otras instituciones lo hacen) pero decepcionados ante los pocos recursos que se brindan y sin un quinto en el bolsillo para ello terminarán en buenas intenciones y un trago amargo que pasar.

Aun así, no debe dejar de plantearnos una buena cantidad de interrogantes esta situación y aunque sepamos el desenlace decepcionante que en algunos aspectos es imposible de remediar (como en los administrativos) es necesario no quedarnos como si fuera “un caso más”.

Por una parte, es sumamente llamativo la edad del chico, por otra parte también creo que es imposible desligar a la escuela del suceso (ahí se conocen, son del mismo grupo de amigos) y por último tampoco podemos aislar el momento en el que se da, es decir, ¿qué pasa en la sociedad (escuela, familia, amigos, trabajo, etc.) que no da alternativas a las cuales prenderse (o prendarse) y darle sentido a la vida?

Porque además si no podemos decir que es simplemente un caso más de suicidio, tampoco es conveniente decir que es un caso más de suicidio adolescente, sino entender el caso en particular en donde un chico de quince años se mata por amor, además de no pasar por alto el hecho de que es por medio del lenguaje que se entra en relación, en este caso, incluso hasta el final nos damos cuenta del ser que habla y no termina por acertar (mandar un mensaje, dejar una carta). Recordando también que el suicidio no se da porque no se quiera la vida, sino que no se quiere la vida bajo ciertas circunstancias, como la rebeldía que no es el hecho de no querer obedecer a nada ni a nadie, sino el pedir mejores razones para obedecer. De igual manera el suicidio no es querer morir sino no tener mejores razones para vivir. Además, siguiendo la doctrina psicoanalítica, recordemos que el suicidio no se inflige al Yo, sino al objeto introyectado, por lo que es un sadismo hacia el objeto que ha dejado su sombra sobre el Yo(1), o para decirlo en lo que nos ocupa; no se mata a él, sino a lo que siente por la chica.

Como también lo había mencionado, es trascendental entender el momento histórico en el cual vivimos, pues cada vez es más difícil encontrar razones para vivir, que le den sentido a nuestra vida y nos sostengan en el vertiginoso mundo actual. En la época contemporánea la escuela no es un lugar que brinde elementos de goce, sino por el contrario, de imposición y control. Pero al parecer tampoco hay fuera de ésta nada que posibilite el sostenimiento del sujeto en la vida.

Deborah Fleischer en un artículo llamado El suicidio en la obra de Lacan nos dice “el suicidio melancólico entonces no es un acto. Es una certidumbre de goce cuando el significante ha perdido la batalla ante el duelo imposible”(2). La pregunta se mantiene, ¿es la única manera de responder? El sujeto tiene certidumbre, pero los que atestiguamos el suicidio estamos del otro lado, con la incertidumbre, deseando tenerla, olvidando que el suicidio es una manera de ello, sí, de ello (Es).

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1. Freud, S. Duelo y melancolía. Obras Completas, Tomo XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1917.
2. Fleischer, Deborah. El suicidio en la obra de Lacan en Antroposmoderno. El url de este artículo es http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=595


lunes 26 de enero de 2009

Cuentos de Penélope: Conversaciones con su hijo

-Pos yo lo siento mucho por mi apá, estos higaditos le quedaron resabrozos amá.
-Ay muchacho, ya ni me digas, ya sabes lo que pienso de esto...
-Amá, ¡pero no me diga que no lo estraña!
-¡Uy si te dijiera!
-¡Pos dígame, amá!¡Dígame!
-Serénate, muchacho, serénate... tu no sabes destas cosas... pero 'ora verás, te voa dicir... hace munchos, pero munchos años, lo conocí a tu 'apá, era muy buen mozo, alto, fornido, ansí grandote como deben ser los machos... y pos yo tenía lo miyito, que al cabo de la insistencia, y algo de fuerza, pasó a ser dél... justo cuando quedé en estado de usté, mijo, el muy cabrón se desaparició...
-A mí lo que me da muina es que le ande haciendo canciones:

"Penélope, tristes a fuerza de esperar,sus ojos, parecen brillar..."

¿Qué es eso amá?, ¿Qué es eso? ¡Si usté ni se llama "Penélope"!...

Ricardo Rodríguez

domingo 25 de enero de 2009

Humanidad

Cuando desperté y me di cuenta que tenía pies; me asusté. Los tenía puestos, unidos al resto de mi cuerpo, listos para andar. Asumí que no debía levantarme aún. Preferí volver a recostarme y esperar a que desaparecieran. No sé cuánto pueda tardar, llevo ya algún tiempo y siguen ahí. No me importa, confío en mi teoría de la evolución.


J.V.R.

jueves 22 de enero de 2009


Cuentos de Penélope: Los muertos hablan

Los muertos hablan Penélope, los muertos hablan. Desde aquí clarito oigo tu voz, se te notan tantas penas, tanto dolor. Cómo hubiera deseado regresar a tiempo, cómo me hubiera gustado estar allí antes de que dejaras de esperarme. Allá donde estás, ¿Quién te dará noticias de mí?, y es que de plano estás relejos, clarito te oigo como si estuvieras en Comala, con la debida licencia de Juanito Rulfo... Han pasado tantos años, han pasado tantas cosas... ¡Ay amor!, esa tierra donde estás, tan viva, tan llena de colores, ¿Cómo hacerte entender que los muertos no podemos ir allá?

Ricardo Rodríguez

sábado 17 de enero de 2009


Nómada


“Nunca me ató corazón y familia,
errante siempre por gusto a la vida,
no llevo mapa, no tengo prisa…”
Alejandro Santiago

Aun cuando conocía bien que el nómada nunca debe cargar con elementos que evoquen el camino recorrido, aquél día su vista fue cautiva por ese robledal. Había caminado innumerables bosques, montañas, selvas, pero ese árbol en particular apresó su mirada. No conocía el nombre de esa especie, así que dio por llamarlo “recuerdo”. Se sorprendió cuando descubrió sus pequeñas semillas. Encantado con ellas, antes de marchar, tomó una en su mano y siguió su camino. Al paso del tiempo, de su puño –el cual apresaba la semilla- comenzaron a brotar algunas hojas. Sin importarle, el nómada no soltó su “recuerdo”. Siguió andando. Unos meses después, el nómada cargaba en su mano izquierda a un pequeño árbol.

Una noche, cansado de andar, decidió recostarse. Al despertar se dio cuenta que su mano, en la cual llevaba al pequeño robledal, había echado raíz en la tierra sobre la cual la posaba. El nómada no luchó por arrancarla, por el contrario se quedó observándola. Pasaron los días, lentos, uno a uno, se maravilló al ver cómo avanzaba el crecimiento del árbol en relación a su cuerpo que cada vez era devorado un poco más por él.

Ayer terminó por ser tragado completamente.

El nómada ahora habita dentro del tronco de algún robledal en medio de un bosque, todo por no haber sabido llevar a cabo la enmienda básica: “no cargar nunca ni tan solo con un pequeño recuerdo de tu andar, porque tarde o temprano te hará detenerte y vivir para él”.

J.V.R.

jueves 15 de enero de 2009


Cuentos de Penélope


"Penélope, con su bolso de piel marron,

y su zapatos de tacon y su vestido de domingo"
Algún mentiroso



Hay algo que debemos precisar antes de seguir hablando de Penélope. Era mexicana. En realidad nunca esperó a nadie, por que era mexicana. Y eso del "bolso de piel marrón", házme el chingado favor... hubiera querido tener cuando menos un bolso, eso, eso no se podía llamar bolso, un amarre hecho con unas tiritas de lino que encontró en la retacería. El día que compró uno, era pirata, de esos de "Dolche Gavana".

Mira, lector, te lo digo en serio, ¿de dónde una pinche criada iba a tener pa' zapatos de tacón?, Ora, ¿Qué es esa chilada de "vestido de domingo"? No, no, y tres veces no. Todos, todos, todos y tres veces todos sabemos que en la Alameda no se usa llevar vestido, se viste pantalón de mezclilla, entre más feo el color, y más resaltadas las costuras, mejor. Yo ya estoy hasta el gorro de que se hable así de Penélope. ¡Por Dios!, como si esperar como tonta hasta volverse loca fuera alguna virtud. Pinche Penélope, no me quiso esperar.


Ricardo Rodríguez


Conversaciones

Ayer hablé con Walt Whitman y me dijo cosas maravillosas, ocultas, sublimes, elevadas. ¡Qué ser iluminado!, ¡Qué portento de mente!,¡Oh, gran espíritu!. Es una pena que yo no hable ni entienda el inglés.


Ricardo Rodríguez

miércoles 14 de enero de 2009


Silencio

Alguna vez me contaste que siempre se te ha dificultado decir “no”, por eso has adoptado un sinnúmero de formas diferentes para dar una negativa cuando la requieres. La última que emprendiste conmigo fue no contestar más mis llamadas. Por eso, mañana te lib(e)raré de tu problema, te ensañaré a mantenerte firme en un mudo y eterno no, mañana te preguntaré si quieres morir.


J.V.R.

sábado 10 de enero de 2009

A 55 años de Fahrenheit 451
o
¿A qué temperatura se inflama un pdf?


Fahrenheit 451:
La temperatura a la que
el papel de los libros se
inflama y arde.

Si os dan papel pautado,
Escribid por el otro lado.
Juan Ramón Jiménez

Epígrafes de la novela
Fahrenheit 451 de Ray Bradbury



En una sociedad futura, la felicidad es un derecho que el gobierno debe salvaguardar, cuando se admitió que los libros no ayudaban a la felicidad, se prohibieron. En este tiempo las casas están protegidas contra fuegos involuntarios, así, los bomberos han dado un giro a su oficio, ahora se dedican a esperar alertas telefónicas que adviertan la posibilidad de casas con libros para acudir a ellas, registrarlas y al descubrirlos, incendiarlas.

Un día, Montag -un bombero- se encuentra con Clarisse, una adolescente que apunta hacia el aspecto humano de éste, despertándolo y haciéndolo cuestionarse si es feliz realmente, si está enamorado o si sabe algo de las demás personas. Sacudiendo así definitivamente a Montag, que después de este encuentro decide comenzar a leer libros que él mismo roba en su trabajo, convirtiéndose de este modo en un delincuente.

Este es el argumento de la novela Fahrenheit 451 del escritor norteamericano Ray Bradbury, un libro que nos propone aventurarnos en la denominada ciencia ficción y a partir de esta, mostrarnos nuestro mundo “real” lleno de censura, poca crítica, un gobierno totalitario pero democrático, una sociedad feliz pero en guerra constante, un mundo que aunque bien puede apuntar a un símil de la propia sociedad norteamericana de los años cincuenta en que fue escrito, cada vez se vuelve más vigente, y no solamente para Norteamérica, sino para el resto del mundo que se asemeja a esta cultura.

