viernes, 26 de diciembre de 2008


Nada nuevo bajo el sol...



Se sentó ante aquel lienzo, blanco, pálido, casi viejo... dió un par de pinceladas, unos cuantos trazos y terminó. Se alejó unos pasos para apreciar su obra, y era exactamente igual que al principio...



Ricardo Rodríguez

Metaphysica



En el principio de la literatura está el mito,
y así mismo, en el fin”.
Jorge Luis Borges


Supo que tenía que rastrearlo, así que se dirigió al único lugar en el que podría encontrar los indicios, o tal vez el único lugar en el que su mente pensó, al final no era tan sagaz como creía serlo.

Abrió la puerta, sigiloso se dirigió hacia la luz, la encendió. Entonces los miles de libros se iluminaron ante él, letras en combinaciones ideales formando palabras que, según dicen algunas doctrinas, pueden matar a la cosa, pero hay quienes afirman que decir eso es ignorar que también la crean.

No regresaba a su biblioteca quizá desde hace años, desde que se sintió con el ímpetu de salir y vivir. No supo por donde comenzar, por un momento vaciló al dirigirse al primer anaquel, pero rectificó, se dio cuenta que no tenía la fuerza de aquél autodidacta contado por Sartre como para comenzar por la A.

Mientras caminaba entre los largos pasillos, la rabia lo invadió, porque al final sintió que había perdido, que había vivido tras un sueño enteramente humano mientras dejó ahí, entre obscuridad, a quienes lo acompañaron por tanto tiempo.

Así, paseó entre unos y otros pasillos, reconociendo viejas pastas que tanto amó, ediciones preciadas, publicaciones invaluables tanto para el conocedor como para el coleccionista. El olor que despedían las hojas viejas se incrementaba para él entre más tiempo permanecía allí. Caminó hasta que recordó el apartado y se detuvo ante él, un antiguo rótulo con la letra F estaba encima de su cabeza, supo que era ahí donde podría encontrar el inicio de aquella desventura. Así, igualmente titubeante, sacó su pequeña lámpara de bolsillo con que solía iluminar los lomos de los libros para volverlos un poco más legibles para su vista desde hace años ya cansada. Al intentar encenderla, ésta no lo hizo, recordó con dejo de desprecio la supresión de la vida incluso en las baterías, no las había cambiado desde meses antes de su última visita. Arrojó la lámpara al suelo y simplemente abalanzó los ojos hacia cada lomo, en cada uno se detenía e intentaba hacer memoria, ese apartado en especial nunca había sido de su total agrado, -¡Filosofía! ¡bah! ¡la verdadera filosofía está en la literatura universal!- siempre se dijo y con esta excusa se alejaba de aquél lugar.

Había más de ocho centenares de libros, sabía que podía dirigirse directamente a los griegos, los eternos griegos que formaron una tradición que hoy empaña su vida. Sin embargo, prefirió operar de manera inversa, comenzando por los libros de los filósofos más recientes, así quizá aprehendería la razón actual, La Razón. Pronto se dio cuenta el descuido enorme que tenía ese lugar (acaso su mente), pero intentando ignorar todo aquello comenzó su ardua lectura. Pasó días enteros recluido exclusivamente en su tarea, desde que construyó la biblioteca había decidido que no hubiera reloj ni ventanas, una vez que se entraba ahí se perdía toda noción de tiempo, el que entrara y quisiera permanecer por un largo período se tendría que fiar de su reloj biológico para saber si se vivía de noche o de día. Así pasó jornadas cíclicas, tal vez decenas volcado encima de esos libros que intentaba hacer hablar.

Había comenzado por las visiones del siglo XX, pronto desechó sus posturas, era iluso ese desplante de filosofía que argüía que las proposiciones metafísicas no pueden ser ni verdaderas ni falsas, pues carecen de sentido ya que son solamente lenguaje. Pronto recordó a Einstein, quien alguna vez dijo que el miedo a la metafísica es una enfermedad de la filosofía empírica, él no se sentía enfermo de ello, por lo que continuó su búsqueda.

Así, también se topó con el existencialismo, esa corriente que dice que el saber metafísico solamente sirve para el conocimiento del saber de la realidad radical, pero no podía entenderlo desde ahí, puesto que no puede ser posible que tan sólo haya existencia material, no era ese su pesar. Tampoco Dilthey y su tendencia a transformar la metafísica en una concepción del mundo, su vivencia no era posible reducirla a la materialidad de la realidad o a la simple concepción del mundo.

Leyó tantas hojas que en su mente se entretejió una red de confusión aún mayor, se traslapaban de pronto las ideas, veía a Kant enfrentando a la metafísica al tribunal de la crítica de la cuál nada escapa y a Comte proponiendo que la metafísica es una manera de conocer propia de la humanidad. No es lo único -se dijo- se está negando el problema, eso es todo.

Llegó también a los escolásticos, para quienes la metafísica (metaphysica) es el ente real es toda su extensión por lo que no incluyen a los entes de la razón a causa de su carencia de entidad y de realidad. Al paso de lo días intuía que se acercaba al final, estaba cerca, pero aún no podía conciliar su sentir, su razón, su corporeidad (eso que intentó afuera). Si como afirman los escolásticos no hay entes de razón, entonces era imposible el estudio de eso que lo hacía propio, que lo empujaba a esa búsqueda, era una vez más negar la razón a favor de una realidad de entes inimaginarios, burdos, absurdos.

Santo Tomás lo llevó inevitablemente a dónde creyó no necesitar llegar, se remitió a Aristóteles, pues los dos entendieron a la metafísica como el estudio del ente en cuanto ente real, la ciencia del ser en cuanto ser. Así se despertaba cada vez más su furor, parecía encontrar al biempensante que pudo ser el culpable de todo.

Releyó, en un viejo libro, que fue Andrónico de Rodas en el siglo I quien hizo una clasificación de las obras de Aristóteles. Andrónico colocó a los libros que tratan de la “filosofía primera” al lado de los libros de Física, denominados “filosofía segunda”, llamando así a los primeros Metafísica (μετὰ [τὰ] φυσικά, después de los [libros] físicos), ello lo hizo sin sospechar que lo que al parecer era una mera clasificación, con el tiempo designaría toda una parte de la filosofía.

Al recordar esa vieja anécdota, vituperó contra Andrónico de Rodas, ligó su odio de la metafísica (palabra de diez letras que lo había venido a destruir) contra el filósofo griego. Después de maldecirlo algunas veces se detuvo, reflexionó; tan sólo es la palabra, el significante metafísica, él no era a quién buscaba, no podía serlo, era Aristóteles quien llevaba a cabo la propuesta metafísica, la separación del ser con la materialidad, la separación para poder estudiar al ente y no al objeto, si era posible conocer al ser, entonces la física era innecesaria. Apenas lo había pensado e inevitablemente volteó hacia los Diálogos, libro canónico, en sus páginas estaban contenidos los gérmenes de Aristóteles, por lo que fue Platón ¿o Sócrates?

Su mente divagaba nombres de filósofos presocráticos, comenzaron a llegar hasta él las doctrinas de Parménides, Tales, Demócrito, Pitágoras, Eráclito, Anaximandro, Empédocles… todos se fundían en una revolución de pensamientos, no podía asirlo, el origen de la metafísica no lo encontraba, en todos estaba presente, se dio cuenta que no importaba la palabra ni la propuesta, en todo había metafísica.

Su intento por encontrar a quien ingenuamente sobrepuso lo inmaterial a lo material, quien propuso la superioridad de las ideas, del ser, del ente, del conocimiento, la sobrevaloración de lo que hay más allá… su intento fracasó.

Yació ahí, entre hojas y pensamientos, con coraje, sin poder encontrar el inicio ni tampoco la solución, decepcionado pensó que desde la existencia del primer hombre hubo metafísica, aunque este no la conociera la hacía, asignarle este nombre a esa labor, en retrospectiva, es un mero ejercicio discursivo que no le resta autenticidad.

Igualmente decepcionado supo que no podría entenderlo nunca, que el sueño humano que persiguió, el de unir tres elementos en una misma reciprocidad, no debió haber sido una pérdida, no pudo haber sido una pérdida… no lo fue.


a mi amiga Lileana Rodríguez


J.V.R.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Celebración


Uno: Hoy a media noche, habrá que brindar.
Otro: No veo otra manera de celebrar al Hijo del Carpintero.
Uno: Exacto, porque al final, él nos puede unir y recordar que si al menos un día podemos encontrar la paz...
Otro: ...es imperativo, entonces, intentarlo más seguido.


por
Ricardo Rodríguez

José Vieyra


lunes, 22 de diciembre de 2008

A veces te recuerdo

... y te encuentro en tantos lugares, tan vacíos de tí, tan llenos de todo... por que no lo fuiste todo.

Ricardo Rodríguez



Dos notas sobre el niño*

por Jacques Lacan


Estas dos notas manuscritas entregadas
por Jaques Lacan a la Sra. Jenny
Aubry en octubre de 1969, fueron publicadas
por primera vez por ella, con mi autorización,
en un libro suyo aparecido en 1983.
Jacques-Alain Miller


En la concepción que de él elabora Jacques Lacan, el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar.

El síntoma, y este es el hecho fundamental de la experiencia analítica, se define en este contexto como representante de la verdad.

El síntoma puede representar la verdad de la pareja familiar. Este es el caso más complejo pero también el más abierto a nuestras intervenciones.

La articulación se reduce mucho cuando el síntoma que llega a dominar compete a la subjetividad de la madre. Esta vez el niño está involucrado directamente como correlativo de un fantasma.

Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación (lo que asegura normalmente la función del padre), el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en el “objeto” de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de este objeto.

El niño realiza la presencia de eso que Jacques Lacan designa como objeto a en el fantasma.

Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo (de la madre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso o psicótico.

El niño aliena en él todo acceso posible de la madre a su propia verdad, dándole cuerpo, existencia e incluso la exigencia de ser protegido.

El síntoma somático le ofrece a este desconocimiento el máximo de garantías: es el recurso inagotable para, según los casos, dar fe de la culpa, servir de fetiche, encarnar un rechazo primordial.

En suma, en su relación dual con la madre el niño le da, como inmediatamente accesible, aquello que le falta al sujeto masculino: el objeto mismo de su existencia, apareciendo en lo real. Resulta de ello que en la medida misma de lo que presenta de real, estará expuesto a un mayor soborno en el fantasma.

Por lo que parece al ver el fracaso de las utopías comunitarias, la posición de Lacan nos recuerda la siguiente dimensión.

La función del residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades, resalta lo irreductible de una transmisión –perteneciente a un orden distinto al de la vida adecuada a la satisfacción de las necesidades- que es la de una constitución subjetiva, que implica la relación de un deseo que no sea anónimo.

Las funciones del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad. La de la Madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, así sea por la vía de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo.

________________________________________
*Transcrito por José Vieyra del libro: Lacan, J. Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As, 2007. p.p. 55-57


sábado, 20 de diciembre de 2008


Apotegma


Hasta ahora, en mis opiniones,
se ha creído ver más a mi sombra que a mí mismo.
Friedrich Nietzsche


Reproches irreductibles de la vida; el conocimiento y el amor. Pero en estos momentos, por fin he podido conjeturarlo. Probable es que no sea más allá de un apotegma, pero aún así, logré entrever la Verdad con ello.

Si quería liberarme tenía que mutar, no bastaba ser aquél que cree formarla. Todo a cambio de no perecer entre sus brazos. Entendí, para deshacerme de mi sombra tenía que convertirme en luz.


J.V.R.

martes, 16 de diciembre de 2008

Elogio a lo inservible

por José Vieyra Rodríguez


Actualmente, una imposición social es la utilidad de las cosas, todo debe ser útil. Ya no es posible desear algo que –al menos en apariencia- no lo sea. Quizá es normal, en un mundo pragmático y utilitarista, se menoscaba todo aquello que su fin no sea inmediato, práctico, directo, útil, servible.

La mercadotecnia nos enseña a diario esta nueva mirada hacia los objetos. Todos los artículos que se promocionan lo hacen no por su simple y llano servicio que pueden dar, o la necesidad que pueden cubrir, o siquiera la felicidad ingenua o goce inteligible a primera vista que pueden causar. Ahora, parece ser necesario pervertir hasta el extremo la naturaleza de todo para lograr otorgar un goce excesivo pero -paradójicamente- seguro y concreto. Ejemplos, cientos: agua, no para satisfacer la sed, ¡sino para mantener la línea! (Bonafont, Cuida tu línea. Es el slogan de una campaña publicitaria), los juegos para niños pequeños deben ser instructivos, no más juegos por diversión, ¡ahora sus hijos aprenden mientras juegan! O tal vez algo menos natural pero igualmente sobresaturado de utilidades; celulares con cámaras de video, fotográficas, televisión, radio, internet… ¡y que también funcionan como teléfonos! Las artes, igualmente han sido alcanzadas, ahora se puede escuchar música… ¡con mensajes ocultos para dejar de fumar o comer! ¿Quieres leer un libro? Aquí está el último bestseller de superación personal, termina la película o el cuento y se pregunta ¿moraleja?, y un largo etcétera puede continuar en esta lista.

Por supuesto, toda actividad humana, no es natural. Desde alimentarse hasta la más grande obra de arte son creaciones torcidas o alejadas en menor o mayor medida de la naturaleza. La alimentación, que es una necesidad, es el primer contacto de perversión que tenemos los humanos (¿cuántos niños han sido alimentados hoy por un biberón relleno de fórmula láctea?), desde el principio de la vida hasta la muerte todo lo hacemos sin seguir pautas naturales, ya sea por raciocinio o goce, pero sin instinto.

Aceptamos, pues, la inclinación del hombre hacia la perversión de todo. Pero precisamente el encontrar una supuesta “utilidad real” a todas las cosas, crea una ilusión de seguridad y bienestar, una falsa idea de elección correcta, pero si no hay nada natural en las actividades humanas, entonces ¿cómo saber qué es lo adecuado? ¿por qué he de elegir “estar bien” con cierta marca de agua?

Para atender a este problema recurramos a Freud, quien en su ensayo El malestar en la cultura (1930) concibe a la cultura como el conjunto de normas impuestas que obligan a la renuncia de las satisfacciones pulsionales, a cambio de la protección del hombre contra la Naturaleza y la regulación de las relaciones entre los mismos. Sin embargo, debido a la propia renuncia pulsional se impone también sufrimiento, ante lo cual el hombre tiene que buscar nuevos métodos o formas de satisfacción, pero no solamente reduciendo el estado de displacer en el organismo, sino que además quiere ser feliz, por lo que tiene ante sí tres formas con las que intenta sobreponerse a la pesadez de la vida: una son las distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria; la segunda son las satisfacciones sustitutivas que la reducen y, por último; narcóticos que nos tornan insensible a ella.

Por lo cual, entonces entendemos que nuestras actividades pueden ser concebidas dentro de estos tres intentos por reducir lo miserable que se torna nuestra vida en la cultura, pero que todas ellas son formas de orientarse hacia un único fin: la felicidad.

Hasta aquí entonces quizá podemos volver a nuestro inicio y plantearnos porqué forzosamente dar utilidad a las cosas, como al arte (que es una “satisfacción sustitutiva”), al juego (una distracción poderosa) o la elección de un refresco (un pequeño goce). Hoy no puede tolerarse simplemente el placer insignificante que puede provocar una bebida, sino que se tiene que gozar, pero con seguridad, ¡Goza, goza, pero no te hagas daño! Es una invitación al goce excesivo pero aún más controlado, una imposición mayor de la cultura que también absorbe este punto, por lo tanto, si el control se vuelve aún mayor, es menor la posibilidad de disfrutar de ello.

Al declarar entonces a esos pequeños goces como medios para reducir la miseria de la vida, es decir, para llegar a la felicidad, entonces también estamos declarando una utilidad, sin embargo no es directa, cada uno nos serviremos de diferentes medios para llegar a la felicidad pero no hay un camino correcto, no hay una marca o un producto que nos la de, por lo que más que decir que estas actividades son útiles, decimos que entendemos su función, no su utilidad, puesto que ninguna la podría tener.

Por lo que, atendiendo a todo ello, me declaro a favor de la lectura de un libro por simple entretenimiento, o la escritura por distracción, o el cigarrillo por placer, el cuadro en el museo que no da una lección, quizá el juego de futbol o el observar una puesta de sol, estudiar por gusto o trabajar por entretenimiento, dormir durante el día entre semana, viajar o tal vez hacer filosofía. Todo ello puede lograrse sabiendo convivir en la propia cultura. Jugar ante lo impuesto, a sabiendas que así es.

Ante nosotros se abren posibilidades de felicidad, que aquello que hagamos sea únicamente para lograrla, pero prestando atención a no terminar envueltos totalmente en un malestar aún mayor, como lo es hoy, buscar utilidad a todo.


jueves, 11 de diciembre de 2008


Reflexiones aisladas sobre
Mirror TV de Philips,
Una novedad sin novedad.



por José Vieyra Rodríguez


Tecnología Miravision
.
La tecnología exclusiva Miravision combina las cualidades prácticas de un elegante espejo cuando está apagado, con las ventajas de un televisor LCD de alta resolución cuando está encendido.
Ver especificaciones completas.




No es necesaria interpretación ante el acto, tan sólo lectura.

La novedad de Philips; un televisor y un espejo a la vez. La pregunta se impone:

-¿Cuándo los televisores nos dieron algo que no fuera una imagen especular?

Quizá la novedad es que ahora nos reflejará también cuando esté apagado.

Si eso que está allá soy yo, ¿quién está de este lado?

Nuestra identidad mantenida apatir de una imagen que nos dan, para el psicoanálisis es algo sabido, hoy, para Philips también.

Curioso, los mercaderes reaccionan ante la crítica, en vez de oponerse la adoptan.


sábado, 6 de diciembre de 2008

¿Por qué escribir?

por José Vieyra Rodríguez


Hace unos días, una vez más retornó a mí la pregunta que alguna vez nos hemos planteado muchos de aquellos que intentamos mantener un sitio en el cual expresarnos por medio de las letras (ahora virtuales). Esto me sucedió debido a un comentario hecho para el blog de un amigo que le asaltaba a él también la misma pregunta.

¿Por qué escribir? Las respuestas pueden variar de lo más simple como un “tengo ganas” hasta complicadas elaboraciones teóricas acerca de la sublimidad que es la escritura. Variadas formas de justificación: para hacer arte; escribir como medio de expresión del alma; como vehículo de salida de las mociones íntimas del ser humano, catarsis, abreacción o liberación. Quizá una respuesta filosófica; recuerdo a Sartre con su propuesta de la literatura como medio para limpiar nuestra propia libertad. O tal vez escribir para ser reconocido por los demás (a lo que me pregunto ¿qué hacemos que no sea para ello?), crear una red en donde se nos reconozca como portadores de un decir importante, o como medio para negar nuestra condición humana; la efímera existencia. Hay tantas respuestas como seres humanos hayan escrito, puesto que como actividad única de los hombres, es a la vez universal y propia, no tendría porqué haber una respuesta a priori de los beneficios que hay en el hecho de escribir, si es que los tendría que haber.

