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martes, 20 de octubre de 2009


Bastardos sin gloria;
Los hijos ilegítimos en la búsqueda del goce robado



por José Vieyra Rodríguez




Nota
: Este artículo contiene información sobre el argumento y trama de la película, por lo que puede ser considerado como spoiler, queda en consideración del lector seguir con su lectura.



Sinopsis
Durante la ocupación alemana de Francia, Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) presencia la ejecución de su familia a manos del coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz). Shosanna consigue escapar y huye a París, donde se forja una nueva identidad como dueña y directora de un cine. En otro lugar de Europa, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) organiza un grupo de soldados judíos para tomar represalias contra objetivos concretos. Conocidos por el enemigo como “The Basterds” (Los bastardos), los hombres de Raine se unen a la actriz alemana Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger), una agente secreta que trabaja para los aliados, con el fin de llevar a cabo una misión que hará caer a los líderes del Tercer Reich. El destino quiere que todos se encuentren bajo la marquesina de un cine donde Shosanna espera para vengarse…


El afamado director Quentin Tarantino nos muestra en esta ocasión con su Inglourious Basterds (2009) una visión divertida, entretenida, visualmente impactante pero igualmente distorsionada y poco creíble de la ocupación Nazi en territorio francés durante la segunda guerra mundial, una mezcla nada sorprendente conociendo el sello ineludible del guionista y director de esta película, sin embargo, precisamente el agradecimiento a este director es por su afán de fantasear intencionalmente con la realidad consabida, más que intentar mostrarnos una verdad histórica, como lo han querido otros cineastas, pues aun así, esta ficción nos puede mostrar diversas verdades en nosotros mismos.

En diversos sitios de internet no tardaron en aparecer alabanzas y críticas al nuevo film de uno de los últimos directores considerados de culto de los Estados Unidos. Sin embargo, omitiendo un análisis de la película en su aspecto puramente artístico y cinematográfico, también se puede inquirir e intentar descubrir, aun sea un poco, la fantasía implícita en este largometraje, puesto que un comentario asiduo en las reseñas es que pese a ser una película norteamericana, la perspectiva del director se sustrae de la visión sesgada y tendenciosa común en los films de ese país que abordan la segunda guerra mundial, de hecho un eslogan de la película es “nunca has visto la guerra, hasta que la veas a través de los ojos de Quentin Tarantino” ¿es posible verdaderamente ver algo más de la segunda guerra mundial que los clisés prefabricados y llevados hasta el hartazgo en sinfín de películas sobre ella? ¿un director puede sustraerse de su propia ideología en la que, quiéralo o no, está imbuido?

Uno de los comentarios repetitivos es que Tarantino se cuidó de no vanagloriar a los norteamericanos como los salvadores del mundo, además de mostrar un lado igualmente cuestionable por parte de algunos judíos, quienes sin remordimiento podían ser al menos igual de crueles que los alemanes nazis. Detengámonos un momento aquí, y antes de seguir en esta línea retomemos el nombre de la película, la cual hace referencia a un grupo de soldados norteamericanos que tienen entre sus filas a varios inmigrantes de ascendencia judía, comandados por el teniente norteamericano Aldo Raine (Brad Pitt), este grupo de judíos está dispuestos a regresar al viejo continente y cobrar venganza contra los alemanes, además a este grupo se le une la actriz alemana Bridget von Hammersmark (Diane Kruger) quien traicionará a los alemanes a favor del término de la guerra. Por supuesto, algo evidente salta a la vista, si tomamos al nombre de la película entendemos que la trama central gira en torno de los bastardos, es decir, hijos ilegítimos de un padre reconocido, son los hijos que degeneran el origen y naturaleza de la raza. Pero estos hijos bastardos buscan algo en particular, la gloria que buscan es la muerte del padre. No perdamos esto de vista para retomarlo en nuestro segundo escrito.

Ahora bien, regresando un poco, supuestamente la película logra saltar los límites políticos que podemos encontrar en una filmación sobre la guerra, es decir, no toma evidentemente partido sobre algún país, una raza o religión en particular, sin embargo lo hace de la manera que probablemente sea tan evidente que quizá a más de uno se le ha escapado, es decir, invierte los papeles la mayoría del tiempo, así, las escenas más violentas, crueles y sangrientas se logran llevar a través de los judíos, quizá omitiendo el primer capítulo en que el Coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz) mata a la familia de la joven Shosanna Dreyfuss (Mélanie Laurent) en Francia, el cual por cierto es muy bien logrado por la tensión psicológica que se logra imprimir, más que por la muestra visual de violencia, pero ¿qué pasa ante el espectador que no logra enjuiciar brutalmente a los bastardos por su comportamiento? Tarantino lo sabe, juega con los fantasmas personales, con esa imagen ya preconcebida y difícil de suprimir de los alemanes como crueles seres despiadados que merecerían al menos el mismo castigo, el director no necesita retomar y poner en balance la crueldad de ambos, eso ya está hecho en el concepto difundido oficialmente de los alemanes.

Ahora bien, si la película es bien lograda, es precisamente por el juego con la fantasía que lleva implícita, omitiendo incluso el hecho de la muerte de Hitler en manos de los bastardos y el término de la guerra en un cine (significante que cobra valor dialéctico en la película, en tanto es usado en función de la propaganda fascista así como lugar redentor del ser humano).

Una pregunta pertinente hasta aquí es porqué los bastardos buscan la venganza de la misma manera, es decir, su partida hacia Europa no es con el objetivo de terminar la guerra o matar al Tercer Reich, de hecho el Teniente Raine hace su aparición en el film reclutando a sus bastardos y comentándoles “miembros del partido Nacional Socialista conquistaron Europa mediante asesinatos, tortura, intimidación y terror, y eso es exactamente lo que les vamos a hacer[…] dejaremos atrás los cuerpos de sus hermanos, destripados, desmembrados y desfigurados; y en ellos encontraran la evidencia de nuestra crueldad”; es el antiguo proverbio de ojo por ojo y diente por diente, es fácil comentar que eso lo que se merecen los alemanes, pero verdaderamente ¿porqué castigar el crimen con el mismo crimen? La medición es con la misma vara, pero cabe preguntarse también, ¿acaso no es esta la posibilidad de llevar a cabo la crueldad de forma justificada, con derecho y sin remordimientos?, es decir, es la posibilidad de gozar de ella con autorización del superyó, o peor aun, con el mandato superyoico.

Comencemos pues a adentrarnos en nuestro interés, ya que precisamente los Bastardos sin gloria, nos permiten poner en práctica una crítica de nuestra manera de gozar. Así, sigamos al filósofo esloveno Slavoj Zizek en la argumentación de su libro El acoso de las fantasías (México. 2007) en el cual nos expone de manera clara la forma de operar de nuestro goce nacionalista, en primer término nos dice que la identificación nacional opera con la cosa-nación, la cual la podemos definir como “nuestro estilo de vida” y que ese estilo de vida, propio de cada nación o grupo social, es “en pocas palabras todos los detalles que evidencian el modo único en que una comunidad organiza su goce” [1], recordando que el goce no es equivalente del placer, por el contrario, el goce es ese exceso incontrolable y sobrante que lo altera, “el goce se localiza más allá del principio del placer” [2] o como lo formula Lacan en 1960, el goce es todo lo que corresponde a la distribución del placer en el cuerpo [3] precisamente a la distribución, strictu sensu, pues divide y coloca al placer en un destino conveniente, aun llevadero, por eso los estilos de vida son la manera de organizar la propia distribución del sobrante del placer (de la necesidad), pues sin esto, se desbordaría y el sujeto quedaría sin límites contenedores, paradoja del ser hablante, que organiza aquello incontrolable para lograr su contención fantasmática.

Ahora bien, la identificación con la cosa-nación, o como la llama jocosamente Zizek; la cosa nostra, implica a su vez una creencia en que los demás compatriotas creen en ella, su carácter ontológico se concibe a partir de la creencia de su creencia, “es literalmente un producto de la creencia en ella misma” [4], por lo tanto dicha creencia en la intersubjetividad logra ligar verticalmente a sus miembros con alguien superior a ellos mismos, como nos enseñaba Freud desde 1921, la identificación con un ser superior sólo se logra mediante los lazos que se han creado entre los iguales, estos lazos son de identificación en el semejante en tanto hermano; hijo del mismo padre [5], o dicho en otros términos, la identificación con el Otro es mediata, en tanto es con el otro.

Así, el racismo o el nacionalismo purista, es una forma de querer mantener propia a la cosa-nación, libre de ese otro que –paradójicamente- tiene un goce excesivo de ella, es decir, la intolerancia no es por el simple hecho de ser diferente y creerme superior, sino por ver en el otro una forma de gozar que aparentemente es mejor que la mía, su “estilo de vida” me muestra una organización del goce diferente (“los judíos, esos usureros que roban nuestro dinero, ganan a consta de nosotros cuando ni siquiera son verdaderamente alemanes, ¡no merecen a mi patria!”). Por lo que vemos, “esta sería la fórmula más general del racismo moderno que presenciamos hoy en día; es un odio al modo particular en que el otro goza[…] pues se ubica en el nivel de la tolerancia o la intolerancia hacia el goce del Otro, el Otro como aquél que esencialmente se roba mi propio goce” [6].

