miércoles, 30 de julio de 2008

Una aproximación filosófica al concepto de Verdad en House M.D.

por José Vieyra Rodríguez


La mentira es lo que permite funcionar a la sociedad
House M.D.
Temporada 4. Episodio 10. Es una mentira maravillosa


Hoy, las series de televisión nos muestran el funcionamiento de una sociedad, es ocioso discutir si la realidad es reflejada tal como aparece en tales programas televisivos, pues sabemos que toda actividad en tanto humana, tiende a mostrar un semblante de la propia cultura en que se produce.

La serie televisiva de House M.D. (Fox, 2004), viene a inscribirse dentro de la ya larga lista de series hospitalarias o médicas. Es pertinente señalar que el gran éxito que ha alcanzado esta serie es debido en buena medida por el corrosivo humor y personalidad antipática del protagonista, el Dr. Gregory House, jefe del departamento de diagnóstico del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey.

Ahora bien, hay diferentes esferas dignas de ser analizadas dentro de la serie, de hacerlo así podríamos entender un poco mejor el éxito de esta serie, comprender cómo es que se consigue la popularidad con una propuesta opuesta a lo esperado, mientras la medicina siempre ha sido representada en el cine o la televisión como aquella ciencia blanca, pura, en función del servicio social, incluso como una actividad humanista más que científica, House nos presenta el lado que todos también conocemos, el de la medicina como una ciencia de conocimiento, de altruismo sí, pero a la vez poder y re-conocimiento.

Así pues, en este escrito nos concentraremos en un solo aspecto a analizar, la manera de presentar el concepto de verdad en esta serie.

Antes de entrar en materia, es lícito señalar que la postura del Dr. House con respecto a la forma de tratar a sus pacientes, es decir, de ejercer la medicina, converge aun más con la idea original de la propia medicina, puesto que ahora nos es vendida como una ciencia altruista y de carácter humanista, cuando originalmente “[la medicina] surge como una reflexión sobre la enfermedad y sobre el sufrimiento doloroso de los cuerpos. La preocupación por la salud y por la fisiología son secundarias al interés por la patología”.[1]

En cuanto a la definición de verdad, este es un término que es circunscrito en la filosofía, es imposible intentar definirla desde alguna otra disciplina, puesto que la verdad no tiene un carácter físico, entra dentro del campo de las proposiciones, la lógica, la metafísica, es decir, de la filosofía.

Así es como encontramos que las siete acepciones del término que da el Diccionario de la Real Academia son referentes al campo filosófico. 1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna. 4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. 5. f. Cualidad de veraz. 6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. 7. f. realidad (existencia real de algo).

Intentando ser un poco más finos en la definición, tomaremos de mejor ánimo las siguientes definiciones de verdad propuestas por Fatone:

A) La verdad por concordancia. Es una relación entre el pensamiento y el objeto al que ese pensamiento se refiere.
B) La verdad como coherencia. Relación entre pensamiento y pensamientos de ese mismo sistema.
C) La verdad como eficacia. La relación entre una preposición y su eficacia.
D) La verdad como verificabilidad. Es la relación entre un símbolo, cosa física, y un objeto, también cosa física.[2]

En la serie, como habíamos anticipado, una parte nodal es pensar que House es honesto, es decir, que dice la verdad. De hecho un eslogan de la serie es “House, brutalmente honesto”, esto hace pensar que cuando él habla la verdad sale sin tapujos, sin máscaras ni matices. Sin embargo, no pasa mucho para darnos cuenta que si algo sucede con House es que miente más que cualquier otro de su equipo, o bien, simplemente es directo, esto no significa que los demás no sean honestos. Tomando de referencia las definiciones anteriores de verdad, encontramos que la mayoría de las veces a lo que House se refiere como verdad no es una existencia real en el mundo o como eficacia, sino la mayor de las veces habla en relación a la verdad como concordancia y coherencia. Por esto el atractivo de la serie radica no en discutir la verdad de la medicina, la eficacia de un tratamiento y mucho menos la verificabilidad, sino en relación a la concordancia entre los pensamientos y la coherencia entre ellos, ya sean propios o en las relaciones humanas.

Esto indudablemente atrae al espectador, puesto que si bien es cautivante ver como se atreve a realizar una operación riesgosa o un tratamiento experimental en nombre de la vida, es aun más cautivante el observar como aparenta desenmascarar la hipocresía, falta de coherencia y de concordancia entre los pensamientos de los demás, por lo cual, parece que House es la voz de la verdad, pura y sin escrúpulos.

Hasta aquí este pequeño ejercicio de cómo se maneja House no nos proporciona nada nuevo. Es un médico tan honesto que no le importa herir para decir la verdad, incluso puede visualizarla en el ámbito humano, de las relaciones sociales. Pero debemos tener cuidado, en realidad el concepto de verdad oscila múltiples ocasiones incluso en un solo capítulo sin percatarnos, y siempre es vista la verdad, sin darnos cuenta que antes esa misma propuesta era mentira. Entonces lo que nos muestra es aún más interesante, que aun cuando se crea estar hablando siempre de “la verdad” como única y absoluta, esta es tan relativa que en unos pocos minutos cambia a ser mentira, es decir, el lugar de la verdad es ambulante, pues está sujeto a una relación intersubjetiva, es decir, entre individuos.

Aquí es donde podemos encontrar una propuesta interesante en esta serie, puesto que aun estando enmarcada por la ciencia de la medicina, la verdad tratada no es en esta misma línea, puesto que no interesa que sea una única verdad, repetible, verificable o eficaz, sino una verdad ambulante, que tiene que perseguirse entre las huellas que dejan los actos humanos, la palabra, que es además escurridiza, por eso ni el mismo House la posee, pues como lo plantea esta serie, "la verdad es una interpretación de un engaño" (J. Lacan).

Antes de continuar es preciso ejemplificar esta visión de la serie. En el capítulo 10 de la 4ª temporada titulado "Es una mentira maravillosa", se aborda un tema crucial para el protagonista, una relación entre dos humanos sin mentiras. En dicho capítulo aparece como paciente del Doctor House una madre que enseñó a su hija a siempre decir la verdad entre ellas, por lo que todo cuanto pensaban y sucedía lo decían, la palabra como vía del encuentro con la verdad. En cierto momento, una escena impactante es cuando la madre le dice a su hija las clásicas palabras de aliento, reproduciremos aquí el diálogo:
Madre -Todo estará bien cariño, te lo prometo. Los doctores se pueden equivocar, aún hay una probabilidad que puedo vencer…
Hija – ¿Realmente crees eso?
Madre –Sí
Hija –No, mamá, te estás muriendo, nadie puede ayudarte. No vas a ponerte bien.

El momento es memorable, cuando alguien da aliento a un desahuciado podemos decir que la mayoría de las veces ambos saben que son mentiras, engaños que ayudan a soportar la vida. Es decir, la verdad en primer lugar no tiene porque ser dicha, cuando se sabe las palabras pueden tornarse en diferentes direcciones para precisamente no apuntar a la verdad, dejarla entredicha, si se da aliento es porque se sabe en un mal momento, hay una verdad implícita ahí. Lo interesante de este capítulo es que se plantea a la palabra como la única vía de la verdad, es un capítulo que presenta la carga simbólica de las palabras, de eso que no se debe decir, que cuando pasa por medio de la palabra hay algo que se pierde, que cambia, y que sin embargo, ilusoriamente da la sensación de haber sido por mostrar la verdad.

Retomando entonces nuestra visión acerca de la verdad en House, encontramos como la verdad es vista como algo que puede encontrarse, o mostrarse, a través de la palabra, pero que es ambulante, precisamente en las enfermedades y su constante cambio de diagnóstico es una muestra, no de una búsqueda de la verdad, sino de una verdad temporal. Por esto es que la visión de House está en búsqueda de la verdad, pero no de una sola, quizá de la verdad que concuerde con los hechos, pero que no por ello derroque a todas las mentiras. Puesto que, como hemos dicho, la verdad la encuentra a partir de una interpretación de un engaño, es decir, es otro engaño. No es la visión de “La verdad” como única, cerrada, singular. Precisamente la ciencia opera en este sentido, pensando que la verdad puede ser encontrada, olvidando que lo que se toma por verdad es solamente una interpretación creada por nosotros mismos para dar explicación a los hechos.

House, nos muestra de manera clara y precisa, la necesidad de una sociedad con mentiras, con verdades a medias y con verdades ambulantes, que lo dicho o evidente es la visión contraria, es una forma de manejarnos con engaño ante "la verdad".

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[1] Georges Canguilhem citado por Braunstein en Goce. Ed. Siglo XXI. 1990
[2] Vicente Fatone. Lógica e introducción a la filosofía. Ed. Kapelusz, 1969

viernes, 11 de julio de 2008

El mago de Oz:
una metáfora del advenimiento del sujeto

por José Vieyra Rodríguez


La película Mago de Oz (USA, 1939) puede interpretarse en diferentes direcciones. La propuesta que paso a elaborar se verá centrada en relación a los elementos que posibilitan la constitución del un sujeto, precisamente a partir de los deseos que tienen los personajes de la película.

Así pues, para comenzar es pertinente cuestionarnos ¿porqué los personajes desean un hogar, un cerebro, un corazón y el valor? Es decir, ¿qué nos muestra el hecho de ser estos los deseos que decide el autor del cuento poner en falta a sus personajes?

Como he adelantado, para mí es por la implicación que tienen estos deseos en el ser humano, incluso más que deseos, estos elementos “necesarios” para que surja un sujeto. Veamos más detenidamente a qué me refiero al decir que estos elementos son constitutivos del sujeto.

En principio, es necesario un hogar (un cuerpo en el cual alojar a su Yo), después un cerebro que construya un juicio y una realidad diferenciada (interior-exterior), además de un corazón, alegoría incomparable de las emociones (que propongo que no pueden ser elaboradas sin un juicio que analice la atribución y la existencia), y por último, el valor, que no es más que el reconocimiento social como sujeto.