Un claro ejemplo de la situación en que se vivía en EUA es que la novela fue publicada por vez primera entre 1953 y 1954 en los números dos a cuatro de la revista Playboy ya que ninguna editorial se animó a publicarla por la época política se temía editar –paradójicamente- algo que tratara acerca de la censura (¡Censurar a quien dice que hay censura!).

Si bien, la sociedad futura que profetiza Bradbury era una crítica en su momento a la sociedad norteamericana en que la televisión comenzaba a desplazar a toda forma de entretenimiento e incluso relación con la gente, ya no digamos el hábito de lectura, ahora también, como es costumbre, tiende a mostrarnos a poco más de medio siglo de su gestación en la cabeza del escritor, una realidad que comienza por instaurarse, ya deja de ser ese exceso absurdo para dar paso a una posible realización.

La fuerte crítica que lanza en esta novela Bradbury, abarca desde la censura a la libertad de expresión, la persecución a quien ose cuestionar las normas fácticas hasta el retrato de las personas embutidas en tecnologías que dan felicidad aunque no sepan qué es esta o la marginación al intelecto de manera voluntaria y autónoma por parte de la sociedad, y todas estas se tornan con el paso de los años más reales que entonces.

¿Pero es realmente la tecnología la culpable del embrutecimiento masivo de todos?, ¿los libros por sí mismos son más valiosos que la televisión?, ¿la única solución radicaría en parar los avances tecnológicos para así dar paso a la verdadera felicidad de cada ser humano con la naturaleza? Por supuesto Bradbury no es tan ingenuo, los libros es su novela son los representantes simbólicos del intelecto, la rebeldía, la libertad, el cuestionarse, la crítica. Las preguntas anteriores son respondidas conforme se despliega la magnífica trama que teje el autor, para hacernos entender que no es un simple elogio al papel escrito, sino a las ideas, los pensamientos y la razón. Por eso al final de su novela termina por enseñarnos la transmutación de los libros en humanos, es decir, no importa la representación sino a lo que representa.

Tomando esto último como referencia, cabe dejar de lado los lugares comunes en que se cae al criticar a las tecnologías actuales, por ejemplo al internet que parece ser el nuevo demonio a vencer dejando atrás cada vez más a su rival la televisión. Pero estas tecnologías no son malas per se sino únicamente en relación con nosotros.

Dice un viejo refrán “el mejor compañero ante la adversidad es un libro” pero ¿sería osado o erróneo pensar en que en un futuro sea un pdf? En vez de saltar inmediatamente a la defensa del papel, es también oportuno plantearse la posibilidad de que haya algún momento en que no sea necesario tener más libros físicos, es decir, en vez de criticar este tipo de tecnologías y aferrarse cual niño de seis años a su chupón, también es pertinente pensar que quizá en un futuro (por no decir que ya es así) el internet desplace casi por completo a nuestra comunicación, la información se contendrá en su totalidad en computadoras, es algo que no puede ya pararse, la pregunta es qué hacemos para no terminar embutidos en tecnologías embrutecedoras que nos dan videojuegos, películas que buscan la alienación, la enajenación total o el aplastamiento de la crítica social. La labor que queda es hacer uso de ellas, echar mano de los adelantos, utilizar el internet para la difusión de la expresión, los archivos pdf para la adquisición fácil y tal vez gratuita de un “libro”.

No es posible frenarse ante los adelantos, menos aun pedir un retroceso, la única alternativa es caminar junto a ellos poniéndolos al servicio de la educación, la liberación de la mente, la crítica.

Si no hay espacios en la televisión para aparecer y decir nuestro pensar, en la radio para hablarlo o en los periódicos y revistas o grandes editoriales para escribirlo, hoy se puede hacer en el espacio virtual y decir desde ahí, hacer desde ahí. Si a 451º Fahrenheit arde el papel del libro, ¿a qué temperatura lo hace un pdf? Quizá sea necesario otro tipo de bomberos para incendiar una biblioteca de estas.

Hace más de 55 años vio la luz esta novela, y hoy nos arroja nuevas preguntas, por eso es imprescindible remitirse de vez en vez a escritores como Bradbury que saben leer en la cultura lo que ésta escribirá.


José Vieyra Rodríguez

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Descargar Fahrenheit 451 en formato pdf.

miércoles 7 de enero de 2009

Falacia lógica machista


Si ...
"sabemos que un gramo se siente como un kilo",
entonces diez centímetros se sienten como un metro.


martes 6 de enero de 2009


Lo más absurdo de lo absurdo,
—dice el Maestro—,
lo más absurdo de lo absurdo,
¡todo es un absurdo!
Libro de Eclesiastés, La Biblia
(Dios, derechos reservados, Editorial Eternidad)


El nacerá, crecerá y se llamará, digamos... Krod. Será alguien a quien la vida no le causará ningún miedo, ninguna excitación, ni mucho menos, alegría alguna. Y digo se llamará, por que sus padres lo nombrarán Juan, pero sin importarle que sus viejos hayan elegido su nombre, lo cambiará a... esa cosa aberrante. Un día encontrará una razón de vivir, le amará y le entregará la vida y querrá, sin la menor duda, volver a su prístino nombre. No podrá. Habrá hecho su vida esperando satisfacer las expectativas de los demás, por lo tanto, no habrá vivido.


Ricardo Rodríguez

domingo 4 de enero de 2009

Carnicería


"La condena moral del canibalismo implica
o bien una creencia en la resurrección corporal,
que quedaría comprometida por la destrucción material del cadáver,
o bien la afirmación de un vínculo entre el alma y el cuerpo
y el correspondiente dualismo"
Lévi-Strauss


Hay incluso quien dice que desde el comienzo de las primeras sociedades en forma de tribus, existió el negocio que se asemejaba a lo que hoy llamamos carnicerías. Tendría que admitir que suena lógico cuando se sabe que la alimentación es una necesidad humana, así, en los tiempos que me ha tocado vivir, la exhibición de diversos y suculentos cortes de carne para el consumo humano son cada vez más frecuentes.

He leído en algún lugar que el nacimiento de este negocio propiamente como lo conocemos ahora no se aleja hasta los mitos cavernícolas de los que he hecho referencia hace un momento, lo adjudican incluso apenas al siglo pasado. Tampoco suena disparatado, es imposible concebir tal como ahora lo hacemos a este negocio hace más de cien años, la tecnología definitivamente ha venido a dar la culminación de aquello que se gestó desde mucho tiempo atrás.

Sin embargo, es definitivamente inaudito en lo que se ha convertido, quizá sería tan sólo cuestión de remontarse unas décadas para que fuera imposible pensar en la ternura, frescura, belleza, en lo apetecible y suculento que hoy encontramos frente a nosotros, consumidores.

Según me han dicho expertos en el tema, los interesados en el perfeccionamiento de las carnes en la actualidad se sirven de los artilugios científicos para lograr su conservación por el mayor tiempo posible, e incluso han logrado por medio de diversas técnicas devolver a un estado perfecto aquella pieza de carne que parecía estar condenada a salir de la venta.

De hecho, la tecnología también ha incursionado en la estética del establecimiento, la temperatura adecuada, las luces pertinentes, la colocación y demás detalles son cuidados rigurosamente en aquellas carnicerías a las que soy asiduo.

A como va todo esto, creo que pronto será posible que se utilice la manipulación genética y con libre consentimiento de todos (¡incluso de la madre!), para tener la certeza de obtener una mejor mercancía llegado el momento.

Como es natural, ante toda actividad siempre habrá quien se oponga, por lo que ya no es nada raro encontrar vegetarianos, que incluso proclaman su costumbre como si fueran poseedores de una moral mejor que la de uno, cuando, siendo sinceros, sabemos que el consumo de carne es de lo más normal, de hecho vamos por la calle e inconscientemente pensamos que todo el que está a nuestro lado es un carnívoro.

El nombre de la carne, claro está, varia según la localidad, lo que para los argentinos es “marucha” o “paleta” para los americanos es “chuck”, o lo que éstos últimos llaman “round” los primeros lo simplificaron bastante al nombrarle “nalgas”.

Los gustos, aún más que los nombres, fluctúan. Esto ya no se circunscribe a la localidad o al idioma, pueden ser tan variados como de persona a persona. Así, hay quienes no pueden más que pensar en el cuadril, otros lo acompañan con pescuezo, quienes abiertamente se consideran simples, prefieren las pechugas, hay otros que la pierna es algo que no pueden omitir en su dieta. A título personal creo no tener una preferencia muy marcada, soy lo que han dado por denominar, ecléctico.

Ahora bien, la preparación de cada corte de carne para su consumo tiene infinidad de variantes, es una vez más, una cuestión de regionalismos y gustos.

La semana pasada, la última vez que visité una carnicería, me sorprendí al ver cuánto dinero se manejaba en aquél lugar. Los clientes entraban, iban y venían sin otra cosa en la cabeza que carne, carne y más carne. Había quienes, claramente podrían haber gastado una fortuna en llevarse lo que para ellos era lo mejor que ofertaban. En aquél lugar había de todo, desde tremendas reses que paradas medían más de dos metros, hasta pequeños cortes que invitaban a una tentación un poco más secreta. Había todo tipo de carne; natural, otra claramente manipulada por la ciencia, alguna con gran cantidad de grasa pegada y otra que parecían vender más sabor que cantidad.

Definitivamente, aunque reconozco mi preferencia y vicio por la carne, he decidido no volver ahí pronto. Por momentos me asqueó ver aquella gente con dinero en los bolsillos y una mirada perversa al entrar a ese lugar, al disfrutar ver aquellos trozos de carne bailar mientras se quitaban poco a poco lo que quedaba de piel cubriéndolos, había quienes con dinero ya en mano se alzaban para pedirle al tablajero que bajara al pedazo de carne y lo sentara junto a ellos, entonces por un poco más de monedas le daban una copa, lo acariciaban y besaban, lo estrujaban contra sus cuerpos y lo olían fantaseando en que lo comían, quizá muchos de ellos lo harían en un poco más de tiempo, les gusta la preparación.

Yo, aquél día, sólo entré a mirar el burdo espectáculo que se ofrece diariamentre en la carnicería, que según me han contado algunos amigos extranjeros, en algún otro país le dan por llamar table dance, no estoy seguro de que ello sea cuestión solamente de nombre o realmente haya alguna diferencia, en este aspecto, confío en mis allegados.

J.V.R.

viernes 2 de enero de 2009


Nuevas Caras

Cuántas veces se rió tecleando "ja-ja-ja", sin una sonrisa en su boca... su vida, monótona a la vez que febril, transcurría día a día, minuto a minuto y nano-segundo a nano (eso, eso...), frente a un computador. Se desesperaba al mirar por la ventana, al no poder salir, no poder comprender lo que allá afuera ocurría. Un día, como tantos otros, entendió que no estaba solo, había millones como él, y que gracias a una ventana llena de iconitos, se mantenían vivos... Así, comenzó a vivir, lleno de un entendimiento nuevo, ante nuevas formas de vida, lo único era entenderlas o seguir muriendo.