Por una parte, esta fórmula es fácilmente aplicable a los Nazis, pues el estilo de vida de los judíos es precisamente lo que no soportaron, aquello que no sólo querían exterminar, sino apropiarse, la organización del goce del judío fue reclamada por sus supuestos dueños, la raza aria. Pero la película nos deja ver algo más, de hecho lo que nos muestra es una visión inversa al dejarnos observar cómo los judíos reclaman su vida perdida, pero no lo hacen intentando restablecer su posición, sino contrariamente lo hacen esta vez a partir del goce del otro, al declarar el teniente Raine; “miembros del partido Nazi conquistaron Europa mediante asesinatos, tortura, intimidación y terror, y eso es exactamente lo que les vamos a hacer”, lo que deja entrever no es siquiera una venganza, sino un goce anticipado en fantasear con realizar los mismos actos, es decir, los alemanes al robar el goce que vieron en los judíos lo hicieron por medio de matanzas y crueldad, pero ahora los judíos lo que ven en los alemanes y su particular modus vivendi es otro tipo de organización de goce, más sádica y directa, la pregunta que se nos avienta en la cara al ver cómo supuestamente los Nazis gozaban con la crueldad, es si acaso nosotros también lo podemos hacer. O dicho de otra manera ¿por qué ellos sí están autorizados a gozar con nuestro dolor? En respuesta, se deniega (Verneinung) la autorización pero a cambio su condena es la misma, el ojo por ojo y diente por diente no es más que el reclamo de un goce del otro, pues sabemos que una argumentación versada en derecho no llegará demasiado lejos con estos pensamientos, porque precisamente la filosofía del derecho está orientada a la restricción del goce de manera racional (aunque parezca aventurado hablar de esta manera), o dicho en términos freudianos, el derecho busca la socavación de las pulsiones y la orientación de ellas en direcciones socialmente esperadas y culturalmente tolerables.

Así, la culminación del desbordamiento de goce sin restricción, con pulsión sin destino fijo, aparece hacia el final de la película, cuando vemos a miembros del partido Nacional Socialista carcajear y alabar la proyección en la cual se asesinan a cientos de judíos, de pronto la cinta es interrumpida por Shosanna que aparece en la pantalla grande para avisarles a todos que morirán, a su vez la bomba de los bastardos explota y se desata la angustia ante un peligro real (Realangst) de todos los asistentes; mientras tanto el cine es a su vez incendiado por el ayudante negro de la dueña judía del cine (sumamente simbólica la relación de estos personajes), por último vemos a Shosanna reír eufóricamente en la pantalla, a la vez que el cine cae en llamas y dos de los bastardos ametrallan enloquecidamente a cuanto Nazi observan desde lo alto de un balcón, no importándoles en lo absoluto su eminente muerte, una escena que básicamente juega a mostrarnos los dos lados de la pulsión incontrolada, por uno el enloquecimiento ante un peligro y el desbordamiento de la libido en angustia, y por el otro, de la misma manera, el desbordamiento libidinal se da, pero en este caso lo incontrolable se vuelve el goce mismo, olvidando la propia vida por seguir en el goce total, que al final, no puede dar más que muerte.

Aun nos quedan preguntas por responder, ¿es al padre a quién querían matar los bastardos o es a su madre (Alemania)?, además ¿qué papel juegan aquí las mujeres, o son simplemente eslabones en un mundo e historias de hombres?, por último, ¿es la película una simple muestra de desbordamiento pulsional? Temas pendientes por ahora, lo revisaremos en la siguiente entrada.

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[1] Zizek. S. El acoso de las fantasías. Siglo XXI editores. México. 2007. p.p. 45
[2] Ibidem
[3] Lacan. J. Seminario VII. La ética en psicoanálisis. Ed. Paidós. Argentina. 2002
[4] Zizek. S. Op. Cit. p.p. 46
[5] Freud. S. Psicología de las masas y análisis del yo. Obras Completas. Vol. XVIII. Ed. Amorrortu. Argentina. 1978
[6] Miller, J. A. Extimité. Inédito. Citado por Zizek en El acoso de las fantasías. Siglo XXI editores. México. 2007. p.p. 48


lunes, 31 de agosto de 2009











De la sexualidad machista



por José Vieyra Rodríguez


El siguiente texto ha sido redactado de manera autobiográfica para fines prácticos (no vaya usted a pensar que es una historia personal), por lo que autor no asegura que haya sido una historia vivenciada por él.

Aquella noche la ligera llovizna no era suficiente para desalentarnos, a un buen amigo y a mí, de no asistir al encuentro ya planeado, encuentro con el placer visual: un table dance.

Arribamos al lugar, tras transcurrir un par de horas y cinco cervezas, dos chicas sobre la pista elevada comienzan a bailar sensualmente en ella y calientan el ánimo (y no sólo eso) cada vez más agitado de los asistentes. La celebre canción November rain de Guns n' Roses empieza a emitirse de las bocinas colocadas estretégicamente en el recinto, a la par, las sensuales bailarinas toman unas latas entre sus manos, es el llamado show de espuma que había comenzado. Agitan los botes y se rocían, se untan mutuamente espuma mientras se besan y tocan, mientras tanto el controlador del sonido y animador, insita a que algún asistente suba a la pista y entre en el show. Unos cuantos dicen querer hacerlo, sin embargo es sólo uno quién se sube entre aplausos y chiflidos de los descontentos y cobardes asistentes vouyeristas. No habrá terminado siquiera la mitad de la canción cuando el valiente se trasmuta en cobarde al negarse a quitarse los pantalones, unos segundos después se acobarda aún más y baja de la pista, los chiflidos continúan y otro hombre se atreve a subir, éste al parecer está dispuesto a todo.

Las chicas -ya desnudas de ropa pero cubiertas de espuma- le quitan todas sus prendas de vestir, él se deja manejar al antojo de las expertas en el arte visual y sexual (con una condensación acústica podríamos jugar y decir expertas en el arte vi-sexual, homófono de bisexual), el segundo chico no se intimida y queda desnudo al poco tiempo, se acuesta y toca los cuerpos voluptuosos de las chicas. El animador dentro de la cabina hace válida su posición de narrador invisible, de voz en off, portador de la palabra y el deseo popular, haciendo intervenciones acertadas tras el micrófono como por ejemplo "órale, tu sueño hecho realidad" o "no que querías dos viejas, ¡a ver que haces con ellas!".

La canción estaba a punto de terminar, pero una malísima mezcla hace que comience de nuevo, entonces el animador vitupera "pero levántate buey, no ves que queremos ver nalgas", no pasa mucho tiempo para que de nuevo intervenga "órale, párate, queremos ver nuevas nalgas" con esto es suficiente para que los asisentes entre risas, burlas y envidia comencemos a corear "¡que se pare, que se pare!", el joven arriesgado se levanta y se da la vuelta, todos reímos y aplaudimos su valentía. Se repite otra vez la canción, el show continua y los besos también, seguirá así hasta la eyaculación del sagaz chico, causada por el sexo oral de una de las bailarinas. La cuarta vez que termina la canción el animador nos ordena aplaudir y despedirnos de las chicas, el show ha terminado.

Aquella noche salimos del tuburio pasadas las dos de la mañana. Aún ahora lo recuerdo, y ¿cómo no hacerlo?, aquella noche fue por demás divertida.


Aquí termina la historia verídica redactada de forma autobiográfica. Ahora bien, hay una parte que a mí me interesa mucho de esta anécdota, y ésta es la evidente homosexualidad entre los que menos creen serlo. Todos sabemos que si hay lugares en donde se (auto)reconocen machistas es en un table dance, el lugar por autonomasia del hombre.

Popularmente se piensa que los hombres quienes van a un cabaret son machos que no pueden ver a las mujeres más allá de objetos sexuales, mercancías a la venta carentes de pensamientos que no tengan el color de un billete. Claro que a esta idea también está su directa oposición, las mujeres quienes están ahí en la mayoría de los casos les gusta esa vida, es fácil caer en la tentativa visión de que son víctimas del mundo de hombres que las han relegado a esa posición y desde donde no pueden más que aceptar su triste papel y sacar un poco de provecho: el dinero. Pero sincerándonos, hay parte de las dos, ni son víctimas ni son las mujeres felices, si tuviera que darles un calificativo yo diría que son, simplemente, teiboleras (dejando a su consideración, estimado lector, cómo se quiera tomar este último calificativo), además, no es mi intención ahondar en la psicología de ellas, al menos por ahora.

Regreso a mi interés. Lo que salta a la vista para mí incluso no es un machismo exacerbado y evidente, sino una homosexualidad por demás manifiesta. Me pregunto cómo explicar la actitud y comportamiento de todos los hombres reunidos en ese lugar, coreando y aplaudiendo a un tipo para verle las nalgas, animando la osadía de levantarse y dejarse ver por todos los asistentes que juran ser bastante machos pero piden a gritos observar un hombre desnudo, no un hombre profesional del ambiente gay o al menos stripper, sino uno común y corriente, uno que bien pueda crear la ilusión de ser ellos mismos.

Por supuesto, la escandalización de esta observación no puede llegar demasiado lejos, diversos pensandores han señalado con anterioridad que el hombre que se reafirma a cada instante es precisamente por su falta de identidad en esa posición, necesita de un otro que le confirme a cada instante su hombria, y si ésta es puesta en duda, siempre se necesitará confirmarla, no para el otro sino para sí, saberse hombre a consta de no serlo, precisamente porque no se sabe qué es ser hombre de antemano. Recordemos los viejos y vulgares chistes o comentarios:

-¿A quién le dices joto? Si no me crees hombre, ¡ponte y te doy pa' qué veas!

- Me la pelas

- ¡Nos los cojimos!

Y tantas otras frases que sirven para aludir a una posición de poder, superioridad y hombría, cuando dejan entever todas ellas el elogio a la homosexulidad más evidente.

Si nos detenemos a preguntarnos porqué de la homosexualidad en los hombres machistas, sería un error, mejor sería preguntarnos el porqué de la sexualidad sin metas definidas de todos, en general, es decir, realmente no son los machistas unos homosexuales, sino que todos los hombres lo somos, la sexualidad no sabe de sexos ni de géneros, la sexualidad es activa y masculina, pero no conoce de pasividades y famineidad.

Es la cultura la que impone los límites y pautas que guían y orientan nuestro comportamiento sexual, es únicamente la cultura la que encausa a la sexualidad, esa sexualidad pérdida por la naturaleza y tan sólo recuperada y controlada, en un pequeño margen, por la misma cultura. Porque al final del camino, sea un cuerpo de hombre o de mujer, así como un objeto que sirva de fetiche o el fantasma incumplido, la sexualidad se empuja hacia el afuera del cuerpo, negando su estatuto biológico-reproductivo, negando su condición corporal y mezclándose constantemente "entre lo psíquico y lo somático". Quizá sea más pertinente señalar que no niega, puesto que ni siquiera lo tiene.