Comencemos por el primer deseo que aparece una vez que está Dorothy en aquella tierra mágica. Ella busca regresar a su hogar, en cualquier caso busca tener un hogar, una casa, una posada. Como había adelantado, el primer paso para advenir sujeto es tener un hogar para el Yo, es decir, la apropiación del cuerpo. Es fundamental para el sujeto adueñarse “su” cuerpo para poder vivir, o con-vivir con el mundo externo (en tanto es percibido ya por un Yo que se sabe diferenciado del mundo).

En el caso de la película lo que empuja a buscar al Mago de Oz es la necesidad de regresar al hogar. Podemos aventurarnos y decir que regresar al estado inicial, al supuesto lugar en donde no hay nada extraño, raro o angustiante, no el vientre materno como la caricaturización del pensamiento psicoanalítico, sino al momento sin lenguaje, sin significantes que atraviesen al sujeto y creen la falta, al Real que una vez introducido el lenguaje crea un vacío imposible de obturar, una vez introducido el sujeto en el mundo simbólico condenado a no poder hacer del Real un significante, dejando solamente al fantasma que buscará colmar esa falta con toda clase de deseos que jamás podrán tapar, ni siquiera ocultar ese vacío.

La segunda petición que viene a formularse es por parte del espantapájaros, esta es la búsqueda de un cerebro, de la inteligencia. Después se adherirá el hombre de hojalata por el deseo de tener un corazón.

En interesante cuál es la segunda petición, hemos dicho que primero tiene que haber un “hogar del Yo”, es decir, la apropiación de un cuerpo para que comience a formarse un sujeto. Después el cerebro, la capacidad intelectual de evaluación, la adquisición de juicio. Para formarse un Yo hay a la vez un juicio que comienza por apropiarse de lo bueno y expulsar lo malo (Freud, La negación, 1925), una vez constituido el Yo (hecho un hogar) se crea una realidad exterior y diferenciada del Yo, es decir, una capacidad intelectual de juicio, de atribución y existencia. El espantapájaros representa un segundo momento en la creación de un sujeto (no en el nivel intersubjetivo, sino intrasubjetivo).

Las emociones, el amor, el odio, el miedo, etc., son elaboraciones secundarias mucho después del advenimiento de un Yo imaginario y una capacidad intelectual suficiente para ejercer un juicio, la única emoción real es la angustia. El amor es la elaboración secundaria de esta, por lo tanto la tercer condición es un “corazón”, el representante simbólico de las emociones, al comienzo el niño no ama a la madre, necesita a la madre, y cree ser aquello que completa a su madre, ser lo que ella desea. Al ser reemplazado por otro deseo el sujeto pierde esa posición, por lo cuál la búsqueda del objeto es siempre reencontrarse en la posición de objeto fálico de la madre. Es decir “el encuentro del objeto es propiamente un reencuentro” (Freud, Tres ensayos para una teoría sexual, 1905)

El amor es un tercer momento del sujeto, al conformarse con un cuerpo (hogar) posibilita la interacción con el mundo exterior, por medio del juicio (cerebro), así buscará recuperar el objeto perdido, la emoción es la elaboración de la angustia, por lo cual es necesario el paso por las dos anteriores sin que necesariamente sean cronológicas, sino mutuamente influyentes.

Un ejemplo clínico de la falla en este proceso de advenimiento del sujeto es el autista. Este no tiene un hogar para su Yo, pero bien puede tener un cerebro formidable. Hay casos de autistas que van a la Universidad con notas increíbles. Otro ejemplo de un fallo de estos elementos es el acting ou,t en este se puede perder al Yo y no ejercer control sobre el cuerpo, por eso para una interacción óptima con el mundo es condición la apropiación del cuerpo.

Ahora, si pensamos detenidamente los tres deseos subsiguientes al de Dorothy, caemos en cuenta que lo que se desea está en relación al reconocimiento como sujeto. El reconocimiento del Otro, que re-conozca las cualidades del sujeto, incluso llegando al punto de decir que es imposible apropiarse del propio cuerpo sin una mirada externa que venga y nos diga quienes somos.

Si lo que se busca en los estos deseos es el reconocimiento del Otro, es un reconocimiento simbólico para poder realizar lo que ya hacen. El espantapájaros es quien propone, el Hombre de hojalata quién más sentimental es y el León quien muestra el mayor valor al ir al frente en búsqueda de su amiga. Sin embargo, es necesaria la aprobación del Otro que venga y nos diga que es oficial nuestra labor, nuestros sentimientos y nuestro valor, pues al final, todas estas cualidades solamente pueden tenerse a la mirada de alguien que nos la conceda, el valor se tiene en tanto haya alguien que se considere cobarde.

Así pues, la lectura que doy a este clásico del séptimo arte, me hace ver una alegoría del advenimiento del sujeto, además del reconocimiento necesario para todos, y entender que nadie “es”, sino que se “tiene” y únicamente en tanto los demás nos lo concedan, el ser es una constitución de la mirada del Otro.

jueves, 3 de julio de 2008

Silenciar o matar a la locura,
¿las únicas alternativas?


Salvador Dalí - El Corazón de la locura (de la Serie D. Quijote de la Mancha)


por José Vieyra Rodríguez

Ray Bradbury (Norteamericano, 1920) publica en 1950 su libro titulado Crónicas marcianas. En este libro se encuentra un cuento llamado Los hombres de la tierra[1].

Dicho cuento relata la historia de cuatro tripulantes de una expedición terrestre que llega satisfactoriamente a Marte, en donde esperan una calurosa bienvenida, pero en lugar de esto reciben una indiferencia a su travesía y son mandados de un marciano a otro hasta que terminan por darse cuenta que han sido encerrados en un manicomio puesto que creen los marcianos que su historia, apariencia, su cohete e incluso tres de los cuatro terrestres son producto de la alucinación de un marciano loco (el capitán).

Al finalizar el cuento el propio psiquiatra pensando que el capitán, quien es el que produce las alucinaciones de los otros tres terrestres, además del cohete que podía palparse, oírse, olerse, es decir, se creaba una realidad hacia los demás, mata al capitán, después creyendo en que las alucinaciones creadas eran tan fuertes que persisten mata a los otros tres tripulantes, para al final, al darse cuenta que el cohete no desaparece y los cuerpos terrestres tampoco, sabe que se ha contagiado de la locura y no tiene más remedio que suicidarse. Nunca se llegó a plantear la posibilidad que aquella historia fuera real.

Este cuento que data de 1950, es ahora más vigente que en ese entonces, precisamente el autor ubica a la historia en agosto de 1999. Es interesantísimo darnos cuenta que ya en esa fecha esta era el modo de tratar a la locura, no en Marte, sino en la tierra.

Desde mediados de la década de los ochentas la psiquiatría se ha empeñado totalmente en medicar a todo tipo de conducta que está fuera de la norma. Sería lícito preguntarnos que sucedería si un marciano con apariencia terrestre llega a decirnos que ha venido desde este planeta. Se le trataría, hoy en día, de la misma manera, terminaría hospitalizado en un centro de salud mental, medicado para sus alucinaciones y diagnosticado como incurable, puesto que no acepta la realidad.

La diferencia entre el cuento y nuestra realidad, es más pequeña de lo que aparenta, puesto que, con justicia, alguien podría decir que no se mata a los locos y menos aún se suicida el científico, pero podemos detenernos y no tomar todo tan literal.

Comencemos por el hecho de pensar que silenciar al delirio, callar al loco para que narre su alucinación y catalogarlo a priori como un mentiroso, salido de “la realidad”, es una forma de asesinar. Si la vida es la consciencia de nosotros, nuestro pensamiento, la apropiación de un cuerpo y demás, y si quitamos todo esto y reducimos al cuerpo a un vegetal inerte en un hospital, entonces tenemos la muerte, no a la biológica, sino la del alma.

Aquí es donde se termina por meter la ciencia en un atolladero, puesto que no se plantea (al igual que el marciano psiquiatra) la posibilidad de que la locura no sea una enfermedad, que las palabras del loco tengan algún sentido, que aquella realidad sea compartida, recordemos que todo delirio es una demanda social. Es decir, la posibilidad que la alucinación algo tenga que ver con el mundo en el cuál “los cuerdos” vivimos, compartiendo así parte de la misma y no pensar que la alucinación es producto, única y exclusivamente del delirante.

La ciencia opera de la misma manera que el marciano, tomando como insignificantes las narraciones del loco, tildándolas de mentiras, al delirante de enfermo, para al final también sucederle lo mismo, suicidarse ante la impotencia de no encontrar la cura al ver que la locura siempre termina por volver en algún otro acto sintomático.

Ante el silenciamiento de la locura por parte de la ciencia, ahora con herramientas químicas como lo son la innumerable lista de medicamentos para psicóticos, esquizofrénicos, delirantes, deprimidos, niños con TDA-H, y un largo etcétera. Todavía hay alternativas para no matar al loco ni silenciar aquello que tiene que decirnos, hoy el psicoanálisis es una apuesta a escuchar al delirio, atenderlo y h-a-cer-lo propio, observar la demanda del niño con hiperactividad o a prestar oídos al deprimido, hoy aún hay un lugar para no matar al loco y terminar por suicidarse, cual marciano contagiado de la locura que se pensaba externa.

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1. Bradbury, Ray. Los hombres de la tierra en antología en Cuentos de la literatura universal tomo I. Ed. Diana. 1986. México.

lunes, 2 de junio de 2008

La tipificación de los actos,
una posibilidad de lectura



por José Vieyra Rodríguez


“Como todos los cobardes,
me encanta que haya otros maridos
capaces de pegarle un palo en la cabeza a la mujer.
Lo que me preocupa es que ya no se pueda decir esto públicamente
sin quedar como un retrógado”

Hernán Casciari

En diversos momentos me he declarado en contra de ciertas políticas que argumentan estar a favor de los “derechos humanos de las mujeres” (sic) o que buscan ayudarlas, sin darse cuenta que el discurso que envuelven estas propuestas son la discriminación hacia los hombres. No obstante, esto no significa que este a favor del “machismo” o de la “violencia doméstica”.