Considero que cada uno de aquellos que nos propongamos escribir algo, tendríamos que preguntarnos porqué lo hacemos, para quién. Sin embargo, también creo que incluso si no logran ser respondidas es menester seguir en el camino, puesto que no siempre se tiene que tener un motivo consciente para todo, tener el control absoluto de todos nuestros actos, las razones supremas y las respuestas completas es, para mí, una pérdida de tiempo, cuando no, una quimera filosófica.

La funcionalidad, como debería de ser para todas las artes, es nula también. Pueden existir un sinfín de funciones que terminen por acontecer una vez hecho el escrito, pero una vez más creo que son fines oblicuos, no principales. Hablo, por supuesto, de cierta escritura, no niego que haya escritura con fines prácticos y determinados, ahí están los manuales de un aparato eléctrico o la literatura especializada en ciencias, etc. Pero, este escrito –por ejemplo- ¿para qué lo hago?, ¿para quién lo hago?, ¿por qué lo hago?, ¿sirve de algo? Todas las respuestas son válidas, lo hago para expresarme (¡qué hay más simbólico que el lenguaje!), lo hago para quien lo lea, sin destinatario, o mejor dicho con uno específico (el Otro), lo hago por que me agrada y bien puedo estar seguro, ahora, que no sirve de nada en beneficio de la humanidad. Pero quizá creo que el mayor problema es ese precisamente, siempre buscar un beneficio a la raza humana, siempre pensando en el universal para todos nuestros actos, ¿acaso no podemos escribir cada uno por diferentes motivos?

Una carta sin lector es, aun así, una carta para quien la escribió.

¿Por qué escribir? Una pregunta universal con respuesta particular.

sábado, 22 de noviembre de 2008


La última lágrima*

por José Vieyra Rodríguez

I

En aquél pueblo, contaban, que todo ser humano estaba condenado a llorar únicamente trescientas veces durante su vida. Aunque él no lo recuerda, sus primeras lágrimas fueron de simple molestia física: hambre, sueño, rozaduras, calor o frío. Con el paso del tiempo comenzó a llorar por otros motivos: orgullo, enfado o envidia, aquél bodoque de carne se convertía en humano.

Años transcurrieron antes de que llorara de tristeza, era un sentimiento diferente, conocedor ya de la cantidad de veces que tendría que llorar, pensó que éste era un verdadero motivo para hacerlo. ¿Quién contendría las lágrimas por la pérdida de su padre?, aun cuando éste nunca le haya enseñado a montar a caballo, a cazar con flechas, a pescar al alba o a pelear por el honor. Observó el cuerpo que estaba frente a él, inerte carne que envolvía al esqueleto, poco cabello sobre el cráneo y las uñas amarillentas eran lo que quedaba de su padre. ¿Acaso alguna vez fue más? Es lo que se preguntaba aferrado al cuerpo sin calor que reposaba en tablas cortadas por su hermano apenas unas horas antes.

Todos los habitantes del pueblo, tenían un riguroso registro de las veces que habían llorado cada uno de los niños, para que, una vez adultos, se les dieran la cuenta y así administraran de la mejor manera el llanto, puesto que no podrían llorar ni una sola vez más llegada la número trescientas.

Entrado en los quince años, ya había llorado ciento cincuenta y dos veces, de las cuales, diecisiete habían sido por ese sentimiento que descubrió la noche en que los pulmones de su padre dejaron de contener aire.

Un día, a los veintidós, con su esposa con la cual tenía un par de meses casado, recostados sobre el lecho hecho con hojas de palmera, la miró por varios minutos y experimentó una sensación extraña. Conocía al amor, había amado a sus padres, a sus amigos, al dios Jeshé, pero nunca había sentido aquello que lo comenzó a envolver desde los pies, corriendo por los tobillos, calentando sus rodillas, hormigueando la entrepierna, creando un hartazgo en su estómago, hinchando los pulmones y concentrándose en el corazón. Era tan fuerte que lo único que pudo hacer fue abrazar a aquella mujer que había tenido la fortuna -se decía- de conocer. Y así, tirado casi sobre el suelo apretó el cuerpo de su mujer y asido a él como lo hacen las patas de los pájaros a las ramas de los árboles en un día de vientos fuertes, lloró.

Fue un llanto suave pero abundante, sereno y prolongado. Llanto que él dudaba que alguien lo haya conocido antes. Grandes gotas se vertían de sus lagrimales, chispas saladas, agua de mar derramada por orificios corporales, ni siquiera el orgasmo de la noche anterior pudo semejarse a la sensación extrema de felicidad iracunda, perder algunos mililitros de su cuerpo por los ojos a cambio de la mayor paz experimentada en la totalidad de su vida. Por fin había descubierto por qué tan solo los hombres podrían llorar tres centenares de ocasiones, si por casualidad descubrían el sentimiento dado por este tipo de llanto, perderían toda motivación para llorar por otra razón, harían hasta lo imposible por contenerlo en las ocasiones que lo ameritaran, atesorarían las lágrimas como oro líquido, perderían la tristeza o el dolor, impedirían que los bebés lloraran para que así, pudieran hacerlo casi exclusivamente para la sensación de vida, así había decidido llamarla.

Desde esa noche, pasó veladas enteras fantaseando con lo que sucedería si alguien descubriese la sensación de vida. Había pensado que no dejarían llorar a los bebés, pero después rectificó, creyó que, por el contrario, los dejarían llorar, pues todos los adultos estarían ensimismados; deseosos de que llegara la sensación de vida, olvidarían sus demás labores, dejarían de cosechar, pescar o cazar, se volverían seres ególatras, tan egoístas que no quisieran nada más que llorar, encontrar la fórmula para hacerlo y disfrutarlo.

Hedonistas del llanto, matarían a quien hubiera terminado sus trescientas ocasiones, quizá no sería necesario que lo asesinaran cruelmente, la propia persona rogaría porque lo hicieran si es que no reunía el valor de suicidarse.

Los remedios milenarios que consisten en dosis pequeñas de veneno natural extraído de diversas plantas, serían utilizados para matarse, se ingerirían en elevadas cantidades. El sentido de la vida no existe sin la sensación de vida, se repetía con la luna como acompañante de sus pensamientos, mientras su mirada perdida reflejaba el cuerpo celeste que bañaba de luz la calma de un pueblo que teme llorar, pero podría desearlo frenéticamente si descubriesen su secreto.

Una noche de tantas, mientras añoraba la sensación de vida, se llenó de coraje, la rabia lo inundaba, tanta ira sintió por no poder controlar el llanto que comenzó a llorar, una lágrima que hizo todo por contener y que, sin embargo, se deslizó por su mejilla izquierda, era la ocasión ciento noventa y ocho.

Al día siguiente, decidió dejar de pensar en eso y concentrarse en su vida común, había descuidado a su mujer. Y así, por la noche, abrazado a ella, experimentó ahora esa extraña sensación, pero ahora fue la cabeza la que comenzó a sentir extraña, como si no fuese parte de él, desprendida y a la vez prendida de su cuerpo, el cuello impedía la elevación de su cabeza, los hombros como extranjeros de sus brazos, las manos como si estuvieran más pequeñas que de costumbre, su pectoral ardiendo y una vez más, lloró abrazado a su mujer.

Esta vez había entendido que lo que debería de hacer, es no buscar u obligar al momento, sino por el contrario, simplemente ser feliz y el llanto haría lo propio para llevarlo a la experimentación de goce más elevada posible. Así es como disfrutó sus subsecuentes treinta y dos llantos espaciados dentro de dos años siguientes.

Hasta que aquella mañana se levantó, miró al cuerpo de su esposa, no pasaron más de diez segundos, sabía que estaba muerta, nunca pudo averiguar la causa.

Debido a esto lloró tanto que perdió la cuenta. No sabía cuántas veces más podría derramar lágrimas, que, según contaban, eran las representantes de lo humano, lo inefable, una lágrima era una lágrima, no tenía otra definición, solamente se podía autodefinir.

II

Hoy se encuentra frente al vacío, toca su cuello para acariciarlo por última vez, mira todo su cuerpo, al menos lo que sus ojos le permiten ver, intenta no sentir, pero es imposible, hay tristeza por su mujer, pero la hay más porque sin ella no podría volver la sensación de vida, eso lo convierte en el ser ególatra que tanto dijo que serían los demás si la descubriesen, sin darse cuenta que su temor era convertirse en lo que ahora es.

Sus pies se acercan al final, pequeñas piedras ruedan estrepitosamente en el acantilado, -lánzate- se dice en voz alta.

El viento corre del norte, buenas cosechas habrá está temporada, -mal momento para elegir irse- también se dice.

Llega al final del camino, flexiona un poco sus rodillas para impulsar el salto, por fin se decide, salta hacia delante, sus ojos van cerrados, el viento lo lleva unos centímetros hacia la derecha, siente su ropaje pegado a su piel, no había sido consciente de ello hasta ese momento.

Por más que mantiene los ojos cerrados, ya en el vacío, cayendo libremente y sin saber la distancia que hay entre él y el suelo, una lágrima logra escapar de entre sus párpados, la siente salir volando, su cuerpo ahora pesa menos, no tiene la menor idea que esta es la ocasión trescientas, para él no hay más llanto.