Ricardo Rodríguez

jueves 1 de enero de 2009

Noche vieja




Casi al amanecer, cuando pareció que la plática al igual que la juerga habían terminado, sentados en el vestíbulo, ella dijo:

–Venga ya, ¿qué quieres? ¿que te pague?
-¿De cuánto estamos hablando?- Repuso seguro de él mismo.
-La verdad es que no te pagaría por sexo.
-Y yo no te cobraría.

Se levantaron, salieron del vestíbulo y se marcharon cada quien a su habitación.


J.V.R.

viernes 26 de diciembre de 2008


Nada nuevo bajo el sol...



Se sentó ante aquel lienzo, blanco, pálido, casi viejo... dió un par de pinceladas, unos cuantos trazos y terminó. Se alejó unos pasos para apreciar su obra, y era exactamente igual que al principio...



Ricardo Rodríguez

Metaphysica



En el principio de la literatura está el mito,
y así mismo, en el fin”.
Jorge Luis Borges


Supo que tenía que rastrearlo, así que se dirigió al único lugar en el que podría encontrar los indicios, o tal vez el único lugar en el que su mente pensó, al final no era tan sagaz como creía serlo.

Abrió la puerta, sigiloso se dirigió hacia la luz, la encendió. Entonces los miles de libros se iluminaron ante él, letras en combinaciones ideales formando palabras que, según dicen algunas doctrinas, pueden matar a la cosa, pero hay quienes afirman que decir eso es ignorar que también la crean.

No regresaba a su biblioteca quizá desde hace años, desde que se sintió con el ímpetu de salir y vivir. No supo por donde comenzar, por un momento vaciló al dirigirse al primer anaquel, pero rectificó, se dio cuenta que no tenía la fuerza de aquél autodidacta contado por Sartre como para comenzar por la A.

Mientras caminaba entre los largos pasillos, la rabia lo invadió, porque al final sintió que había perdido, que había vivido tras un sueño enteramente humano mientras dejó ahí, entre obscuridad, a quienes lo acompañaron por tanto tiempo.

Así, paseó entre unos y otros pasillos, reconociendo viejas pastas que tanto amó, ediciones preciadas, publicaciones invaluables tanto para el conocedor como para el coleccionista. El olor que despedían las hojas viejas se incrementaba para él entre más tiempo permanecía allí. Caminó hasta que recordó el apartado y se detuvo ante él, un antiguo rótulo con la letra F estaba encima de su cabeza, supo que era ahí donde podría encontrar el inicio de aquella desventura. Así, igualmente titubeante, sacó su pequeña lámpara de bolsillo con que solía iluminar los lomos de los libros para volverlos un poco más legibles para su vista desde hace años ya cansada. Al intentar encenderla, ésta no lo hizo, recordó con dejo de desprecio la supresión de la vida incluso en las baterías, no las había cambiado desde meses antes de su última visita. Arrojó la lámpara al suelo y simplemente abalanzó los ojos hacia cada lomo, en cada uno se detenía e intentaba hacer memoria, ese apartado en especial nunca había sido de su total agrado, -¡Filosofía! ¡bah! ¡la verdadera filosofía está en la literatura universal!- siempre se dijo y con esta excusa se alejaba de aquél lugar.

Había más de ocho centenares de libros, sabía que podía dirigirse directamente a los griegos, los eternos griegos que formaron una tradición que hoy empaña su vida. Sin embargo, prefirió operar de manera inversa, comenzando por los libros de los filósofos más recientes, así quizá aprehendería la razón actual, La Razón. Pronto se dio cuenta el descuido enorme que tenía ese lugar (acaso su mente), pero intentando ignorar todo aquello comenzó su ardua lectura. Pasó días enteros recluido exclusivamente en su tarea, desde que construyó la biblioteca había decidido que no hubiera reloj ni ventanas, una vez que se entraba ahí se perdía toda noción de tiempo, el que entrara y quisiera permanecer por un largo período se tendría que fiar de su reloj biológico para saber si se vivía de noche o de día. Así pasó jornadas cíclicas, tal vez decenas volcado encima de esos libros que intentaba hacer hablar.

Había comenzado por las visiones del siglo XX, pronto desechó sus posturas, era iluso ese desplante de filosofía que argüía que las proposiciones metafísicas no pueden ser ni verdaderas ni falsas, pues carecen de sentido ya que son solamente lenguaje. Pronto recordó a Einstein, quien alguna vez dijo que el miedo a la metafísica es una enfermedad de la filosofía empírica, él no se sentía enfermo de ello, por lo que continuó su búsqueda.

Así, también se topó con el existencialismo, esa corriente que dice que el saber metafísico solamente sirve para el conocimiento del saber de la realidad radical, pero no podía entenderlo desde ahí, puesto que no puede ser posible que tan sólo haya existencia material, no era ese su pesar. Tampoco Dilthey y su tendencia a transformar la metafísica en una concepción del mundo, su vivencia no era posible reducirla a la materialidad de la realidad o a la simple concepción del mundo.

Leyó tantas hojas que en su mente se entretejió una red de confusión aún mayor, se traslapaban de pronto las ideas, veía a Kant enfrentando a la metafísica al tribunal de la crítica de la cuál nada escapa y a Comte proponiendo que la metafísica es una manera de conocer propia de la humanidad. No es lo único -se dijo- se está negando el problema, eso es todo.

Llegó también a los escolásticos, para quienes la metafísica (metaphysica) es el ente real es toda su extensión por lo que no incluyen a los entes de la razón a causa de su carencia de entidad y de realidad. Al paso de lo días intuía que se acercaba al final, estaba cerca, pero aún no podía conciliar su sentir, su razón, su corporeidad (eso que intentó afuera). Si como afirman los escolásticos no hay entes de razón, entonces era imposible el estudio de eso que lo hacía propio, que lo empujaba a esa búsqueda, era una vez más negar la razón a favor de una realidad de entes inimaginarios, burdos, absurdos.

Santo Tomás lo llevó inevitablemente a dónde creyó no necesitar llegar, se remitió a Aristóteles, pues los dos entendieron a la metafísica como el estudio del ente en cuanto ente real, la ciencia del ser en cuanto ser. Así se despertaba cada vez más su furor, parecía encontrar al biempensante que pudo ser el culpable de todo.

Releyó, en un viejo libro, que fue Andrónico de Rodas en el siglo I quien hizo una clasificación de las obras de Aristóteles. Andrónico colocó a los libros que tratan de la “filosofía primera” al lado de los libros de Física, denominados “filosofía segunda”, llamando así a los primeros Metafísica (μετὰ [τὰ] φυσικά, después de los [libros] físicos), ello lo hizo sin sospechar que lo que al parecer era una mera clasificación, con el tiempo designaría toda una parte de la filosofía.

Al recordar esa vieja anécdota, vituperó contra Andrónico de Rodas, ligó su odio de la metafísica (palabra de diez letras que lo había venido a destruir) contra el filósofo griego. Después de maldecirlo algunas veces se detuvo, reflexionó; tan sólo es la palabra, el significante metafísica, él no era a quién buscaba, no podía serlo, era Aristóteles quien llevaba a cabo la propuesta metafísica, la separación del ser con la materialidad, la separación para poder estudiar al ente y no al objeto, si era posible conocer al ser, entonces la física era innecesaria. Apenas lo había pensado e inevitablemente volteó hacia los Diálogos, libro canónico, en sus páginas estaban contenidos los gérmenes de Aristóteles, por lo que fue Platón ¿o Sócrates?

Su mente divagaba nombres de filósofos presocráticos, comenzaron a llegar hasta él las doctrinas de Parménides, Tales, Demócrito, Pitágoras, Eráclito, Anaximandro, Empédocles… todos se fundían en una revolución de pensamientos, no podía asirlo, el origen de la metafísica no lo encontraba, en todos estaba presente, se dio cuenta que no importaba la palabra ni la propuesta, en todo había metafísica.

Su intento por encontrar a quien ingenuamente sobrepuso lo inmaterial a lo material, quien propuso la superioridad de las ideas, del ser, del ente, del conocimiento, la sobrevaloración de lo que hay más allá… su intento fracasó.

Yació ahí, entre hojas y pensamientos, con coraje, sin poder encontrar el inicio ni tampoco la solución, decepcionado pensó que desde la existencia del primer hombre hubo metafísica, aunque este no la conociera la hacía, asignarle este nombre a esa labor, en retrospectiva, es un mero ejercicio discursivo que no le resta autenticidad.

Igualmente decepcionado supo que no podría entenderlo nunca, que el sueño humano que persiguió, el de unir tres elementos en una misma reciprocidad, no debió haber sido una pérdida, no pudo haber sido una pérdida… no lo fue.


a mi amiga Lileana Rodríguez


J.V.R.

miércoles 24 de diciembre de 2008

Celebración


Uno: Hoy a media noche, habrá que brindar.
Otro: No veo otra manera de celebrar al Hijo del Carpintero.
Uno: Exacto, porque al final, él nos puede unir y recordar que si al menos un día podemos encontrar la paz...
Otro: ...es imperativo, entonces, intentarlo más seguido.


por
Ricardo Rodríguez

José Vieyra


lunes 22 de diciembre de 2008

A veces te recuerdo

... y te encuentro en tantos lugares, tan vacíos de tí, tan llenos de todo... por que no lo fuiste todo.

Ricardo Rodríguez



Dos notas sobre el niño*

por Jacques Lacan


Estas dos notas manuscritas entregadas
por Jaques Lacan a la Sra. Jenny
Aubry en octubre de 1969, fueron publicadas
por primera vez por ella, con mi autorización,
en un libro suyo aparecido en 1983.
Jacques-Alain Miller


En la concepción que de él elabora Jacques Lacan, el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar.

El síntoma, y este es el hecho fundamental de la experiencia analítica, se define en este contexto como representante de la verdad.

El síntoma puede representar la verdad de la pareja familiar. Este es el caso más complejo pero también el más abierto a nuestras intervenciones.

La articulación se reduce mucho cuando el síntoma que llega a dominar compete a la subjetividad de la madre. Esta vez el niño está involucrado directamente como correlativo de un fantasma.

Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (lo que asegura normalmente la función del padre), el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en el “objeto” de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto.

El niño realiza la presencia de eso que Jacques Lacan designa como objeto a en el fantasma.

Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo (de la madre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso o psicótico.

El niño aliena en él todo acceso posible de la madre a su propia verdad, dándole cuerpo, existencia e incluso la exigencia de ser protegido.

El síntoma somático le ofrece a este desconocimiento el máximo de garantías: es el recurso inagotable para, según los casos, dar fe de la culpa, servir de fetiche, encarnar un rechazo primordial.

En suma, en su relación dual con la madre el niño le da, como inmediatamente accesible, aquello que le falta al sujeto masculino: el objeto mismo de su existencia, apareciendo en lo real. Resulta de ello que en la medida misma de lo que presenta de real, estará expuesto a un mayor soborno en el fantasma.