Es interesante leer el artículo de Hernán Casciari[1] titulado Besos en la frente. En este artículo, digno de ser leído para observar un punto de vista diferente, aunque un tanto escrito con ánimo de cuasar revuelo más que de reflexionar sobre el tema, Casciari nos da varios puntos a revisar, vayamos pues a estos.

En primer lugar menciona que un primer problema es que a las víctimas se les etiqueta: “Muere otra mujer, víctima de su ex-marido, titula un periódico español. Si seguimos por esa línea, en breve veremos los siguientes titulares: Crece la ola de asesinatos de castaño claros“[2]. Comparto con él la opinión en cuanto a que el titular de la noticia se crea para atrapar al posible lector, es decir, escandaloso, o mejor aún, común, al decir “muere otra mujer” incluye en la tipificación que hay otras mujeres que han muerto, si es una lectora quien lo lee, entonces lo primero será una identificación imaginaria con la víctima. Después al decir “víctima de su ex-marido” enmarca al caso en un contexto particular: la violencia doméstica.

Un poco más adelante dice “La gente es gente. Los que se mueren son pobre gente, y los que matan son gente enferma”[3], aquí la opinión es compartida, incluso bien podría ser el eslogan de una campaña de los Derechos Humanos, podemos ver como él mismo victimiza a los muertos al catalogarlos como “pobres” y por otro lado entra en el discurso en boga de la biopolítica, en donde no hay asesinos o criminales, sino “enfermos”, la agresión es una enfermedad y como tal hay que curarla, es al parecer lo que postula.

El artículo continúa y termina diciendo que él está a favor de aquellos quienes han tenido el valor de darle un golpe o de matar a sus mujeres. Es curioso ver el giro del discurso, comienza por decirle enfermos a los asesinos y termina: “hay que hablar menos del tema en la televisión, señores, y empezar a matar con arte. Y con besos en la frente”[4]. Condena la violencia doméstica, la violencia verbal y emocional, pero a favor del asesinato.

Más allá del problema de la libre expresión o ser catalogado como retrógrada al hablar así de estos temas, creo que pasa por alto un tema importante. En el caso de clasificar a los asesinatos nos da la posibilidad de comenzar a crear un cuadro de lo que está sucediendo en nuestra sociedad, obviamente no se podrá analizar un caso de asesinato en una balacera entre narcotraficantes o una mujer que ha sido acuchillada por su esposo. En estos casos, más que vender o clasificar para entretener, nos ayuda a mostrarnos ciertos detalles que pasarían desapercibidos si los tomamos como un todo: asesinatos.

Incluso mi propuesta iría más lejos, no sólo clasificarlos, una vez hecho esto, brindar más información para entender el porqué de los hechos, pues que un hombre mate a su mujer nunca dirá lo mismo a otro que también haya matado a la suya, es decir, cada caso una vez clasificado, nos dice algo diferente, dependiendo si queremos leerlo a nivel social o individual. Pero los datos no están de más, e incluso estos son los que nos ayudan a entender los motivos o motivaciones para hacer este acto.

Por esto es que creo que ciertamente es necesario crear el cuadro en que se da el suceso, el acto, y así poder leerlo y no quedarnos con la primer clasificación de “mujeres muertas” como si todas fueran por el mismo motivo.

Por otro lado, creo que la tipificación de los asesinatos también nos ayuda, pero en este caso para revisar lo que sucede a nivel social y actuar sobre ello, aun cuando sea para lanzar preguntas, no necesariamente para dar soluciones.

La tipificación o clasificación de estos actos en definitiva nos brinda la posibilidad de leerlos en el marco en que se desarrollan, quizá el problema es que se quedan en la mera clasificación y la respuesta es tratarlos como a uno solo, siendo en realidad muchos que comparten ciertas características pero que otras los distinguen.

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[1] Escritor y periodista. En Argentina fue jefe de redacción de la revista La Ventana, columnista de opinión del Semanario Protagonistas y director del periódico El Domingo. En su faceta literaria, ha recibido el 1º Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991), con la novela 'Subir de espaldas la vida', y el premio Juan Rulfo (París, 1998), con el relato 'Ropa sucia'.
[2] Besos en la frente. http://orsai.es/2004/06/besos_en_la_frente.php
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.

domingo, 25 de mayo de 2008


Los dos tipos de identificaciones [i(o), I(O)]
en la mercadotecnia


por José Vieyra Rodríguez

Para continuar abordando el tema del análisis de la mercadotecnia desde un punto de vista psicoanalítico, explicaremos en primera instancia la definición de identificación imaginaria e identificación simbólica, tomando de referencia al filósofo y psicoanalista Slavoj Zizek.

La identificación imaginaria i(o) hace referencia a la identificación con una imagen, es la identificación con el yo ideal, la identificación con la imagen que nos resultamos amables, con la imagen de los que nos gustaría ser. Mientras que la identificación simbólica I(O) se refiere a la identificación con el lugar desde el que nos observan, desde el que nos miramos de modo que nos resultamos amables, dignos de amor, es decir es la identificación con el ideal del yo.[1]

Un aspecto importante es que la i(o) siempre está subordinada a I(O), es decir “es la identificación simbólica (el punto desde el que somos observados) la que domina y determina la imagen, la forma imaginaria desde la que nos resultamos amables”[2]

En un artículo publicado en Internet nos encontramos un ejemplo de estos tipos de identificaciones desplegados en la película Toy Story. Se toma de referencia a Buzz como un ejemplo de la identificación imaginaria ya que él está cautivado con la imagen del astronauta que salvará al universo del terrible villano, mientras Woody mantiene desde el comienzo una identificación simbólica en tanto es sólo para la mirada del Otro, en este caso, se sabe juguete y puede estar tranquilo al serlo mientras el Otro (Andy) lo vea como tal, es decir, su posición está en relación al ser amado desde la mirada del Otro.[3]

Ahora bien, retomando el tema de la mercadotecnia, analicemos el siguiente comercial de Paseo San Pedro.



Este comercial es por demás ilustrativo en cuanto a los dos tipos de identificaciones, pues mientras por un lado nos muestran a mujeres bellas que encajan en el nuevo modelo de femineidad urbana, también nos da cuenta de algo más, que para quien se ven estas mujeres es tan sólo para la mirada de otras mujeres.


Podemos decir entonces que la i(o) se da en relación a la imagen de las mujeres que aparecen en el comercial, los cuerpos, peinados o moda que presentan estas mujeres va dirigida a la imagen con la que se identifican, la imagen de lo que quisieran ser. Pero aparece el otro elemento, la mirada de otra mujer para la que se quiere ser así. Mucho se ha comentado ya, que las mujeres se arreglan sólo para la mirada de otras mujeres, las demás mujeres encarnando al Otro. Pero no hay que cometer este error, pues fácilmente se puede caer en al interpretación cotidiana de pensar en que las mujeres se preocupan por su imagen tan sólo para la mirada de otras mujeres, pero esto quizá sea así, pero en el sentido más literal, tan sólo en el nivel de la imagen, pues la I(O) está en relación con una identificación con la mirada masculina y paterna hacia la cual se quiere ser amable, estamos en el campo de la histeria como estructura.

Por esto la I(O) está en relación a desde son observadas: “sabemos lo que quieres” termina diciendo el anuncio, es decir, el Otro que te ve, te reconoce ahí, en Paseo San Pedro. La mirada del Otro viene desde el lugar promocionado, y en este lugar al llegar no encontrarán más que mujeres identificadas en la imagen de las otras pero sólo en relación a la mirada de Otro, de ser vistas desde un lugar digno de ser amadas.

Para terminar, hay que señalar que la identificación imaginaria no necesariamente se da sólo en aspectos que podemos denominar “buenos”. Zizek una vez más nos da un ejemplo claro, “en Hitler las personas se identificaban a nivel imaginario con esa persona con estallidos histéricos de rabia impotente – es decir, se reconocían en este acting out histérico-“.[4]

Por esto es que los comerciales pueden funcionar incluso al resaltar algunos defectos pero que son modelos identificatorios, al señalar que las mujeres no están conformes, se preocupan demasiado por la figura (son superficiales), no pueden viajar con lo necesario volviendo cada viaje difícil, lejos de ahuyentar la identificación, la refuerza.

Es así como este análisis nos puede orientar para analizar la sociedad, y a su vez, a las posiciones intersubjetivas desde las que nos posicionamos cada uno ante ciertos comerciales.

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[1] Slavoj Zizek. El sublime objeto de la ideología. Siglo XXI editores. 2007
[2] Idem
[3] Luis Baer, Silvina Fabri, Luciana Messina, Cecilia Varela y Lautaro Wallace. Otra historia de juguetes: el papel de la fantasía en el dispositivo de entrevista. El url de este documento es http://litorales.filo.uba.ar/web-litorales3/art-4.htm
[4] Ibid

martes, 13 de mayo de 2008

Gramática y discriminación
en la perspectiva de género[1]



por José Vieyra Rodríguez



Inequidad: el género gramatical como culpable

Considero que existe un problema teórico dentro de la perspectiva de género, por mi parte, intentaré señalar algunos defectos o posibles errores, especialmente con la teoría relacionada a la equidad de género en el lenguaje.

Esta visión apunta a decir que el uso del lenguaje común evidencia un “machismo” lingüístico al excluir a las mujeres del discurso. Se pone en entredicho el hecho que para generalizar se utilice el género gramatical masculino, dando por sentado que ahí van incluidas las mujeres. De hecho se le nombra a este uso del lenguaje como “lenguaje sexista”. Esto los lleva a postular cambios léxicos y sintácticos para otorgar así a las mujeres el lugar que, dicen, les fue arrebatado, o peor aún, nunca otorgado.