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*Cuento presentado para el Certamen de Literatura Joven Universitaria 2008. Cuento y Poesía. UANL


miércoles, 22 de octubre de 2008


Sobre otra posible forma de afrontarnos

por José Vieyra Rodríguez

“Soy amistoso con la gente. Me pongo
un sombrero según su costumbre.
Digo: son bestias de olor muy especial.
Y digo: no importa, también yo lo soy”

Bertolt Brecht

¿Quiénes somos realmente?, es quizá una pregunta que por trillada y común termina por parecer únicamente buena para charlas con aparente tinte intelectual, o bien, para vulgarizar a la filosofía y burlarnos de cualquier posible respuesta, que puede que esto no sea más que una forma de afrontar simplificando o haciendo de lado algo que invariablemente siempre está con nosotros.

Si aceptamos la afirmación anterior en cuanto al carácter ineludible de la pregunta, entonces cómo podemos entender a todas aquellas personas que aparentemente nunca se lo han planteado y seguramente no lo harán. Pues bien, porque es posible de ser respondida desde diversos lugares, la religión es el más claro ejemplo. Desde los primeros días de vida el niño es introducido en una serie de ritos que determinan su lugar frente a los otros, así, al crecer y tomar conciencia de sí mismo se dará cuenta del lugar que ya se le tiene asignado. No es la religión la única que va determinando quienes seremos, pues además la propia sociedad y cultura nos bombardea y nos hace apropiarnos de una identidad, ya sea de sexo, género, gustos, nombre, etc.

Una vez dueños de todo esto, cuando se nos presentan situaciones que tenemos que enfrentar desde nuestra conciencia de muerte -p.e.-, ya contamos con la respuesta de antemano. Así, también cuando se cuestiona qué es ser hombre o mujer, son preguntas que se tildan de dos posibles maneras: estúpidas o académicas. Comúnmente pensamos que estas preguntas o ya están respondidas por la práctica social o son únicamente aplicables y funcionales en el aula de clase.

Que sean respondidas a priori no significa que no estén presentes, lo cierto es que son preguntas que retornan de una u otra forma, en el enamoramiento, por citar un ejemplo, se presenta de manera contundente la pregunta de quiénes somos. Interesante es que siempre es respondida en función del otro, pues acaso no se dice “eres lo que me hace falta” o “eres hermoso/a” y cualquier halago que reafirme nuestra supuesta identidad, que no es más que hecha precisamente de eso, de identificaciones. Si la identidad tiene algo que ver con ser idéntico, con nacer y con que nos impongan un lugar, esto es precisamente con abrumarnos hasta ser idénticos a todos. Algo que no es negativo pues es la única manera de humanizar al niño y permitirle vivir en el mundo previamente estructurado.

El problema de la imposiciòn de identidades no termina en darnos cuenta de ello, sino qué hacen quienes se dan cuenta de esto. Quienes toman conciencia de que han sido forjados a semejanza. Este encuentro con otro nivel de nosotros es posible que desemboque en diversas manifestaciones, en el psicoanálisis hablamos de síntomas que tienen un significado, pues estos serían precisamente la respuesta a una pregunta, o mejor dicho es otra respuesta, es levantarse en contra de la ya dadas, una respuesta particular. Pero además de los síntomas tenemos las manifestaciones artísticas, cualquier que esta sea son respuestas humanas, propias, únicas y subjetivas de cualquier pregunta a la cual no nos podemos responder con lo aprendido previamente. Podríamos aventurarnos y decir que el arte es un síntoma, pues es la creación humana y sin sentido directo.

Ante la pregunta inicial, y aceptando lo dicho anteriormente, quizá otra respuesta es la aceptación de nuestra condición, nuestra necesaria imposición de reglas, contratos, conceptos, cuerpos, gustos, nuestra aceptación de la nula o escasa libertad y aprender a vivir en el margen de oscilación entre locura y cordura. Caer en cuenta que tenemos que ponernos los sombreros según las costumbres, pero no por ello olvidar que nuestra cabeza no está hecha sólo para llevarlos, o bien, saber que los demás son bestias, pero no olvidar que esas bestias son producto de identificaciones y nosotros también. Aprender a ver las máscaras, bailar entre la multitud a sabiendas que son disfraces, pero no intentar quitarlos, porque quizá detrás de ellos no haya nada. Nadie mejor que otro artista, no para ejemplificar, sino para enseñar:

"Entre las parejas que iban
girando un día le encontré.
Bella como media luna
que alumbra al oscurecer.
Convidé a la danza
a la dama luna del antifaz
que ella usaba para
que se pensara, que era su faz,
pero al descubrir su semblante
nada hallé detrás.

Me asusté al mirar su cara vacía,
dijo: así son todos, ¿no lo sabías?"

...

"Ahora ya no voy desenmascarando
cuando encuentro que alguien
se emboza actuando.
Cuando engañan en su felicidad
sólo veo remedos de humanidad.
Lo que podrían haber sido y no son
entre vanaglorias y compasión"

Fernando Delgadillo

jueves, 9 de octubre de 2008



Una problemática de la educación actual:
¿se puede educar diferente al educador?



por José Vieyra Rodríguez


"En la educación, ideales e idealistas
impiden la comprensión del presente...
Un ideal evidentemente, es una escapatoria muy barata.
La escuela que tiene ideales, o el maestro que los sigue,
es evidentemente incapaz de tratar con un niño"
KRISHNAMURTI


La educación es antropogénesis, no hay nada natural en ella, por lo que con el paso del tiempo es pertinente plantearse como una posible causa de muchos males a la educación que se brinda. Me refiero aquí, por supuesto, a la educación formal, aquella que recibimos en el aula, durante años frente a un maestro y con procesos y métodos ya establecidos.

Si bien son muchos quienes han cuestionado y puesto en la mira al sistema educativo, lo cierto es que no es posible hoy hacer un verdadero cambio en éste. Los vicios que existen son enormes, imposibles de remediar o eliminar, por lo que el sistema es ya un punto que podríamos dejar de lado, pues si bien pueden realizarse cambios, estos son pequeños y sólo tangibles en la propia función docente, realizables dentro del aula, con la relación propia que se da entre maestro-alumno y no como el conglomerado de reglas, procesos, métodos, convenciones y demás artilugios que son parte del gran sistema educativo.

Por ejemplo, son en estos tiempos cuando más se habla de problemas de conducta, no quiero decir que éstos no sean reales, efectivamente cada vez es más difícil que los alumnos presten atención y se interesen por lo temas revisados, pero también es cada vez más complicado que los alumnos acaten las órdenes del maestro por ser una figura de autoridad. El maestro ha caído como tal, es imposible levantarlo una vez más a esta posición, además que tampoco se desea, puesto que precisamente una crítica fundamental al sistema educativo tradicional es el autoritarismo del educador, entonces tenemos que plantearnos la pregunta de qué debemos hacer para responder ante el grito de los alumnos que piden un nuevo orden.

Siguiendo la idea que plantea Fernando Savater en su libro Política para Amador, el motivo de la rebeldía no es el simple hecho de no querer obedecer a nada ni a nadie, sino que lo que se pide son mejores razones para obedecer. Así pues, los ideales (imágenes acerca de lo que debieran ser los alumnos), además de los modos ya conocidos acerca de cómo poner un orden y educar no son ya funcionales.

Inventarse nuevos métodos es necesario, pero éstos tienen que adaptarse al sistema ya existente, el alumno ha cambiado, por lo que el docente tiene que hacerlo, pero si bien el alumno no es el mismo, la solución no estaría en el nivel de cambiar solamente la concepción de éste, como lo ha venido a hacer en parte la biopolítica educativa que piensa al alumno en la escuela como a un paciente en un hospital; puro organismo. Sino también en la forma de pensarse el propio docente, su función y su forma de enfrentar al nuevo educando que demanda mejores razones para obedecer, que no es ya el alumno pasivo pero tampoco el mejor crítico, sino que éste solamente pregunta, se alza ante la incertidumbre que le crea una educación hueca que parece no satisfacer sus preguntas.

Si la educación es creación del propio ser humano, entonces hay que buscar como posible solución a los problemas que enfrentamos en ésta, el cambio de la propia educación del educador, ¿quién educa al educador? ¿bajo qué criterios se hace? ¿quién está en la posición del saber para poder venir a re-educar (re-conducir, re-criar por su significado etimológico)?

Educar en la actividad, la subjetividad y el respeto a la particularidad, sin ideales (moldes) sin leyes, es una apuesta a educar diferente al educador, ¿quién lo hará?

jueves, 11 de septiembre de 2008

El narcisismo como un valor posmoderno

Narciso. J. Zatón.


por José Vieyra Rodríguez

“Los valores son cualidades irreales…
solo de cierto modo y habida cuenta de la pobreza del lenguaje
puede admitirse que los valores 'son'.
José Ferreter Mora

“El ser amado constituye el fin y la satisfacción
en la elección narcisista de objeto”
S. Freud



Antes de entrar directamente en materia, es preciso señalar qué es lo que se entiende actualmente por el término de valor, puesto que, como es costumbre, un concepto filosófico es utilizado por todos, obviando su significado y marco desde dónde es referido.

Valor, es utilizado dentro de la filosofía desde Platón, él consideraba al valor equiparable al ser[1]. Podría entonces entenderse que el valor es, una polémica que en cierto grado ha sido superada (y aumentada con la teoría del relativismo de los valores). No obstante, es retomado de esta manera (platónica) en el marco de la ideología posmoderna, en donde comienza una vez más a pensarse en valores universales, inherentes a todo contexto social o cultural, entendiendo una vez más al valor como ser en sí, es decir, al ser como valor, por aquello que vale.

Precisamente aquí se inscribe nuestra cultura popular mexicana, en la que somos bombardeados por comerciales, conferencias, libros y demás medios de comunicación, invitándonos a realizar ciertos valores.