Por lo que parece al ver el fracaso de las utopías comunitarias, la posición de Lacan nos recuerda la siguiente dimensión.

La función del residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades, resalta lo irreductible de una transmisión –perteneciente a un orden distinto al de la vida adecuada a la satisfacción de las necesidades- que es la de una constitución subjetiva, que implica la relación de un deseo que no sea anónimo.

Las funciones del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad. La de la Madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, así sea por la vía de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo.

________________________________________
*Transcrito por José Vieyra del libro: Lacan, J. Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As, 2007. p.p. 55-57


sábado 20 de diciembre de 2008


Apotegma


Hasta ahora, en mis opiniones,
se ha creído ver más a mi sombra que a mí mismo.
Friedrich Nietzsche


Reproches irreductibles de la vida; el conocimiento y el amor. Pero en estos momentos, por fin he podido conjeturarlo. Probable es que no sea más allá de un apotegma, pero aún así, logré entrever la Verdad con ello.

Si quería liberarme tenía que mutar, no bastaba ser aquél que cree formarla. Todo a cambio de no perecer entre sus brazos. Entendí, para deshacerme de mi sombra tenía que convertirme en luz.


J.V.R.

martes 16 de diciembre de 2008

Elogio a lo inservible

por José Vieyra Rodríguez


Actualmente, una imposición social es la utilidad de las cosas, todo debe ser útil. Ya no es posible desear algo que –al menos en apariencia- no lo sea. Quizá es normal, en un mundo pragmático y utilitarista, se menoscaba todo aquello que su fin no sea inmediato, práctico, directo, útil, servible.

La mercadotecnia nos enseña a diario esta nueva mirada hacia los objetos. Todos los artículos que se promocionan lo hacen no por su simple y llano servicio que pueden dar, o la necesidad que pueden cubrir, o siquiera la felicidad ingenua o goce inteligible a primera vista que pueden causar. Ahora, parece ser necesario pervertir hasta el extremo la naturaleza de todo para lograr otorgar un goce excesivo pero -paradójicamente- seguro y concreto. Ejemplos, cientos: agua, no para satisfacer la sed, ¡sino para mantener la línea! (Bonafont, Cuida tu línea. Es el slogan de una campaña publicitaria), los juegos para niños pequeños deben ser instructivos, no más juegos por diversión, ¡ahora sus hijos aprenden mientras juegan! O tal vez algo menos natural pero igualmente sobresaturado de utilidades; celulares con cámaras de video, fotográficas, televisión, radio, internet… ¡y que también funcionan como teléfonos! Las artes, igualmente han sido alcanzadas, ahora se puede escuchar música… ¡con mensajes ocultos para dejar de fumar o comer! ¿Quieres leer un libro? Aquí está el último bestseller de superación personal, termina la película o el cuento y se pregunta ¿moraleja?, y un largo etcétera puede continuar en esta lista.

Por supuesto, toda actividad humana, no es natural. Desde alimentarse hasta la más grande obra de arte son creaciones torcidas o alejadas en menor o mayor medida de la naturaleza. La alimentación, que es una necesidad, es el primer contacto de perversión que tenemos los humanos (¿cuántos niños han sido alimentados hoy por un biberón relleno de fórmula láctea?), desde el principio de la vida hasta la muerte todo lo hacemos sin seguir pautas naturales, ya sea por raciocinio o goce, pero sin instinto.

Aceptamos, pues, la inclinación del hombre hacia la perversión de todo. Pero precisamente el encontrar una supuesta “utilidad real” a todas las cosas, crea una ilusión de seguridad y bienestar, una falsa idea de elección correcta, pero si no hay nada natural en las actividades humanas, entonces ¿cómo saber qué es lo adecuado? ¿por qué he de elegir “estar bien” con cierta marca de agua?

Para atender a este problema recurramos a Freud, quien en su ensayo El malestar en la cultura (1930) concibe a la cultura como el conjunto de normas impuestas que obligan a la renuncia de las satisfacciones pulsionales, a cambio de la protección del hombre contra la Naturaleza y la regulación de las relaciones entre los mismos. Sin embargo, debido a la propia renuncia pulsional se impone también sufrimiento, ante lo cual el hombre tiene que buscar nuevos métodos o formas de satisfacción, pero no solamente reduciendo el estado de displacer en el organismo, sino que además quiere ser feliz, por lo que tiene ante sí tres formas con las que intenta sobreponerse a la pesadez de la vida: una son las distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria; la segunda son las satisfacciones sustitutivas que la reducen y, por último; narcóticos que nos tornan insensible a ella.

Por lo cual, entonces entendemos que nuestras actividades pueden ser concebidas dentro de estos tres intentos por reducir lo miserable que se torna nuestra vida en la cultura, pero que todas ellas son formas de orientarse hacia un único fin: la felicidad.

Hasta aquí entonces quizá podemos volver a nuestro inicio y plantearnos porqué forzosamente dar utilidad a las cosas, como al arte (que es una “satisfacción sustitutiva”), al juego (una distracción poderosa) o la elección de un refresco (un pequeño goce). Hoy no puede tolerarse simplemente el placer insignificante que puede provocar una bebida, sino que se tiene que gozar, pero con seguridad, ¡Goza, goza, pero no te hagas daño! Es una invitación al goce excesivo pero aún más controlado, una imposición mayor de la cultura que también absorbe este punto, por lo tanto, si el control se vuelve aún mayor, es menor la posibilidad de disfrutar de ello.

Al declarar entonces a esos pequeños goces como medios para reducir la miseria de la vida, es decir, para llegar a la felicidad, entonces también estamos declarando una utilidad, sin embargo no es directa, cada uno nos serviremos de diferentes medios para llegar a la felicidad pero no hay un camino correcto, no hay una marca o un producto que nos la de, por lo que más que decir que estas actividades son útiles, decimos que entendemos su función, no su utilidad, puesto que ninguna la podría tener.

Por lo que, atendiendo a todo ello, me declaro a favor de la lectura de un libro por simple entretenimiento, o la escritura por distracción, o el cigarrillo por placer, el cuadro en el museo que no da una lección, quizá el juego de futbol o el observar una puesta de sol, estudiar por gusto o trabajar por entretenimiento, dormir durante el día entre semana, viajar o tal vez hacer filosofía. Todo ello puede lograrse sabiendo convivir en la propia cultura. Jugar ante lo impuesto, a sabiendas que así es.

Ante nosotros se abren posibilidades de felicidad, que aquello que hagamos sea únicamente para lograrla, pero prestando atención a no terminar envueltos totalmente en un malestar aún mayor, como lo es hoy, buscar utilidad a todo.


jueves 11 de diciembre de 2008


Reflexiones aisladas sobre
Mirror TV de Philips,
Una novedad sin novedad.



por José Vieyra Rodríguez


Tecnología Miravision
.
La tecnología exclusiva Miravision combina las cualidades prácticas de un elegante espejo cuando está apagado, con las ventajas de un televisor LCD de alta resolución cuando está encendido.
Ver especificaciones completas.




No es necesaria interpretación ante el acto, tan sólo lectura.

La novedad de Philips; un televisor y un espejo a la vez. La pregunta se impone:

-¿Cuándo los televisores nos dieron algo que no fuera una imagen especular?

Quizá la novedad es que ahora nos reflejará también cuando esté apagado.

Si eso que está allá soy yo, ¿quién está de este lado?

Nuestra identidad mantenida apatir de una imagen que nos dan, para el psicoanálisis es algo sabido, hoy, para Philips también.

Curioso, los mercaderes reaccionan ante la crítica, en vez de oponerse la adoptan.


sábado 6 de diciembre de 2008

¿Por qué escribir?

por José Vieyra Rodríguez


Hace unos días, una vez más retornó a mí la pregunta que alguna vez nos hemos planteado muchos de aquellos que intentamos mantener un sitio en el cual expresarnos por medio de las letras (ahora virtuales). Esto me sucedió debido a un comentario hecho para el blog de un amigo que le asaltaba a él también la misma pregunta.

¿Por qué escribir? Las respuestas pueden variar de lo más simple como un “tengo ganas” hasta complicadas elaboraciones teóricas acerca de la sublimidad que es la escritura. Variadas formas de justificación: para hacer arte; escribir como medio de expresión del alma; como vehículo de salida de las mociones íntimas del ser humano, catarsis, abreacción o liberación. Quizá una respuesta filosófica; recuerdo a Sartre con su propuesta de la literatura como medio para limpiar nuestra propia libertad. O tal vez escribir para ser reconocido por los demás (a lo que me pregunto ¿qué hacemos que no sea para ello?), crear una red en donde se nos reconozca como portadores de un decir importante, o como medio para negar nuestra condición humana; la efímera existencia. Hay tantas respuestas como seres humanos hayan escrito, puesto que como actividad única de los hombres, es a la vez universal y propia, no tendría porqué haber una respuesta a priori de los beneficios que hay en el hecho de escribir, si es que los tendría que haber.

Considero que cada uno de aquellos que nos propongamos escribir algo, tendríamos que preguntarnos porqué lo hacemos, para quién. Sin embargo, también creo que incluso si no logran ser respondidas es menester seguir en el camino, puesto que no siempre se tiene que tener un motivo consciente para todo, tener el control absoluto de todos nuestros actos, las razones supremas y las respuestas completas es, para mí, una pérdida de tiempo, cuando no, una quimera filosófica.

La funcionalidad, como debería de ser para todas las artes, es nula también. Pueden existir un sinfín de funciones que terminen por acontecer una vez hecho el escrito, pero una vez más creo que son fines oblicuos, no principales. Hablo, por supuesto, de cierta escritura, no niego que haya escritura con fines prácticos y determinados, ahí están los manuales de un aparato eléctrico o la literatura especializada en ciencias, etc. Pero, este escrito –por ejemplo- ¿para qué lo hago?, ¿para quién lo hago?, ¿por qué lo hago?, ¿sirve de algo? Todas las respuestas son válidas, lo hago para expresarme (¡qué hay más simbólico que el lenguaje!), lo hago para quien lo lea, sin destinatario, o mejor dicho con uno específico (el Otro), lo hago por que me agrada y bien puedo estar seguro, ahora, que no sirve de nada en beneficio de la humanidad. Pero quizá creo que el mayor problema es ese precisamente, siempre buscar un beneficio a la raza humana, siempre pensando en el universal para todos nuestros actos, ¿acaso no podemos escribir cada uno por diferentes motivos?

Una carta sin lector es, aun así, una carta para quien la escribió.

¿Por qué escribir? Una pregunta universal con respuesta particular.

sábado 22 de noviembre de 2008


La última lágrima*

por José Vieyra Rodríguez

I

En aquél pueblo, contaban, que todo ser humano estaba condenado a llorar únicamente trescientas veces durante su vida. Aunque él no lo recuerda, sus primeras lágrimas fueron de simple molestia física: hambre, sueño, rozaduras, calor o frío. Con el paso del tiempo comenzó a llorar por otros motivos: orgullo, enfado o envidia, aquél bodoque de carne se convertía en humano.