Hasta aquí parecen tener las mejores intenciones (“De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno” cuenta un dicho popular). Es así como promueven el uso de nuevas palabras (jueza, feminicidio), además de la redundancia lingüística como “las mexicanas y los mexicanos”. Ahora bien, intentaré mostrar como esta visión tiene, quizá, las mejores intenciones pero pocas bases sólidas para sostenerse.

Para comenzar señalaré que el primer error que cometen es pasar por alto que no se puede equiparar el género gramatical al sexo biológico.

Por un lado es conveniente apuntar que el idioma español sólo tiene dos géneros gramaticales (a diferencia de otros idiomas como el inglés que llega a tener cuatro: masculino, femenino, neutro y común). Es decir, el español sólo distingue género gramatical masculino y femenino, por lo cual es imposible en primera instancia buscar un género neutro (como se intenta con el uso de la arroba, por ejemplo “l@s mexican@s”, sin ánimo de profundizar podríamos señalar que la arroba en español no tiene fonema, por lo que no puede incorporarse al español, pues es una letra que en última instancia sólo disimularía el problema pues sólo podría utilizarse en forma escrita pero no hablarla, ni siquiera leerla. Además que es susceptible de ser utilizada únicamente en plural, pues es imposible decir “el mexican@”).

Nos encontramos, pues, con que las palabras siempre tendrán género, ya sea masculino o femenino. Ahora bien, como lo mencioné, el género gramatical no es equiparable a sexo biológico, es decir, el hecho de que un sustantivo tenga género gramatical masculino no significa necesariamente que sea de sexo masculino y viceversa. Por ejemplo, tenemos a perro y perra, gato y gata, pero no a tortuga y tortugo o jirafa y jirafo (así como no tenemos artista y artisto o cantante y cantanta). Esto significa que el uso del género gramatical no es concordante necesariamente con el sexo anatómico de quien denomina, es a esto a lo que los lingüistas lo llaman accidental. Es decir, es una convención social que llega a implantarse de tal manera, no necesariamente hay algo que los señale correlativamente.

En cuanto a la equiparación al sexo biológico, creo que con lo anterior se demuestra el error sustancial. Hasta aquí parece no haber problema, sin embargo lo cierto es que no se busca un cambio lingüístico en todo el idioma, sino en aquellas palabras que hacen referencia directa a funciones de poder y que tienen género gramatical masculino. Esto nos lleva al siguiente argumento: género gramatical no es equiparable a género de las ciencias sociales.

La palabra género (gender, en inglés) tal como la entendemos actualmente dentro de las ciencias sociales, se introdujo principalmente en Estados Unidos hace más de dos décadas. Esta palabra se utiliza para denominar a los roles sociales del hombre y la mujer en cierto tiempo y espacio, es decir, en una cultura en un momento histórico.

Esto nos muestra que para las ciencias sociales, género hace referencia a las convenciones sociales con respecto al sexo anatómico de una persona. Por lo tanto, no es posible estirar el término a equipararlo a género gramatical. Si es cierto lo anterior es imposible entonces hacer una correlación directa entre ambos conceptos de género. Sin embargo se hace, erróneamente.

Es así como se piensa que al decir “la presidenta” en vez de “la presidente” es un justificado cambio[2], pues el género gramatical del sustantivo denomina el sexo anatómico de quien nombra (argumento que ya vimos es mentira), además que es importante resaltar el hecho de que es mujer quien ejerce el cargo, es decir, el rol social de presidir poniendo énfasis en que lo hace una mujer. Entonces nos encontramos con un doble error, se equipara género gramatical a sexo biológico y a género de las ciencias sociales, siendo realmente tres registros diferentes.

Una vez aclarado el hecho que son realmente tres instancias diferentes, podemos entonces argumentar que no siempre es necesario el cambio de género gramatical en el sustantivo para hacerlo directamente correlativo al sexo biológico. Por lo tanto la imperante búsqueda de palabras en masculino y transformarlas en femenino no es más que una desesperación superficial por una equidad en los roles sociales de nuestra cultura. Además que es pertinente señalar el hecho de que sólo se busca el cambio en ciertas palabras que denotan una posición de poder (jueza, presidenta) pero se excluyen o simplemente pasan desapercibidas aquellas palabras que igualmente muestran un género gramatical masculino pero dominan un oficio sin tanto valor social (estudiante, ayudante), a estas no se les impone el cambio, es más, siquiera se les piensa como posibles.

Regresando entonces al planteamiento inicial, nos damos cuenta que se confunden incesantemente estos tres registros, pues al denominar “lenguaje sexista” al lenguaje usado comúnmente, en primer lugar se piensa que el lenguaje tiene sexo (gran error, en el lenguaje hay género gramatical) y que el uso de éste hace referencia directa a una convención social sexual (algo que también es mentira).

El problema mayor es que la solución que se plantea es una polarización extrema del género gramatical. Es decir, si en el lenguaje sólo hay género masculino y femenino, no es posible utilizar un lenguaje “no sexista” pues el lenguaje es “sexista” per se, por la falta del género neutro siempre se utilizará un género, la única solución posible para remarcar el lugar de la mujer es ser doblemente “sexista”. Esto ya se había vislumbrado al mencionar el uso de la arroba como signo supuestamente neutral, pero al no poder pronunciarse lo que se hace es introducir en un solo término a dos géneros para después al leerlo separarlo. Nos damos cuenta que lo que se consigue es descomponer la letra para dos posibles lecturas, es decir, seleccionar excluyendo, definición textual que da la Real Academia de la Lengua Española a discriminación.

Lo anterior apunta a decir que la solución que plantea la equidad lingüística es diferenciar siempre a hombres y mujeres en las palabras. Esto es distinguir y excluir: discriminar.

Discriminar: una acción permitida en la perspectiva de género

Es así como llegamos al siguiente punto, la discriminación se ejerce abiertamente pero aparentemente con buenos fines. Discriminación proviene del latín discriminare que etimológicamente significa discernir, a su vez discernir se define como distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas.

Paul Verhaeghe escribe al respecto de la equidad del género en el lenguaje “tal estilo desemboca irremediablemente en un racismo invertido o en una espiral superyoica típicamente obsesiva”[3]. Comencemos, pues, a advertir los alcances que puede tener esta medida, dejemos por un momento de lado las objeciones normativas del lenguaje para prestar oídos y ojos a las repercusiones sociales que pueden suscitarse con estas medidas de diferenciación sexual.

La perspectiva de género, decía, plantea hacer remarcar las diferencias sociales que existen por el hecho de ser hombre o mujer. Esto los lleva a evidenciar todo acto en dos categorías principales, acto típico de hombre y acto típico de mujer. Así es como se comienza a generar un concepto totalizador de hombre y mujer, es decir, nos dicta cómo es un hombre en nuestra sociedad y cómo es una mujer en la misma. Sin embargo, al universalizar conceptos nos encontramos con un problema, ya no hay lugar para las excepciones, no hay cabida para aquellos hombres “no machistas”, es decir, el hecho de haber nacido hombre te adjudica la categoría de machista y aun cuando no lo seas incluso la misma sociedad bien pensante te devuelve a ese lugar. Un ejemplo bastante cercano es el llamado “Detector de machistas” del grupo Forkados. Este dispositivo es un marco de puerta con una sirena y una alarma encima del mismo, supuestamente al pasar por debajo de él si eres machista se activará la alarma, cabe señalar que esta alarma es controlada manualmente, pero lo mejor de todo es el hecho que quien la activa siempre lo hace cuando pasa un hombre por debajo de la puerta. Lo primera reacción que causa es gracia, pues con todos los hombres suena, pero preguntémonos un momento ¿realmente todos los hombres son machistas? La respuesta desde esta perspectiva es que sí. Es decir, no hay lugar para la diferencia, se es hombre, se es machista.

Otro ejemplo de esto se esta dando precisamente en el Distrito Federal, ahí hace apenas unos meses se inició el Programa Atenea, el cual creó autobuses de transporte público exclusivos para brindar el servicio solamente a mujeres[4]. Esta iniciativa supone que separando a las mujeres de los hombres, evitarán los acosos y abusos por parte de éstos hacia las mujeres, pues constantemente se ven agredidas por hombres que faltan al respeto, insultándolas, degradándolas o como se diría comúnmente: pasándose de la raya.

Tener transporte exclusivo para mujeres (cual sanitarios rodantes) nos invita a pensar en que ahora más que nunca se remarcan las diferencias entre hombres y mujeres, y no sólo eso, nos impone una manera de pensar y actuar, ¿acaso ahora necesitamos de estas imposiciones para evitar perder la identidad sexual? Estas acciones sólo nos vienen a decir nuestro lugar en la sociedad, crea exactamente el mismo problema que el machismo más radical. Así es como los anuncios de Tecate no son más que el otro lado de la misma moneda, ya que ambos nos muestran nuestro lugar dependiendo del sexo anatómico que poseamos. Por un lado, el Programa Atenea nos enseña nuestro lugar como hombres y como mujeres, así es como las mujeres son catalogadas como víctimas de los hombres y se pierde ya la posibilidad de pensar en otro tipo de mujer y hombre, ambos son absorbidos por sus respectivos roles universales y el hombre es acosador mientras la mujer víctima. Pasa lo mismo que con el “Detector de machistas”, el hombre por el simple hecho de serlo es machista siempre. La mujer solamente por serlo, es víctima.

Y es que ¿acaso el Programa Atenea no es un claro ejemplo de la discriminación más radical que podemos ver en nuestros días? Nos muestra como la discriminación se ejerce en la actualidad y más libremente que antes, ahora incluso se dedica un espacio en la televisión para informar de este logro por (y para) las mujeres. ¿Qué se diría si se impidiera subir a los morenos y chaparros en un camión por demostrar que la mayoría que comparten estas características roban en los autobuses? ¿Sería posible ejercer la discriminación de igual manera o es que acaso hoy la perspectiva de género se acepta sin siquiera cuestionarse?