Entonces comprendemos, porqué para el ojo y la percepción psíquica, no hay nalgas de hombres y de mujeres, sino cuerpos, quizá tampoco cuerpos sino objetos, objetos externos que me diferencian y que nada tienen de sexual mas que el libre intercambio de eso que nos hace sujetos.

Entendiendo lo anterior, no nos sorprende encontrar homosexualidad en un establecimiento de supuestos hombres en búsqueda de mujeres, pues la sexualidad no sabe de cuerpos, o diciéndolo en términos técnicos; la pulsión es siempre parcial, por lo que su meta es variante.

Y aun cuando cuando de lo que se trata es del sexo, es de lo último que se quiere saber, la cultura si impone algo -incluso en su normalización de este tipo de lugares- es el hecho de no querer saber nada del sexo, recluirlo y darle cause en supuestos lugares que controlan, cuando aun ahí es clara su constante fluctuación e imposible restricción a metas definidas, la imposibilidad del hombre de pulsiones totales.

domingo, 26 de julio de 2009

Del amor a los libros


por José Vieyra Rodríguez


El mejor compañero ante la adversidad es un libro
Dicho popular

En la mente mantengo al comenzar este escrito, al menos un par de cuentos y novelas contemporáneas que giran alrededor del culto a los libros; La biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges, Fin del mundo del fin de Julio Cortázar, son los cuentos; las novelas son El club Dumas de Arturo Pérez-Reverte y El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Aunque la disparidad entre los argumentos de estos escritos distan de ser comparables, encontramos un elemento en común: el libro como significante elemental sobre el cual se estructuran las historias.

El mismo Borges escribió un ensayo con el nombre Del culto a los libros (1951), en el que expone una tesis cultural acerca de la veneración a los libros en la época actual, la cual, subraya, es una época de la palabra escrita, se ha socavado en su totalidad la palabra oral que antaño era suficiente para transmitir y enseñar.

Comúnmente, a los coleccionistas de libros se les llama bibliófilos. Etimológicamente se podría decir que son quienes aman a los libros, o mejor aún, los amantes de los libros. Me da a pensar el porqué cuando se refiere con la misma desinencia a los pedófilos (amantes de los niños) o los zoofílicos (amantes de los animales) contienen éstos un estatuto de condena moral, una ética psiquiátrica se impone ante tal terminología. Quizá aquí la psiquiatría parte de la referencia al hecho de que el objeto sexual son los niños o animales para llegar al fin de la relación: el orgasmo. Sin embargo, me pregunto si acaso nadie ha tomado un libro del Marqués de Sade para leerlo a la par de la masturbación, por poner un ejemplo clásico de la literatura erótica.

Las conjeturas e ideas anteriores, se desprendieron a partir de un hecho que viví el día de hoy; adquirí, en un establecimiento de libros usados, la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, es la versión original en latín, contiene 800 páginas y data del año 1889.

Una alegría me invadió durante gran parte del día, es una satisfacción, la cual se limita a saber y tener la certeza de la importancia que mantiene este libro para cualquier conocedor y versado en los temas de filosofía o teología. Lo anterior no reduce el carácter inservible de dicho libro, pues probablemente no lo leeré completo en mi vida, se reducirá a estar en mi biblioteca y quizá consultarlo en alguna ocasión, acaso practicar la traducción del latín al español con él. Aun así, es una de mis mejores adquisiciones.

Por supuesto, en algún otro momento he intervenido a favor de lo inservible, y recuerdo a Julio Cortázar escribir que hay que “luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines prácticos” (Pérdida y recuperación de pelo, 1962), pero esto no evita el autocuestionamiento del porqué un libro puede ser más venerado y preciado que un celular o una camisa de marca de moda, a lo único que puedo responder, que es acaso una forma de vincularse y abrirse camino hacia las redes sociales, pues al final la valoración de mi libro me incluye dentro de una red social (por reducida que ésta sea) la cual me soporta como sujeto, creando una identidad y a la vez individualidad, así sea por posesiones, aspecto que quizá dejó de lado Borges al pensar en el libro, pero no al tener su biblioteca y enorgullecerse de sus lecturas.

sábado, 30 de mayo de 2009


Fue niño y voy en jeep


por José Vieyra Rodríguez


Siguiendo nuestra propuesta, que inició hace poco más de un año, de analizar algunos anuncios comerciales emitidos en televisión para intentar encontrar la forma en que funcionan, además de tomarlos como medios de enseñanza de la cultura. Ahora presentamos un anuncio clásico dentro de la gran campaña publicitaria a la que ya habíamos tenido oportunidad de referirnos en el artículo Tecate ¿por mí?

Nos vuelve la idea de revisar esta publicidad, al encontrarnos hace poco con un letrero hecho en el vidrio de un jeep, el cual reza al igual que nuestro artículo “Fue niño y voy en jeep”. El jeep al cual nos referimos, es importante mencionar que se encuentra en condiciones desfavorables como para pensar ostentar de manera muy presuntuosa el hecho de poseerlo, sin embargo, el dueño del vehículo no se avergüenza en lo absoluto de su posesión, por el contrario ahora se encuentra doblemente orgulloso al haber tenido un hijo varón.

Este pequeño letrero leído en el vidrio trasero de ese viejo y descuidado jeep, nos remitió inmediatamente al conocido anuncio de la cerveza Tecate, aquí lo presentamos.



Procedamos con cautela en el análisis de este comercial, así como en el del letrero encontrado en el viejo jeep.

Consideremos para comenzar que las interpretaciones más directas y evidentes, si bien no siempre están equivocadas, tampoco son del todo completas. Por ejemplo, es sencillo ver en el video el pensamiento machista operando, fácilmente caemos en cuenta que se quiere un bebé por ser hombre, designando esta palabra exclusivamente para el sexo anatómico masculino, y vemos como otorga el nacimiento del varón una mayor dicha para el padre, por lo que, feministas aparte, todos estaríamos de acuerdo con que es una clara muestra del pensamiento machista, esa vieja herencia que parece imposible rechazar. En el letrero a que hicimos referencia desde el título mismo de este artículo, podemos encontrar el mismo pensamiento; el padre está orgulloso de su paternidad, especialmente por el hecho de que su cría sea varón, además remarca la visión machista al conjuntar su alegría de ser padre de un niño, con el hecho de viajar en un auto considerado un vehículo para intrépidos hombres aventureros, etc.

Hasta aquí este ejercicio intelectual no da más que respuestas dadas de antemano, críticas reiteradas hasta el hartazgo que se tornan fofas ante la sociedad. Por lo que intentemos tomar sólo como inicio estas visiones y vayamos más al fondo del asunto.

En primer momento consideremos que el “ser hombre” no está dado por la anatomía, es decir, no se nace hombre, sino que se llega a estar en esa posición en tanto se entre en relación con los demás y se llegue a aceptar, psíquicamente hablando, las funciones del varón en la sociedad. Esto no está fuera del comercial, analicemos para comenzar los escenarios para entender esto; en primer lugar aparece un hombre abriendo una ventana gritando “¡es hombre!”; el edificio del cual aparece es totalmente irreconocible, bien pueden ser departamentos o incluso las ventanas de un viejo edificio de oficinas, o ¿porqué no?, un hospital (es el momento del nacimiento, se llega a un mundo básicamente irreconocible). El grito no va dirigido a alguien en especial, incluso parece en un segundo escenario no tener nadie quien lo reciba puesto que únicamente puede observarse una hoja de periódico volando en una calle vacía. Pero con forme pasan las escenas se comienza a observar una mayor claridad de escenarios en que las funciones de hombres son predominantes, desde una oficina, un baño, y después se intensificará la visión de las funciones cuando aparece alguien gritando desde lo alto de una construcción, continúa en un billar y terminará en un bar repleto de hombres, todos celebrando y con un voz en off que nos dice “por lo que se emocionan con la llegada de un nuevo amigo”. A lo largo del comercial lo único que podemos observar es que ser hombre lo determinan las funciones que se desempeñan en la sociedad, por lo que el hecho de haber nacido varón es motivo, pero no es suficiente para ser condición.

El letrero del jeep contiene los mismos elementos: el que haya sido niño y el padre viaje en un auto por él considerado como digno de enorgullecerse, nos muestra que claramente no es tener un niño y un jeep lo que lo hace estar contento, sino la forma en que se posicionó ante este hecho. Recordemos que el jeep es un viejo modelo y en malas condiciones, es decir, verdaderamente no parece tener motivos para estar orgulloso de su automóvil, pero él valora su posesión por la función que cree desempeñar con él. Esta última frase la podemos inmediatamente transpolar a la valoración que se da al hecho de poseer un pene como sexo anatómico, no es que el pene por sí mismo tenga un valor, sino lo importante radica en la posición que me da (que adopto en función de los demás).

La idea expuesta en el párrafo anterior es la misma que desarrolla el psicoanálisis desde sus inicios, al hablar Freud de “envidia del pene” o “angustia de castración” en la cría humana, lo que está en juego en el psiquismo de ambos, no es el pene en sí mismo, sino la función que se le ha asignado a dicho órgano, por lo mismo Lacan para intentar aclarar esto, designa al falo como aquello a que se aspira tener, puesto que el mismo falo es el que me significará para los demás, recordemos junto con el psicoanalista Roland Chemama que el falo es el “símbolo de la libido para los dos sexos; significante que designa el conjunto de los efectos del significante sobre el sujeto y, en particular, la pérdida ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje”. Importante entender estas ideas, el falo es para ambos sexos y la pérdida está ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje, pues cuando se llega al mundo, el infante no tiene sexualidad, pero al introducirse el lenguaje, éste se la designará, pero a la vez se crea una brecha entre biología y psiquismo. Esto nos otorga varios elementos dignos de pensar, comenzando por echar abajo una supuesta esencia de hombre y mujer, aquí lo importante será en qué lugar se inscribe el sujeto (en falta).