Años transcurrieron antes de que llorara de tristeza, era un sentimiento diferente, conocedor ya de la cantidad de veces que tendría que llorar, pensó que éste era un verdadero motivo para hacerlo. ¿Quién contendría las lágrimas por la pérdida de su padre?, aun cuando éste nunca le haya enseñado a montar a caballo, a cazar con flechas, a pescar al alba o a pelear por el honor. Observó el cuerpo que estaba frente a él, inerte carne que envolvía al esqueleto, poco cabello sobre el cráneo y las uñas amarillentas eran lo que quedaba de su padre. ¿Acaso alguna vez fue más? Es lo que se preguntaba aferrado al cuerpo sin calor que reposaba en tablas cortadas por su hermano apenas unas horas antes.

Todos los habitantes del pueblo, tenían un riguroso registro de las veces que habían llorado cada uno de los niños, para que, una vez adultos, se les dieran la cuenta y así administraran de la mejor manera el llanto, puesto que no podrían llorar ni una sola vez más llegada la número trescientas.

Entrado en los quince años, ya había llorado ciento cincuenta y dos veces, de las cuales, diecisiete habían sido por ese sentimiento que descubrió la noche en que los pulmones de su padre dejaron de contener aire.

Un día, a los veintidós, con su esposa con la cual tenía un par de meses casado, recostados sobre el lecho hecho con hojas de palmera, la miró por varios minutos y experimentó una sensación extraña. Conocía al amor, había amado a sus padres, a sus amigos, al dios Jeshé, pero nunca había sentido aquello que lo comenzó a envolver desde los pies, corriendo por los tobillos, calentando sus rodillas, hormigueando la entrepierna, creando un hartazgo en su estómago, hinchando los pulmones y concentrándose en el corazón. Era tan fuerte que lo único que pudo hacer fue abrazar a aquella mujer que había tenido la fortuna -se decía- de conocer. Y así, tirado casi sobre el suelo apretó el cuerpo de su mujer y asido a él como lo hacen las patas de los pájaros a las ramas de los árboles en un día de vientos fuertes, lloró.

Fue un llanto suave pero abundante, sereno y prolongado. Llanto que él dudaba que alguien lo haya conocido antes. Grandes gotas se vertían de sus lagrimales, chispas saladas, agua de mar derramada por orificios corporales, ni siquiera el orgasmo de la noche anterior pudo semejarse a la sensación extrema de felicidad iracunda, perder algunos mililitros de su cuerpo por los ojos a cambio de la mayor paz experimentada en la totalidad de su vida. Por fin había descubierto por qué tan solo los hombres podrían llorar tres centenares de ocasiones, si por casualidad descubrían el sentimiento dado por este tipo de llanto, perderían toda motivación para llorar por otra razón, harían hasta lo imposible por contenerlo en las ocasiones que lo ameritaran, atesorarían las lágrimas como oro líquido, perderían la tristeza o el dolor, impedirían que los bebés lloraran para que así, pudieran hacerlo casi exclusivamente para la sensación de vida, así había decidido llamarla.

Desde esa noche, pasó veladas enteras fantaseando con lo que sucedería si alguien descubriese la sensación de vida. Había pensado que no dejarían llorar a los bebés, pero después rectificó, creyó que, por el contrario, los dejarían llorar, pues todos los adultos estarían ensimismados; deseosos de que llegara la sensación de vida, olvidarían sus demás labores, dejarían de cosechar, pescar o cazar, se volverían seres ególatras, tan egoístas que no quisieran nada más que llorar, encontrar la fórmula para hacerlo y disfrutarlo.

Hedonistas del llanto, matarían a quien hubiera terminado sus trescientas ocasiones, quizá no sería necesario que lo asesinaran cruelmente, la propia persona rogaría porque lo hicieran si es que no reunía el valor de suicidarse.

Los remedios milenarios que consisten en dosis pequeñas de veneno natural extraído de diversas plantas, serían utilizados para matarse, se ingerirían en elevadas cantidades. El sentido de la vida no existe sin la sensación de vida, se repetía con la luna como acompañante de sus pensamientos, mientras su mirada perdida reflejaba el cuerpo celeste que bañaba de luz la calma de un pueblo que teme llorar, pero podría desearlo frenéticamente si descubriesen su secreto.

Una noche de tantas, mientras añoraba la sensación de vida, se llenó de coraje, la rabia lo inundaba, tanta ira sintió por no poder controlar el llanto que comenzó a llorar, una lágrima que hizo todo por contener y que, sin embargo, se deslizó por su mejilla izquierda, era la ocasión ciento noventa y ocho.

Al día siguiente, decidió dejar de pensar en eso y concentrarse en su vida común, había descuidado a su mujer. Y así, por la noche, abrazado a ella, experimentó ahora esa extraña sensación, pero ahora fue la cabeza la que comenzó a sentir extraña, como si no fuese parte de él, desprendida y a la vez prendida de su cuerpo, el cuello impedía la elevación de su cabeza, los hombros como extranjeros de sus brazos, las manos como si estuvieran más pequeñas que de costumbre, su pectoral ardiendo y una vez más, lloró abrazado a su mujer.

Esta vez había entendido que lo que debería de hacer, es no buscar u obligar al momento, sino por el contrario, simplemente ser feliz y el llanto haría lo propio para llevarlo a la experimentación de goce más elevada posible. Así es como disfrutó sus subsecuentes treinta y dos llantos espaciados dentro de dos años siguientes.

Hasta que aquella mañana se levantó, miró al cuerpo de su esposa, no pasaron más de diez segundos, sabía que estaba muerta, nunca pudo averiguar la causa.

Debido a esto lloró tanto que perdió la cuenta. No sabía cuántas veces más podría derramar lágrimas, que, según contaban, eran las representantes de lo humano, lo inefable, una lágrima era una lágrima, no tenía otra definición, solamente se podía autodefinir.

II

Hoy se encuentra frente al vacío, toca su cuello para acariciarlo por última vez, mira todo su cuerpo, al menos lo que sus ojos le permiten ver, intenta no sentir, pero es imposible, hay tristeza por su mujer, pero la hay más porque sin ella no podría volver la sensación de vida, eso lo convierte en el ser ególatra que tanto dijo que serían los demás si la descubriesen, sin darse cuenta que su temor era convertirse en lo que ahora es.

Sus pies se acercan al final, pequeñas piedras ruedan estrepitosamente en el acantilado, -lánzate- se dice en voz alta.

El viento corre del norte, buenas cosechas habrá está temporada, -mal momento para elegir irse- también se dice.

Llega al final del camino, flexiona un poco sus rodillas para impulsar el salto, por fin se decide, salta hacia delante, sus ojos van cerrados, el viento lo lleva unos centímetros hacia la derecha, siente su ropaje pegado a su piel, no había sido consciente de ello hasta ese momento.

Por más que mantiene los ojos cerrados, ya en el vacío, cayendo libremente y sin saber la distancia que hay entre él y el suelo, una lágrima logra escapar de entre sus párpados, la siente salir volando, su cuerpo ahora pesa menos, no tiene la menor idea que esta es la ocasión trescientas, para él no hay más llanto.

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*Cuento presentado para el Certamen de Literatura Joven Universitaria 2008. Cuento y Poesía. UANL


miércoles 22 de octubre de 2008


Sobre otra posible forma de afrontarnos

por José Vieyra Rodríguez

“Soy amistoso con la gente. Me pongo
un sombrero según su costumbre.
Digo: son bestias de olor muy especial.
Y digo: no importa, también yo lo soy”

Bertolt Brecht

¿Quiénes somos realmente?, es quizá una pregunta que por trillada y común termina por parecer únicamente buena para charlas con aparente tinte intelectual, o bien, para vulgarizar a la filosofía y burlarnos de cualquier posible respuesta, que puede que esto no sea más que una forma de afrontar simplificando o haciendo de lado algo que invariablemente siempre está con nosotros.

Si aceptamos la afirmación anterior en cuanto al carácter ineludible de la pregunta, entonces cómo podemos entender a todas aquellas personas que aparentemente nunca se lo han planteado y seguramente no lo harán. Pues bien, porque es posible de ser respondida desde diversos lugares, la religión es el más claro ejemplo. Desde los primeros días de vida el niño es introducido en una serie de ritos que determinan su lugar frente a los otros, así, al crecer y tomar conciencia de sí mismo se dará cuenta del lugar que ya se le tiene asignado. No es la religión la única que va determinando quienes seremos, pues además la propia sociedad y cultura nos bombardea y nos hace apropiarnos de una identidad, ya sea de sexo, género, gustos, nombre, etc.

Una vez dueños de todo esto, cuando se nos presentan situaciones que tenemos que enfrentar desde nuestra conciencia de muerte -p.e.-, ya contamos con la respuesta de antemano. Así, también cuando se cuestiona qué es ser hombre o mujer, son preguntas que se tildan de dos posibles maneras: estúpidas o académicas. Comúnmente pensamos que estas preguntas o ya están respondidas por la práctica social o son únicamente aplicables y funcionales en el aula de clase.

Que sean respondidas a priori no significa que no estén presentes, lo cierto es que son preguntas que retornan de una u otra forma, en el enamoramiento, por citar un ejemplo, se presenta de manera contundente la pregunta de quiénes somos. Interesante es que siempre es respondida en función del otro, pues acaso no se dice “eres lo que me hace falta” o “eres hermoso/a” y cualquier halago que reafirme nuestra supuesta identidad, que no es más que hecha precisamente de eso, de identificaciones. Si la identidad tiene algo que ver con ser idéntico, con nacer y con que nos impongan un lugar, esto es precisamente con abrumarnos hasta ser idénticos a todos. Algo que no es negativo pues es la única manera de humanizar al niño y permitirle vivir en el mundo previamente estructurado.

El problema de la imposiciòn de identidades no termina en darnos cuenta de ello, sino qué hacen quienes se dan cuenta de esto. Quienes toman conciencia de que han sido forjados a semejanza. Este encuentro con otro nivel de nosotros es posible que desemboque en diversas manifestaciones, en el psicoanálisis hablamos de síntomas que tienen un significado, pues estos serían precisamente la respuesta a una pregunta, o mejor dicho es otra respuesta, es levantarse en contra de la ya dadas, una respuesta particular. Pero además de los síntomas tenemos las manifestaciones artísticas, cualquier que esta sea son respuestas humanas, propias, únicas y subjetivas de cualquier pregunta a la cual no nos podemos responder con lo aprendido previamente. Podríamos aventurarnos y decir que el arte es un síntoma, pues es la creación humana y sin sentido directo.