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[1]Conferencia dictada dentro de la “Primer semana de la equidad; el lenguaje da un lugar” en la Facultad de Psicología de la UANL en Monterrey, México el 14 de abril de 2008.
[2]Sin mencionar que es una palabra formada por participio activo (terminación “ente”) por lo que no es susceptible de cambiar de género gramatical, por ejemplo amante, ayudante, gerente, intendente
[3]P. Verhaeghe. En amor en los tiempos de la soledad. Tres ensayos sobre el deseo y la pulsión. p.p. 16
[4]Al menos es la propuesta principal, pues se brindará también el servicio a varones con niños y a mujeres con sus hijos que estén estudiando como máximo secundaria.

lunes, 5 de mayo de 2008

El eufemismo: una agresión implícita


por José Vieyra Rodríguez


La palabra eufemismo la define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”.

Esta idea es precisamente la que se mantiene, por no decir que se impone, en la época de lo políticamente correcto. Son en estos tiempos actuales en los cuales parece impensable decir enano, lo correcto es “gente pequeña”, entonces tampoco nos debemos referir a los negros con este sustantivo, sino como “afroamericanos”, a los indios como “nativos norteamericanos”, a los discapacitados como “con capacidades diferentes” o peor aún, como “con capacidades especiales”, a los ancianos o viejos como “adultos en plenitud”[1], y así la larga lista se incrementa conforme aparecen supuestos defensores a quienes nadie ha llamado.

Lo cierto es que esta lista de eufemismos se vuelve cada vez más grande y falta muy poco (si no es que ya es así) para que todos tengamos alguna característica la cual debamos “suavizar” o disimular con alguna palabra nueva. Lo que precisamente son dos críticas a esta postura. La primera es el hecho de tomar a un sustantivo como adjetivo, es decir, al llamar discapacitado a una persona en silla de ruedas, no se está lejos de la verdad pues no tiene la capacidad de caminar que debiera tener, claro, tomando de referencia un parámetro de normalidad estadística en la cuál suponemos las capacidades conforme a las que tienen la mayoría. El punto es que se toma al sustantivo discapacitado y se realza como adjetivo, poniendo énfasis en ello como característica, y no sólo eso, sino como defecto. Líneas atrás me refería precisamente que los eufemismos se aplican a las características no a los defectos, pero la realidad es que quien los crea o impone, lo hace pensando en que aquellas características son ofensivas. Este es el segundo punto sobre el cuál me quiero detener un poco más.

Mi hipótesis es que realmente quien insulta, denigra o agrede a las personas con estas características es quien utiliza estos eufemismos, pues el insulto o agresión ha sido ya elaborado en su mente y bajo el propio juicio de que esa característica es insulsa, baja, abyecta, se autocensura y busca una forma de evadir su propio pensamiento lacerante.

Podemos estudiar este fenómeno con un texto de Freud publicado en 1925 titulado La negación. Es en este breve artículo Freud escribe: “La función del juicio tiene, en lo esencial, dos decisiones que adoptar. Debe atribuir o desatribuir una propiedad a una cosa, y debe admitir o impugnar la existencia de una representación en la realidad. La propiedad sobre la cual se debe decidir pudo haber sido originariamente buena o mala, útil o dañina”[2]. Es decir, el juicio se ejerce en el nivel psíquico para desmentir una cualidad la cual ha sido ya puesta sobre el objeto, de esta manera se utiliza la negación para poder expresar que aquello que es negado no es en realidad existente.

En el caso que nos ocupa nos encontramos con que el juicio es igualmente utilizado para negar una propiedad que ya ha sido previamente adjudicada como mala o dañina. Los eufemismos vistos desde este punto de vista, son precisamente utilizados en aquellas cualidades que han sido previamente calificadas como malas, como defectos, como cualidades no dignas siquiera de mencionarse. Pero en este caso, son precisamente quienes los utilizan aquellos que han hecho una valoración de estas cualidades para después de haber sido tomadas como “malas” buscar una manera de referirse a ellas sin que tengan ese valor que previamente se les ha otorgado.

Aquí lo lamentable de la situación, considero, es que al pensar ciertas características como no dignas de mencionarse, imposibilita la propia aceptación de éstas por parte de quienes las ostentan. Intentar negar esa cualidad (ser enano o anciano, por ejemplo) imposibilita el hecho de reconocerse en ese lugar y así desde ahí vivirse como alguien que con referencia a los demás tiene muy baja estatura o ha vivido mucho tiempo, según sea el caso. Un anciano no está en plenitud por ningún punto de vista, es decir, se niega la propia cualidad de edad avanzada e impide aceptar el estado actual, y todo esto con el juicio impuesto por quien no puede atribuir una propiedad a un objeto, o en otros casos, como en las discapacidades, no puede admitir la existencia.

Ahora bien, con esto no quiero decir que haya que referirse a todas las cualidades con su forma más burda o agresiva posible, pero quiero señalar el hecho que tampoco es posible vivir censurando la palabra en nombre de la dignidad cuando lo que se hace es precisamente no permitir ser digno en nuestra propia condición humana.

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[1] De hecho el antiguo INSEN (Instituto Nacional de la Senectud) se le cambió en nombre a INAPLEN (Instituto Nacional del Adulto en Plenitud) durante el sexenio de Vicente Fox, para después terminar con el nombre actual de INAPAM (Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores).
[2] S. Freud. La negación (1925) Obras completas. Ed. Amorrortu

jueves, 1 de mayo de 2008

Publicidad y fantasía operando en un solo producto:
“AXE”

por José Vieyra Rodríguez


L
a publicidad, en estos tiempos de masas, se ha vuelto una maquina que dicta el pensar de una sociedad. Por un lado están aquellos quienes piensan que la publicidad crea o moldea al ser humano, por otro lado aquellos quienes se inclinana a ver en la publicidad una imagen especular de la sociedad. Sin embargo yo me declaro a favor de ambos, mientras la mercadotecnia toma sus ideas de la propia cultura también nos termina por imponer una forma de pensar que ha sido re-velada apartir de la misma.

Es por esto que conveniente es hacer una re-visión a los comerciales que aparecen diariamente por la televisión. En este caso, el hecho de ser algo público no da un punto importante, poder conjeturar acerca de la fantasía que se juega en ellos pero sólo apartir de lo que nos muestran, lo público es lo más conveniente para mostrarnos la manera de operar de nuestra propia cultura, de aquella en la que estamos sumergidos, así pues, comencemos con dos anuncios de Axe.


Axe “Muéstrales el camino”



Este comercial muestra la posición del hombre como objeto sexual, invierte la idea feminista que postula que las mujeres son el objeto sexual del hombre y demuestra como es que si es que hay alguien que se toma como objeto es el propio hombre, y es que ¿acaso no es la idea de ser el hombre reducido a un pene la más común entre los propios varones? De no ser así entonces cómo explicar el hecho de que siempre la virilidad se mide en relación al pene: su tamaño, grosor, duración de la erección. El hombre se (auto) define en relación con el pene. Y quizá es por esto que la relación fantasmática con las mujeres siempre es parcial, como si se buscara la complementariedad en otro objeto que puede estar también en falta, sin embargo el hecho es que las mujeres no necesariamente están en búsqueda del pene, mientras el hombre se ostenta sólo como tal.

Sería simplista entonces decir que la mujer se definiría en la búsqueda del pene por su falta, aún cuando a simple vista parece así serlo, pero en realidad el propio anuncio va más allá y sin buscar interpretaciones pretensiosas de significados ocultos, vayámonos por lo evidente, el hecho que la mujer busca un aroma, cierto olor que está lejos de ser el miembro masculino, esto nos arroja algo claro, la búsqueda de la mujer va más lejos que el pene en el sentido literal, quizá sería más conveniente decir que las mujeres no les hace falta el pene, su búsqueda está en relación al falo, llenar esa falta constitutiva del Ser humano. El sujeto siempre está en búsqueda del objeto causa de deseo, en este caso el aroma es la causa de su búsqueda, por eso quizá es que comúnmente se piensa que mientras los hombres sólo quieren sexo las mujeres buscan algo más, y es que qué más podría querer un hombre si no es sólo sexo (literal, sólo pene), mientras la mujer podría buscar algo más.

El hombre sufre por ostentar su posición de varón y no perder el pene (angustia de castración), mientras la mujer en su propia falta más que envidiar tiene la posibilidad de arrojarse a buscar algo más.

En cuanto al objeto ofertado, es interesante observar que aquello que nos venden es precisamente un aroma que atraiga a las mujeres y confirme la posición del varón como tal, pero sólo como objeto de la propia mujer, mientras las mujeres pueden estar tranquilas, no son vistas como objetos sino como quién en la propia relación busca algo más que el pene, el sexo o la simplicidad. Si hay alguien bien tratado en este comercial son las mujeres, sin embargo la campaña nos da muestra de algo, tanto la fantasía del hombre (ser tratado como objeto) y la de la mujer (encontrar algo más allá que la sexualidad) son resueltas con un desodorante, es aquí donde da en la mira, el deseo es interceptado en las dos vías, es por esto que Axe es el objeto a de ambos.


Axe “Tan irresistible como el chocolate”



Una vez más nos da cuenta de una posición pasiva frente a la mujer, es el hombre quien busca sólo mostrarse como falo frente a la mujer, es el varón quien no asume la falta y el desodorante promete reducirlo al objeto de la mujer.

Las mujeres son aquellas que encuentran en el hombre aquello que no cualquier otro les da, es decir, un sabor agradable.

No es gratuito señalar la fórmula utilizada en este comercial en el cual es llevada la combinación de más de dos variables, en este caso tenemos el chocolate, la sexualidad,…y un desodorante. El poder encadenar siempre la sexualidad a cualquier situación no es único de la publicidad, sino que esta tan sólo hecha mano de este recurso, “no existe nada que no tenga ningún lazo con el erotismo, y no es imputable a la publicidad”[1]. Por esto juega un papel interesante ver que el hombre sea reducido a chocolate. Es precisamente uno de los objetos más regalados en los cortejos, entonces el comercial propone regalarse como objeto a la mujer y ser devorado por ella. Es aquí donde es importante detenerse y preguntarse el relación a quién está este comercial, pues el deseo del hombre es tener a las mujeres o ser el objeto de ellas, y ellas sólo verían en el hombre a un chocolate, digamos que la relación no podría fallar, al enojarse el hombre bien podría regalarle una mano (como nos muestra el comercial).