“Tienes el valor o te vale” reza la última frase de un comercial. Imponiendo el valor como ser en sí, como entidades objetivas u objetos ideales que tenemos que perseguir, que poseer, leyendo a la letra, ¡hay que ser valioso, tener valor! ¿Acaso no es esta una marcada ideología en la actualidad?, definirse por aquello que se posee, ahora incluso definirse por el valor, ser honesto, sincero, respetuoso, justo y un largo etcétera. El ser en función única del valor (en sus dos acepciones, incluyendo el valer, aun cuando en este artículo trate de una manera directa a los valores en su relación a la moral, es imposible, por el propio equívoco que provoca el lenguaje, pensar en que no hablamos también del valor en cuanto a términos de precio, puesto que también se impone el pensar que quien más valores tiene es más humano, relación de cantidad, como si el ser humano se pudiera cuantificar).

Sin intentar crear un aporte a la teoría de los valores, circunscribo por el momento la forma en que son tomados en nuestro país comúnmente a estos.

Si entendemos, pues, a los valores como aquellas “virtudes”, como lo positivo (sin discutir en relación a qué parámetro nos refiere lo negativo de lo positivo) pero además como un imperativo al cual debemos aspirar, para poder ser. Entonces, propongo deternernos un momento y sin prestar por ahora atención a la utilidad o beneficio que nos trae tener, realizar o ser conforme a ciertos valores, me interesa remarcar uno en especial, que pasa desapercibido puesto que no es conveniente hablarlo directamente aún cuando esté presente en el discurso diario de todos, me refiero, ahora sí, al narcisismo.

Básteme dar un ejemplo para intentar clarificar a lo que me refiero cuando hablo de la imposición del narcisismo como valor:

Unos días atrás escuchaba la radio, por la mañana un locutor invitaba a ser mejor persona y comportarnos cada día mejor con los demás, para lo que dio un ejemplo particular que me servirá a mí para ilustrar la idea principal de este escrito. El locutor decía: “ahora a los hijos no les importa tratar bien a sus padres, los adolescentes son rebeldes y groseros con sus papás, yo realmente les invito a no ser malos con ellos. Yo por ejemplo, ahora que mis padres son mayores los comprendo y los trato muy bien, porque además no me gustaría que mis hijos me trataran mal cuando yo tenga esa edad”.

Este locutor podría jurar estar dando un mensaje positivo y de bien, pero dentro de su propio discurso está la ideología de una propaganda del narcisismo como valor que debemos practicar. Al decir él “los trato muy bien… no me gustaría que mis hijos me trataran mal” no es más que invitar a hacer aquello que queremos que los otros hagan por mí. Es decir, llevar a cabo el bien en función del beneficio propio, no por la intrínseca necesidad del bien por sí mismo. Es la clásica ideología “no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, pero maquillado de bondad y valor, cuando en su base solamente está el propio amor a sí mismo.

La fotografía digital que sirve para ilustrar el comienzo de este artículo, muestra la clásica imagen de Narciso contemplando su propio reflejo en el lago. El locutor, a lo que nos invita no es a ser bondadosos o amables con nuestros padres por el simple hecho de ser seres humanos (bien podría ser un humanista), familia (una mera coincidencia de lazo consanguíneo) o por el bien que ya de por sí nos hicieron en algún momento. Sino incluso ser buenos solamente por aquello por lo que podríamos seguir obteniendo un beneficio. El amar en función de ser amado, elección de objeto narcisista lo llamó Freud en 1914 [2].

El narcisismo primario es una etapa constitutiva del ser humano, es un momento que todos pasamos, pues ante la desvalidez y necesidad de ser amado para sobrevivir el infante entra en un momento de narcisismo, pero a lo largo de la vida todos continuamos en el denominado narcisismo secundario, al cual ahora se nos invita abiertamente con la más-cara idea de valor.

Invitados estamos a ver al mundo a través de la imagen propia, al prójimo en función de mi imagen en su estado (identificación), si no cómo explicar cuando damos una limosna para calmar la angustia que nos provoca pensarnos en ese estado, sin percatarnos, como lo hace Nietzsche, que “el mendigo dista de sentir su miseria con tanta intensidad como finge si quiere vivir de la mendicidad”[3], el mendigo lo sabe bien, apela al reflejo del lago de narciso.

No apartarnos del bello reflejo del lago, sino entender a los demás por medio de éste es la invitación diaria. En la actualidad, el narcisismo es ya un valor, y tú ¿tienes el valor o te vale?


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[1] J. Ferreter Mora. Diccionario de Filosofía II. 1969. Ed. Sudamérica. Bueno Aires.
[2] Freud, S. Introuducción al narcisismo. 1997. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid.
[3] Nietzsche, F. El caminante y su sombra. 1994. Ed. S.L. Madrid.

miércoles, 3 de septiembre de 2008


Control de calidad en los humanos: borrar las diferencias; prescindir de la diversidad; lapidar a la subjetividad.


por José Vieyra Rodríguez

“La equidad allana nuestras pequeñas diferencias
para restablecer la apariencia de igualdad,
y pretende que nos perdonemos muchas cosas
que no estaríamos obligados a perdonarnos”
Nietzsche. El caminante y su sombra. Aforismo 32.


En la época actual, que todo es medido por calidad, ha tendido el propio ser humano a entenderse de la misma manera que un producto (incluso esta es una acepción para llamar al feto, recordemos que hay lugares en los cuales incluso se puede abortar si es detectada una malformación en el feto, si "el producto viene mal"), aun cuando en apariencia el discurso sea el opuesto. Ahora se habla de una aceptación a todos, respetando los gustos, la ideología, creencia, preferencias y demás adjetivos que nos son vendidos como “positivos” y que serían un ejemplo de la diversidad. Se dice que cada día ganamos en equidad, cuántas veces hemos oído hablar de la equidad de género y sus logros. También en la educación aparentemente cada vez es menos elitista, supone que el hecho de ponerla al alcance de todos es el único objetivo.

Detrás de todas estas máscaras de bondad y alegría, encontramos un discurso latente, la universalización de todo, es decir, trabajo igual para todos sin importar el sexo, una educación uniforme sin importar las diferencias de cada sector (ya no digamos de cada alumno), un derecho universal al acceso de todos a lo mismo, sin darse cuenta que esto no solamente no es un avance, sino que incluso representa un retroceso.

Para muestra expondré dos ejemplos de los temas entredichos anteriormente. Por un lado está la “igualdad” en los sexos. Aquí la primera objeción que vendrá en favor será decir que los defensores de la Equidad de Género no hablan de igualdad, sino de equidad en las diferencias. A lo que asalta la pregunta, ¿cuáles son para ellos estas diferencias? Comúnmente se habla en relación a una igualdad de derechos, también de obligaciones, y por ende se deduce de todo sustrato social en relación al género, dejando únicamente como diferencia a la anatomía, ¿son estas a las que se refieren cuando hablan de diferencias?

Esto se puede revertir peligrosamente, si buscamos una igualdad en el ámbito social, ¿qué diferencias dejamos en el anatómico que repercutan en la intersubjetividad? ¿La respuesta acaso nos la dará la biología, o mejor dicho, la biotecnología, que nos responderá diferencias en pautas de relaciones sociales marcadas y determinadas por la anatomía (cerebro, genes, neurotransmisores, etc.)?

Hoy no se puede pensar en dos géneros en la sociedad, la equidad de género busca la unificación de éstos, si no cómo entender que no se hable de “Equidad de géneros” sino de “genero”, el único discurso ahí es el de una homologación de géneros, el llamado por la voz popular unisex (ropa, desodorantes, estéticas, modas, son calificadas de esta manera, se entiende, pues, que se habla de un unigénero, eliminar incluso en las apariencias la diferencia).

Por esto se consigue además que las obligaciones sean iguales, los derechos también, pero las posibilidades se unen en este rubro, ya no importa la diferencia social, cultural, psicológica. Incluso en el afán de emancipar a las mujeres no dudo que se terminará persiguiendo a aquellas que quieran seguir en el clásico rol de mujer ama de casa, es decir, no hay posibilidad de elección, hoy las mujeres trabajan, estudian y son productivas (encajando perfectamente en el modelo capitalista, en donde la producción es el objetivo).

Si la búsqueda de igualdad va en el sentido de una uniformización de los géneros, el peligro es ser reducido a un solo género, que no haya diferencias, no osar querer ser hombre con cierto rol específico, mejor ser transexual, mujer u hombre, pero marcados por un solo calificativo; la igualdad.

En cuanto a la educación es algo más cotidiano de lo que creemos, el discurso de la eliminación de las diferencias es notable. Hoy en las escuelas a los alumnos que antes no se les aceptaba en una escuela regular, son llevados al aula con sus "pares" a recibir la misma educación. Me refiero a todos los niños ahora denominados por la Secretaría de Educación como Alumnos con Necesidades Educativas Especiales, pero que, paradójicamente, no son atendidos de esta manera, son incluidos en el salón y tratados por el mismo maestro. No se brinda esa atención al caso en particular, es decir, se piensa en un supuesto lugar al cuál debería pertenecer, un lugar en el cuál suponemos debe estar (comparación; estadística) y borramos el rastro de humano insertando al alumno con otros tantos que no comparten su particularidad.

Esta es en buena medida en discurso de la equidad, que todos los alumnos sean tratados de la misma manera. Las calificaciones en algunas instituciones educativas hoy son arrojadas por un sistema que evalúa de la misma manera a todos, tratando de dejar fuera incluso al rastro de la subjetividad del maestro. Los alumnos-maestros son autómatas, no importa qué le pasa a cada uno, la relación o las necesidades, los maestros se transforman en meras computadoras y los alumnos en datos.