Retomando nuestro interés, consideramos que tanto el comercial como el anuncio del jeep, lo que nos muestran claramente es la necesidad del hombre de posicionarse y darse un referente en torno a los demás, a partir de poseer un elemento, el cuál precisamente da una supuesta posición. El hombre lo que busca es colmar la falta constitutiva a través del fantasma, es decir, “la relación que mantiene el sujeto dividido con el objeto causa del deseo”.

Terminemos por mencionar además, que lejos de parecer un elogio al machismo más puro, encontramos una clara inclinación hacia el amor homosexual, los hombres no se emocionan por la llegada de otra mujer, sino por la de un nuevo amigo, que como ya nos enseñó Freud, la amistad entre hombres es pulsión sexual de meta inhibida, pero al final del camino, sexual.

Concluyendo aquí, pensemos que tanto el anuncio como el dueño del jeep, lo que nos evidencian no es el machismo del hombre, sino la propia condición del hombre, que si dejáramos fuera, volvería en otro lugar. Entendamos pues, que para los publicistas de la cerveza, el hombre podrá advenir como tal al desempeñar ciertas funciones sociales, pero reservémonos el pronóstico de negatividad en ello, además de tomar en cuenta que el elogio a ser hombre anatómicamente hablando, no es pos sí mismo reprobable, tendríamos que detenernos a conocer la particularidad del caso, además del propio lugar que ocupará este hecho biológico en el psiquismo del infante.

martes, 5 de mayo de 2009

Cuando un panqué ordena… con el cariño de siempre


por José Vieyra Rodríguez


“[El superyó] es el monumento recordatorio de la endeblez y dependencia en que el yo se encontró en el pasado, y mantiene su imperio aun sobre el yo maduro. Así como el niño estaba compelido a obedecer a sus progenitores, de la misma manera el yo se somete al imperativo categórico de su superyó.”
Sigmund Freud

“La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar’”
Slavoj Zizek



Algunos días atrás, mientras estaba en la tienda comprando unos cigarrillos, pensé en también llevar un pan dulce además del respectivo litro de leche para el desayuno del día siguiente. Así es que tomé un panqué de nuez de la marca Bimbo y el correspondiente litro de leche Lala (cual debe ser), además de pedir unos Camel 14’.

Al día siguiente al levantarme, recordé mi inteligente decisión del pan dulce y leche, así que me dirigí a la cocina, me serví un vaso y abrí el pan. Al terminar de comer, intenté cerrar con la envoltura lo que aún quedaba de panqué, al hacerlo me di cuenta que por fuera de la envoltura decía “Ahora panqué te da más panqué, ¡participa!” Cual niño pequeño, no me pude resistir a la tentación (creada) y no sólo abrí de nuevo el panqué, sino que rompí la envoltura para encontrar al reverso las palabras: “Sigue participando”.

Al decepcionarme, una voz interna me decía “estúpido, realmente creías que ganarías, es tan sólo mercadotecnia”, lo que el viejo Freud denominaba superyó, es la instancia crítica que juzga al sujeto y condena severamente al yo. Sin embargo, basta retroceder un poco en toda esta anécdota para encontrar también al superyó materno, el que me dijo que participara en algo que ni siquiera conocía, que me impuso el deseo de querer más panqué, ¡gratis!

Slavoj Zizek en varios momentos menciona que este superyó es aún peor que el que describe Freud, pues mientras el primero imponía prohibición o mandato, este segundo, el superyó materno (el que prevalece actualmente a nivel social), lo que impone es el ¡goce! En mi caso, primero me hizo querer más panqué (ya estaba satisfecho con el que había comido, ¡pero aún así quería más!) y no sólo eso, al encontrarme con la decepcionante realidad al no haber ganado, me impuso una consigna, al más puro imperativo categórico: “Sigue participando”. No encontré el amigable “Gracias por participar” que recuerdo haber leído alguna ocasión, tampoco el falso optimismo de “Suerte para la próxima” o menos el frío “Envoltura no ganadora”, me encontré frente al mandato materno de goce, ¡Sigue participando! ¡Hasta que ganes! ¡Quieres ganar! ¡Sigue, sigue, sigue! (cual diálogo de película pornográfica que supone un goce excesivo aun cuando esté ausente).

Ahora recuerdo el antiguo eslogan de Bimbo: “Con el cariño de siempre”. Así es, en la actualidad después de ordenarte descaradamente qué es lo que deseas y debes hacer; "tú no puedes ser un perdedor, compra hasta que seas un ganador", pero te recuerdan; es con el cariño de siempre.

El mercado impone la demanda, lo que quiero, y además con el mandato de gozar y no ser cualquiera, por eso, ante esto, quizá sería pertinente plantearnos la posibilidad de no querer estar bien siempre, no necesariamente ser triunfadores, ganadores, exitosos, sanos… ¿y qué si no quiero?

lunes, 4 de mayo de 2009

Un interés de la filosofía: el psicoanálisis*


por José Vieyra Rodríguez

“la postulación de las actividades anímicas inconscientes
obligará a la filosofía a tomar partido y,

en caso de asentimiento,

a modificar sus hipótesis sobre el vínculo de lo anímico con lo corporal
a fin de ponerlas en correspondencia
con el nuevo conocimiento”
Sigmund Freud



Como se sabe, la relación de la filosofía con el psicoanálisis dista de ser la mejor. Desde los comienzos del mismo psicoanálisis, Freud exponía que un interés particular de la filosofía debía ser el psicoanálisis, pues, cualquiera que fuera el sistema filosófico desde donde se hablara, tenía puntos de conexión indudables con lo que el psicoanálisis estudia. Sin embargo, el mismo Freud nunca dejó de menospreciar en cierta medida a los filósofos, incluso no dudó en equiparar al delirio paranoico con un sistema filosófico, escribiendo en Tótem y tabú; “Uno podría aventurar la afirmación de que una histeria es una caricatura de una creación artística; una neurosis obsesiva, de una religión; y un delirio paranoico, de un sistema filosófico”[1].

También podemos recordar que aun cuando desde 1913 mencionaba a la filosofía como una de las disciplinas que no podrá dejar de tomar en cuenta el conocimiento del psicoanálisis, siempre consideró superior al mismo, pues “el psicoanálisis puede pesquisar la motivación subjetiva e individual de doctrinas filosóficas pretendidamente surgidas de un trabajo lógico imparcial, y hasta indicar a la crítica los puntos débiles del sistema”[2]. Lo anterior nos recuerda el más tenaz argumento del psicoanálisis en contra de la filosofía: el desconocimiento total del inconsciente por parte de ésta.

Así, Freud escribe “Lo psíquico de los filósofos no era lo psíquico del psicoanálisis. En su gran mayoría, ellos llaman psíquico sólo a lo que es un fenómeno de conciencia. El mundo de lo consciente coincide, para ellos, con la extensión de lo psíquico. A todo lo otro que acaso suceda en el «alma», esa alma tan difícil de aprehender, lo destronan y lo sitúan entre las precondiciones orgánicas o los procesos paralelos de lo psíquico. Dicho más estrictamente: el alma no tiene otro contenido que los fenómenos de conciencia… desde luego, que algo anímico inconsciente es un disparate, una contradictio in adjecto, y no quiere percatarse de que con este juicio no hace más que repetir su propia definición -acaso demasiado estrecha- de lo anímico. Al filósofo le resulta fácil afianzarse en esta certidumbre” [3].

Comenzando con el mismo padre del psicoanálisis, existe una innumerable lista de psicoanalistas que se han alejado intencionalmente de la filosofía, incluso el mismo Jacques Lacan se negó rotundamente a llamarse filósofo; “no me interesa la filosofía, además tiene ya bastante tiempo que no dice nada interesante” [4], con esta declaración parece seguir al maestro vienés cuando en su presentación autobiográfica escribe “y aun donde me he distanciado de la observación, he evitado cuidadosamente aproximarme a la filosofía propiamente dicha” [5].

Sin embargo, ninguno de los dos, ni el creador del psicoanálisis, ni su más ilustre lector y renovador, se han quedado indiferentes a planteamientos que antaño interesaban únicamente a la filosofía. Psicoanalistas, sí, pero pensadores de los grandes temas filosóficos.

Lo cierto es que mientras la filosofía se aferre a seguir en la línea racional de la conciencia, el intelecto, la libertad y la voluntad autónoma, regida únicamente por el yo, dueño y señor, seguirá siendo la filosofía un discurso del Amo (del maestro), que dicta qué hacer y por donde seguir, y aun cuando sus hipótesis no alcancen para explicar múltiples fenómenos propios del hombre, se seguirá negando a la incursión en postulados psicoanalíticos.

Lo anterior no significa que necesariamente todo filósofo tenga que ser psicoanalista, pero al menos sí es necesario tomar partido ante este nuevo descubrimiento que hace Freud hace más de cien años. Y así, decir quienes estamos interesados en la filosofía, si aceptamos incursionar de alguna manera en el camino propuesto por el psicoanálisis y replantear los grandes temas, y preguntarnos una vez más qué es la voluntad, antes de dar por sentado que nuestra conciencia es quien la tiene, pues con lo último retornamos a la problemática planteada por Lacan; “la filosofía en su función histórica es la que presiona el saber del esclavo para obtener su transmisión en saber del Amo” [6], cerrada a otro posible saber, al del inconsciente.