Existe un correo electrónico el cual enumera las razones por las que un chocolate es mejor que un hombre, pues bien, tomando al pie de la letra es la combinación perfecta el chocolate y el hombre. Pero da cuenta de algo, una vez más el deseo que es cumplido es el de ella. La pregunta que queda en todos estos anuncios publicitarios es qué sucede después de haber sido reducidos a objetos causa de deseo de las mujeres, una vez hecho esto no queda nada más que la destrucción, en este anuncio sería pertinente pensar en lo que sucede al bañarse y no tener brazo o nariz. Es por esto que el objeto a es convertido en excremento al tenerse demasiado, es decir, el problema de desear algo es conseguirlo y no saber que hacer después, la angustia y el goce van de la mano, al gozar demasiado aparece la angustia, al ser chocolate y ser devorado ¿qué más sucede después? Al ser sexualizado por un desodorante el peligro es ser reemplazado por él, en fin que hasta forma fálica tiene el envase, es decir, el deseo presente en su forma mas clara es angustiante. En el sueño uno despierta al enfrentarse más claramente con el deseo inconsciente. “Goce y angustia son las dos caras de una misma moneda… si la interpretación va en sentido de la angustia, el efecto es previsible: agresión o huida… es frente al goce femenino que el hombre emprende la huida”[2]

Es por esto que frente al goce de las mujeres al encontrar la combinación ideal, es probable que quien huya sea el hombre, o bien, termine por ser devorado y gozando al máximo… con la muerte.

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[1] P. Verheage. El amor en los tiempos de la soledad. Tres ensayos sobre el deseo y la pulsión. Ed. Paidós.
[2] Ibid

miércoles, 13 de febrero de 2008


TECATE ¿Por mí?

por José Vieyra Rodríguez


Desde hace tiempo una gran campaña publicitaria de la cerveza Tecate, producida por Cervecería Cuahutemoc Moctezuma, nos ha invadido y es difícil encotrar a alguien quien no recuerde un anuncio o un panorámico de "Tecate, Por tí".

Básicamente todos los anuncios giran en torno a ingeniosos (otros no tanto) juegos de palabra en donde a raíz de algo común o una verdad sabida pero no dicha. En los anuncios ésta se dice haciendo girar el contenido en dos sentidos, recayendo un significado en la cerveza y el otro, en la mayoría de los casos, en las mujeres (hay otros con referencia al deporte o la condición de hombre).

Es interesante el planteamiento puesto que si algo tienen de interesante son la sonrisa que deja entrever o la carcajada abiertamente expresada en muchos consumidores que estupefactos se quedan frente a las imágenes.

No obstante, así como hay quienes prácticamente se declaran fanáticos de estos anuncios, hay otro sector que los rechaza abiertamente y a grito pelado, especialemente aquellos que argumentan tener una consciencia mayor que a los que les agrada, puesto que esta publicidad es machista, sexista, denigrante de la mujer pues las exhibe como objeto sexual, promueven el alcoholismo, el engaño, el estar con los amigos en vez de con la mujer, festejar el nacimiento de un varón, etc. En resumidas cuentas, una vez más, la perspectiva de género entra a defender a las mujeres y decir que los mercadólogos son unos machistas que no les importa promover la equidad en nuestra sociedad (algo en lo que quizá tengan mucha razón, aunque habría que preguntarnos porqué tendrían que estar preocupados por esto, pues no es su trabajo, en última instancia ellos buscan vender la cerveza).

Antes de comenzar a exponer mi punto de vista quiero señalar porqué estos anuncios no dejan indiferente. Es precisamente por el hecho que ya mencioné, pues apuntan a una verdad sabida, algo por todos conocidos pero por nadie dicho (al menos en televisión, pues ahora lo políticamente correcto es salir en la tele y decir que tenemos una postura neoliberal, a favor de la democracia, el libre mercado, la equidad de género y en contra del uso del alcohol, sería irónico e inaudito pensar a un machista en televisión dando su punto de vista de las ventajas de ser así e invitando a todos los hombres a serlo).

El punto es que ya Freud desde hace más de un siglo nos explicó como el chiste funciona por medio de dos mecanismos: la condensación y el desplazamiento. En estos anuncios son por demás evidentes estos mecanismo, por un lado condensan dos significados en un mismo significante ("por los que les gustan sudadas" y la imagen es una botella y detrás una mujer en traje de baño bronceándose), además de su caracter de desplazamiento puesto que realmente la publicidad es únicamente de la cerveza, incluso es la que está en primer plano en todos los anuncios, es decir, funciona pero solo a nivel de un enlace secundario, cuando se relacionan ambos signficados el chiste funciona. Lo importante aquí es el hecho de que mientras a algunos les parece muy gracioso, a otros los indigna, esto es interesante pues entonces estamos frente a una claro ejemplo de chiste en términos freudianos, pues por medio del juego de palabras y haciendo recaer el significado en la cerveza, se deja entrever otra verdad, que se quiere una mujer sudada o jugar botella con una rubia despampanante. Es decir, se burla la censura establecida por lo políticamente correcto para decir "soy machista, me gustan las cervezas y las mujeres hermosas". Claramente observamos como el chiste funciona burlando las defensas conscientes y mostrando una verdad que por un lado es placentera pero por otro incómoda.

Ahora bien, tomando esto de referencia ahora entendemos el éxito de la campaña pues los hombres lo entienden... ¡pero las mujeres también! claro que cada quién desde ángulos diferentes. El punto es que me parece lamentable que los reproches se alcen en contra de los creadores de estas campañas o de la cervecera. Si queremos ser un tanto objetivos todos sabemos que las campañas publicitarias antes de crearse primero se preguntan hacia quiénes van dirigidas, una vez resuelto esto, se ponen a trabajar en ofrecerles algo en lo que se vean identificados. Lo que quiero señalar es que es iluso demandar a publicistas o a compañías de cerveza el educar a la sociedad, en última instancia no es su labor, en cambio si nuestra sociedad no tuviera ya antes esta visión "machista" la publicidad no serviría y tendría que pensarse otra cosa, pensemos en la sociedad que todos decimos querer, la de la familia unida, entonce sería algo así como: "Caguama familiar, para tu familia". La publicidad viene a ser creada por la misma sociedad, es un producto de la cultura y no la cultura un producto, o mejor dicho, son mutuamente influyentes, pero no por esto estamos en la época de Hitler en que la publicidad, se dice, creó el fanatismo y una sola verdad. Cabe señalar que también hay otra publicidad altamente equitativa, pero por lo mismo, pasa desapercibida.

Otra de las características que me llama la atención de esta publicidad es el hecho de terminar diciendo "por ti". Es un efecto que una vez más funciona en doble vía, pues al ser escuhado o leído (sin hablarlo) uno se siente que es el destinatario final, pero al ver un panorámico y leerlo en voz alta ahora somos los portavoces de la publicidad y decimos al prójimo: "por ti". Es de resaltar el hecho de que quienes están en contra de esta campaña publicitaria piensan que los destinatarios no lo deben recibir, que aun cuando sean machistas, al oirlo los incita a serlo aún más. Sin embargo no he oido a nadie decir "eso no es por mí", sino "eso no debe ser por nadie". El problema es pensarse como centro objetivo y sin prejuicios, como si no fuera nuestra propia moral y nuestro determinismo el que nos dice que ahora "eso" no se debe decir. Yo propondría una alternativa que no fuera ninguna de las dos que escucho siempre, pues mientras una está a favor de los anuncios, otra los quiere eliminar, yo creo que podríamos preguntarnos "Tecate ¿por mí? No" y así autocuestionarnos el mensaje, nuestra moral, nuestros prejuicios y no saltar a intentar imponer nuestra forma de pensar, pues al final esto sería sólo una forma de censura, que curiosamente es algo de lo más prohibido en nuestra época, "prohibido prohibir" irónicamente cuando más se tiene derecho a decir, ya no se quiere que se diga.


lunes, 11 de febrero de 2008

Perrrrrrrrrro

Cuchileando al perro

por Ricardo Rodríguez

"Cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde", Dicho popular que encierra en él tanta verdad como se pueda expresar al querer denostar que, incluyéndose a sí misma, la sociedad actual en la que vivímos los occidentales ha aprendido a llegar al extremo sumamente innecesario de la automutilación.

En días pasados, mientras observaba un nutrido y lleno de contenido programa televisivo, supe de una confiabilísima fuente que Patricia Llaca (conductora de "El Animal Nocturno") se encontraba sumamente consternada por que un automovilísta había atropellado a su mascota canina, un xolo-itzcuintle que ella cuidaba al grado de tenerle un servicio de dentista, un servicio de cocina especializado y lo que más me llamó la atención, su comida incluía finos cortes de carne exclusivamente sin hueso. Y aquí es donde comienza mi cantaleta actual...

Últimamente, por diversas razones, he estado cerca y he sabido de personas que cuidan a sus perros al grado de que lo que solía ser un perro común y corriente ha quedado en el pasado, no existe más el perro que corre tras la pelota, no existe más el perro que juguetea con el amo, no existe más el otro perro al cual pueda uno cómodamente acudir con su hueso. Humanizando al perro, mecanizando al perro, quitándole el hueso al perro, "desperrizando" al perro...

¿Cuál es el símil que veo?¿Por qué el humano capitalista-occidental-democrata siente la necesidad de repetirse, a costa de lo que sea, e incluso, repetirse en lo que sea? Hemos llegado al clímax de nuestra película "Desea, pero desea bien y disfruta pero disfruta bien". Ahora ni tu perro se escapa de desear, por que es bien cierto y sabido de muchos que los perros de hoy día hasta ven televisión, estos perros de hoy, ¿Hasta dónde van a llegar...?