Ante la pregunta inicial, y aceptando lo dicho anteriormente, quizá otra respuesta es la aceptación de nuestra condición, nuestra necesaria imposición de reglas, contratos, conceptos, cuerpos, gustos, nuestra aceptación de la nula o escasa libertad y aprender a vivir en el margen de oscilación entre locura y cordura. Caer en cuenta que tenemos que ponernos los sombreros según las costumbres, pero no por ello olvidar que nuestra cabeza no está hecha sólo para llevarlos, o bien, saber que los demás son bestias, pero no olvidar que esas bestias son producto de identificaciones y nosotros también. Aprender a ver las máscaras, bailar entre la multitud a sabiendas que son disfraces, pero no intentar quitarlos, porque quizá detrás de ellos no haya nada. Nadie mejor que otro artista, no para ejemplificar, sino para enseñar:

"Entre las parejas que iban
girando un día le encontré.
Bella como media luna
que alumbra al oscurecer.
Convidé a la danza
a la dama luna del antifaz
que ella usaba para
que se pensara, que era su faz,
pero al descubrir su semblante
nada hallé detrás.

Me asusté al mirar su cara vacía,
dijo: así son todos, ¿no lo sabías?"

...

"Ahora ya no voy desenmascarando
cuando encuentro que alguien
se emboza actuando.
Cuando engañan en su felicidad
sólo veo remedos de humanidad.
Lo que podrían haber sido y no son
entre vanaglorias y compasión"

Fernando Delgadillo

jueves 9 de octubre de 2008



Una problemática de la educación actual:
¿se puede educar diferente al educador?



por José Vieyra Rodríguez


"En la educación, ideales e idealistas
impiden la comprensión del presente...
Un ideal evidentemente, es una escapatoria muy barata.
La escuela que tiene ideales, o el maestro que los sigue,
es evidentemente incapaz de tratar con un niño"
KRISHNAMURTI


La educación es antropogénesis, no hay nada natural en ella, por lo que con el paso del tiempo es pertinente plantearse como una posible causa de muchos males a la educación que se brinda. Me refiero aquí, por supuesto, a la educación formal, aquella que recibimos en el aula, durante años frente a un maestro y con procesos y métodos ya establecidos.

Si bien son muchos quienes han cuestionado y puesto en la mira al sistema educativo, lo cierto es que no es posible hoy hacer un verdadero cambio en éste. Los vicios que existen son enormes, imposibles de remediar o eliminar, por lo que el sistema es ya un punto que podríamos dejar de lado, pues si bien pueden realizarse cambios, estos son pequeños y sólo tangibles en la propia función docente, realizables dentro del aula, con la relación propia que se da entre maestro-alumno y no como el conglomerado de reglas, procesos, métodos, convenciones y demás artilugios que son parte del gran sistema educativo.

Por ejemplo, son en estos tiempos cuando más se habla de problemas de conducta, no quiero decir que éstos no sean reales, efectivamente cada vez es más difícil que los alumnos presten atención y se interesen por lo temas revisados, pero también es cada vez más complicado que los alumnos acaten las órdenes del maestro por ser una figura de autoridad. El maestro ha caído como tal, es imposible levantarlo una vez más a esta posición, además que tampoco se desea, puesto que precisamente una crítica fundamental al sistema educativo tradicional es el autoritarismo del educador, entonces tenemos que plantearnos la pregunta de qué debemos hacer para responder ante el grito de los alumnos que piden un nuevo orden.

Siguiendo la idea que plantea Fernando Savater en su libro Política para Amador, el motivo de la rebeldía no es el simple hecho de no querer obedecer a nada ni a nadie, sino que lo que se pide son mejores razones para obedecer. Así pues, los ideales (imágenes acerca de lo que debieran ser los alumnos), además de los modos ya conocidos acerca de cómo poner un orden y educar no son ya funcionales.

Inventarse nuevos métodos es necesario, pero éstos tienen que adaptarse al sistema ya existente, el alumno ha cambiado, por lo que el docente tiene que hacerlo, pero si bien el alumno no es el mismo, la solución no estaría en el nivel de cambiar solamente la concepción de éste, como lo ha venido a hacer en parte la biopolítica educativa que piensa al alumno en la escuela como a un paciente en un hospital; puro organismo. Sino también en la forma de pensarse el propio docente, su función y su forma de enfrentar al nuevo educando que demanda mejores razones para obedecer, que no es ya el alumno pasivo pero tampoco el mejor crítico, sino que éste solamente pregunta, se alza ante la incertidumbre que le crea una educación hueca que parece no satisfacer sus preguntas.

Si la educación es creación del propio ser humano, entonces hay que buscar como posible solución a los problemas que enfrentamos en ésta, el cambio de la propia educación del educador, ¿quién educa al educador? ¿bajo qué criterios se hace? ¿quién está en la posición del saber para poder venir a re-educar (re-conducir, re-criar por su significado etimológico)?

Educar en la actividad, la subjetividad y el respeto a la particularidad, sin ideales (moldes) sin leyes, es una apuesta a educar diferente al educador, ¿quién lo hará?

jueves 11 de septiembre de 2008

El narcisismo como un valor posmoderno

Narciso. J. Zatón.


por José Vieyra Rodríguez

“Los valores son cualidades irreales…
solo de cierto modo y habida cuenta de la pobreza del lenguaje
puede admitirse que los valores 'son'.
José Ferreter Mora

“El ser amado constituye el fin y la satisfacción
en la elección narcisista de objeto”
S. Freud



Antes de entrar directamente en materia, es preciso señalar qué es lo que se entiende actualmente por el término de valor, puesto que, como es costumbre, un concepto filosófico es utilizado por todos, obviando su significado y marco desde dónde es referido.

Valor, es utilizado dentro de la filosofía desde Platón, él consideraba al valor equiparable al ser[1]. Podría entonces entenderse que el valor es, una polémica que en cierto grado ha sido superada (y aumentada con la teoría del relativismo de los valores). No obstante, es retomado de esta manera (platónica) en el marco de la ideología posmoderna, en donde comienza una vez más a pensarse en valores universales, inherentes a todo contexto social o cultural, entendiendo una vez más al valor como ser en sí, es decir, al ser como valor, por aquello que vale.

Precisamente aquí se inscribe nuestra cultura popular mexicana, en la que somos bombardeados por comerciales, conferencias, libros y demás medios de comunicación, invitándonos a realizar ciertos valores.

“Tienes el valor o te vale” reza la última frase de un comercial. Imponiendo el valor como ser en sí, como entidades objetivas u objetos ideales que tenemos que perseguir, que poseer, leyendo a la letra, ¡hay que ser valioso, tener valor! ¿Acaso no es esta una marcada ideología en la actualidad?, definirse por aquello que se posee, ahora incluso definirse por el valor, ser honesto, sincero, respetuoso, justo y un largo etcétera. El ser en función única del valor (en sus dos acepciones, incluyendo el valer, aun cuando en este artículo trate de una manera directa a los valores en su relación a la moral, es imposible, por el propio equívoco que provoca el lenguaje, pensar en que no hablamos también del valor en cuanto a términos de precio, puesto que también se impone el pensar que quien más valores tiene es más humano, relación de cantidad, como si el ser humano se pudiera cuantificar).

Sin intentar crear un aporte a la teoría de los valores, circunscribo por el momento la forma en que son tomados en nuestro país comúnmente a estos.

Si entendemos, pues, a los valores como aquellas “virtudes”, como lo positivo (sin discutir en relación a qué parámetro nos refiere lo negativo de lo positivo) pero además como un imperativo al cual debemos aspirar, para poder ser. Entonces, propongo deternernos un momento y sin prestar por ahora atención a la utilidad o beneficio que nos trae tener, realizar o ser conforme a ciertos valores, me interesa remarcar uno en especial, que pasa desapercibido puesto que no es conveniente hablarlo directamente aún cuando esté presente en el discurso diario de todos, me refiero, ahora sí, al narcisismo.

Básteme dar un ejemplo para intentar clarificar a lo que me refiero cuando hablo de la imposición del narcisismo como valor:

Unos días atrás escuchaba la radio, por la mañana un locutor invitaba a ser mejor persona y comportarnos cada día mejor con los demás, para lo que dio un ejemplo particular que me servirá a mí para ilustrar la idea principal de este escrito. El locutor decía: “ahora a los hijos no les importa tratar bien a sus padres, los adolescentes son rebeldes y groseros con sus papás, yo realmente les invito a no ser malos con ellos. Yo por ejemplo, ahora que mis padres son mayores los comprendo y los trato muy bien, porque además no me gustaría que mis hijos me trataran mal cuando yo tenga esa edad”.

Este locutor podría jurar estar dando un mensaje positivo y de bien, pero dentro de su propio discurso está la ideología de una propaganda del narcisismo como valor que debemos practicar. Al decir él “los trato muy bien… no me gustaría que mis hijos me trataran mal” no es más que invitar a hacer aquello que queremos que los otros hagan por mí. Es decir, llevar a cabo el bien en función del beneficio propio, no por la intrínseca necesidad del bien por sí mismo. Es la clásica ideología “no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, pero maquillado de bondad y valor, cuando en su base solamente está el propio amor a sí mismo.

La fotografía digital que sirve para ilustrar el comienzo de este artículo, muestra la clásica imagen de Narciso contemplando su propio reflejo en el lago. El locutor, a lo que nos invita no es a ser bondadosos o amables con nuestros padres por el simple hecho de ser seres humanos (bien podría ser un humanista), familia (una mera coincidencia de lazo consanguíneo) o por el bien que ya de por sí nos hicieron en algún momento. Sino incluso ser buenos solamente por aquello por lo que podríamos seguir obteniendo un beneficio. El amar en función de ser amado, elección de objeto narcisista lo llamó Freud en 1914 [2].

El narcisismo primario es una etapa constitutiva del ser humano, es un momento que todos pasamos, pues ante la desvalidez y necesidad de ser amado para sobrevivir el infante entra en un momento de narcisismo, pero a lo largo de la vida todos continuamos en el denominado narcisismo secundario, al cual ahora se nos invita abiertamente con la más-cara idea de valor.

Invitados estamos a ver al mundo a través de la imagen propia, al prójimo en función de mi imagen en su estado (identificación), si no cómo explicar cuando damos una limosna para calmar la angustia que nos provoca pensarnos en ese estado, sin percatarnos, como lo hace Nietzsche, que “el mendigo dista de sentir su miseria con tanta intensidad como finge si quiere vivir de la mendicidad”[3], el mendigo lo sabe bien, apela al reflejo del lago de narciso.

No apartarnos del bello reflejo del lago, sino entender a los demás por medio de éste es la invitación diaria. En la actualidad, el narcisismo es ya un valor, y tú ¿tienes el valor o te vale?


