domingo, 7 de junio de 2009

La maldición de la autoestima;
si es baja, malo, si es alta… ¡también!


José Vieyra Rodríguez


“Tener que estar refiriéndose permanentemente a uno mismo
es una degradación de la existencia.
La existencia no se tiene que autoestimar,
tiene que juzgarse a través de si ha podido o no hacerse con su proyecto.
Y tiene que pagar un precio por ese proyecto,
tiene que ser capaz de sufrir, de saber perder”
Jorge Alemán

Ante la pregunta de la etiología y tratamiento de los múltiples problemas individuales, que a su vez son sociales, gran parte de la psicología ha adoptado una posición cómoda y resolutiva: la autoestima. Basta encender el televisor y observar las respuestas de los psicólogos cuando se les cuestiona sobre algún tema, es común escuchar las siguientes opiniones:

El origen de la agresión en parejas (etiquetada comúnmente como “violencia familiar”), es porque el marido pega por una falta de autoestima y seguridad en sí mismo que se ve claramente al tener que ejercer su poder golpeando a su mujer, a su vez, la mujer se deja golpear porque también tiene una falta de autoestima y no se quiere lo suficiente, no se valora y cree merecer la golpiza; si un niño es agresivo en la escuela (llamado por la psicología con el anglicismo bullying) es porque seguramente tiene problemas de autoestima y tiene que confirmarse insultando o pegando a los demás, también quien es el agredido, no tiene seguridad en sí mismo y se deja pegar porque básicamente tiene una baja autoestima; los trastornos de alimentación (anorexia, bulimia) son una clara muestra de una bajísima autoestima en quien los padece, pues no se acepta como es y quiere ser diferente, bastaría con que tuviera una autoestima alta para querer a la imagen (aun fea) que le devuelve el espejo; las adicciones, desde el alcoholismo hasta la farmacodependencia, son problemas relacionados con una baja autoestima, no se quiere el adicto y por eso se autodestruye; las depresiones son también problemas de autoestima, no se puede querer la propia persona por lo que es y por eso entra en depresión, no importa cual sea el motivo de la depresión si tan sólo pudiera darse cuenta el “enfermo” de lo valioso que es, el problema es que tiene una baja autoestima. La lista anterior puede incrementarse casi desmesuradamente y la respuesta variará muy poco. Cabe señalar que una autoestima baja puede deberse y arrastrarse desde un trauma infantil.

Una vez identificada la etiología de los “problemas psicológicos”, es necesario acudir a terapia para que el psicólogo los arrope y comience a demostrarles a los pacientes las magníficas personas que son. Así, se orientará la terapia a eliminar los pensamientos incongruentes, la lógica errónea del paciente y cualquier idea que no sea positiva, la finalidad es que el paciente obtenga una autoestima buena (pues la baja es mala, no importa en base a qué se hace este juicio de valor) y así sea una persona feliz.

Por supuesto, no se debe sobrepasar los límites de una autoestima buena, es decir, no tener una autoestima alta o al menos demasiado. No debe tenerse una gigantesca autoestima porque entonces podrían darse problemas, por ejemplo, para empatizar con los demás, por lo que no se debe querer uno demasiado y menospreciar a los iguales, pues esto es también un signo de una desnivelación de la autoestima adecuada.

La autoestima buena (alta, ¡pero no mucho, eh!) se manifiesta cuando la persona se quiere a sí misma, además de tener la posibilidad y habilidad de querer también a los demás.

¿Cómo se pasa del sentimiento y valoración propia al de los demás con un mismo concepto? No importa, la autoestima lo abarca todo, aun cuando tenga el prefijo auto- que significa “de o por sí mismo”, y que por lo tanto autoestima signifique “estima propia”. ¿Cómo saber si la autoestima es poca o es demasiada, y por lo tanto también está mal? Pues no puede saberse a ciencia cierta, se podrá conocer la autoestima tan sólo por las manifestaciones conductuales (pues al final son las únicas posibles de objetivar). ¿Entonces no se tiene la menor idea real de un nivel de autoestima, pues no se tiene un autoestimómetro? Claro que no, se supone que hay autoestima baja si la persona tiene un problema, y es adecuada cuando es feliz y socialmente funcional.

Los absurdos anteriores quizá tengan algunos huecos por la propia sátira que contienen, pero la realidad no dista demasiado de aquí. Esta clase de explicaciones se han aceptado socialmente, y más si provienen de la boca de un especialista de la “salud mental” como lo es el psicólogo.

Evidentemente no toda la psicología habla de autoestima para explicar todos los casos anteriores. La psicología dinámica o profunda, que tiene su base en el psicoanálisis, intenta dar explicaciones diferentes. Incluso el mismo psicoanálisis aborda las mismas problemáticas desde otros puntos de vista, pero dicho sea de paso, es también muy común escuchar a estos psicólogos o psicoanalistas diciendo que no tienen una respuesta directa del origen del problema o la solución, pues “habría que revisar al caso en particular para dar una respuesta”, por lo que en términos prácticos resulta igual de ineficiente que la primera.

No obstante, el psicoanálisis, aun con su particularización excesiva, puede dar respuestas más certeras y menos cómodas. No significa que las respuestas fáciles, comunes y placenteras sean siempre erróneas, pero es altamente cuestionable que para múltiples problemas y casos la solución siempre sea la misma, es decir, una inmensa cantidad de preguntas y una sola respuesta.

El objetivo de este escrito no es exponer los abordajes, las respuestas y soluciones que propone el psicoanálisis para todos los problemas antedichos, sin embargo, cabe señalar que el psicoanálisis puede responder desde su teoría con una aproximación general y después entender el caso en particular, es decir, es posible de revelar al menos algunos aspectos a considerar ante los casos antes de ser resueltos de manera abrumadora y aplastante por la palabra autoestima, que ha venido a ser el problema y solución en la psicología.

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