Esto implica también un retroceso, puesto que muchos de los derechos, que después se convertirán en obligaciones, se crean a partir del más débil o desprotegido, dejando así rezagado el desarrollo de los demás. Nadie negaría que la inclusión de un alumno con retraso mental o sindrome dawn en un salón con treinta alumnos que no comparten esta característica, retrasa el progreso de todos, puesto que el maestro tendrá que poner cierto tipo de atención a éste pero dejará parados a los demás, en el mejor de los casos cuando se brinda esta atención especial se pierde la de la mayoría. La solución no radicaría en la inclusión del alumno retrasado, sino en la creación de centros para la atención especial, es decir, la equidad no funciona en este nivel, ni siquiera a manera práctica.

Todo esto no es más que un problema estadístico, se piensa en términos de calidad, de que todos seamos idénticos, es decir la imposición de una identidad. Por esto, se cree que la mayoría es el modelo para todos, quien no se adapte, ya sea por una deficiencia natural (orgánica) o por una divergencia en el pensamiento, debe ser conducido al sendero de la normalidad, que no haya diferencias, ignorar a los débiles (que supuestamente debieron ser fuertes, como los demás), ocultar a los diferentes, callar a los locos (aquellos fuera de lugar, como refieren algunos por su etimología, como si el lugar de la mayoría fuera el idóneo).

Citar una sentencia de una autoridad siempre revalora las opiniones, pues quien habla por si solo su decir es tomado como un pensamiento a la deriva: “Esas monstruosas aberraciones del igualitarismo procustiano derivan de la sobrevaloración del “derecho”, que sustituye a la justicia… el derecho es por su propia naturaleza unívoco, en tanto la justicia tiene en consideración la diversidad de las criaturas” escribe Georges Devereux en Mujer y Mito.


viernes, 15 de agosto de 2008


Una nueva mirada al Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad: una patología escolar.

por José Vieyra Rodríguez


Ritalin (uno de los medicamentos más usados para el TDA-H)


“Con el TDA-H se nace, se crece (se "reproduce") y se muere.
Nunca se deja de ser una persona con TDA-H”
Portal de la Secretaría de Educación
Estado de Michoacán



En la actualidad, como nunca antes, se van introduciendo nuevos elementos al ámbito escolar, otrora, la escuela a nivel primaria proveía de educación, pero se reducía al ámbito meramente académico, la salud, por ejemplo, no era responsabilidad de la escuela. Hoy vemos como hay campañas en torno a la detección de la drogadicción (adicciones), la prevención de embarazos no deseados y de las enfermedades de transmisión sexual dentro de las instituciones escolares.

En la actualidad la escuela se ha convertido en un centro de higiene, de control, de disciplina, etc. Es por esto, que ahora la enfermedad se ha introducido como un problema escolar, en la escuela se detectan los casos de “enfermedades” como el Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA-H).

Dicho trastorno solamente se puede diagnosticar por los síntomas visibles: la conducta, sin embargo, la explicación de éste es biológica. Es así como ahora la diagnosis de un alumno se da a través de un médico que al ver al niño por varios minutos y hacerle un par de preguntas a la madre es capaz de diagnosticar un TDA-H, para después recetar algún medicamento como el Ritalin. Es la apuesta a un nuevo modelo: la biopolítica.

Así pues, los especialistas han creado una enfermedad en torno al problema de la falta de atención o la imposibilidad de mantener sentado a un niño por horas en una escuela.

Fue a partir del final del siglo XIX e inicio del XX cuando en México la mirada de ellos se volvió cada vez más contundente en cuanto a la concepción de la niñez[1]. Hoy, siquiera se cuestiona a nivel oficial a sus diagnósticos, son aceptados y promovidos por la Secretaría de Educación (SE) a nivel nacional, además que se apoya en el diagnóstico de esta enfermedad y la medicalización de los alumnos.

Y es que ahora la escuela es un nuevo centro de control, tanto de pensamiento como de conducta, y si ésta no está adaptada a la norma, es vista como enfermedad. El mayor reto que se encuentra en este rubro es el tipificar a estos problemas conductuales como enfermedades biológicas capaces de ser tratadas por medios químicos, de esta manera se pierde toda posible respuesta singular ante dicho acto, además de promover así una visión de irresponsabilidad sobre estos, pues medicalizar en lo posible la conducta reduce el grado de responsabilidad sobre esta.[2]


TDA-H criterios diagnósticos y prevalencia en México

El TDA-H se define como “una incapacidad para mantener la atención o concentrarse; es un desorden orgánico” (Mendoza, 2003). Esta es la forma en que se entiende este trastorno por parte de la SE. Considerando lo anterior se entiende que un niño con TDA-H no puede controlar por sí mismo su falta de atención, aunque se esfuerce por lograrlo.

Tomando de referencia las cifras dadas en el DSM-IV, se estima que la prevalencia del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad se sitúa en el 3 y el 5 % en los niños de edad escolar. Los datos de su prevalecía en la adolescencia y la vida adulta son imprecisos. Es decir, no se sabe si realmente los niños que son diagnosticados con TDA-H continúan en la vida adulta padeciéndolo.

En México, según la Asociación Mexicana por el Déficit de Atención, Hiperactividad y Trastornos Asociados A.C., son 5 millones de mexicanos quienes padecen el TDA-H, de los cuales 1.5 son niños de entre 6 y 12 años[3], estos datos los retoman a su vez de cifras de la Secretaría de Educación.

Ahora bien, es importante entender cuáles son los criterios que se toman para tipificar el TDA-H. Pues si son más de un millón de niños en México quienes tienen este trastorno, es de suma importancia entender cómo se llega a este diagnóstico.

De hecho, según Fukuyama, “los médicos realizan lo que con frecuencia constituye un diagnóstico altamente subjetivo si el paciente manifiesta un número suficiente de los síntomas incluidos en la relación, cuya propia existencia puede a menudo no ser evidente”[4], entonces es licito cuestionar en qué se basa o cómo es el proceso de diagnóstico en las escuelas de México. Especialmente para entender a qué se refiere la SE al decir que el TDA-H es una enfermedad con la que se vive y se muere.

Además de la crítica hecha por Fukuyama acerca de la subjetividad que puede incluir un diagnóstico de TDA-H[5] es también destacable que dentro de los diagnósticos del DSM-IV exista el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad no especificado, el cuál tiene la clave F90.9. Este trastorno es para aquellos quienes no cumplieron todos los síntomas necesarios para entrar en TDA-H, pero que aun así pueden ser clasificados pues “esta categoría incluye trastornos con síntomas prominentes de desatención o hiperactividad-impulsividad que no satisfacen los criterios del trastorno por déficit de atención con hiperactividad”[6].

Ahora bien, si es así la forma en que se concibe el TDA-H dentro de la Secretaria de Educación, hemos constatado la predominancia de un entendimiento médico de dicho trastorno. Aun cuando ahora se ha introducido a psicólogos en los planteles educativos, la labor de estos es básicamente psicoeducativa y nunca terapéutica, aun cuando se piensa a este trastorno como una enfermedad.

Hay datos que muestran como la medicalización de este trastorno se da únicamente de lunes a viernes y en horario escolar (expedientes personales que no puedo mostrar por razones éticas, pero que son prueba del manejo por parte de quienes diagnostican este trastorno). Es curioso observar que el trastorno toma los sábados y domingos de descanso, activándose una vez más los lunes por la mañana, haciendo necesario así el medicamento en el horario escolar. Este hecho lo justifican los médicos diciendo que el medicamento debe de interrumpirse en ciertos días para dejar descansar al organismo, pero ¿cómo entender que durante las vacaciones de verano también se puede dejar de medicar al niño durante meses? ¿acaso el trastorno deja de ser una enfermedad en el hogar para convertirse en una chiflazón, y viceversa al encontrarse en el salón de clases?

Lo anterior hace pensar que efectivamente el TDA-H es una patología, pero no orgánica, sino escolar, pues dicha enfermedad parece solamente tratarse en la escuela, fuera de ella el niño no necesita de los medicamentos. Asistimos, pues, al tratamiento de una patología en la vida escolar.

Ante esto se nos imponen algunas conclusiones, existe una patología escolar, pero es precisamente la propia escuela quien la propicia, el alumno no solamente es diagnosticado en la escuela, sino “enfermado” en ella. La escuela hoy se ha convertido en un centro de salud.

Considerar este problema como propiciado por el ambiente escolar brinda a su vez la posibilidad de proponer un cambio en éste, o bien, cambiar la concepción médica de este trastorno, pues pudiéramos decir que efectivamente el niño padece un déficit de atención, pues carece de atención, no es puesta en él y sus características, dejando únicamente la posibilidad de llamarla por medio de actos que favorezcan un trato digno o particular, quizá el mayor problema radica en no comprender la demanda y tratarla como un síntoma más a eliminar.

Etiquetar con trastornos y enfermedades que se basen en sustratos orgánicos deslinda toda responsabilidad de atender a las necesidades propias del niño, produce un desligamiento entre maestro-alumno, ya que el problema que presenta en el salón se le hace responsable únicamente el alumno, dejando fuera la posibilidad de una respuesta del maestro.

Además, el olvidar el fundamento subjetivo de la distracción en el salón, deja de lado también la posibilidad de comprender al caso único y particular, el cuestionar los motivos personales que hacen que la atención del alumno se evada a fuentes no directas con la educación, y antes de pensar en qué hace el maestro o qué implicación tiene ahí él como docente y figura de autoridad, además de la propia escuela como institución en decadencia, se piensa al alumno como enfermo al preferir seguir con su atención a una mosca antes que las explicaciones del profesor.