Es especialmente alarmante el criterio moral y normalmente aceptado de mecanizar y, en la medida de lo posible, digitalizar los procesos e inclusive las relaciones (El sábado pasado escuché a una persona que al esbozarle alguien "!Qué gusto verte¡", respondió "Bien y ¿Tú?", a lo que la primera persona respondió "¡Qué mecánico eres!") como si éstas debieran formar parte de una especie de "cadena de producción" en dónde se debe abstraer cada vez más la personalidad y se busque más repetir patrones y conductas completamente capitalistas en el sentido sus ideales económicos, dejándo de lado las conductas "humanas" y racionalizando toda acción en un bloque de producción imaginario.

Creo que ésto, a lo único que nos conduce es a la erradicación del instinto natural (distinto natural, decía Cervantes, tal vez aclarando que lo que hace especial a cada especie es precisamente lo que la diferencia, tal vez esta anotación mía estaba de más) de nuestros animales, y digo "nuestros" por que trato de incluir al ser humano, ya que desde pequeños nos adoctrinan diciéndonos que el ser humano es también un animal, pero nos enseñana a vivir a contra natura, negando y re-negando nuestra "animalidad" de manera que ahora, cuchilear al perro caerece de sentido, sábes de antemano que no te morderá, sabes que cuando mucho, en su interior solo desea carne, pero desea carne especial, carne sin huesos, con servicios caros de dentistas y alguna enfermera dedicada a él...

Vaciarnos de nuestros animales nos deja vacios, vaciar al perro de lo que lo hizo perro durante miles de años, nos deja vacios de ese cuadrúpedo (Mejor amigo del hombre) y cuando estámos vacios de esa relación del humano con su entorno, corremos el riesgo de ser llenados de inmediato por ideas (que no ideales) capitalistas, comunistas, consumistas y sobre todo, las más riesgosas, las intolerantes. Y es ahí donde ya ni cuchilear al perro tiene sentido...

Al humanizar nuestro entorno, ¿No estamos absorbiendo su escencia y sus instintos? ¿No es cierto que hoy día el humano actual responde agresivamente ante la menor provocación? En términos económicos el humano es hoy más productivo que nunca, pero ¿en términos humanos?, ¿No nos comportamos más primitivamente hoy?, El punto crítico, es que es sumamente difícil encontrar en dónde estamos depositando esa cualidad humana que tenemos que hacer a un lado para poder dar lugar a nuestras "nuevas costumbres" de antaño. Hoy, que nos sentimos invadidos si alguien nos mira, que nos sentimos agredidos cuando alguien nos saluda, hoy que ante el primer error de nuestro prójimo lanzamos la primera mordida, ¿Dónde podemos recuperarnos?, o peor aún: ¿Nos recuperaremos?

Cuando el humano es destructor, hasta a los humanos destruye.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Apología del ¿feminismo?


por José Vieyra Rodríguez


Existen actualmente una gran cantidad de movimientos sociales y legales para otorgar un papel diferente a las mujeres dentro de nuestra sociedad. En general, todos estos movimientos en “favor” de las mujeres se hacen pasar por feministas o se les llama comúnmente de esta manera. Sin embargo, cabría preguntarnos si realmente políticas como leyes exclusivas para mujeres o la creación de nuevas palabras que pongan el acento (de manera evidente) en las mujeres y no en los hombres, realmente tiene un sustento o son malentendidos del verdadero feminismo, al punto de llegar a pensarse, de manera general, que todas las mujeres que exaltan el nivel de la mujer, o en su caso denigren el papel del hombre, son feministas.

Pongamos por ejemplo en primera instancia el lenguaje, cada día escuchamos neologismos para designar profesiones, oficios o papeles en los que no había dificultad para entender el sexo de quien los ejerce. Tal es el caso de la palabra “presidenta”, lo correcto (desde el punto de vista de la normatividad del lenguaje) hasta hace poco era “la presidente”, de hecho la Real Academia de la Lengua Española ya ha aceptado este cambio de género gramatical del sustantivo presidente a presidenta. Aunque cabe señalar que las palabras formadas por participio presente (terminación “ente”) tales como amante o ayudante, no se distinguen en género.

Sobre esta misma línea, si queremos alcanzar una pluralidad equitativa en el lenguaje, entonces comencemos a decir “la estudianta”. Aunque considero que aquí no ha ocurrido este cambio de léxico porque obviamente se ejerce una desviación discrecional sobre las palabras, es decir, no es que sea correcta la terminación, sino que se ha aceptado por lo que designa. En cualquier caso, ser “presidenta” ubica una posición de poder (estatus, hegemonía, elite) mayor que ser “estudianta”, apuntemos que presidente, etimológicamente proviene de presidere, que está formada por el prefijo prae- (antes, delante) y el verbo sídere (sentarse), con el significado de “estar sentado al frente”. Si no se han incorporado otros participios presentes al género gramatical femenino como correctos es porque la terminación en sí misma es un error, es más fácil pelear por la “igualdad” de las mujeres que no son iguales que las demás, las mujeres que presiden (que están al frente) sí merecen mostrar su sexo en el sustantivo y no en el artículo.

Ahora bien, en el ámbito legal también hay algunos cuestionamientos, por ejemplo, hace algunos meses asistí a la presentación de la La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Esta ley tiene varios aspectos dignos de revisarse. Por un lado es una ley discriminatoria, es aplicable únicamente a las mujeres, en caso que un hombre sufra alguna agresión igual que una mujer, no podrá ampararse en esta ley, pues su sexo lo excluye del acceso a una vida libre de violencia.

Si bien, lo que se revisa en esta ley son situaciones que particularmente sufren las mujeres, esto no significa que se tenga que excluir a los hombres de su aplicación. Irónicamente esto dice el Artículo 4.- Los principios rectores para el acceso de todas las mujeres a una vida libre de violencia que deberán ser observados en la elaboración y ejecución de las políticas públicas federales y locales son: I. La igualdad jurídica entre la mujer y el hombre. Cabe señalar que esto no cumple la propia ley, pues es una ley que no otorga igualdad jurídica.

Por otro lado, en la misma ley se estipula la celotipia o el desamor como violencia psicológica. ¿Podría cometerse violencia al no amar? ¿Cuánto será el castigo?

En la misma presentación de la ley, una de las diputadas que la presentaba en Nuevo León, hacía mención que era una lástima que tuvo que borrarse la palabra “feminicidio” de la ley. Este neologismo designa, según ellas, la muerte de una mujer causada por un hombre.

Etimológicamente Homicidio viene de homicidium, de homo-inis, hombre; caedo-ere, matar. Y significa: muerte que una persona da a otra. Ahora bien, como tiene el sufijo Homo pues buscan reemplazarlo por Femi. A su vez, etimológicamente Hombre es una palabra latina que deriva de una raíz indoeuropea que significa “tierra”: ahí tenemos la voz humus, con la que se denomina la “tierra”, el “suelo”. O sea, que los homines o “seres humanos” son propiamente los “nacidos de la tierra” o “terrestres”. Entonces, ¿quién ve una discriminación en homicidio?, ¿realmente los varones han hecho este término para dejar fuera a las mujeres o son ellas mismas quienes buscan una igualdad abriendo brechas en donde antes no había? El homicidio designa la muerte de un ser humano a manos de otro ser humano, el feminicidio no existe ni tiene porque existir.

Otro caso, pero esta vez en un aspecto social, se dio en Europa, en julio de 2007 se publicó en el Diario El País “El Pleno del Congreso debatirá una proposición… en la que pide al Gobierno que las políticas de igualdad tengan también su reflejo en la acuñación de moneda. En concreto, proponen la inclusión de imágenes de mujeres en los euros.” (periódico www.elpais.com España). A lo que el español Miguel Santa Olalla escribe en un artículo titulado Feminismo de hojalata: “En estos días hemos podido leer que el gobierno planea incluir el rostro de mujeres en las monedas de euro. Parece una medida razonable en esta sociedad paritaria en la que vivimos, donde la condición sexual del individuo es tenida en cuenta a la hora de decidir qué puede y qué no puede hacer. Se trata de medidas barnizadas de progresismo. La hegemonía masculina debe desaparecer también en la fábrica de moneda y timbre. La medida no deja de tener una fuerte carga simbólica: ¿Mejora en algo la situación real de la mujer en nuestra sociedad? En absoluto…resulta mucho más sencillo repartir mujeres entre las monedas que monedas entre las mujeres”.

En nuestro país sin embargo no hemos llegado al nivel de preocupación sobre si aparecen o no mujeres en las monedas o billetes, los hechos están a la vista, clínicas de atención especial a mujeres maltratadas, líneas telefónicas las 24 horas para casos de “crisis”, está el Instituto de la mujer, y muchos más “logros” evidentes, pero también están los usos y costumbres que a los legisladores no les interesan, esos que mantienen a las mujeres en una posición sumisa, intolerable y degradante, tal es el caso de leyes (porque también hay leyes locales que avalan los “usos y costumbres” y se saltan sin más la constitución), que impiden a las mujeres competir libremente en una elección municipal, tal es el caso de Oaxaca, específicamente en el municipio de Santa María Quiegolani, y este es sólo uno de los conocidos, que salió a la luz a raíz de la anulación de los votos de una mujer candidata a la presidencia municipal.

Y es que este problema salta a la vista (de quien tenga ojos para ver) en todos los casos, cuando se hacen leyes exclusivas para mujeres, cuando inventamos palabras para designar oficios que ejercen las mujeres, la situación real de ellas no cambia, las leyes anteriores pudieron haberse aplicado de una mejor manera (aplicar la constitución y no hacer una ley especial para mujeres, una que las protege de la violencia y otra que las aleja de la libertad), castigar a quienes ejerzan agresión en contra de quien sea, no dependiendo de su sexo. Recordemos que las palabras excluyen en tanto nosotros hacemos que excluyan, nada está predeterminado.