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*Artículo publicado en epsys revista de psicología y humanidades. Enlace a esta publicación.
[1] Freud, S. Tótem y tabú. (1914) Ed. Amorrortu. Vol. XIII. Argentina.
[2] Freud. El interés por el psicoanálisis. (1913) Ed. Amorrortu. Vol. XIII. Argentina.
[3] Freud, S. Las resistencias contra el psicoanálisis. (1925) Ed. Amorrortu. Vol. XIX. Argentina.
[4] Lacan, J. Mi enseñanza. Ed. Paidós. 2006. Argentina.
[5] Freud. Presentación autobiográfica. (1925) Ed. Amorrortu. Vol. XX. Argentina.
[6] Lacan, J. Seminario XVII. El reverso del psicoanálisis. Ed. Paidós. 2006. Argentina.

domingo, 8 de marzo de 2009

¿Es usted humano? ¡Entonces tome terapia!


por José Vieyra Rodríguez


Neuróticos anónimos
¿Sufre angustia, celos, miedo, soledad, depresión?

Acérquese, nosotros podemos ayudarlo.

Esta es la manera en que se anuncia una asociación que su función es acoger dentro de sus instalaciones a personas que se autodenominan neuróticos, las personas que acuden a este lugar son aquellos quienes desesperados buscan un apoyo psicológico, y en esta asociación lo encuentran por medio de terapias grupales.

No hay lugar a dudas que quienes se acercan a buscar ayuda psicológica de cualquier tipo, lo es en gran parte por un sufrimiento que existe en ellos, al cuál lo reconocen y pretenden en primera instancia eliminarlo, en segunda al menos reducirlo, y en el peor de los casos, controlarlo. Bien es cierto que el reconocerse como ser frágil y afectado por cierta circunstancia, es un primer paso para salir de ella, buscar al menos el cambio.

Lo que pretendo mostrar en este punto, es aquello que comienza a imponerse cada vez más en nuestra sociedad. Imperante se vuelve a cada momento negar la condición humana de fragilidad. Ser feliz, siempre, en todo momento y en todo lugar, es lo que nuestra sociedad nos dicta. Por eso la negación del dolor, la angustia, el sufrimiento, la fragilidad, la tristeza, es una postura que termina por golpear nuestra diferenciación ineludible de las demás especies animales, ninguna de ellas es afectada por enfermedades mentales de este tipo, pues no es posible que experimenten soledad estando acompañados, o angustia ante la muerte cuando ni siquiera están conscientes de su mortalidad. De este modo, nuestra sociedad funciona orientada hacia la negación de nuestra condición. Así, la mercadotecnia es el más claro ejemplo; si estás triste ve de compras, si tienes antojo (no hambre) ve a darte un lujito, ¡si tienes celos ve a terapia!

Me llama de sobremanera la forma en que se anuncia la asociación antes mencionada, pues ¿quién podría jactarse de no experimentar angustia, celos, soledad y depresión en algún momento? Es decir, todos entramos en este rubro de alguna u otra manera, sin discutir lo ambiguo que puede resultar esta terminología, pues cada quien le da el sentido de su propia vivencia.

De igual manera, sin olvidar que el chiste (Witz) revela siempre parte de nosotros mismos y nuestro funcionamiento inconsciente, tomemos la imagen que sirve para comenzar este artículo y detengámonos. En primer lugar encontramos lo que ya mencioné, el hecho de que la propia mercadotecnia tome nuestra manera de conducirnos para adaptarla y devolvernos nuestro deseo a favor de los mercaderes. Así, este anuncio hace mofa de la imagen del “neurótico”, que siempre está irritable o que escucha y se siente como si siempre le ordenaran, o no entendiera qué hacer, etc. Además también es sumamente interesante el hecho de que nos recuerde que incluso la imagen clásica y estática del neurótico sirve para vendernos libros. Así, lo que nos muestra es que hasta la lectura puede ser terapéutica, o que la imagen del enfermo mental ayuda a vender libros.

De ninguna manera estoy en contra de que alguien, ante el sufrimiento que indudablemente está experimentando, acuda a buscar ayuda para salir de esa situación, tampoco estoy en contra de un anuncio que promociona la lectura o al menos la compra de un libro, pero tampoco puedo estar a favor y decir que la solución radica en eliminar todos los sentimientos y emociones que indudablemente nos convierten en humanos, la felicidad pura y eterna es sólo posible en la alienación y por lo tanto en el alejamiento de nuestra propia conciencia y nuestra aceptación de sujetos efímeros pero por lo mismo, con responsabilidades ante esta posición.

En este punto, tan sólo me siento responsable de cuestionar en la medida de lo posible lo que se presenta ante mí: la imposición actual de la negación de nuestra propia condición humana.


domingo, 15 de febrero de 2009


Narcisismo o Actos de amor


por José Vieyra Rodríguez


"El egoísmo no encuentra un límite más que en amor a otros,
el amor a objetos"
S. Freud


"Lo que amo, en la medida en que hay un yo
donde me fijo por una concupiscencia mental,
no es un cuerpo... sino una imagen que me engaña
al mostrarme mi cuerpo en su Gestalt, su forma"

Jacques Lacan



Dos tipos de motivaciones existen en el ser humano para aquellas acciones que realizamos, por un lado están las que nos refuerzan nuestro narcisismo(1), nuestro propio amor, y las hacemos a conveniencia, ya sea directa o indirectamente, y por el otro los actos de amor.

Un ejemplo del primer tipo de narcisismo, es la conveniencia directa pero bien vista socialmente, como lo es el estudiar, en donde se accede a tener reconocimiento, poseer un saber ante los demás, un título que te hace oficialmente competente y otorga simbólicamente autoridad al yo.

Los segundos actos narcisistas, pueden ser actos comúnmente denominados “egoístas”, y que no son valorados socialmente, estos son aquellos en los que al yo no le importa ir en contra de un beneficio común(itario), o incluso no solamente no crear un beneficio, sino perjudicar y actuar únicamente pensando en lo que le conviene, como lo pueden ser el robar, mentir para evitar un castigo, etc. Así pues, están los actos socialmente bien vistos y esperados como estudiar, ser limpio, tener un buen trabajo, etc., y los actos condenados socialmente pero muy practicados que son los que perjudican o van en contra de la cultura y las reglas de convivencia pero que benefician directamente al yo. Pero también existen un tercer tipo de actos narcisistas, aquellos que incluso son, a diferencia de los dos tipos anteriores, de extraordinario beneficio hacia los semejantes, nombrados como caridad o lástima hasta altruismo, humanismo o filantropía.

Por ejemplo, en lemas tan antiguos como el adjudicado a Confucio: “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti” en donde se es pasivo en la agresión para un beneficio propio, o en la tradición judía con el mandamiento “«No matarás» [que] nos da la certeza de que somos del linaje de una serie interminable de generaciones de asesinos que llevaban en la sangre el gusto de matar(2), hasta llegar al cambio que se da con el cristianismo en que se pasa de la pasividad de no hacer el daño a la actividad de ayudar pero sólo en función del amor propio, como lo menciona Freud; “«Amarás al prójimo como a ti mismo»… y un segundo mandamiento que me parece aún más inconcebible… «Amarás a tus enemigos.» Sin embargo, pensándolo bien, veo que estoy errado al rechazarlo como pretensión aun menos admisible, pues, en el fondo, nos dice lo mismo que el primero(3), es decir, amar en función de la propia imagen y amor a sí mismo: narcisismo. Así, quien más esté unido a las normas judío-cristianas de los mandamientos, se descubre pronto que sólo es en búsqueda de la salvación y vida eterna, así, se prefiere ser infeliz aquí para obtener el beneficio eterno después de la muerte fisica.

Admitiendo que bien, los actos aun los que parecen los mejores y más sinceros se pueden convertir o descubrir tan sólo como actos de amor a sí mismo, parece ser esta una visión pesimista de lo que el ser humano puede hacer. Pero nos queda aún por hablar de los actos particulares, pequeños, incluso actos discriminantes (en el sentido estricto de "discriminación", que significa distinguir). Es decir, esos que no se hacen a todas las personas, sino que se crea una distinción entre a quiénes hacerlos, que aunque parece ser aún más egoísta, termina por no serlo, puesto que los actos de amor a los que nos referimos, son aquellos que se hacen a las personas que se quieren por el simple hecho de amarlas, este es un verdadero desequilibrio a la estructura del yo, incluso yendo en contra del beneficio directo de éste. Seguimos aquí a lo propuesto por Slavoj Zizek “Amor es un acto extremadamente violento, amor no es “los amo a todos”, amor significa, selecciono algo… es la estructura del desequilibrio, aun cuando esto sea sólo un pequeño detalle, una frágil persona individual… yo digo “te amo más que a cualquier otra cosa”, y en este preciso sentido formal es el mal(4) . El mal que no debe ser entendido desde la moral ya revisada anteriormente, sino el mal porque va en contra de un equilibrio del yo y su supuesto control sobre la realidad, por eso, al amar se hacen cosas irreconocibles, catalogadas por el yo como estúpidas. Y así, entendemos que estos actos estúpidos, incontrolables y discriminatorios son en realidad verdaderos actos de amor, actos que no se hacen a cualquiera, ni tampoco por un beneficio, sino a alguien en específico por el amor mismo.

Restaría aún revisar la manera en que el yo se enamora, o para decirlo en términos psicoanalíticos, elige su objeto de amor, entonces caeríamos una vez más en que puede ser por una elección narcisista, o bien por apuntalamiento(5), pero en este sentido, encontraríamos el porqué de la elección de un objeto y no de otro, mas no la anulación de que dichos actos sean actos verdaderos de amor.

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1. «El término "narcisismo" se emplea en psicoanálisis para designar un comportamiento (Verhalten) por el cual un individuo "se ama a sí mismo" o, en otras palabras, un comportamiento por el cual trata a su propio cuerpo como se trata habitualmente al cuerpo de una persona amada.» Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis. El aporte Freudiano. Esta obra fue dirigida por Pierre Kaufmann: (1916-1995), filósofo del psicoanálisis. Edición digital.
2. FREUD, S. De guerra y muerte. Temas de actualidad. (1915) Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1998
3.
FREUD, S. El malestar en la cultura. (1930) Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1998
4. Žižek! (Documental) Dirigido por Astra Taylor, USA, 2005.
5.
FREUD, S. Introducción al narcisismo. (1914) Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1998

lunes, 2 de febrero de 2009


Ante el suicidio; la (in)certidumbre


por José Vieyra Rodríguez


El suicidio; “eso” que se nos presenta la mayor de las veces como inesperado, nos conmociona y nos interroga, nos arroja lo más propio del ser humano, en tanto es el único animal que lo hace.