______________________
[1] J. Ferreter Mora. Diccionario de Filosofía II. 1969. Ed. Sudamérica. Bueno Aires.
[2] Freud, S. Introuducción al narcisismo. 1997. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.
[3] Nietzsche, F. El caminante y su sombra. 1994. Ed. S.L. Madrid.

miércoles 3 de septiembre de 2008


Control de calidad en los humanos: borrar las diferencias; prescindir de la diversidad; lapidar a la subjetividad.


por José Vieyra Rodríguez

“La equidad allana nuestras pequeñas diferencias
para restablecer la apariencia de igualdad,
y pretende que nos perdonemos muchas cosas
que no estaríamos obligados a perdonarnos”
Nietzsche. El caminante y su sombra. Aforismo 32.


En la época actual, que todo es medido por calidad, ha tendido el propio ser humano a entenderse de la misma manera que un producto (incluso esta es una acepción para llamar al feto, recordemos que hay lugares en los cuales incluso se puede abortar si es detectada una malformación en el feto, si "el producto viene mal"), aun cuando en apariencia el discurso sea el opuesto. Ahora se habla de una aceptación a todos, respetando los gustos, la ideología, creencia, preferencias y demás adjetivos que nos son vendidos como “positivos” y que serían un ejemplo de la diversidad. Se dice que cada día ganamos en equidad, cuántas veces hemos oído hablar de la equidad de género y sus logros. También en la educación aparentemente cada vez es menos elitista, supone que el hecho de ponerla al alcance de todos es el único objetivo.

Detrás de todas estas máscaras de bondad y alegría, encontramos un discurso latente, la universalización de todo, es decir, trabajo igual para todos sin importar el sexo, una educación uniforme sin importar las diferencias de cada sector (ya no digamos de cada alumno), un derecho universal al acceso de todos a lo mismo, sin darse cuenta que esto no solamente no es un avance, sino que incluso representa un retroceso.

Para muestra expondré dos ejemplos de los temas entredichos anteriormente. Por un lado está la “igualdad” en los sexos. Aquí la primera objeción que vendrá en favor será decir que los defensores de la Equidad de Género no hablan de igualdad, sino de equidad en las diferencias. A lo que asalta la pregunta, ¿cuáles son para ellos estas diferencias? Comúnmente se habla en relación a una igualdad de derechos, también de obligaciones, y por ende se deduce de todo sustrato social en relación al género, dejando únicamente como diferencia a la anatomía, ¿son estas a las que se refieren cuando hablan de diferencias?

Esto se puede revertir peligrosamente, si buscamos una igualdad en el ámbito social, ¿qué diferencias dejamos en el anatómico que repercutan en la intersubjetividad? ¿La respuesta acaso nos la dará la biología, o mejor dicho, la biotecnología, que nos responderá diferencias en pautas de relaciones sociales marcadas y determinadas por la anatomía (cerebro, genes, neurotransmisores, etc.)?

Hoy no se puede pensar en dos géneros en la sociedad, la equidad de género busca la unificación de éstos, si no cómo entender que no se hable de “Equidad de géneros” sino de “genero”, el único discurso ahí es el de una homologación de géneros, el llamado por la voz popular unisex (ropa, desodorantes, estéticas, modas, son calificadas de esta manera, se entiende, pues, que se habla de un unigénero, eliminar incluso en las apariencias la diferencia).

Por esto se consigue además que las obligaciones sean iguales, los derechos también, pero las posibilidades se unen en este rubro, ya no importa la diferencia social, cultural, psicológica. Incluso en el afán de emancipar a las mujeres no dudo que se terminará persiguiendo a aquellas que quieran seguir en el clásico rol de mujer ama de casa, es decir, no hay posibilidad de elección, hoy las mujeres trabajan, estudian y son productivas (encajando perfectamente en el modelo capitalista, en donde la producción es el objetivo).

Si la búsqueda de igualdad va en el sentido de una uniformización de los géneros, el peligro es ser reducido a un solo género, que no haya diferencias, no osar querer ser hombre con cierto rol específico, mejor ser transexual, mujer u hombre, pero marcados por un solo calificativo; la igualdad.

En cuanto a la educación es algo más cotidiano de lo que creemos, el discurso de la eliminación de las diferencias es notable. Hoy en las escuelas a los alumnos que antes no se les aceptaba en una escuela regular, son llevados al aula con sus "pares" a recibir la misma educación. Me refiero a todos los niños ahora denominados por la Secretaría de Educación como Alumnos con Necesidades Educativas Especiales, pero que, paradójicamente, no son atendidos de esta manera, son incluidos en el salón y tratados por el mismo maestro. No se brinda esa atención al caso en particular, es decir, se piensa en un supuesto lugar al cuál debería pertenecer, un lugar en el cuál suponemos debe estar (comparación; estadística) y borramos el rastro de humano insertando al alumno con otros tantos que no comparten su particularidad.

Esta es en buena medida en discurso de la equidad, que todos los alumnos sean tratados de la misma manera. Las calificaciones en algunas instituciones educativas hoy son arrojadas por un sistema que evalúa de la misma manera a todos, tratando de dejar fuera incluso al rastro de la subjetividad del maestro. Los alumnos-maestros son autómatas, no importa qué le pasa a cada uno, la relación o las necesidades, los maestros se transforman en meras computadoras y los alumnos en datos.

Esto implica también un retroceso, puesto que muchos de los derechos, que después se convertirán en obligaciones, se crean a partir del más débil o desprotegido, dejando así rezagado el desarrollo de los demás. Nadie negaría que la inclusión de un alumno con retraso mental o sindrome dawn en un salón con treinta alumnos que no comparten esta característica, retrasa el progreso de todos, puesto que el maestro tendrá que poner cierto tipo de atención a éste pero dejará parados a los demás, en el mejor de los casos cuando se brinda esta atención especial se pierde la de la mayoría. La solución no radicaría en la inclusión del alumno retrasado, sino en la creación de centros para la atención especial, es decir, la equidad no funciona en este nivel, ni siquiera a manera práctica.

Todo esto no es más que un problema estadístico, se piensa en términos de calidad, de que todos seamos idénticos, es decir la imposición de una identidad. Por esto, se cree que la mayoría es el modelo para todos, quien no se adapte, ya sea por una deficiencia natural (orgánica) o por una divergencia en el pensamiento, debe ser conducido al sendero de la normalidad, que no haya diferencias, ignorar a los débiles (que supuestamente debieron ser fuertes, como los demás), ocultar a los diferentes, callar a los locos (aquellos fuera de lugar, como refieren algunos por su etimología, como si el lugar de la mayoría fuera el idóneo).

Citar una sentencia de una autoridad siempre revalora las opiniones, pues quien habla por si solo su decir es tomado como un pensamiento a la deriva: “Esas monstruosas aberraciones del igualitarismo procustiano derivan de la sobrevaloración del “derecho”, que sustituye a la justicia… el derecho es por su propia naturaleza unívoco, en tanto la justicia tiene en consideración la diversidad de las criaturas” escribe Georges Devereux en Mujer y Mito.


viernes 15 de agosto de 2008


Una nueva mirada al Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad: una patología escolar.

por José Vieyra Rodríguez


Ritalin (uno de los medicamentos más usados para el TDA-H)


“Con el TDA-H se nace, se crece (se "reproduce") y se muere.
Nunca se deja de ser una persona con TDA-H”
Portal de la Secretaría de Educación
Estado de Michoacán



En la actualidad, como nunca antes, se van introduciendo nuevos elementos al ámbito escolar, otrora, la escuela a nivel primaria proveía de educación, pero se reducía al ámbito meramente académico, la salud, por ejemplo, no era responsabilidad de la escuela. Hoy vemos como hay campañas en torno a la detección de la drogadicción (adicciones), la prevención de embarazos no deseados y de las enfermedades de transmisión sexual dentro de las instituciones escolares.

En la actualidad la escuela se ha convertido en un centro de higiene, de control, de disciplina, etc. Es por esto, que ahora la enfermedad se ha introducido como un problema escolar, en la escuela se detectan los casos de “enfermedades” como el Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA-H).

Dicho trastorno solamente se puede diagnosticar por los síntomas visibles: la conducta, sin embargo, la explicación de éste es biológica. Es así como ahora la diagnosis de un alumno se da a través de un médico que al ver al niño por varios minutos y hacerle un par de preguntas a la madre es capaz de diagnosticar un TDA-H, para después recetar algún medicamento como el Ritalin. Es la apuesta a un nuevo modelo: la biopolítica.

Así pues, los especialistas han creado una enfermedad en torno al problema de la falta de atención o la imposibilidad de mantener sentado a un niño por horas en una escuela.

Fue a partir del final del siglo XIX e inicio del XX cuando en México la mirada de ellos se volvió cada vez más contundente en cuanto a la concepción de la niñez[1]. Hoy, siquiera se cuestiona a nivel oficial a sus diagnósticos, son aceptados y promovidos por la Secretaría de Educación (SE) a nivel nacional, además que se apoya en el diagnóstico de esta enfermedad y la medicalización de los alumnos.

Y es que ahora la escuela es un nuevo centro de control, tanto de pensamiento como de conducta, y si ésta no está adaptada a la norma, es vista como enfermedad. El mayor reto que se encuentra en este rubro es el tipificar a estos problemas conductuales como enfermedades biológicas capaces de ser tratadas por medios químicos, de esta manera se pierde toda posible respuesta singular ante dicho acto, además de promover así una visión de irresponsabilidad sobre estos, pues medicalizar en lo posible la conducta reduce el grado de responsabilidad sobre esta.[2]


TDA-H criterios diagnósticos y prevalencia en México

El TDA-H se define como “una incapacidad para mantener la atención o concentrarse; es un desorden orgánico” (Mendoza, 2003). Esta es la forma en que se entiende este trastorno por parte de la SE. Considerando lo anterior se entiende que un niño con TDA-H no puede controlar por sí mismo su falta de atención, aunque se esfuerce por lograrlo.

Tomando de referencia las cifras dadas en el DSM-IV, se estima que la prevalencia del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad se sitúa en el 3 y el 5 % en los niños de edad escolar. Los datos de su prevalecía en la adolescencia y la vida adulta son imprecisos. Es decir, no se sabe si realmente los niños que son diagnosticados con TDA-H continúan en la vida adulta padeciéndolo.

En México, según la Asociación Mexicana por el Déficit de Atención, Hiperactividad y Trastornos Asociados A.C., son 5 millones de mexicanos quienes padecen el TDA-H, de los cuales 1.5 son niños de entre 6 y 12 años[3], estos datos los retoman a su vez de cifras de la Secretaría de Educación.

Ahora bien, es importante entender cuáles son los criterios que se toman para tipificar el TDA-H. Pues si son más de un millón de niños en México quienes tienen este trastorno, es de suma importancia entender cómo se llega a este diagnóstico.

De hecho, según Fukuyama, “los médicos realizan lo que con frecuencia constituye un diagnóstico altamente subjetivo si el paciente manifiesta un número suficiente de los síntomas incluidos en la relación, cuya propia existencia puede a menudo no ser evidente”[4], entonces es licito cuestionar en qué se basa o cómo es el proceso de diagnóstico en las escuelas de México. Especialmente para entender a qué se refiere la SE al decir que el TDA-H es una enfermedad con la que se vive y se muere.