El feminismo, el pionero, no buscaba la exclusión de los varones en las leyes, sino la incorporación de las mujeres en estas, no buscaba la creación de palabras para evocar a las mujeres, sino el hecho de evocarlas en las palabras, ni tampoco buscaba la fama de ellas en la acuñación de monedas, sino la libertad de ellas para conseguirlas.

El feminismo aún existe, todavía hay quienes se preocupan por la posición social de las mujeres, dejando de lado las “medidas progresistas” por medidas reales, ¿quiénes son? Todos aquellos que vean en las mujeres a alguien igual, legal y socialmente, sin denigrarlas o enaltecerlas.

Es por esto que me declaro feminista en contra de la ley para las mujeres y de la mujer presidenta.

lunes, 28 de enero de 2008

¿Desea Usted?

por Ricardo Rodríguez


Hace algunos cuantos días, en un descanso habitual del trabajo, decidí hacer una visita a mi tienda de conveniencia más cercana, ubicada a escasos metros de mi locación laboral. Después de realizar mi compra, que generalmente comprende un café americano con 3 de crema y 3 de azúcar, me acerqué a la dependiente (dependienta, dirían los talibanes del discurso de género) para efectuar el pago correspondiente por el artículo que llevaba. En ese momento, al liquidar mi cuenta, la chica que me atendía realizó un movimiento sumamente agresivo y despiadado, preguntó, con seriedad notable, "¿Desea Usted donar 50 centavos para el Hospital Universitario?". Para el infortunio de la susodicha y de los mezquinos intereses fiscales y monetarios de las compañías que utilizan el redondeo en las compras como máscara para evadir impuestos, aún no terminaba su frase cuando tuve uno de esos momentos en los que te sientes iluminado, que trataré de explicar a continuación.

Uno de los ejes del sistema de cosas (dirían los adeptos a la organización sectaria de los testigos de Jehová, ante lo que cabe preguntarse ¿Qué sistema no es un sistema de cosas?, pero esa sería materia de otra larga disertación) actual en el que vivímos y que ha venido desarrollandose a lo largo de los tiempos (no me consta qué tan largos o qué tan tiempos son estos) es el referente al deseo. Una inquietante nota que recibí vía correo electrónico, decía cómo una pareja, en pleno acto sexual, llevaba a cabo prácticas que les permitían llevar su nivel de deseo más allá de lo "común", y es exactamente aquí donde veo la perversidad del rol que el deseo juega actualmente en nuestra sociedad, por definición capitalista. ¿Ya no es el sexo suficiente? puedes electrocutarte, como el ejemplo anteriormente citado, hasta que mueras. ¿Ya no es suficiente el dinero? Puedes desear donar tu dinero, hasta que te seques los bolsillos. Y qué bello es ver a una "tranzacional" capitalista realizando la dulce actividad altruísta de quitarte tus monedas. ¿Cómo puedes defenderte ante una pregunta tan violenta?¿Deseas donar?...

A este nivel se elimina cualquier dejo de humanísmo y de personalidad que pueda existir aún, la desgraciada estupidez que hunde lo humano dentro de la burda definición del deseo... trato de explicar: Justo en el momento en que articulo un claro y fuerte "NO", las miradas de los circundantes y de la cajera se vuelven como si estuvieran siendo asaltados, y es que lo que trato de llamar violento se queda corto al momento de que ahora resultas ser un "ser" a quien el altruísmo per se no le interesa (cosa que es socialmente aceptada, puedes ser un [ponga aquí su grupo segregado favorito] y no hay problema, pero como se te ocurra donar...), el problema para ellos no es si donas o no, el problema y lo realmente malévolo detrás de la pregunta formulada es ¿POR QUÉ NO DESEAS DONAR?, ¿Por qué no eres un ciudadano normal, con dinero y con deseos y parale de contar?¿Por qué insistes en ir a otro tipo de definiciones, no ves que no basta con donar? TIENES QUE DONAR, es el discurso que te impide darle una moneda al ciego a la puerta, pero que te lleva a dar tu dinero a "algo" tan abstracto como que cada semana cambia la pregunta asesina del quiero (pues el "quiero" se ve avasallado por el "deseo") a ¿Desea donar para [Y DE NUEVO ENTRAMOS AL DOMINIO DE LAS FÓRMULAS; DONDE SOLO HAY QUE SUSTITUÍR UN LUGAR COMÚN POR OTRO]?

Frívolo es el hecho de intentar hacerte sentir mal por no desear, por que ni siquiera estamos hablando de algo que se deseé por propia iniciativa, sino de un deseo impuesto, en el cual se pierde, incluso, el verdadero motivo (si es que lo hay) detrás de toda esta falacia ultra-capitalista. Probablemente el discurso económico-social debería quedarse al margen de la naturaleza del deseo, y llevar la definición del mismo hasta el super-hedonísmo Wildiano, donde lo que importa no es el deseo, ni la realización de un placer, sino llevar a cabo la experiencia en sí, sin mayores miramientos que hacer las cosas más por que se pueda que por que se quiera, y eso es precisamente lo que hace . Y si caémos (o nos elevamos, según la perspectiva) hasta éste punto ¿No podríamos decir que ha terminado nuestro alcance como humanos y que mejor sería dejar de lado nuestro caracter como tales y actuar solo por meros intereses económicos y, en raros casos, verdaderos intereses PERSONALES? ¿Cuál es el siguiente paso?¿Las cavernas?.

En lo personal, no puedo decir si es bueno o malo desear donar, de lo que no me cabe la menor duda es que no deberíamos ponderar la necesidad de un semejante (vamos, no entremos en discursos religioso-políticos para esta definición, que ya sabemos que es un lugar común en donde los haya) en términos de deseo, sino en términos de convicciones y de intenciones... No es posible juzgar en lo general el caracter de una donación, sea altruísta o no, ya que son demasiadas las implicaciones que este tipo de movimientos monetarios llevan (nótese que no he tocado ni siquiera por encima las ventajas fiscales que este tipo de actividades producen para las tiendas). Al igual que no es posible hacer un juicio mendigo por mendigo, en el cual sabemos que factores como la injusticia social y la falta de oportunidades son verdaderos agravantes de cada caso... pero, sí podemos hacer un juicio honesto contra nosotros mismos, y podemos encontrar al humano que un día constituyó nuesto ser sin las influencias perversas de lo que nos rodea y encontrar en él las respuestas ante los despiadados ataques de nuestro entorno, habremos conseguido un significativo avance...


Discriminación en nombre del género.
Programa Atenea



por José Vieyra Rodríguez


Hace apenas unos días se inició el Programa Atenea en el Distrito Federal, el cual creó autobuses exclusivos para brindar el servicio a mujeres solamente, al menos es la propuesta principal, pues se brindará también el servicio a varones con niños y a mujeres con sus hijos que estén estudiando como máximo secundaria.

Esta iniciativa supone que separando a las mujeres de los hombres (solos) en el sistema de transporte público del Distrito Federal, evitarán los acosos y abusos por parte de éstos hacia las mujeres, pues constantemente se ven agredidas por hombres que faltan al respeto, insultándolas, degradándolas o como se diría comunmente: pasándose de la raya.

Todas estas iniciativas se basan principalmente en una supuesta perspectiva de género, en donde la mayoría de los problemas sociales se ven reducidos a la anatomía del ser humano, es decir, suponen que la problemática y solución está en el sexo que nos tocó llevar. Me explico un poco más. Las personas que trabajan en estas propuestas y programas, que dicho sea de paso, siempre abogan (supuestamente) por el bien de las mujeres, creen solucionar los problemas socioculturales con paliativos evidentes, pero paliativos al fin, que ponen su énfasis en que el sexo que poseemos nos determina para pensar y actuar.

Creer que se reducirá el acoso hacia las mujeres creando transportes exclusivos para ellas es un error, es decir, probablemente se reducirá la prevalencia de acosos en transporte público, pero quedan varias preguntas al aire, ¿y el acoso antes de tomar el autobús y después de bajar de él? ¿sirve de algo derrochar dinero paliando problemas fuertes, pero sin solucionarlos? ¿cambia en algo nuestra manera de pensar al tener autobuses exclusivos para mujeres?

Intentaré responder estas preguntas, en la primera pues la respuesta es simple, el acoso fuera de los autobuses seguirá exactamente igual, es decir, buscan reducir el problema del acoso encapsulando a las mujeres en un pequeño mundo feliz. La segunda pregunta también es simple de contestar, sí y no, pues mientras sirve como una medida momentánea no funciona como una verdadera solución para eliminar el problema, lo único que logra es controlarlo en su pequeño margen de poder. Para mí la tercer pregunta es la más importante y difícil de responder, pues considero que crear cada vez más espacios exclusivos para hombres y mujeres lo único que hace es marcar las diferencias aún más.

Tener transporte exclusivo para mujeres (cual sanitarios rodantes) nos invita a pensar en que la lucha por la equidad de género está más lejos que nunca de ganarse. Se ha desvirtuado y perdido totalmente el objetivo y ahora más que nunca antes en la historia se remarcan las diferencias entre hombres y mujeres, y no sólo eso, nos impone una manera de pensar y actuar, ¿acaso ahora necesitamos de estas imposiciones para evitar perder la identidad sexual? Ahora en nombre de la perspectiva de género y los derechos humanos de las mujeres (sic) nos remarcan nuestro lugar a cada quién en la sociedad. Quiero decir que definitivamente estas propuestas marcan nuestra manera de pensar, y es que evidentemente la solución a un problema cultural siempre será la misma desde la miopía del género: hombres allá, mujeres acá, solución. Lo triste es que también los impulsores de todas estas iniciaticas hablan de equidad, cuando lo que se hace es ser menos equitativo cada vez. Es decir, se discrimina con base al género (como lo hacen sus odiadios machistas). Alguien que les avise que la discriminación es ahora cada vez mayor, discriminar es hacer una distinción, lo último que hacen estas acciones es promover una equidad de género.

Con el programa Atenea las mujeres indefensas esperan su autobús, los hombres acosadores esperan otro, sólo tengo una pregunta ¿cuál abordamos los que no somos ninguno de los dos casos anteriores?