Propongo, pues, entender que sí existe el Trastorno por déficit de atención, pero este no está en el alumno, menos aun en la descompensación de neurotransmisores, sino en el exterior del sujeto. Es decir, el trastorno que sufre el niño es por el déficit de atención que padece. Efectivamente sufre un trastorno por el déficit de atención que tiene, se le presta poca atención y el medicalizar y silenciar el síntoma es agregar un motivo más para incrementar su prevalencia, pues no se escucha la demanda.


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[1] Alberto Del Castillo. Conceptos, imágenes y representaciones de la niñez en la ciudad de México 1880 – 1920. 2006
[2] F. Fukuyama. El fin del hombre. Consecuencias de la revolución biotecnológica. 2003
[3] Patricia Huesca. En México hay un mal diagnóstico del trastorno por déficit de atención. Asociación Mexicana por el Déficit de Atención Hiperactividad y trastornos Asociados A.C. El url de este documento es: http://www.deficitdeatencion.org/ago2006_06.htm
[4] F. Fukuyama. Op. Cit. p. p. 86
[5] Interesante es que sea criticado de “altamente subjetivo” cuando precisamente lo que busca eliminar el DSM-IV es todo rastro de subjetividad y basarse en verdades indiscutibles.
[6] DSM-IV. Versión electrónica

sábado, 2 de agosto de 2008


"El sueño del perezoso" o la era de los ratones post-modernos.


por Ricardo Rodríguez

(Ratón bostezando)


Recientemente el periódico El Norte, ha publicado en su pagina principal, en la sección "Leer para creer", un nota titulada "El sueño del perezoso" cuyo corolario indica:

"Desarrollan píldora que brinda los beneficios del ejercicio físico sin moverse del sillón"

Actualmente solo ha sido probada en ratones. Resulta interesante, sin embargo,como la pasividad ha llegado a ser la norma social por antonomasia, al grado de que la eliminación de la única cosa que no se puede hacer sin esfuerzo, hoy es anunciada con los honores que corresponden a una nota publicada en un primer plano y recibida con bombo y platillo; y digo platillo por que uno de los supuestos objetivos de esta píldora es poder proporcionar un tratamiento contra la obesidad (Hoy día se combate tanto la obesidad como la extrema delgadez, tal cual si se tratara de crímenes, y al mismo tiempo se juega el doble discurso del "Cada quien hace lo que quiere con su cuerpo, yo respeto...") mientras que la ingesta de alimentos no se reduzca ni se emplee el mas mínimo esfuerzo físico.

Sin embargo, la "novedad" de dicha píldora se diluye en la ideología económica que domina el Occidente, El Capitalismo. A lo largo de cientos de años, y desde la aparición de la primera línea de producción en serie, uno de los objetivos o premisas básicas que permiten generar un capital, es precisamente la acumulación de bienes en base al menor esfuerzo físico posible (evidentemente, no me refiero en este caso al esfuerzo del trabajador…), situación que ha permeado en nuestra actualidad a elementos culturales tan básicos como la música: "Vamos, tocar en un grupo requiere esfuerzo, juguemos Guitar Hero"; los libros, "Leer un libro es tan cansado, TECNICAS AMERICANAS DE ESTUDIO ES LA SOLUCIÓN (reza una voz en off en la radio)" y ahora el ejercicio.

"¿Cuánto quieres perder?" dice una voz a la que otra contesta "¡En el Palacio de Hierro Sabemos lo que quieres!" Entonces, ¿para qué nos preguntan? Solo para generar o reforzar esa falsa sensación de libertad, entonces, ¿por qué nos alarmamos cuando llevamos años viviendo "el sueño del perezoso"?

¿Qué ha pasado con nuestros ratones? Hasta nuestros Osos son perezosos... (incluso, una patrulla anti-osos andábamos necesitando) y ya que andamos por los Simpson, tal vez esta frase de Homero nos arroje luz sobre este tema:

"Hijos se esforzaron al máximo y fracasaron miserablemente, la lección de todo esto es, NUNCA se esfuercen."

¿Es esto el café sin cafeína, el sexo sin sexo de Zizek?

Por fortuna y cuando menos, nuestros ratones postmodernos gozaran de "todos los beneficios de la gimnasia, sin la gimnasia"

miércoles, 30 de julio de 2008

Una aproximación filosófica al concepto de Verdad en House M.D.

por José Vieyra Rodríguez


La mentira es lo que permite funcionar a la sociedad
House M.D.
Temporada 4. Episodio 10. Es una mentira maravillosa


Hoy, las series de televisión nos muestran el funcionamiento de una sociedad, es ocioso discutir si la realidad es reflejada tal como aparece en tales programas televisivos, pues sabemos que toda actividad en tanto humana, tiende a mostrar un semblante de la propia cultura en que se produce.

La serie televisiva de House M.D. (Fox, 2004), viene a inscribirse dentro de la ya larga lista de series hospitalarias o médicas. Es pertinente señalar que el gran éxito que ha alcanzado esta serie es debido en buena medida por el corrosivo humor y personalidad antipática del protagonista, el Dr. Gregory House, jefe del departamento de diagnóstico del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey.

Ahora bien, hay diferentes esferas dignas de ser analizadas dentro de la serie, de hacerlo así podríamos entender un poco mejor el éxito de esta serie, comprender cómo es que se consigue la popularidad con una propuesta opuesta a lo esperado, mientras la medicina siempre ha sido representada en el cine o la televisión como aquella ciencia blanca, pura, en función del servicio social, incluso como una actividad humanista más que científica, House nos presenta el lado que todos también conocemos, el de la medicina como una ciencia de conocimiento, de altruismo sí, pero a la vez poder y re-conocimiento.

Así pues, en este escrito nos concentraremos en un solo aspecto a analizar, la manera de presentar el concepto de verdad en esta serie.

Antes de entrar en materia, es lícito señalar que la postura del Dr. House con respecto a la forma de tratar a sus pacientes, es decir, de ejercer la medicina, converge aun más con la idea original de la propia medicina, puesto que ahora nos es vendida como una ciencia altruista y de carácter humanista, cuando originalmente “[la medicina] surge como una reflexión sobre la enfermedad y sobre el sufrimiento doloroso de los cuerpos. La preocupación por la salud y por la fisiología son secundarias al interés por la patología”.[1]

En cuanto a la definición de verdad, este es un término que es circunscrito en la filosofía, es imposible intentar definirla desde alguna otra disciplina, puesto que la verdad no tiene un carácter físico, entra dentro del campo de las proposiciones, la lógica, la metafísica, es decir, de la filosofía.

Así es como encontramos que las siete acepciones del término que da el Diccionario de la Real Academia son referentes al campo filosófico. 1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna. 4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. 5. f. Cualidad de veraz. 6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. 7. f. realidad (existencia real de algo).

Intentando ser un poco más finos en la definición, tomaremos de mejor ánimo las siguientes definiciones de verdad propuestas por Fatone:

A) La verdad por concordancia. Es una relación entre el pensamiento y el objeto al que ese pensamiento se refiere.
B) La verdad como coherencia. Relación entre pensamiento y pensamientos de ese mismo sistema.
C) La verdad como eficacia. La relación entre una preposición y su eficacia.
D) La verdad como verificabilidad. Es la relación entre un símbolo, cosa física, y un objeto, también cosa física.[2]

En la serie, como habíamos anticipado, una parte nodal es pensar que House es honesto, es decir, que dice la verdad. De hecho un eslogan de la serie es “House, brutalmente honesto”, esto hace pensar que cuando él habla la verdad sale sin tapujos, sin máscaras ni matices. Sin embargo, no pasa mucho para darnos cuenta que si algo sucede con House es que miente más que cualquier otro de su equipo, o bien, simplemente es directo, esto no significa que los demás no sean honestos. Tomando de referencia las definiciones anteriores de verdad, encontramos que la mayoría de las veces a lo que House se refiere como verdad no es una existencia real en el mundo o como eficacia, sino la mayor de las veces habla en relación a la verdad como concordancia y coherencia. Por esto el atractivo de la serie radica no en discutir la verdad de la medicina, la eficacia de un tratamiento y mucho menos la verificabilidad, sino en relación a la concordancia entre los pensamientos y la coherencia entre ellos, ya sean propios o en las relaciones humanas.

Esto indudablemente atrae al espectador, puesto que si bien es cautivante ver como se atreve a realizar una operación riesgosa o un tratamiento experimental en nombre de la vida, es aun más cautivante el observar como aparenta desenmascarar la hipocresía, falta de coherencia y de concordancia entre los pensamientos de los demás, por lo cual, parece que House es la voz de la verdad, pura y sin escrúpulos.

Hasta aquí este pequeño ejercicio de cómo se maneja House no nos proporciona nada nuevo. Es un médico tan honesto que no le importa herir para decir la verdad, incluso puede visualizarla en el ámbito humano, de las relaciones sociales. Pero debemos tener cuidado, en realidad el concepto de verdad oscila múltiples ocasiones incluso en un solo capítulo sin percatarnos, y siempre es vista la verdad, sin darnos cuenta que antes esa misma propuesta era mentira. Entonces lo que nos muestra es aún más interesante, que aun cuando se crea estar hablando siempre de “la verdad” como única y absoluta, esta es tan relativa que en unos pocos minutos cambia a ser mentira, es decir, el lugar de la verdad es ambulante, pues está sujeto a una relación intersubjetiva, es decir, entre individuos.