La semana pasada llegué por la mañana a la preparatoria para la cual laboro como docente, y encontré que el grupo hacia el que me dirigía no había asistido a clases, el motivo –me enteré unos minutos más tarde- fue que un compañero del grupo había muerto y estaban todos los alumnos en el velorio.

Hasta donde tengo conocimiento, el joven, de quince años de edad, se colgó en el árbol del patio de su casa. El motivo, según dicen, es amoroso, una amiga (que conoció en la preparatoria) no le correspondió y éste al insistir y no encontrar la respuesta buscada, terminó por decepcionarse tanto que prefirió suicidarse, no sin antes mandarle un mensaje por celular a su amiga en el cual decía poco más o menos que lo perdonara por la estupidez que iba a cometer. También escribió una carta para ella la cuál no he sabido el contenido.

Durante la mañana que narro, supe también que la abuela del joven envió otro mensaje a la chica diciendo que ojalá esté feliz pues ya logró lo que quería. Y así, la abuela culpa a la chica del suicidio y logra entender el suceso, responde a todas las posibles preguntas que le arroja la situación, calma su angustia al tener una imagen hacia la cual dirigir su impotencia.

Por su parte, la institución escolar no sabe cómo responder ante el hecho, en ella no existe departamento de psicología y lo único que aciertan a saber los miembros administrativos de la preparatoria es la necesidad de hacer algo, pero seguramente, nada se hará. Los motivos; muchos. Comenzarán por pensar en la creación de un departamento de psicología en donde se brinde orientación y apoyo, quizá hasta terapia dentro de la misma escuela (como otras instituciones lo hacen) pero decepcionados ante los pocos recursos que se brindan y sin un quinto en el bolsillo para ello terminarán en buenas intenciones y un trago amargo que pasar.

Aun así, no debe dejar de plantearnos una buena cantidad de interrogantes esta situación y aunque sepamos el desenlace decepcionante que en algunos aspectos es imposible de remediar (como en los administrativos) es necesario no quedarnos como si fuera “un caso más”.

Por una parte, es sumamente llamativo la edad del chico, por otra parte también creo que es imposible desligar a la escuela del suceso (ahí se conocen, son del mismo grupo de amigos) y por último tampoco podemos aislar el momento en el que se da, es decir, ¿qué pasa en la sociedad (escuela, familia, amigos, trabajo, etc.) que no da alternativas a las cuales prenderse (o prendarse) y darle sentido a la vida?

Porque además si no podemos decir que es simplemente un caso más de suicidio, tampoco es conveniente decir que es un caso más de suicidio adolescente, sino entender el caso en particular en donde un chico de quince años se mata por amor, además de no pasar por alto el hecho de que es por medio del lenguaje que se entra en relación, en este caso, incluso hasta el final nos damos cuenta del ser que habla y no termina por acertar (mandar un mensaje, dejar una carta). Recordando también que el suicidio no se da porque no se quiera la vida, sino que no se quiere la vida bajo ciertas circunstancias, como la rebeldía que no es el hecho de no querer obedecer a nada ni a nadie, sino el pedir mejores razones para obedecer. De igual manera el suicidio no es querer morir sino no tener mejores razones para vivir. Además, siguiendo la doctrina psicoanalítica, recordemos que el suicidio no se inflige al Yo, sino al objeto introyectado, por lo que es un sadismo hacia el objeto que ha dejado su sombra sobre el Yo(1), o para decirlo en lo que nos ocupa; no se mata a él, sino a lo que siente por la chica.

Como también lo había mencionado, es trascendental entender el momento histórico en el cual vivimos, pues cada vez es más difícil encontrar razones para vivir, que le den sentido a nuestra vida y nos sostengan en el vertiginoso mundo actual. En la época contemporánea la escuela no es un lugar que brinde elementos de goce, sino por el contrario, de imposición y control. Pero al parecer tampoco hay fuera de ésta nada que posibilite el sostenimiento del sujeto en la vida.

Deborah Fleischer en un artículo llamado El suicidio en la obra de Lacan nos dice “el suicidio melancólico entonces no es un acto. Es una certidumbre de goce cuando el significante ha perdido la batalla ante el duelo imposible”(2). La pregunta se mantiene, ¿es la única manera de responder? El sujeto tiene certidumbre, pero los que atestiguamos el suicidio estamos del otro lado, con la incertidumbre, deseando tenerla, olvidando que el suicidio es una manera de ello, sí, de ello (Es).

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1. Freud, S. Duelo y melancolía. Obras Completas, Tomo XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1917.
2. Fleischer, Deborah. El suicidio en la obra de Lacan en Antroposmoderno. El url de este artículo es http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=595


lunes, 22 de diciembre de 2008


Dos notas sobre el niño*

por Jacques Lacan


Estas dos notas manuscritas entregadas
por Jaques Lacan a la Sra. Jenny
Aubry en octubre de 1969, fueron publicadas
por primera vez por ella, con mi autorización,
en un libro suyo aparecido en 1983.
Jacques-Alain Miller


En la concepción que de él elabora Jacques Lacan, el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar.

El síntoma, y este es el hecho fundamental de la experiencia analítica, se define en este contexto como representante de la verdad.

El síntoma puede representar la verdad de la pareja familiar. Este es el caso más complejo pero también el más abierto a nuestras intervenciones.

La articulación se reduce mucho cuando el síntoma que llega a dominar compete a la subjetividad de la madre. Esta vez el niño está involucrado directamente como correlativo de un fantasma.

Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (lo que asegura normalmente la función del padre), el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en el “objeto” de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto.

El niño realiza la presencia de eso que Jacques Lacan designa como objeto a en el fantasma.

Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo (de la madre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso o psicótico.

El niño aliena en él todo acceso posible de la madre a su propia verdad, dándole cuerpo, existencia e incluso la exigencia de ser protegido.

El síntoma somático le ofrece a este desconocimiento el máximo de garantías: es el recurso inagotable para, según los casos, dar fe de la culpa, servir de fetiche, encarnar un rechazo primordial.

En suma, en su relación dual con la madre el niño le da, como inmediatamente accesible, aquello que le falta al sujeto masculino: el objeto mismo de su existencia, apareciendo en lo real. Resulta de ello que en la medida misma de lo que presenta de real, estará expuesto a un mayor soborno en el fantasma.

Por lo que parece al ver el fracaso de las utopías comunitarias, la posición de Lacan nos recuerda la siguiente dimensión.

La función del residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades, resalta lo irreductible de una transmisión –perteneciente a un orden distinto al de la vida adecuada a la satisfacción de las necesidades- que es la de una constitución subjetiva, que implica la relación de un deseo que no sea anónimo.

Las funciones del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad. La de la Madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, así sea por la vía de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo.

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*Transcrito por José Vieyra del libro: Lacan, J. Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As, 2007. p.p. 55-57


martes, 16 de diciembre de 2008

Elogio a lo inservible

por José Vieyra Rodríguez


Actualmente, una imposición social es la utilidad de las cosas, todo debe ser útil. Ya no es posible desear algo que –al menos en apariencia- no lo sea. Quizá es normal, en un mundo pragmático y utilitarista, se menoscaba todo aquello que su fin no sea inmediato, práctico, directo, útil, servible.

La mercadotecnia nos enseña a diario esta nueva mirada hacia los objetos. Todos los artículos que se promocionan lo hacen no por su simple y llano servicio que pueden dar, o la necesidad que pueden cubrir, o siquiera la felicidad ingenua o goce inteligible a primera vista que pueden causar. Ahora, parece ser necesario pervertir hasta el extremo la naturaleza de todo para lograr otorgar un goce excesivo pero -paradójicamente- seguro y concreto. Ejemplos, cientos: agua, no para satisfacer la sed, ¡sino para mantener la línea! (Bonafont, Cuida tu línea. Es el slogan de una campaña publicitaria), los juegos para niños pequeños deben ser instructivos, no más juegos por diversión, ¡ahora sus hijos aprenden mientras juegan! O tal vez algo menos natural pero igualmente sobresaturado de utilidades; celulares con cámaras de video, fotográficas, televisión, radio, internet… ¡y que también funcionan como teléfonos! Las artes, igualmente han sido alcanzadas, ahora se puede escuchar música… ¡con mensajes ocultos para dejar de fumar o comer! ¿Quieres leer un libro? Aquí está el último bestseller de superación personal, termina la película o el cuento y se pregunta ¿moraleja?, y un largo etcétera puede continuar en esta lista.

Por supuesto, toda actividad humana, no es natural. Desde alimentarse hasta la más grande obra de arte son creaciones torcidas o alejadas en menor o mayor medida de la naturaleza. La alimentación, que es una necesidad, es el primer contacto de perversión que tenemos los humanos (¿cuántos niños han sido alimentados hoy por un biberón relleno de fórmula láctea?), desde el principio de la vida hasta la muerte todo lo hacemos sin seguir pautas naturales, ya sea por raciocinio o goce, pero sin instinto.

Aceptamos, pues, la inclinación del hombre hacia la perversión de todo. Pero precisamente el encontrar una supuesta “utilidad real” a todas las cosas, crea una ilusión de seguridad y bienestar, una falsa idea de elección correcta, pero si no hay nada natural en las actividades humanas, entonces ¿cómo saber qué es lo adecuado? ¿por qué he de elegir “estar bien” con cierta marca de agua?

Para atender a este problema recurramos a Freud, quien en su ensayo El malestar en la cultura (1930) concibe a la cultura como el conjunto de normas impuestas que obligan a la renuncia de las satisfacciones pulsionales, a cambio de la protección del hombre contra la Naturaleza y la regulación de las relaciones entre los mismos. Sin embargo, debido a la propia renuncia pulsional se impone también sufrimiento, ante lo cual el hombre tiene que buscar nuevos métodos o formas de satisfacción, pero no solamente reduciendo el estado de displacer en el organismo, sino que además quiere ser feliz, por lo que tiene ante sí tres formas con las que intenta sobreponerse a la pesadez de la vida: una son las distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria; la segunda son las satisfacciones sustitutivas que la reducen y, por último; narcóticos que nos tornan insensible a ella.