Además de la crítica hecha por Fukuyama acerca de la subjetividad que puede incluir un diagnóstico de TDA-H[5] es también destacable que dentro de los diagnósticos del DSM-IV exista el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad no especificado, el cuál tiene la clave F90.9. Este trastorno es para aquellos quienes no cumplieron todos los síntomas necesarios para entrar en TDA-H, pero que aun así pueden ser clasificados pues “esta categoría incluye trastornos con síntomas prominentes de desatención o hiperactividad-impulsividad que no satisfacen los criterios del trastorno por déficit de atención con hiperactividad”[6].

Ahora bien, si es así la forma en que se concibe el TDA-H dentro de la Secretaria de Educación, hemos constatado la predominancia de un entendimiento médico de dicho trastorno. Aun cuando ahora se ha introducido a psicólogos en los planteles educativos, la labor de estos es básicamente psicoeducativa y nunca terapéutica, aun cuando se piensa a este trastorno como una enfermedad.

Hay datos que muestran como la medicalización de este trastorno se da únicamente de lunes a viernes y en horario escolar (expedientes personales que no puedo mostrar por razones éticas, pero que son prueba del manejo por parte de quienes diagnostican este trastorno). Es curioso observar que el trastorno toma los sábados y domingos de descanso, activándose una vez más los lunes por la mañana, haciendo necesario así el medicamento en el horario escolar. Este hecho lo justifican los médicos diciendo que el medicamento debe de interrumpirse en ciertos días para dejar descansar al organismo, pero ¿cómo entender que durante las vacaciones de verano también se puede dejar de medicar al niño durante meses? ¿acaso el trastorno deja de ser una enfermedad en el hogar para convertirse en una chiflazón, y viceversa al encontrarse en el salón de clases?

Lo anterior hace pensar que efectivamente el TDA-H es una patología, pero no orgánica, sino escolar, pues dicha enfermedad parece solamente tratarse en la escuela, fuera de ella el niño no necesita de los medicamentos. Asistimos, pues, al tratamiento de una patología en la vida escolar.

Ante esto se nos imponen algunas conclusiones, existe una patología escolar, pero es precisamente la propia escuela quien la propicia, el alumno no solamente es diagnosticado en la escuela, sino “enfermado” en ella. La escuela hoy se ha convertido en un centro de salud.

Considerar este problema como propiciado por el ambiente escolar brinda a su vez la posibilidad de proponer un cambio en éste, o bien, cambiar la concepción médica de este trastorno, pues pudiéramos decir que efectivamente el niño padece un déficit de atención, pues carece de atención, no es puesta en él y sus características, dejando únicamente la posibilidad de llamarla por medio de actos que favorezcan un trato digno o particular, quizá el mayor problema radica en no comprender la demanda y tratarla como un síntoma más a eliminar.

Etiquetar con trastornos y enfermedades que se basen en sustratos orgánicos deslinda toda responsabilidad de atender a las necesidades propias del niño, produce un desligamiento entre maestro-alumno, ya que el problema que presenta en el salón se le hace responsable únicamente el alumno, dejando fuera la posibilidad de una respuesta del maestro.

Además, el olvidar el fundamento subjetivo de la distracción en el salón, deja de lado también la posibilidad de comprender al caso único y particular, el cuestionar los motivos personales que hacen que la atención del alumno se evada a fuentes no directas con la educación, y antes de pensar en qué hace el maestro o qué implicación tiene ahí él como docente y figura de autoridad, además de la propia escuela como institución en decadencia, se piensa al alumno como enfermo al preferir seguir con su atención a una mosca antes que las explicaciones del profesor.

Propongo, pues, entender que sí existe el Trastorno por déficit de atención, pero este no está en el alumno, menos aun en la descompensación de neurotransmisores, sino en el exterior del sujeto. Es decir, el trastorno que sufre el niño es por el déficit de atención que padece. Efectivamente sufre un trastorno por el déficit de atención que tiene, se le presta poca atención y el medicalizar y silenciar el síntoma es agregar un motivo más para incrementar su prevalencia, pues no se escucha la demanda.


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[1] Alberto Del Castillo. Conceptos, imágenes y representaciones de la niñez en la ciudad de México 1880 – 1920. 2006
[2] F. Fukuyama. El fin del hombre. Consecuencias de la revolución biotecnológica. 2003
[3] Patricia Huesca. En México hay un mal diagnóstico del trastorno por déficit de atención. Asociación Mexicana por el Déficit de Atención Hiperactividad y trastornos Asociados A.C. El url de este documento es: http://www.deficitdeatencion.org/ago2006_06.htm
[4] F. Fukuyama. Op. Cit. p. p. 86
[5] Interesante es que sea criticado de “altamente subjetivo” cuando precisamente lo que busca eliminar el DSM-IV es todo rastro de subjetividad y basarse en verdades indiscutibles.
[6] DSM-IV. Versión electrónica

sábado 2 de agosto de 2008


"El sueño del perezoso" o la era de los ratones post-modernos.


por Ricardo Rodríguez

(Ratón bostezando)


Recientemente el periódico El Norte, ha publicado en su pagina principal, en la sección "Leer para creer", un nota titulada "El sueño del perezoso" cuyo corolario indica:

"Desarrollan píldora que brinda los beneficios del ejercicio físico sin moverse del sillón"

Actualmente solo ha sido probada en ratones. Resulta interesante, sin embargo,como la pasividad ha llegado a ser la norma social por antonomasia, al grado de que la eliminación de la única cosa que no se puede hacer sin esfuerzo, hoy es anunciada con los honores que corresponden a una nota publicada en un primer plano y recibida con bombo y platillo; y digo platillo por que uno de los supuestos objetivos de esta píldora es poder proporcionar un tratamiento contra la obesidad (Hoy día se combate tanto la obesidad como la extrema delgadez, tal cual si se tratara de crímenes, y al mismo tiempo se juega el doble discurso del "Cada quien hace lo que quiere con su cuerpo, yo respeto...") mientras que la ingesta de alimentos no se reduzca ni se emplee el mas mínimo esfuerzo físico.

Sin embargo, la "novedad" de dicha píldora se diluye en la ideología económica que domina el Occidente, El Capitalismo. A lo largo de cientos de años, y desde la aparición de la primera línea de producción en serie, uno de los objetivos o premisas básicas que permiten generar un capital, es precisamente la acumulación de bienes en base al menor esfuerzo físico posible (evidentemente, no me refiero en este caso al esfuerzo del trabajador…), situación que ha permeado en nuestra actualidad a elementos culturales tan básicos como la música: "Vamos, tocar en un grupo requiere esfuerzo, juguemos Guitar Hero"; los libros, "Leer un libro es tan cansado, TECNICAS AMERICANAS DE ESTUDIO ES LA SOLUCIÓN (reza una voz en off en la radio)" y ahora el ejercicio.

"¿Cuánto quieres perder?" dice una voz a la que otra contesta "¡En el Palacio de Hierro Sabemos lo que quieres!" Entonces, ¿para qué nos preguntan? Solo para generar o reforzar esa falsa sensación de libertad, entonces, ¿por qué nos alarmamos cuando llevamos años viviendo "el sueño del perezoso"?

¿Qué ha pasado con nuestros ratones? Hasta nuestros Osos son perezosos... (incluso, una patrulla anti-osos andábamos necesitando) y ya que andamos por los Simpson, tal vez esta frase de Homero nos arroje luz sobre este tema:

"Hijos se esforzaron al máximo y fracasaron miserablemente, la lección de todo esto es, NUNCA se esfuercen."

¿Es esto el café sin cafeína, el sexo sin sexo de Zizek?

Por fortuna y cuando menos, nuestros ratones postmodernos gozaran de "todos los beneficios de la gimnasia, sin la gimnasia"

miércoles 30 de julio de 2008

Una aproximación filosófica al concepto de Verdad en House M.D.

por José Vieyra Rodríguez


La mentira es lo que permite funcionar a la sociedad
House M.D.
Temporada 4. Episodio 10. Es una mentira maravillosa


Hoy, las series de televisión nos muestran el funcionamiento de una sociedad, es ocioso discutir si la realidad es reflejada tal como aparece en tales programas televisivos, pues sabemos que toda actividad en tanto humana, tiende a mostrar un semblante de la propia cultura en que se produce.

La serie televisiva de House M.D. (Fox, 2004), viene a inscribirse dentro de la ya larga lista de series hospitalarias o médicas. Es pertinente señalar que el gran éxito que ha alcanzado esta serie es debido en buena medida por el corrosivo humor y personalidad antipática del protagonista, el Dr. Gregory House, jefe del departamento de diagnóstico del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey.

Ahora bien, hay diferentes esferas dignas de ser analizadas dentro de la serie, de hacerlo así podríamos entender un poco mejor el éxito de esta serie, comprender cómo es que se consigue la popularidad con una propuesta opuesta a lo esperado, mientras la medicina siempre ha sido representada en el cine o la televisión como aquella ciencia blanca, pura, en función del servicio social, incluso como una actividad humanista más que científica, House nos presenta el lado que todos también conocemos, el de la medicina como una ciencia de conocimiento, de altruismo sí, pero a la vez poder y re-conocimiento.

Así pues, en este escrito nos concentraremos en un solo aspecto a analizar, la manera de presentar el concepto de verdad en esta serie.

Antes de entrar en materia, es lícito señalar que la postura del Dr. House con respecto a la forma de tratar a sus pacientes, es decir, de ejercer la medicina, converge aun más con la idea original de la propia medicina, puesto que ahora nos es vendida como una ciencia altruista y de carácter humanista, cuando originalmente “[la medicina] surge como una reflexión sobre la enfermedad y sobre el sufrimiento doloroso de los cuerpos. La preocupación por la salud y por la fisiología son secundarias al interés por la patología”.[1]

En cuanto a la definición de verdad, este es un término que es circunscrito en la filosofía, es imposible intentar definirla desde alguna otra disciplina, puesto que la verdad no tiene un carácter físico, entra dentro del campo de las proposiciones, la lógica, la metafísica, es decir, de la filosofía.

Así es como encontramos que las siete acepciones del término que da el Diccionario de la Real Academia son referentes al campo filosófico. 1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna. 4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. 5. f. Cualidad de veraz. 6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. 7. f. realidad (existencia real de algo).

Intentando ser un poco más finos en la definición, tomaremos de mejor ánimo las siguientes definiciones de verdad propuestas por Fatone:

A) La verdad por concordancia. Es una relación entre el pensamiento y el objeto al que ese pensamiento se refiere.
B) La verdad como coherencia. Relación entre pensamiento y pensamientos de ese mismo sistema.
C) La verdad como eficacia. La relación entre una preposición y su eficacia.
D) La verdad como verificabilidad. Es la relación entre un símbolo, cosa física, y un objeto, también cosa física.[2]

En la serie, como habíamos