Aquí es donde podemos encontrar una propuesta interesante en esta serie, puesto que aun estando enmarcada por la ciencia de la medicina, la verdad tratada no es en esta misma línea, puesto que no interesa que sea una única verdad, repetible, verificable o eficaz, sino una verdad ambulante, que tiene que perseguirse entre las huellas que dejan los actos humanos, la palabra, que es además escurridiza, por eso ni el mismo House la posee, pues como lo plantea esta serie, "la verdad es una interpretación de un engaño" (J. Lacan).

Antes de continuar es preciso ejemplificar esta visión de la serie. En el capítulo 10 de la 4ª temporada titulado "Es una mentira maravillosa", se aborda un tema crucial para el protagonista, una relación entre dos humanos sin mentiras. En dicho capítulo aparece como paciente del Doctor House una madre que enseñó a su hija a siempre decir la verdad entre ellas, por lo que todo cuanto pensaban y sucedía lo decían, la palabra como vía del encuentro con la verdad. En cierto momento, una escena impactante es cuando la madre le dice a su hija las clásicas palabras de aliento, reproduciremos aquí el diálogo:
Madre -Todo estará bien cariño, te lo prometo. Los doctores se pueden equivocar, aún hay una probabilidad que puedo vencer…
Hija – ¿Realmente crees eso?
Madre –Sí
Hija –No, mamá, te estás muriendo, nadie puede ayudarte. No vas a ponerte bien.

El momento es memorable, cuando alguien da aliento a un desahuciado podemos decir que la mayoría de las veces ambos saben que son mentiras, engaños que ayudan a soportar la vida. Es decir, la verdad en primer lugar no tiene porque ser dicha, cuando se sabe las palabras pueden tornarse en diferentes direcciones para precisamente no apuntar a la verdad, dejarla entredicha, si se da aliento es porque se sabe en un mal momento, hay una verdad implícita ahí. Lo interesante de este capítulo es que se plantea a la palabra como la única vía de la verdad, es un capítulo que presenta la carga simbólica de las palabras, de eso que no se debe decir, que cuando pasa por medio de la palabra hay algo que se pierde, que cambia, y que sin embargo, ilusoriamente da la sensación de haber sido por mostrar la verdad.

Retomando entonces nuestra visión acerca de la verdad en House, encontramos como la verdad es vista como algo que puede encontrarse, o mostrarse, a través de la palabra, pero que es ambulante, precisamente en las enfermedades y su constante cambio de diagnóstico es una muestra, no de una búsqueda de la verdad, sino de una verdad temporal. Por esto es que la visión de House está en búsqueda de la verdad, pero no de una sola, quizá de la verdad que concuerde con los hechos, pero que no por ello derroque a todas las mentiras. Puesto que, como hemos dicho, la verdad la encuentra a partir de una interpretación de un engaño, es decir, es otro engaño. No es la visión de “La verdad” como única, cerrada, singular. Precisamente la ciencia opera en este sentido, pensando que la verdad puede ser encontrada, olvidando que lo que se toma por verdad es solamente una interpretación creada por nosotros mismos para dar explicación a los hechos.

House, nos muestra de manera clara y precisa, la necesidad de una sociedad con mentiras, con verdades a medias y con verdades ambulantes, que lo dicho o evidente es la visión contraria, es una forma de manejarnos con engaño ante "la verdad".

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[1] Georges Canguilhem citado por Braunstein en Goce. Ed. Siglo XXI. 1990
[2] Vicente Fatone. Lógica e introducción a la filosofía. Ed. Kapelusz, 1969

viernes, 11 de julio de 2008

El mago de Oz:
una metáfora del advenimiento del sujeto

por José Vieyra Rodríguez


La película Mago de Oz (USA, 1939) puede interpretarse en diferentes direcciones. La propuesta que paso a elaborar se verá centrada en relación a los elementos que posibilitan la constitución del un sujeto, precisamente a partir de los deseos que tienen los personajes de la película.

Así pues, para comenzar es pertinente cuestionarnos ¿porqué los personajes desean un hogar, un cerebro, un corazón y el valor? Es decir, ¿qué nos muestra el hecho de ser estos los deseos que decide el autor del cuento poner en falta a sus personajes?

Como he adelantado, para mí es por la implicación que tienen estos deseos en el ser humano, incluso más que deseos, estos elementos “necesarios” para que surja un sujeto. Veamos más detenidamente a qué me refiero al decir que estos elementos son constitutivos del sujeto.

En principio, es necesario un hogar (un cuerpo en el cual alojar a su Yo), después un cerebro que construya un juicio y una realidad diferenciada (interior-exterior), además de un corazón, alegoría incomparable de las emociones (que propongo que no pueden ser elaboradas sin un juicio que analice la atribución y la existencia), y por último, el valor, que no es más que el reconocimiento social como sujeto.

Comencemos por el primer deseo que aparece una vez que está Dorothy en aquella tierra mágica. Ella busca regresar a su hogar, en cualquier caso busca tener un hogar, una casa, una posada. Como había adelantado, el primer paso para advenir sujeto es tener un hogar para el Yo, es decir, la apropiación del cuerpo. Es fundamental para el sujeto adueñarse “su” cuerpo para poder vivir, o con-vivir con el mundo externo (en tanto es percibido ya por un Yo que se sabe diferenciado del mundo).

En el caso de la película lo que empuja a buscar al Mago de Oz es la necesidad de regresar al hogar. Podemos aventurarnos y decir que regresar al estado inicial, al supuesto lugar en donde no hay nada extraño, raro o angustiante, no el vientre materno como la caricaturización del pensamiento psicoanalítico, sino al momento sin lenguaje, sin significantes que atraviesen al sujeto y creen la falta, al Real que una vez introducido el lenguaje crea un vacío imposible de obturar, una vez introducido el sujeto en el mundo simbólico condenado a no poder hacer del Real un significante, dejando solamente al fantasma que buscará colmar esa falta con toda clase de deseos que jamás podrán tapar, ni siquiera ocultar ese vacío.

La segunda petición que viene a formularse es por parte del espantapájaros, esta es la búsqueda de un cerebro, de la inteligencia. Después se adherirá el hombre de hojalata por el deseo de tener un corazón.

En interesante cuál es la segunda petición, hemos dicho que primero tiene que haber un “hogar del Yo”, es decir, la apropiación de un cuerpo para que comience a formarse un sujeto. Después el cerebro, la capacidad intelectual de evaluación, la adquisición de juicio. Para formarse un Yo hay a la vez un juicio que comienza por apropiarse de lo bueno y expulsar lo malo (Freud, La negación, 1925), una vez constituido el Yo (hecho un hogar) se crea una realidad exterior y diferenciada del Yo, es decir, una capacidad intelectual de juicio, de atribución y existencia. El espantapájaros representa un segundo momento en la creación de un sujeto (no en el nivel intersubjetivo, sino intrasubjetivo).

Las emociones, el amor, el odio, el miedo, etc., son elaboraciones secundarias mucho después del advenimiento de un Yo imaginario y una capacidad intelectual suficiente para ejercer un juicio, la única emoción real es la angustia. El amor es la elaboración secundaria de esta, por lo tanto la tercer condición es un “corazón”, el representante simbólico de las emociones, al comienzo el niño no ama a la madre, necesita a la madre, y cree ser aquello que completa a su madre, ser lo que ella desea. Al ser reemplazado por otro deseo el sujeto pierde esa posición, por lo cuál la búsqueda del objeto es siempre reencontrarse en la posición de objeto fálico de la madre. Es decir “el encuentro del objeto es propiamente un reencuentro” (Freud, Tres ensayos para una teoría sexual, 1905)

El amor es un tercer momento del sujeto, al conformarse con un cuerpo (hogar) posibilita la interacción con el mundo exterior, por medio del juicio (cerebro), así buscará recuperar el objeto perdido, la emoción es la elaboración de la angustia, por lo cual es necesario el paso por las dos anteriores sin que necesariamente sean cronológicas, sino mutuamente influyentes.

Un ejemplo clínico de la falla en este proceso de advenimiento del sujeto es el autista. Este no tiene un hogar para su Yo, pero bien puede tener un cerebro formidable. Hay casos de autistas que van a la Universidad con notas increíbles. Otro ejemplo de un fallo de estos elementos es el acting ou,t en este se puede perder al Yo y no ejercer control sobre el cuerpo, por eso para una interacción óptima con el mundo es condición la apropiación del cuerpo.

Ahora, si pensamos detenidamente los tres deseos subsiguientes al de Dorothy, caemos en cuenta que lo que se desea está en relación al reconocimiento como sujeto. El reconocimiento del Otro, que re-conozca las cualidades del sujeto, incluso llegando al punto de decir que es imposible apropiarse del propio cuerpo sin una mirada externa que venga y nos diga quienes somos.

Si lo que se busca en los estos deseos es el reconocimiento del Otro, es un reconocimiento simbólico para poder realizar lo que ya hacen. El espantapájaros es quien propone, el Hombre de hojalata quién más sentimental es y el León quien muestra el mayor valor al ir al frente en búsqueda de su amiga. Sin embargo, es necesaria la aprobación del Otro que venga y nos diga que es oficial nuestra labor, nuestros sentimientos y nuestro valor, pues al final, todas estas cualidades solamente pueden tenerse a la mirada de alguien que nos la conceda, el valor se tiene en tanto haya alguien que se considere cobarde.

Así pues, la lectura que doy a este clásico del séptimo arte, me hace ver una alegoría del advenimiento del sujeto, además del reconocimiento necesario para todos, y entender que nadie “es”, sino que se “tiene” y únicamente en tanto los demás nos lo concedan, el ser es una constitución de la mirada del Otro.