Por lo cual, entonces entendemos que nuestras actividades pueden ser concebidas dentro de estos tres intentos por reducir lo miserable que se torna nuestra vida en la cultura, pero que todas ellas son formas de orientarse hacia un único fin: la felicidad.

Hasta aquí entonces quizá podemos volver a nuestro inicio y plantearnos porqué forzosamente dar utilidad a las cosas, como al arte (que es una “satisfacción sustitutiva”), al juego (una distracción poderosa) o la elección de un refresco (un pequeño goce). Hoy no puede tolerarse simplemente el placer insignificante que puede provocar una bebida, sino que se tiene que gozar, pero con seguridad, ¡Goza, goza, pero no te hagas daño! Es una invitación al goce excesivo pero aún más controlado, una imposición mayor de la cultura que también absorbe este punto, por lo tanto, si el control se vuelve aún mayor, es menor la posibilidad de disfrutar de ello.

Al declarar entonces a esos pequeños goces como medios para reducir la miseria de la vida, es decir, para llegar a la felicidad, entonces también estamos declarando una utilidad, sin embargo no es directa, cada uno nos serviremos de diferentes medios para llegar a la felicidad pero no hay un camino correcto, no hay una marca o un producto que nos la de, por lo que más que decir que estas actividades son útiles, decimos que entendemos su función, no su utilidad, puesto que ninguna la podría tener.

Por lo que, atendiendo a todo ello, me declaro a favor de la lectura de un libro por simple entretenimiento, o la escritura por distracción, o el cigarrillo por placer, el cuadro en el museo que no da una lección, quizá el juego de futbol o el observar una puesta de sol, estudiar por gusto o trabajar por entretenimiento, dormir durante el día entre semana, viajar o tal vez hacer filosofía. Todo ello puede lograrse sabiendo convivir en la propia cultura. Jugar ante lo impuesto, a sabiendas que así es.

Ante nosotros se abren posibilidades de felicidad, que aquello que hagamos sea únicamente para lograrla, pero prestando atención a no terminar envueltos totalmente en un malestar aún mayor, como lo es hoy, buscar utilidad a todo.


viernes, 11 de julio de 2008

El mago de Oz:
una metáfora del advenimiento del sujeto

por José Vieyra Rodríguez


La película Mago de Oz (USA, 1939) puede interpretarse en diferentes direcciones. La propuesta que paso a elaborar se verá centrada en relación a los elementos que posibilitan la constitución del un sujeto, precisamente a partir de los deseos que tienen los personajes de la película.

Así pues, para comenzar es pertinente cuestionarnos ¿porqué los personajes desean un hogar, un cerebro, un corazón y el valor? Es decir, ¿qué nos muestra el hecho de ser estos los deseos que decide el autor del cuento poner en falta a sus personajes?

Como he adelantado, para mí es por la implicación que tienen estos deseos en el ser humano, incluso más que deseos, estos elementos “necesarios” para que surja un sujeto. Veamos más detenidamente a qué me refiero al decir que estos elementos son constitutivos del sujeto.

En principio, es necesario un hogar (un cuerpo en el cual alojar a su Yo), después un cerebro que construya un juicio y una realidad diferenciada (interior-exterior), además de un corazón, alegoría incomparable de las emociones (que propongo que no pueden ser elaboradas sin un juicio que analice la atribución y la existencia), y por último, el valor, que no es más que el reconocimiento social como sujeto.

Comencemos por el primer deseo que aparece una vez que está Dorothy en aquella tierra mágica. Ella busca regresar a su hogar, en cualquier caso busca tener un hogar, una casa, una posada. Como había adelantado, el primer paso para advenir sujeto es tener un hogar para el Yo, es decir, la apropiación del cuerpo. Es fundamental para el sujeto adueñarse “su” cuerpo para poder vivir, o con-vivir con el mundo externo (en tanto es percibido ya por un Yo que se sabe diferenciado del mundo).

En el caso de la película lo que empuja a buscar al Mago de Oz es la necesidad de regresar al hogar. Podemos aventurarnos y decir que regresar al estado inicial, al supuesto lugar en donde no hay nada extraño, raro o angustiante, no el vientre materno como la caricaturización del pensamiento psicoanalítico, sino al momento sin lenguaje, sin significantes que atraviesen al sujeto y creen la falta, al Real que una vez introducido el lenguaje crea un vacío imposible de obturar, una vez introducido el sujeto en el mundo simbólico condenado a no poder hacer del Real un significante, dejando solamente al fantasma que buscará colmar esa falta con toda clase de deseos que jamás podrán tapar, ni siquiera ocultar ese vacío.

La segunda petición que viene a formularse es por parte del espantapájaros, esta es la búsqueda de un cerebro, de la inteligencia. Después se adherirá el hombre de hojalata por el deseo de tener un corazón.

En interesante cuál es la segunda petición, hemos dicho que primero tiene que haber un “hogar del Yo”, es decir, la apropiación de un cuerpo para que comience a formarse un sujeto. Después el cerebro, la capacidad intelectual de evaluación, la adquisición de juicio. Para formarse un Yo hay a la vez un juicio que comienza por apropiarse de lo bueno y expulsar lo malo (Freud, La negación, 1925), una vez constituido el Yo (hecho un hogar) se crea una realidad exterior y diferenciada del Yo, es decir, una capacidad intelectual de juicio, de atribución y existencia. El espantapájaros representa un segundo momento en la creación de un sujeto (no en el nivel intersubjetivo, sino intrasubjetivo).

Las emociones, el amor, el odio, el miedo, etc., son elaboraciones secundarias mucho después del advenimiento de un Yo imaginario y una capacidad intelectual suficiente para ejercer un juicio, la única emoción real es la angustia. El amor es la elaboración secundaria de esta, por lo tanto la tercer condición es un “corazón”, el representante simbólico de las emociones, al comienzo el niño no ama a la madre, necesita a la madre, y cree ser aquello que completa a su madre, ser lo que ella desea. Al ser reemplazado por otro deseo el sujeto pierde esa posición, por lo cuál la búsqueda del objeto es siempre reencontrarse en la posición de objeto fálico de la madre. Es decir “el encuentro del objeto es propiamente un reencuentro” (Freud, Tres ensayos para una teoría sexual, 1905)

El amor es un tercer momento del sujeto, al conformarse con un cuerpo (hogar) posibilita la interacción con el mundo exterior, por medio del juicio (cerebro), así buscará recuperar el objeto perdido, la emoción es la elaboración de la angustia, por lo cual es necesario el paso por las dos anteriores sin que necesariamente sean cronológicas, sino mutuamente influyentes.

Un ejemplo clínico de la falla en este proceso de advenimiento del sujeto es el autista. Este no tiene un hogar para su Yo, pero bien puede tener un cerebro formidable. Hay casos de autistas que van a la Universidad con notas increíbles. Otro ejemplo de un fallo de estos elementos es el acting ou,t en este se puede perder al Yo y no ejercer control sobre el cuerpo, por eso para una interacción óptima con el mundo es condición la apropiación del cuerpo.

Ahora, si pensamos detenidamente los tres deseos subsiguientes al de Dorothy, caemos en cuenta que lo que se desea está en relación al reconocimiento como sujeto. El reconocimiento del Otro, que re-conozca las cualidades del sujeto, incluso llegando al punto de decir que es imposible apropiarse del propio cuerpo sin una mirada externa que venga y nos diga quienes somos.

Si lo que se busca en los estos deseos es el reconocimiento del Otro, es un reconocimiento simbólico para poder realizar lo que ya hacen. El espantapájaros es quien propone, el Hombre de hojalata quién más sentimental es y el León quien muestra el mayor valor al ir al frente en búsqueda de su amiga. Sin embargo, es necesaria la aprobación del Otro que venga y nos diga que es oficial nuestra labor, nuestros sentimientos y nuestro valor, pues al final, todas estas cualidades solamente pueden tenerse a la mirada de alguien que nos la conceda, el valor se tiene en tanto haya alguien que se considere cobarde.

Así pues, la lectura que doy a este clásico del séptimo arte, me hace ver una alegoría del advenimiento del sujeto, además del reconocimiento necesario para todos, y entender que nadie “es”, sino que se “tiene” y únicamente en tanto los demás nos lo concedan, el ser es una constitución de la mirada del Otro.

domingo, 25 de mayo de 2008


Los dos tipos de identificaciones [i(o), I(O)]
en la mercadotecnia


por José Vieyra Rodríguez

Para continuar abordando el tema del análisis de la mercadotecnia desde un punto de vista psicoanalítico, explicaremos en primera instancia la definición de identificación imaginaria e identificación simbólica, tomando de referencia al filósofo y psicoanalista Slavoj Zizek.

La identificación imaginaria i(o) hace referencia a la identificación con una imagen, es la identificación con el yo ideal, la identificación con la imagen que nos resultamos amables, con la imagen de los que nos gustaría ser. Mientras que la identificación simbólica I(O) se refiere a la identificación con el lugar desde el que nos observan, desde el que nos miramos de modo que nos resultamos amables, dignos de amor, es decir es la identificación con el ideal del yo.[1]

Un aspecto importante es que la i(o) siempre está subordinada a I(O), es decir “es la identificación simbólica (el punto desde el que somos observados) la que domina y determina la imagen, la forma imaginaria desde la que nos resultamos amables”[2]

En un artículo publicado en Internet nos encontramos un ejemplo de estos tipos de identificaciones desplegados en la película Toy Story. Se toma de referencia a Buzz como un ejemplo de la identificación imaginaria ya que él está cautivado con la imagen del astronauta que salvará al universo del terrible villano, mientras Woody mantiene desde el comienzo una identificación simbólica en tanto es sólo para la mirada del Otro, en este caso, se sabe juguete y puede estar tranquilo al serlo mientras el Otro (Andy) lo vea como tal, es decir, su posición está en relación al ser amado desde la mirada del Otro.[3]

Ahora bien, retomando el tema de la mercadotecnia, analicemos el siguiente comercial de Paseo San Pedro.



Este comercial es por demás ilustrativo en cuanto a los dos tipos de identificaciones, pues mientras por un lado nos muestran a mujeres bellas que encajan en el nuevo modelo de femineidad urbana, también nos da cuenta de algo más, que para quien se ven estas mujeres es tan sólo para la mirada de otras mujeres.


Podemos decir entonces que la i(o) se da en relación a la imagen de las mujeres que aparecen en el comercial, los cuerpos, peinados o moda que presentan estas mujeres va dirigida a la imagen con la que se identifican, la imagen de lo que quisieran ser. Pero aparece el otro elemento, la mirada de otra mujer para la que se quiere ser así. Mucho se ha comentado ya, que las mujeres se arreglan sólo para la mirada de otras mujeres, las demás mujeres encarnando al Otro. Pero no hay que cometer este error, pues fácilmente se puede caer en al interpretación cotidiana de pensar en que las mujeres se preocupan por su imagen tan sólo para la mirada de otras mujeres, pero esto quizá sea así, pero en el sentido más literal, tan sólo en el nivel de la imagen, pues la I(O) está en relación con una identificación con la mirada masculina y paterna hacia la cual se quiere ser amable, estamos en el campo de la histeria como estructura.

Por esto la I(O) está en relación a desde son observadas: “sabemos lo que quieres” termina diciendo el anuncio, es decir, el Otro que te ve, te reconoce ahí, en Paseo San Pedro. La mirada del Otro viene desde el lugar promocionado, y en este lugar al llegar no encontrarán más que mujeres identificadas en la imagen de las otras pero sólo en relación a la mirada de Otro, de ser vistas desde un lugar digno de ser amadas.

Para terminar, hay que señalar que la identificación imaginaria no necesariamente se da sólo en aspectos que podemos denominar “buenos”. Zizek una vez más nos da un ejemplo claro, “en Hitler las personas se identificaban a nivel imaginario con esa persona con estallidos histéricos de rabia impotente – es decir, se reconocían en este acting out histérico-“.[4]

Por esto es que los comerciales pueden funcionar incluso al resaltar algunos defectos pero que son modelos identificatorios, al señalar que las mujeres no están conformes, se preocupan demasiado por la figura (son superficiales), no pueden viajar con lo necesario volviendo cada viaje difícil, lejos de ahuyentar la identificación, la refuerza.

Es así como este análisis nos puede orientar para analizar la sociedad, y a su vez, a las posiciones intersubjetivas desde las que nos posicionamos cada uno ante ciertos comerciales.

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[1] Slavoj Zizek. El sublime objeto de la ideología. Siglo XXI editores. 2007
[2] Idem
[3] Luis Baer, Silvina Fabri, Luciana Messina, Cecilia Varela y Lautaro Wallace. Otra historia de juguetes: el papel de la fantasía en el dispositivo de entrevista. El url de este documento es http://litorales.filo.uba.ar/web-litorales3/art-4.htm
[4] Ibid

jueves, 1 de mayo de 2008

Publicidad y fantasía operando en un solo producto:
“AXE”

por José Vieyra Rodríguez


L
a publicidad, en estos tiempos de masas, se ha vuelto una maquina que dicta el pensar de una sociedad. Por un lado están aquellos quienes piensan que la publicidad crea o moldea al ser humano, por otro lado aquellos quienes se inclinana a ver en la publicidad una imagen especular de la sociedad. Sin embargo yo me declaro a favor de ambos, mientras la mercadotecnia toma sus ideas de la propia cultura también nos termina por imponer una forma de pensar que ha sido re-velada apartir de la misma.

Es por esto que conveniente es hacer una re-visión a los comerciales que aparecen diariamente por la televisión. En este caso, el hecho de ser algo público no da un punto importante, poder conjeturar acerca de la fantasía que se juega en ellos pero sólo apartir de lo que nos muestran, lo público es lo más conveniente para mostrarnos la manera de operar de nuestra propia cultura, de aquella en la que estamos sumergidos, así pues, comencemos con dos anuncios de Axe.


Axe “Muéstrales el camino”



Este comercial muestra la posición del hombre como objeto sexual, invierte la idea feminista que postula que las mujeres son el objeto sexual del hombre y demuestra como es que si es que hay alguien que se toma como objeto es el propio hombre, y es que ¿acaso no es la idea de ser el hombre reducido a un pene la más común entre los propios varones? De no ser así entonces cómo explicar el hecho de que siempre la virilidad se mide en relación al pene: su tamaño, grosor, duración de la erección. El hombre se (auto) define en relación con el pene. Y quizá es por esto que la relación fantasmática con las mujeres siempre es parcial, como si se buscara la complementariedad en otro objeto que puede estar también en falta, sin embargo el hecho es que las mujeres no necesariamente están en búsqueda del pene, mientras el hombre se ostenta sólo como tal.

Sería simplista entonces decir que la mujer se definiría en la búsqueda del pene por su falta, aún cuando a simple vista parece así serlo, pero en realidad el propio anuncio va más allá y sin buscar interpretaciones pretensiosas de significados ocultos, vayámonos por lo evidente, el hecho que la mujer busca un aroma, cierto olor que está lejos de ser el miembro masculino, esto nos arroja algo claro, la búsqueda de la mujer va más lejos que el pene en el sentido literal, quizá sería más conveniente decir que las mujeres no les hace falta el pene, su búsqueda está en relación al falo, llenar esa falta constitutiva del Ser humano. El sujeto siempre está en búsqueda del objeto causa de deseo, en este caso el aroma es la causa de su búsqueda, por eso quizá es que comúnmente se piensa que mientras los hombres sólo quieren sexo las mujeres buscan algo más, y es que qué más podría querer un hombre si no es sólo sexo (literal, sólo pene), mientras la mujer podría buscar algo más.

El hombre sufre por ostentar su posición de varón y no perder el pene (angustia de castración), mientras la mujer en su propia falta más que envidiar tiene la posibilidad de arrojarse a buscar algo más.

En cuanto al objeto ofertado, es interesante observar que aquello que nos venden es precisamente un aroma que atraiga a las mujeres y confirme la posición del varón como tal, pero sólo como objeto de la propia mujer, mientras las mujeres pueden estar tranquilas, no son vistas como objetos sino como quién en la propia relación busca algo más que el pene, el sexo o la simplicidad. Si hay alguien bien tratado en este comercial son las mujeres, sin embargo la campaña nos da muestra de algo, tanto la fantasía del hombre (ser tratado como objeto) y la de la mujer (encontrar algo más allá que la sexualidad) son resueltas con un desodorante, es aquí donde da en la mira, el deseo es interceptado en las dos vías, es por esto que Axe es el objeto a de ambos.


Axe “Tan irresistible como el chocolate”



Una vez más nos da cuenta de una posición pasiva frente a la mujer, es el hombre quien busca sólo mostrarse como falo frente a la mujer, es el varón quien no asume la falta y el desodorante promete reducirlo al objeto de la mujer.

Las mujeres son aquellas que encuentran en el hombre aquello que no cualquier otro les da, es decir, un sabor agradable.

No es gratuito señalar la fórmula utilizada en este comercial en el cual es llevada la combinación de más de dos variables, en este caso tenemos el chocolate, la sexualidad,…y un desodorante. El poder encadenar siempre la sexualidad a cualquier situación no es único de la publicidad, sino que esta tan sólo hecha mano de este recurso, “no existe nada que no tenga ningún lazo con el erotismo, y no es imputable a la publicidad”[1]. Por esto juega un papel interesante ver que el hombre sea reducido a chocolate. Es precisamente uno de los objetos más regalados en los cortejos, entonces el comercial propone regalarse como objeto a la mujer y ser devorado por ella. Es aquí donde es importante detenerse y preguntarse el relación a quién está este comercial, pues el deseo del hombre es tener a las mujeres o ser el objeto de ellas, y ellas sólo verían en el hombre a un chocolate, digamos que la relación no podría fallar, al enojarse el hombre bien podría regalarle una mano (como nos muestra el comercial).

Existe un correo electrónico el cual enumera las razones por las que un chocolate es mejor que un hombre, pues bien, tomando al pie de la letra es la combinación perfecta el chocolate y el hombre. Pero da cuenta de algo, una vez más el deseo que es cumplido es el de ella. La pregunta que queda en todos estos anuncios publicitarios es qué sucede después de haber sido reducidos a objetos causa de deseo de las mujeres, una vez hecho esto no queda nada más que la destrucción, en este anuncio sería pertinente pensar en lo que sucede al bañarse y no tener brazo o nariz. Es por esto que el objeto a es convertido en excremento al tenerse demasiado, es decir, el problema de desear algo es conseguirlo y no saber que hacer después, la angustia y el goce van de la mano, al gozar demasiado aparece la angustia, al ser chocolate y ser devorado ¿qué más sucede después? Al ser sexualizado por un desodorante el peligro es ser reemplazado por él, en fin que hasta forma fálica tiene el envase, es decir, el deseo presente en su forma mas clara es angustiante. En el sueño uno despierta al enfrentarse más claramente con el deseo inconsciente. “Goce y angustia son las dos caras de una misma moneda… si la interpretación va en sentido de la angustia, el efecto es previsible: agresión o huida… es frente al goce femenino que el hombre emprende la huida”[2]

Es por esto que frente al goce de las mujeres al encontrar la combinación ideal, es probable que quien huya sea el hombre, o bien, termine por ser devorado y gozando al máximo… con la muerte.

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[1] P. Verheage. El amor en los tiempos de la soledad. Tres ensayos sobre el deseo y la pulsión. Ed. Paidós.
[2] Ibid